Biografia de Whitman Walt: Vida y Obra Literaria del Poeta

Biografia de Whitman Walt:Vida y Obra Literaria del Poeta

Poeta estadounidense cuya obra afirma claramente la importancia y la unicidad de todos los seres humanos.

Su valiente ruptura con la poética tradicional, tanto en el plano de los contenidos como en el del estilo, marcó un camino que siguieron posteriores generaciones de poetas de su país.

El segundo entre nueve hermanos, Walt Whitman nació, el 31 de mayo de 1819, en West Hills, Long Island —o, como él prefería llamarle—, en Paumanok, "la isla cuyo pecho se enfrenta con el mar".

Contaba cuatro años cuando se mudaron a Brooklyn, porque el padre había decidido dejar la labranza por la carpintería.

No obstante, los niños pasaban elverano en West Hills, junto a los abuelos.

Biografia de Whitman Walt
La edición de 1855 de Hojas de hierba contenía 12 poemas sin título, escritos en versos largos y cadenciosos que se asemejan a los de la Biblia del rey Jacobo. El más largo y de mayor calidad de ellos, que más tarde recibió el título de "Canto a mí mismo"

Y Walt, en horas enteras de "aventuras" logró intimar con los ríos, los campos y los bosques, y con el más querido de sus camaradas: el mar de perpetua resonancia.

Los meses de invierno se los pasaba remoloneando en las horas de clase, sin aplicarse al estudio de las letras y los números.

"Este chico es tan holgazán —decía su maestro Benjamín Halleck — , que estoy seguro nunca llegará a ser nada."

El padre de Walt pensaba lo mismo.

Pretender hacerle continuar los estudios era perder el tiempo.

Tendría que conocer el mundo y aprender un oficio honesto...

Dicho y hecho; a los trece fue puesto de aprendiz en una imprenta.

Pero allí, como en el colegio, el rapaz siguió dedicándose al dolce far niente.

Se metió a carpintero pero no le gustó.

Luego intentó la enseñanza, mas tampoco la halló de su agrado.

Al cabo se puso a escribir.

Esta vez se encontró a sí mismo.

Tenía veintidós años cuando escribió el primer libro, una novela melodramática sobre la temperancia.

Y estuvo a dos dedos de perder su arte, ya que se convirtió en un éxito financiero.

En poco tiempo se vendieron veinte mil ejemplares.

Semejante estreno y a edad tan temprana hubiera bastado para trastornar a cualquier otro poeta bisoño.

Esto le indujo a conseguir un trabajo en el periódico Daily Eagle, de Brooklyn. La paga era buena y la tarea simpática.

Le agradaba su tarea, pero más le gustaba no hacer nada.

Y muchas veces habría de instar a sus lectores a la holganza.

"Gocemos un poco de la vida. ¿O es que Dios ha hecho esta tierra tan hermosa. . . para nada?

Los hombres son las diferentes partes de un cuerpo: la humanidad. No importa que la piel sea blanca, roja, amarilla o negra, siempre serán hermanos.

Trató de difundir este pensamiento con enfáticos artículos de fondo en el Magle, y esto le acarreó la pérdida del puesto.

Halló un nuevo empleo en Nueva. Orleáns.

La llegada a esta ciudad, la Reina del Sud, señala el "episodio más interesante de su vida".

Intimó mucho con una mujer de otra escala social".

Según se deduce, la conoció en un baile realizado en el suburbio llamado Lafayette.

Este amor no acabó en casamiento: no sabemos si porque la dama estaba casada o porque su familia le negó el correspondiente consentimiento debido a la situación social y financiera del poeta.

Sabemos que fue padre al menos de una de las criaturas de la dama.

Parece que su enigmático idilio de Nueva Orleáns demostró ser el rayo de sol y de dolor que faltaba para hacer florecer su musa poética.

A poco de regresar a Nueva York púsose a escribir Hojas de hierba.

La primera edición salió a la luz en 1855. Un solo americano — Ralph Waldo Emerson-— supo desentrañar parte de su grandeza, pero con el correr del tiempo Emerson habría de hallar el lenguaje de Whitman un tanto acre para su delicado paladar.

Con la discreción propia del caballero, Emerson decidió dejar a Whitman librado a sus propias concepciones.

