El Cacique Calfulcurá Jefe de los Araucanos Resumen de su Historia



El Cacique Calfucurá – Resumen de su Historia –

CAFULCURÁ, «EL SOBERANO ABSOLUTO DE LAS PAMPAS»: En el eño 1834 un grupo de indígenas dirigidos por  Calfucurá, emigró de Chile y se estableció en la región de las Salinas Grandes, situada en la provincia de La Pampa cerca del límite con Buenos Aires. Fingiéndose mercaderes, estos aborígenes entablaron relación con los boroganos, indios que vivían en Masallé, al oeste de la laguna Epecuén, y que estaban en paz con los cristianos.

Con gran audacia Cafulcurá sorprendió al cacique Rondeau, jefe de los boroganos, y luego de darle muerte impuso su autoridad en la región, atrayendo por el temor o la fuerza a otros naturales. Así organizó una confederación poderosa, de la que fue jefe hasta su muerte, en 1873, recibiendo entonces el mando su hijo Namuncurá.

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Pintura de José Martorelli, «Calfucurá»

Callvucurá se llamó a sí mismo «soberano absoluto de las pampas» y decía que había sido electo por el Todopoderoso para unir a la familia araucana en un vasto e invencible imperio. Por medio de un intérprete de origen chileno llamado Manuel Acosta mantuvo una copiosa correspondencia con los jefes de línea, vecinos importantes, gobernadores y hasta con el primer magistrado de la Nación, usando también un sello especial. Hábil y astuto, Cafulcurá consiguió celebrar la paz con Rosas y por ello recibía anualmente ropas, bebidas, yerba, tabaco y ocho mil animales entre vacunos y equinos.

Cierta vez, mientras dictaba su correspondencia, vio que su hijo jugaba descalzo.

—El príncipe heredero en «patas», ¡qué mal! —dijo, y mandó pedir un par de botas al jefe de fronteras.
Cuando se le reclamaba ante un ataque cometido por sus indios, Cafulcurá siempre encontraba una explicación y respondía:

—Como no tengo cuartel, los toldos están muy distantes unos de otros: cuando salen algunos a robar no sé nada hasta su regreso. Me empeño en mantener la paz para que estos picaros vivan como la gente y ellos me hacen quedar mal.

Durante el segundo gobierno de Rosas, de 1835 a 1852, se produjeron ataques aislados de los indios contra las poblaciones blan. cas. Estos malones eran realizados principalmente por las tribus de Callvucurá, por losranqueles sometidos a Painé o por los aborígenes y blancos semisalvajes que respondían al coronel Baigorria. Rosas trató de reprimir las invasiones indígenas, pero a veces, ante la imposibilidad de dominarlos por las armas, pactó con ellos, entregándoles ganado y otros elementos.

Cuando se produjo la caída de Rosas, Calfucurá inició una ofensiva general contra los blancos: numerosos contingentes de guerreros comandados por sus tenientes: Cachul, Namuncurá, Catriel, Carupán, Raipil y Cañumil, asolaron en incesantes ataques las estancias y poblaciones, llevándose gran cantidad de ganado. El mismo Calfucurá en 1 855 dirigi6 el ataque contra la localidad de Azul, y dio muerte a 300 vecinos.



Ante el avance de los indios cundió el pánico en el territorio bonaerense, la gente abandonó sus ranchos y haciendas y marchó en busca de protección. La audacia de los indios creció día a día alentada por Urquiza, que entonces se encontraba enfrentado con Buenos Aires. La situación en 1855 era crítica, lo cual obligó a las autoridades porteñas a enviar una expedición militar para contener el avance de los indios.

El entonces coronel Bartolomé Mitre, ministro de Guerra, se puso al frente de las fuerzas que se concentraron en Azul, el 27 de marro de 1856 inició una marcha hacia las tolderías del cacique Cachul, mientras mandó a uno sus lugartenientes, el coronel Díaz, para que atacara a los indios del cacique Catriel.

A pesar de que Mitre los sorprendió atacando de noche, los indios reaccionaron fieramente y obligaron a los blancos a pasar a la defensiva; Mitre esperó la llegada del coronel Díaz con su columna para reanudar la lucha. Al atardecer, los vigías avistaron una polvareda que anunció la llegada de tropas, pero no eran las de Díaz, sino Calfucurá que con 600 guerreros había hecho una brecha entre Mitre y Díaz.

Esta expedición fue un fracaso a lo que se sumó el año siguiente un nuevo desastre; el general Manuel Hornos fue derrotado por Calfucurá en el combate de San Jacinto. Ante estos reveses el gobierno de Buenos Aires pactó con Catriel y Cachul, con lo cual se consiguió un tiempo de paz para la tan castigada zona de Azul y Tapalqué. Estas breves pausas de guerra aran aprovechadas para seguir la colonización del desierto.

El general Juan E. Pedernera fundó en diciembre de 1856. sobre la margen del río Quinto, el Fuerte Constitucional, (actualmente Villa Mercedes) en la frontera de la provincia de San Luis: el 29 de marzo de 1857 estableció otro fuerte y pueblo denominado 3 de Febrero. El deseo de progreso no se detenía y en 1864 en Buenos Aires se elaboraron unos proyectos para llevar la frontera sur hasta el margen del río Colorado, en procura de nuevos campos.

Los alzamientos del interior y la guerra del Paraguay impidieron tales proyectos, pues las fuerzas nacionales eran necesarias para ambos frentes. Sin embargo se consiguió restablecer y ampliar en parte la línea de frontera, afirmándola en puntos importantes de la campaña, donde surgieron nuevos fuertes y fortines.

