Biografia de Sibelius Jean Compositor Vida y Obra del Musico



Biografia de Sibelius Jean Compositor Vida y Obra del Musico

Jean Sibelius (1865-1957), compositor finés cuyas sinfonías y poemas sinfónicos reflejan un concepto romántico de la música con tendencia nacionalista. Nació en Hämeenlinna el 8 de diciembre de 1865, su verdadero nombre era Jean Julius Christian Sibelius.

El padre de Jean Sibelius era médico en Tavastehus, pueblito del interior de Finlandia. Jean Sibelius nació en 1865. Tres años más tarde, su padre, el hombre más bondadoso y sociable del pueblo, murió en el cumplimiento de su deber.

Contrajo el tifus cuando atendía a sus pacientes. Desde entonces, los hijos de Sibelius —dos niños y una niña—, fueron cuidados, en realidad dominados, por su madre y por sus dos abuelas. Mimados en cierto modo por la ternura femenina, crecieron, sin embargo, sin que ésta tuviera efectos perniciosos sobre su carácter.

Biografia de Sibelius Jean Compositor
Estudió música en el conservatorio de Helsinki y composición en Viena con el músico húngaro Karl Goldmark.

Uno de los niños se llamaba Juan Julio Cristian, pero al llegar a su mocedad se hizo llamar Jean, en recuerdo de un tío aventurero que se había hecho a la mar y murió en La Habana, de fiebre amarilla.

Fue en su juventud cuando Sibelius se impregnó del espíritu de aquel apasionado himno que había de escribir más tarde: Finlandia, la Declaración de su Independencia Nacional.

Sibelius mostró una temprana afición musical, pero de ninguna manera un talento precoz. A los cinco años, sus dedos se deslizaban por el teclado buscando nuevas armonías y tonalidades. Pero era casi nula su afición a este instrumento; su devoción era el violín (que ha sido siempre el instrumento dominante en su música).

Jean consiguió aprender de memoria varios cuartetos de Mozart y Haydn, y halló gran deleite en su estilo primoroso. Sin embargo, no transcurrió mucho tiempo sin que Jean comenzara a componer su propia música de cámara para ser ejecutada en estos conciertos; y entonces se produjo algo así como un milagro.

En el corto plazo de dos años, y sin ninguna instrucción académica, Sibelius comenzó a expresarse en un lenguaje musical propio. Abandonando la influencia de los clásicos, desarrolló un nuevo idioma, una interpretación individual de los paisajes nórdicos, del espumoso mar, de los bosques y las montañas.

Tan absorto estaba Sibelius en su música y en sus sueños, que prestaba muy poca atención en la escuela.

Como Schumann y Tchaikovsky, Sibelius comenzó a estudiar la carrera de Derecho. Para complacer a sus padres, se matriculó en la Universidad de Helsingfords; pero al mismo tiempo, para complacerse a sí mismo, ingresó como oyente en la Academia Musical de esa ciudad.



Sibelius dejó la Universidad y se dedicó con alma y vida a la música. La instrucción recibida le había proporcionado un medio para añadir las enseñanzas de la experiencia a la riqueza de sus ideas.

Durante su período de formación en la Academia de Música de Helsingfors, Sibelius fue tan afortunado que encontró un maestro que no era ni un genio ni un pedante. Este hombre se llamaba Martín Wegelius, y era un músico honesto, que se negaba a colocar la disciplina por encima del talento, o el talento por encima de la disciplina.

Sibelius estudió tres años con este maestro, después de los cuales llegó a la conclusión de que era eficaz, pero que carecía de inspiración. En el retiro de su habitación, Sibelius componía para su propia satisfacción, utilizando un estilo y un método personales. Mientras estudiaba con Wegelius, hizo tres trabajos importantes: un tema y variaciones en Do sostenido mayor, un cuarteto en La menor, y una suite para instrumentos de cuerda en La mayor.

Los críticos más inspirados de Helsingfors elogiaron estos trabajos y declararon que el joven compositor había caracterizado, con un rasgo nuevo y autentico, la moderna música de Finlandia.

Sibelius fue madurando musicalmente, en plazos que pudiéramos llamar normales, y llegó a su edad adulta con un cuerpo sano y una mentalidad vigorosa. Su suerte no sería la de Mozart, Schubert o Chopin.

El lento y saludable desarrollo del talento de Sibelius, ho caracterizó por una producción relativamente pequeña hasta los veinticuatro años.

Y una vez que hubo terminado su educación en el Conservatorio, se dispuso a adquirir una mayor capacidad técnica, y una experiencia más vasta de la vida, entre nuevas gentes y nuevas tierras. Con tal objeto, emprendió su promer viaje fuera de Finlandia, dirigiéndose a Berlín.

