La Campaña del Desierto Lucha contra el indio en el sur del pais



La Campaña del Desierto: Lucha Contra el Indio en el Sur del País

Durante muchas décadas, la región pampeano-patagónica estuvo habitada por aborígenes y blancos. Las zonas de predominio de cada uno estaban delimitadas por una línea de frontera, la cual separaba por un lado los territorios que españoles y criollos ganaron al “indio”, y por otro, los dominios aborígenes conocidos como el “desierto”.

El “desierto”, era el espacio en el cual los aborígenes desarrollaban sus actividades manteniendo la independencia, y deteniendo los intentos de españoles y criollos de penetrar en sus territorios por medio de relaciones comerciales, o a través del enfrentamiento directo, como así también de acuerdos de paz. Sin embargo, para el blanco, el “desierto” era un territorio hostil, ocupado por habitantes bárbaros y nómadas, dedicados al pastoreo, la caza y, especialmente al robo de ganado y personas por medio de malones.

A lo largo de mes de trescientos años, los españoles, durante su dominio, consiguieron reducir, en su enfrentamiento con el indio a gran parte de  las tribus. Algunos pueblos aborígenes que se caracterizaron por su belicosidad, lograron preservar su independencia en las extensas llanuras del sur y en los bosques chaqueños.  Cuando se produjo la revolución de 1810 inmensas extensiones del territorio se encontraban todavía en manos de los indios por lo tanto la guerra continuó a lo largo de las fronteras que, jalonadas por escasos fortines y puestos armados, separaban a las tierras de indios y blancos.

Esa zona de “frontera del indio” se constituyó en un territorio atravesado por un intenso tráfico comercial ganadero e intercambios culturales entre pequeños comerciantes, militares y caciques de los pueblos tehuelche, pehuenche y pueblos mapuches.

En las primeras décadas del siglo XIX, debido al desarrollo del comercio internacional, se produjeron algunos avances fronterizos con el fin de obtener tierras a bajo costo para la producción ganadera y la posterior exportación de cueros y carnes saladas; y así también para apaciguar los ataques aborígenes.

Estos avances fronterizos se realizaron por medio de campañas militares organizadas por el gobierno de Buenos Aires con el objetivo de ampliar la frontera hacia el sur. En el transcurso de las mismas se levantaron fortines para defender y mantener el control en las nuevas tierras incorporadas como también de los nuevos pueblos fundados.

Juan Manuel Rosas en 1833, haciéndose eco de las demandas de estancieros preocupados por la amenaza de los aborígenes sobre sus propiedades, dispuso continuar con las campañas militares hacia el norte del río Negro para eliminar y/o expulsar a las tribus enemigas.

La expedición contó con el apoyo de las provincias de Córdoba, San Luis, San Juan y Mendoza; y proporcionó 2900 leguas cuadradas de terreno ocasionando más de tres mil indios muertos, más de mil prisioneros y la liberación de mil cautivos blancos. Muchos pueblos aborígenes vieron reducida su capacidad de acción y se refugiaron al sur. Los Pampas, por ejemplo, pactaron acuerdos de conciliación con Rosas.

Momentos de relativa tranquilidad en las fronteras con el indio se vivieron hasta 1853, año en el que retornan los malones. Los Ranqueles y la Confederación de Salinas Grandes liderada por Juan Manuel Calfucurá llevaron a cabo fuertes ataques y enfrentamientos violentos.
En 1876, el Gobierno Nacional de Avellaneda decidió poner fin al “problema del indio” por medio de una operación militar de “limpieza” al servicio de dos objetivos, uno político: reafirmar la soberanía argentina delimitando las fronteras con países vecinos , y otro económico: ampliar las tierras cultivables para impulsar el modelo agroexportador.

Su primer ministro de Guerra Alsina, inició un plan: avanzar la línea de frontera tomando y asentando fuertes y fortines en los lugares claves, a partir de los cuales se levantarían poblaciones. Esta nueva línea de fronteras se comunicaría con Buenos Aires mediante el telégrafo y estaría defendida por un gran foso de dos metros de profundidad para dificultar a los malones el arrío de ganado hacia sus bases. Entre 1876-1877 quedó establecida una nueva frontera con nuevos fuertes erigidos en Trenque Lauquen, Guaminí, Carhué y Puán.



Pero, al joven general Roca esta política no le parecía adecuada. Su proposición consistía en localizar a los aborígenes en sus tolderías e iniciar una guerra ofensiva continua y sistemática. A fines de 1877, al morir Alsina, Roca ocupó su puesto, y puso en marcha su plan. Una primera campaña se llevó a cabo en 1878 y la segunda al año siguiente.

En julio de 1879 el “indio” ya no era un problema. En seis meses las tropas nacionales se apropiaron de 20.000 leguas de tierra virgen y el poderío aborigen declinó.

Los pocos que sobrevivieron, iniciaron una etapa nada feliz: la marginación. Y con ella comenzó no sólo su desaparición física, sino también su desaparición cultural. Muchos aborígenes lograron huir hacia el sur patagónico, catorce mil aborígenes fueron capturados y trasladados a reducciones alejadas de las colonias, otros fueron incorporados a la Marina de guerra, otros destinados como trabajadores forzados a la Isla Martín García y unos 800 ranqueles fueron destinados a picar adoquines para las calles de Buenos Aires. Sin embargo, otros miles: mujeres, hombres y niños murieron.

-Bibliografía Consultada:
-Alonso, M. Historia, Argentina y el Mundo Contemporáneo
-Devoto, F. y Madero, M. Historia de la vida privada en la Argentina.
-Gelman, J. y Mandrini, R. Historia Visual de la Argentina.
-Moreno, I. Campañas militares argentinas. La política y la guerra.
-Quijada, M. En Ansaldi, W. Calidoscopio latinoamericano.

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