Pero desde entonces se inclinó a concordar con el editor de una revista literaria de Boston (Intelligence) quien aseguraba que Whitman era "un loco suelto".

Whitman hablaba de las distintas partes del cuerpo, inspirado por el mismo espíritu con que Dios las ha creado.

Sus poemas son una glorificación de la vida, y de todas las fases en que ésta se manifiesta.

Whitman hallaba belleza y beatitud por doquier, porque todo lo examinaba con igual disposición de ánimo.

Cada cosa es parte de Dios, es hoja del árbol eterno de la vida cuya savia inmortal fluye por las venas del universo entero.

Whitman cree en la evolución del individuo así como en la de la especie.

Cada alma humana realiza un largo proceso de educación: antes de aflorar a la tierra, en su existencia terrena y, después, en el otro mundo.

No hay alma que no atraviese por todas esas gradas de perfeccionamiento.

Aquellos que en vida parecen pertenecer a las clases más humildes, son los que cursan estudios más elementales que los otros alumnos aventajados en la escuela democrática de la vida eterna.

Pero a la larga no habrá alma que no logre el título máximo en esa escuela universal, y se gradúe ante Dios.

La democracia de Whitman no es una doctrina social o política.

Es una religión: la convicción sublime de que cada uno de nosotros alcanzará al fin la perfección.

Walt Whitman fue quizá el más compasivo de los poetas modernos.

Y esa compasión le llevaba a preocuparse continuamente del problema de la muerte. Siempre la elogió.

La Muerte —decía— es el Médico cuya nivea mano borra el último vestigio del dolor humano.

Walt Whitman iba muy poco a la iglesia, pero era uno de los poetas más religiosos.

El cuerpo y el alma, dijo, son una sola cosa; y la muerte no es más que la prolongación de la vida. Río de lo que llaman disolución, porque sé que soy inmortal."

Este nuevo Evangelio de la Democracia Americana glorifica la dignidad del hombre.

Cada criatura humana es un alto sacerdote que, si lo desea, puede hablar cara a cara con Dios.

Una nueva era se inaugurará, cuando el hombre se de cuenta de ese hecho.

Una nueva religión, más amplia y más acogedora que la antigua, inundará al mundo de amor.

Con esa fe profundamente arraigada en el corazón, ofrece a todos su mano amiga.

Les canta "el poema evangélico" de los camaradas y el amor.

En su comunión con la gente, Whitman hallaba un placer inenarrable.

No se contentaba con cantar a la camaradería.

Era uno de esos pocos hombres que la practicaban en verdad.

Se identificaba con el mundo entero, y trataba de darse entero a todos.

Cultivar la amistad del humilde era su pasión; y su mano de camarada iba a estrechar la de aquellos que no podían "salir adelante" en la lucha por la vida.

Se pasó todo un invierno guiando el coche de un cochero enfermo. Fiel a las prescripciones planteadas en el prefacio al libro Hojas de hierba, de la edición de 1855, él amaba la tierra, el sol y los animales, despreciaba la riqueza, daba limosna a cuantos la mendigaban, defendía a los tontos y a los débiles, no se quitaba el sombrero ante nadie, conocido o desconocido, y se hacía amigo de todos aquellos que estaban necesitados de amistad.

En él vivía el evangelio de América.

Durante la Guerra Civil, ofrendó su vida en aras de la humanidad, no en el campo de batalla, sino en los hospitales.

Su hermano Jorge, alistado en el regimiento 5º de voluntarios neoyorquinos, fue herido en la batalla de Fredericksburg.

Walt acudió a cuidarle al hospital militar de Washington, pero a su llegada, el hermano ya se había repuesto.

Sin embargo, quedóse allí para prodigar cuidados al resto de los heridos y a los agonizantes.

Hasta terminar la guerra, ésa fue su tarea diaria. . . y no hubo jamás enfermero más hábil, solícito y tierno.

Era compañero, secretario, asistente, consuelo y amigo de sus pacientes.

Hacía milagros, decían los médicos. . . milagros de curación. Unas pocas palabras de aliento, dichas en voz cálida de afecto, lograban a veces devolver a la vida a aquellos que ya se habían resignado a morir, algunos desahuciados hasta de los mismos médicos.

Muchos soldados le recordarían años más tarde como "al hombre con la cara del Redentor".

