Biografia y Obra de Gobierno de Juan Lavalle Como Gobernador



Biografia y Obra Politica de Gobierno de Juan Lavalle

Nació en Buenos Aires el 20 de octubre de 1797, en el seno de una aristrocrática familia porteña.

Como granadero a caballo, en 1814 interviene en el sitio a Montevideo y luego en la campaña contra José Artigas.

Cruza la cordillera con el cuerpo del Ejército de los Andes a las órdenes de Soler. En Chacabuco y Maipú se distingue por su bravura.

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En la campaña del Perú, combate en Nazca y en la Sierra.

En febrero de 1822, junto con las fuerzas de Sucre, vence a los realistas en Río Bamba. Después de la campaña de los Puertos Intermedios regresa a Mendoza.

El 20 de abril de 1824 se casa con Dolores Correas.

Participa de una asonada, y asume como gobernador interino de la provincia, hasta que entrega el mando a su suegro.

En Buenos Aires, es jefe del Regimiento de Coraceros, en la frontera sur.

En febrero de 1827 se destaca en la batalla de Ituzaingó, contra el Brasil; también triunfa en Camacuá y Yerbal.

El acuerdo de paz con el Brasil en agosto de 1828, entre otros factores, provoca la caída de Dorrego. Lavalle da un golpe y el Io de diciembre es designado gobernador provisional de Buenos Aires.

Derrota a Rosas y Dorrego (imagen) en Navarro y, mal aconsejado, ordena la ejecución de Dorrego, sin someterlo a juicio previo.

Gobierno de Dorrego y La Guerra Brasil – BIOGRAFÍAS e HISTORIA  UNIVERSAL,ARGENTINA y de la CIENCIA

Gobierno de Lavalle:

Obra desarrollada por Lavalle durante su gobierno (diciembre 1828 – junio 1829).

LavalleAl tomar el mando, consideró que las circunstancias tornaban innecesario el nombramiento de ministros para las distintas ramas de la administración, por lo que designó al Dr. José Miguel Díaz Vélez para el despacho de todos los asuntos.

Meses después el ministerio único fue suprimido, restableciéndose los ministerios y creándose el Consejo de Gobierno.

El 6 de febrero de 1829 llegó a Buenos Aires el barco inglés “Chichester”, en el que viajaba desde Inglaterra José de San Martín, que, enterado de la revolución del 1º de diciembre y de la muerte de Dorrego, decidió no desembarcar para no verse forzado a intervenir en guerras civiles.

Lavalle, que atravesaba una difícil situación gubernativa por la oposición en la ciudad de los legisladores separados por la revolución del 1º de diciembre y de los amigos de Dorrego, y por la hostilidad de la campaña adicta a Rosas, decidió enviar dos comisionados a Montevideo (Juan Andrés Gelly y Eduardo Trolé), donde se encontraba San Martín, de regreso hacia Europa, para proponerle que asumiera el gobierno “como única solución patriótica que aseguraría la paz”.

El héroe rechazó el ofrecimiento, pues consideraba, y así se lo expresó a O’higgins, que para lograr la pacificación era necesario hacer desaparecer a uno de los dos partidos: el unitario o federal, con lo que cubriría de proscripciones a su patria.

Además de la difícil situación interna, Lavalle debió enfrentar graves problemas de orden externo.

Así, en circunstancias en que el gobierno había dado un decreto (19 de abril), basado en la ley respectiva de 1821, llamando a prestar servicio militar a los extranjeros, necesarios a los unitarios en su lucha contra los federales, el representante francés reclamó, y como su demanda no fuese atendida, pidió su pasaporte.

Este hecho se agravó cuando el jefe de la flota francesa, vizconde de Venancourt, apresó los barcos argentinos que se hallaban en la rada, porque allí estaban alojados dos detenidos franceses acusados de delitos leves y puso en libertad a los efectivos de la escuadra aprisionados por los participantes de la revolución del 1º de diciembre, interviniendo así en una cuestión de orden interno.

Pocos días después se celebró un tratado por el que los franceses se comprometían a devolver los barcos capturados.

El gobierno no obligaría a los franceses por la fuerza a cumplir el servicio militar.