En esta ciudad se dedicó a un metódico y consciente estudio de los maestros. Sibelius siguió estudiando la sinfonía y las otras formas clásicas, no sólo en Berlín, sino también en Viena. Cuando llegó a esta última ciudad, la épica batalla entre las escuelas de Brahms y Wagner, estaba en su punto culminante; pero Sibelius en esta lucha optó por la paz, pues no defendió a ninguna de las dos.

Por esa misma época, Sibelius trabó amistad con el tercer miembro de la trinidad musical de Viena: Karl Goldmark, compositor cuya fama apenas si era aventajada por la de Brahms y Bruckner.

Dotado de una perspicacia sorprendente, y avezado en los negocios, estaba en el apogeo de su celebridad y de su fortuna, pero, a pesar de ello, accedió a examinar y corregir el trabajo de Sibelius.



Sibelius regresó a su hogar, satisfecho de encontrarse de nuevo en el ambiente de su país natal. A pesar del hechizo que sobre él ejerciera el torbellino de la vida de Berlín y Viena, ya no quería vivir sino en Finlandia.

De su pluma fluyó un torrente de canciones instrumentales. Canciones nacionales, cantos de lucha por la libertad. Sibelius debió sus primeros éxitos, no sólo a su genio musical, sino a su consagración como compositor patriota. Había llegado a ser la voz articulada de Finlandia en su lucha por la independencia política.

En 1897, el gobierno finlandés premió al joven compositor con una pensión anual de cuatrocientos dólares. Esta cantidad no bastaba a librarle de sus preocupaciones económicas, pero sirvió al menos para aliviarle en gran parte de las pesadas tareas de la enseñanza.

Su amor a la naturaleza —o, tomándolo en su sentido más amplio, su amor a la vida—, era en él una especie de religión. La música no era sino uno de los espejos en que se reflejaba la vida.

Sibelius basaba toda su vida espiritual en el juicio de su propia conciencia. No se dejaba influir por las valora ciones convencionales de los demás, especialmente de loa críticos que a través de sus propias limitaciones, hacían su negocio juzgando al arte infinito.

Sibelius trataba de lograr unir el pasado y el presente en una unidad instrumental con vida orgánica. Y esto hizo que su genio se transforma de de regional en universal. Cuando escribió su Finlandia, el poema musical en que expresaba las esperanzas nacionales finlandesas, su fama trascendió por primera vez al interior. Pero lo que realmente interesó de este poema a los amantes de la música, no fue el ansia de libertad local que reflejaba, sino su carácter mundial.

Esta música constituyó una llamada a la lucha por la independencia, cuyos ecos llegaron a todas las capitales europeas.

Personalmente, Sibelius no tenía razones para ser rebelde. El mundo había sido generoso con él. Sus luchas fueron mentales, no materiales. Era feliz en su hogar; tenía una esposa leal, y una amante: su orquesta.

El oído de Sibelius era muy sensible a las armonías; podía captarlas mientras se encontraba en los campos de centeno y escuchaba el murmullo de la brisa jugueteando en ellos. Amaba especialmente las «voces quedas» de la naturaleza.

Por su delicada concepción de la función de la orquesta, criticaba con agudeza lo que llamaba la «vulgar, ruda y brutal» música de Ricardo Wagner. «Wagner grita siempre «Te amo, te amo». En mi concepto, el amor es una cosa que hay que susurrarla.»



Esto refleja la actitud de Sibelius ante el refinamiento en el arte, que es, sin duda su personalidad íntegra. Despreciaba la estridencia indisciplinada.

En opinión de Sibelius, los dos genios más grandes de la orquesta han sido Mozart y Mendelssohn. Y podía haber añadido que las oberturas de La flauta mágica y del Sueño de una noche de verano, fueron su propia Biblia.

Tan pronto como se lo permitieron sus posibilidades económicas, Sibelius se alejó de Helsingfors y se trasladó al campo, estableciéndose en Tomasby, cerca de Tusby. Allí, en contacto con la naturaleza, podría acercarse más a la realización de sus sueños.

En la música de Sibelius, cada tono, cada matiz de la melodía, tiene una definición lógica. Uno de los mejores intérpretes de sus sinfonías, Roberto Kajanus, director de la orquesta de Helsingfors, atribuye su éxito al hecho de que comprende tanto el espíritu de Sibelius como su música.

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Sibelius escribió su Primera sinfonía a los treinta y seis años, cuando ya dominaba cabalmente las demás formas musicales. La estructura de esta sinfonía está basada en la clásica línea ortodoxa, con sus cuatro movimientos habituales.

El primer movimiento lo constituye un allegro a la manera de Mozart; el segundo, un expresivo cantabile; el tercero, un scherzo, y el cuarto un final épico que termina triunfalmente.

Sin embargo, tan particular es la armonía, que cuando por primera vez se tocó, muchos de los que asistieron al concierto la calificaron de obra revolucionaria. Otros, menos exagerados en sus alabanzas, observaron que a pesar de toda la contención de Sibelius se manifestaba en su obra un cierto parentesco con las melodías eslavas de Tchaikovsky, y la misma propensión de la música a desembocar en valses.