En sus atenciones no hacia distingo entre amigos y enemigos. Todos los dolientes, fueran del norte o del sud, eran "sus hermanos en la desgracia".

Whitman no recibía salario alguno, por su atención de los enfermos. Para ganarse el sustento durante este período, se empleó en el Iridian Burean, del Departamento del Interior.

Pero algún entrometido llamó la atención de James Harían, a la sazón Secretario del Interior, sobre la "poesía perniciosa" de Whitman.

Y una noche, mientras el poeta hacía su acostumbrada ronda nocturna por el hospital, Harían abrió su escritorio, halló un ejemplar de Hojas de hierba, leyó de él lo suficiente como para cerrar el libro horrorizado, quedándose con una absoluta incomprensión de los poemas y un concepto pésimo del autor.

A la mañana siguiente, el poeta encontró sobre su mesa de trabajo esta nota:

"A partir de la fecha se prescinde de los servicios de Walter Whitman".

En 1873, Walt Whitman sufrió un ataque de parálisis. Se recobró en parte, pero ya no volvió a ser el mismo de antes, pues su vitalidad permanecería apagada hasta el fin de sus días.

Atravesaba renqueando las ciudades de los hombres. . . cierto crudo día de invierno en que así trataba de obtener algún mendrugo a cambio de pepitas de oro, una viuda anciana, Mary Davis, se apiadó de él; hízole entrar, dióle un buen desayuno caliente y allí mismo se hizo el propósito de prodigarle sus cuidados desde entonces en adelante.

Sus pocos admiradores le compraron una casita —que más se parecía a un cajón— en Camden, Nueva Jersey, donde había muerto su madre y donde a él le hubiera gustado acabar sus días.

Se la amueblaron con lo más indispensable: una cama, un cajón para la ropa sobre el que también escribía, dos sillas y una mesa con un hornillo para cocinar su frugal comida. . . eso era todo.

Pero al poco tiempo llegó a llenar la casuca y darle calor de hogar una mujer, Mrs. Davis, quien se mudó allí trayendo sus propios muebles.

Walt vivió desde entonces como un "príncipe en sus dominios".

Príncipe de una choza desvencijada.

La casa estaba al otro lado de las vías del ferrocarril. La calle era sucia, ruidosa, y apestaba el aire una fábrica de guano cercana.

Pero al fondo, había un frondoso peral, a cuya sombra pasaba Whitman las tardes estivales.

Así pasó sus años postreros, recibiendo a sus amigos en la planta baja, en el "salón", cuando podía moverse, y arriba, en su "estudio", cuando sus fuerzas flaqueaban.

Tanto el '"salón" como el "estudio" estaban abarrotados de cientos de libros suyos que no habían hallado compradores, libros diseminados sin orden sobre sillas, armarios, mesas y pisos.

Al cumplir los setenta y dos años (mayo 31 de 1891), un grupo de amigos le ofrecieron un "banquete" en su propia casa.

Durante estos últimos años, escribió obras en prosa de gran calidad, como los ensayos Perspectivas democráticas (1871), que se consideran en la actualidad una exposición clásica de la teoría de la democracia y sus posibilidades. Días ejemplares (1882-1883), por otro lado, contiene antiguos textos sobre la guerra de Secesión y el asesinato del presidente Lincoln, y notas sobre la naturaleza, escritas durante su vejez.

Murió un 26 de marzo de 1892 en Cadmen.

LOS MEJORES POEMAS DE WHITMAN

Canto a mi mismo.
aliendo de Patimanok.
Oigo cantar a América.
Me imperturbe.
Canto al camino.
Oda a Teodoro Roosevelt.
Meciéndose sin fin desde la cuna.
¡Pioneers, oh pioneers!
Sdlut au monde,
A los estados.
Un espectáculo de Broadway
En el "ferry" de Brooklyn
¿Quién aprende toda mi lección?
Una araña paciente y silenciosa,
¡Redoblad, redoblad tambores!
El curador de heridas.
Sobre ta matanza.
Reconciliación.
Adiós a un soldado.
Que haya hoy paz en los campos.
Canto del Universal.
Canto del hacha.
A los que han fracasado.
Cuando las lilas florecieron por
última vez. Del océano rugiente.

Fuente Consultada: Grandes Novelistas - Whitman Walt - por H. Thomas y Lee Thomas - Editorial Juventud Argentina

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