El cónsul argentino en Francia, Juan Larrea, protestó ante el gabinete francés por el acto cometido por Venancourt, pidiendo su castigo.

Se inició así un largo reclamo, que fue dejado sin efecto durante el gobierno de Rosas.

Para afirmar nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas y tierras adyacentes y con el propósito de vigilar esas costas visitadas frecuentemente por barcos extranjeros, que no respetaban disposiciones argentinas sobre caza y pesca, el gobierno dictó un decreto, con fecha 10 de junio de 1829, creando la Comandancia Política y Militar de las Malvinas.

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• ►Ampliación Sobre el Gobierno de Lavalle

La agitación política
Durante el gobierno de Dorrego trató de gobernar un país anarquizado, sin una Constitución que lo rigiera, en medio de profundas disensiones políticas, crisis económicas y problemas exteriores.

Perturbado por la tenaz oposición de los unitarios, Dorrego pretendió sofocar las críticas exaltadas y promulgó una ley que limitó la libertad de imprenta,’ medida que sólo sirvió para atizar el descontento.

Cuando se efectuaron las elecciones para renovar la Junta de Representantes, la agitación política transcendió al comicio y se produjeron graves incidentes; el triunfo correspondió a los federales, pero los unitarios los acusaron de fraude.

Mientras los adversarios fustigaban a Dorregoseguros de una próxima restauración en el mando— sus propios partidarios, movidos por pasiones e intereses personales, lo abandonaban.

La Convención de Santa Fe había fracasado, debido en gran parte a las maniobras del caudillo Bustos, interesado en dirigir los destinos de la República y en trasladar la citada asamblea a la provincia de Córdoba.

Cuando trascendió que la paz con el Brasil importaba la pérdida de la Banda Oriental, el pueblo y los periódicos censuraron a los hombres de gobierno, particularmente a Dorrego.

El jefe del partido unitario en esa época, Dr. Julián Segundo Agüero, dijo al respecto: «Nuesto hombre está perdido, él mismo se ha labrado su ruina».

Dorrego solicitó al comandante de campaña Juan Manuel de Rosasen esas circunstancias también distanciado del gobernador— una opinión con respecto al tratado, y el último le respondió: «Será tan ventajoso como usted dice, pero no es menos cierto que usted ha contribuido a formar un i grande estancia con el nombre de Estado del Uruguay. Y esto no se lo perdón irán a usted. Quiera Dios no sea el pato de la boda en estas cosas».

REVOLUCIÓN DEL 1º DE DICIEMBRE DE 1828

Lavalle gobernador: Desde tiempo atrás, los unitarios dirigidos por Agüero —ex ministro de Rivadavia— tramaban una revolución para restaurarse en el gobierno.

A tal fin decidieron apoyarse en las tropas que regresarían de la campaña contra el Brasil y comprometieron al general Juen Lavalle, para que aceptara la dirección militar del movimiento.

La oficialidad del ejército republicano había abrazado la causa de los conspiradores  se mostraba partidaria de adherir a la revolución.

Aunque eran públicas las ¡ntencíores de los unitarios, Dorrego no creyó en un golpe armado y ordenó brindar una calurosa recepción a las tropas que habían vencido a los imperiales.

A fines de noviembre de 1828, esos efectivos comenzaron a llegar a Buenos Aires.

Al amanecer del 1? de diciembre, el general Lavalle y el coronel José Olavarría, al frente de la Primera División del ejército, ocuparon la plaza de la Victoria, en medio de las aclamaciones de los unitarios.

Sin fuerzas con que oponerse, el gobernador Dorrego abandonó la Fortaleza por una puerta trasera y luego de ocultarse algunas horas marchó a la campaña.

Dueño de la ciudad, Lavalle se dirigió por la tarde a la Capilla de San Roque —próxima a la iglesia dé San Francisco— donde había convocado a una centena de ciudadanos, acaudillados por el Dr. Agüero, para un simulacro de elección popular.

Al solo nombre del candidato y únicamente en caso de aprobación, los presentes debían alzar su sombrero. Cuando se propuso a Juan Lavalle, todos lo aclamaron y en consecuencia —debido a tan singular procedimiento— el citado militar fue electo gobernador provisorio de la provincia de Buenos Aires.