Los malones atacaban reiteradamente los fuertes, algunas veces ganando leguas en una zona y otras perdiendo y la lucha continuaba tan cruelmente como antes.

LA DERROTA DE CALFUCURÁ: En 1867, la campaña tan castigada motivó la promulgación de la ley 215, por la cual se estableció que al finalizar El Cacique Calfulcurá Catriel Namuncurá la guerra con el Paraguay se llevaría a cabo la conquista de las tierras ocupadas por los indios y se fijaría una línea nueva de frontera sobre las márgenes del río Negro.

Como tarea previa los jefes de distintos sectores de vigilancia, ocuparon las aguadas, nudos de camino y otros lugares de vital importancia, entre los años 1869 y 1870. El coronel Lucio V. Mansilla ocupó con sus tropas las márgenes del río Quinto, en Córdoba. En el sur de Santa Fe y en el noroeste de Buenos Aires, la acción militar permitió recuperar terreno y construir nuevos fortines para mayor seguridad.

Cuando todo parecía favorable para llevar la frontera hasta el río Negro, la revolución en Entre Ríos provocada por Ricardo López Jordán alejó esa posibilidad.



Esa nueva crisis permitió al cacique Calfucurá reanudar con todo ímpetu sus ataques, y al frente de 6.000 indios, en marzo de 1872, irrumpió en los partidos de Alvear, 25 de Mayo y 9 de Julio, asesinando a 300 pobladores, incendiando sus viviendas, apoderándose de 200.000 cabezas y 500 cautivos. Esta invasión provocó en Buenos Aires una ola incontenible de pánico.

En San Carlos ,actualmente Bolívar, (provincia de Buenos Aires) el general Ignacio Rivas con 365 soldados de línea, 300 voluntarios blancos y 1.000 indios reducidos de las tribus de Catriel y Coliqueo se enfrentó a Calfucurá, quien contaba con una fuerza de 3.500 lanceros que se desplazaban al toque de clarín con la pericia de tropas veteranos. Lo lucha fue encarnizada y sangrienta.

En su parte al gobierno, el general Rivas señala que había esperado la arremetida del enemigo mandando echar pie a tierra a sus soldados. El combate fue reñido y se luchó con lanza, sable, cuchillo y bola. Las tropas de Rivas vencieron a las de Calfucurá, quien logró evadirse hacia el desierto.

Sin resignación ni consuelo, Calfucurá murió casi centenario, el 4 de julio de 1873, en sus tolderías de Salinas Grandes. Su primogénito heredó el mando, pero no tenía su autoridad y el temible y valiente cacique Pincén, así como también el cacique Mariano Rosas, ambos ranqueles, le disputaron el cetro de la confederación indígena.

Los aborígenes cazaban animales desde su caballo con las boleadoras. También con esta técnica atacaban a los «blancos».

SOBRE EL COMBATE DE SAN CARLOS: A mediados de 1870, y pese a su avanzada edad, Cafulcurá no desperdiciaba ocasión para atacar a las poblaciones blancas, especialmente cuando las autoridades nacionales se hallaban absorbidas en la atención de otros problemas. En octubre de ese año preparó un malón a Bahía Blanca.

Su hijo Namuncurá, al frente de dos mil indios, debía avanzar al amparo de las tinieblas y acometer cuando algunos naturales, situados ya en la población, incendiaran varias casas. Previamente los indios arremeterían contra la guarnición de las afueras de la ciudad. El plan indígena no pudo cumplirse, pues cuando los naturales se hallaban próximos a Bahía Blanca se descargó un fuerte aguacero que impidió dar la señal convenida. Namuncu-rá resolvió entonces retirarse, ya que la guarnición estaba preparada y no sería fácil vencerla.

Tiempo después, Cafulcurá, que no cejaba en sus propósitos, organizó un malón de más de 3.500 indios. Al frente de ellos avanzó el 5 de marzo de 1872 sobre los partidos de General Alvear, 25 de Mayo y 9 de Julio. Los salvajes asaltaron los pueblos y estancias, se apoderaron de doscientas mil cabezas de ganado e hicieron quinientos cautivos. También dieron muerte a trescientos habitantes e incendiaron muchas viviendas.

Los indios, con todo su arreo, se habían situado en la laguna Quemhimn, al norte del fortín San Carlos, en el actual partido de Bolívar. Hacia ese lugar se encaminaron desde 9 de Julio el comandante en jefe de la frontera oeste, coronel Juan Carlos Boerr, y el general Ignacio Rivas, comandante de la frontera sur y costa sur. También se adelantaron tribus amigas del gobierno dirigidas por los caciques Catriel y Coliqueo.



El general Rivas en la madrugada del 8 de marzo llegó al fortín San Carlos y asumió el comando general de las tropas. Ese mismo día se libró al norte del fuerte el combate de San Carlos, que por el número de las fuerzas participantes y el ardor con que se peleó fue uno de los más importantes en la larga lucha entre indios y blancos. El entrevero fue espantoso y durante un tiempo cristianos y salvajes pelearon cuerpo a cuerpo con singular denuedo, sin poder definir el encuentro. El general Rivas ordenó un fuerte ataque y derrotó completamente a los indios. Este combate tuvo gran importancia, pues a partir de ese momento se abatió el poder de Cafulcurá, que nunca más volvió a recobrar su antigua influencia.

Coronel Juan Boerr (1830-1908)

Historia de Manuel Namuncurá

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Fuente Consultada:
Historia Argentina Viscontea Fascículo Capítulo 18 La Conquista del Desierto
Historia Argentina y El Mundo Contemporáneo Editorial AIQUE –
La Nación Argentina Historia 3 Editorial Kapelusz

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