En la reunión también se resolvió el cese de la Junta de Representantes, cuyos nuevos miembros serían elegidos posteriormente.

Muerte de Dorrego

Mientras tanto, Dorrego se dirigió a Cañuelas donde se reunió con Rosas, quien —enterado de los sucesos— había comenzado a reclutar paisanos e indios. Por su parte, Lavalle delegó el mando en el almirante Brown, y al frente de un regimiento de caballería salió en persecución del gobernador derrocado.

Rosas aconsejó a Dorrego no librar combate hasta reforzar los efectivos, pero el segundo decidió marchar hacia Navarro, donde el 9 de diciembre fue vencido por Lavalle.

Las tropas federales se dispersaron y entonces Rosas se dirigió hacia el norte, rumbo a Santa Fe, en busca de Estanislao López; Dorrego no quiso seguirlo y prefirió marchar hacia San Antonio de Areco, a fin de lograr la incorporación del coronel Ángel Pacheco y su regimiento.

Pero estas tropas se sublevaron y a las órdenes del coronel Escribano apresaron a Dorrego y lo pusieron a disposición del general Lavalle, quien se encontraba en su campamento de Navarro.

Cuando el prisionero llegó a dicho lugar, ese mismo día —13 de diciembre de 1828— enteróse que sería fusilado en el término de una hora.

En ese lapso, Dorrego escribió varias cartas de despedida y algunas esquelas sobre asuntos particulares.

Por orden del general Lavalle y sin ajustarse a las más elementales normas de legalidad, una descarga puso término a la vida del gobernador de la provincia de Buenos Aires.

La muerte de Dorrego privó al partido federal y al país entero de una de sur, figuras más destacadas.

Todas las provincias —exceptuando Tucumán y Salta con gobiernos unitarios— protestaron ante el doloroso episodio, cuya consecuencia más importante fue el surgimiento de Juan Manuel de Rosas al  convención reunida en Santa Fe condenó el fusilamiento del legítimo gobernador y designó a Estanislao López jefe de las fuerzas que debían oponerse al  pronunciamiento de Lavalle.

Lavalle y Paz

Lavalle decidió derrotar a ios caudillos para luego sentar en la República las bases de un gobierno unitario.

Para sus propósitos contó con el apoyo del general José María Paz, quien se había destacado en la guerra contra los brasileños.

Después de algunos intentos infructuosos en territorio santafecino, Lavalle inició una campaña en la provincia de Buenos Aires, pero Estanislao López—jefe de las fuerzas federales— y Juan Manuel de Rosas lo vencieron en el Puente de Márquez (26 de abril de 1829).

Mientras tanto, el general Paz —con mejor fortuna— obtuvo el gobierno de la provincia de Córdoba y derrotó a Facundo Quiroga en La Tablada, y más tarde en Oncativo. De tal manera el movimiento unitario logró consolidarse —momentáneamente— en el interior del país.

Después de la derrota sufrida en Puente de Márquez, Lavalle debió afrontar en Buenos Aires una difícil situación. No conforme con la dirección política del jefe unitario, las figuras más destacadas del partido comenzaron a- emigrar. La ciudad estaba sitiada por Rosas y para reprimir cualquier revuelta, Lavalle ordenó apresar a los dirigentes federales acusados de conspiración.

El 6 de febrero de 1829 había arribado a Buenos Aires procedente de Inglaterra el general San Martín, con el propósito de retirarse a su chacra de Mendoza.

Enterado del trágico fin de Dorrego y de las luchas políticas que agitaban al país, se negó a desembarcar y regresó a Europa en la misma nave.

En Montevideo fue entrevistado por dos delegados de Lavalle, quienes le ofrecieron el gobierno de la provincia y el mando de las tropas, pero el ilustre militar rechazó la propuesta, decidido a no participar en las luchas internas.

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –
Los Hechos Que Cambiaron La Historia Argentina en el Siglo XIX – Ricardo J. de Titto Editorial El Ateneo
Historia 5 de José Cosmelli Ibañez – Editorial Troquel

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