En muchos aspectos, esta obra de Sibelius es la última de una dinastía de sinfonías, y tal vez una de las mejores; es el prototipo de la sinfonía heroica tradicional que tanto abundaba en el siglo XIX.

Es hija de la Heroica, de Beethoven, sobrina de la Cuarta sinfonía, de Brahms, y prima carnal de la Nueva sinfonía mundial, de Dvorak. Es la última expresión de un estilo otrora glorificado.

La Segunda sinfonía, de Sibelius, por el contrario, marca el comienzo de un nuevo estilo. Su estructura es todavía tradicional, con sus cuatro movimientos, pero el manejo del material temático, se ve revolucionado por completo.

En las antiguas sinfonías, por ejemplo, los temas se expresaban en la exposición, separados, en combinaciones fragmentarias, que volvían a unirse en una síntesis. Pero en el primer movimiento de la Segunda sinfonía, de Sibelius, se invierte el proceso. Los fragmentos del tema, aparecen al principio en la exposición, como trozos separados de melodía sin conexión, pero inmediatamente se unen, integrando el tema para volver a fragmentarse en átomos musicales.

La Tercera sinfonía marca todavía un nuevo paso en la evolución experimental de Sibelius. Posee tres movimientos, y no tiene movimiento lento propiamente dicho, ni scherzo; pero el segundo movimiento sugiere ambos.

Como una prueba del constante esfuerzo de Sibelius hacia una precisión mayor, es interesante señalar que cada una de sus sinfonías es más corta y más compendiosa que su predecesora, y está escrita a la vez para un número menor de instrumentos.

La partitura de la Primera sinfonía, tiene 160 páginas; la de la Segunda, 145, y la de la Tercera, sólo 70. La Primera sinfonía, que es plena, resplandeciente y refleja a Sibelius en su expresión más ortodoxa, está instrumentada para gran orquesta. La Segunda está instrumentada para orquesta completa, menos el arpa. La Tercera acusa más restricciones todavía.

La Cuarta sinfonía es la más extraña, por el contraste que ofrece con las demás obras de Sibelius. Cualquiera que no estuviera en posesión de los hechos, podría creer que el compositor que escribió las tres primeras sinfonías no es el mismo que el que escribió la cuarta.

Sin embargo, ningún otro pudo haberla escrito, porque constituye una expresión única y vigorosa de la personalidad de Sibelius. Esta obra pertenece a su propio y exclusivo mundo, en el cual ninguna otra composición musical pudo penetrar.

La Cuarta sinfonía de Sibelius es en realidad tan diferente de las primeras como de los trabajos de cualquier otro compositor. El primer movimiento de esta sinfonía, basado por completo en un tema de cuatro notas para instrumentos de cuerda, tiene trece páginas.

El lenguaje es nuevo, y el tema repetido, sombrío y sugestivo. Jamás ha habido un movimiento tan sucinto que dijera tanto. El segundo movimiento, un gracioso allegro, tiene quince páginas, y es completamente impresionista.

Es un ensayo enteramente filosófico, escrito en taquigrafía musical. Esta obra fue compuesta en 1910, cinco años antes de que Sibelius escribiera otra sinfonía.

Durante este período, Sibelius había sido honrado en toda Europa y había efectuado un viaje triunfal por América. Por aquel entonces estalló la primera Guerra Mundial, y la fe de muchos pensadores vaciló.

Sibelius había llegado ya con su música a las profundidades del pesimismo. Incluso antes de que estallara la guerra se había sentido hondamente conmovido por la falta de humanidad del hombre para con sus semejantes.

«Dios iluminó su mente, y la orquesta ejecutó la Quinta sinfonía.» Esta sinfonía es un retorno al triunfo olímpico. El fantasma de la Cuarta fue abatido. Su nueva música era rica y sonora; una continuación de la Quinta, de Beethoven.

Jamás, en el transcurso de su vida, Sibelius se desvió de la sinceridad de su arte. «Este arte —señalaba—, se levanta como una protesta contra las composiciones actuales. En mi obra no hay nada de circo, absolutamente nada.»

En 1924, escribió su Sexta sinfonía, que se caracteriza por su gran restricción, después del estallido de la Quinta. Siempre haciendo experiencias, compuso esta nueva sinfonía en un solo movimiento, semejante a un enorme océano de innumerables ondas, que se extienden de costa a costa uniéndose en un cántico.

Después de su Séptima, número mágico, dejó de escribir sinfonías. Pero en las escritas mostró su gran mutabilidad, sólo igualada por Beethoven.

Sibelius, además de contarse entre los compositores más singulares, tiene el mérito de que cada una de sus sinfonías es única en su clase, un ente musical diferente por su carácter de cualquier otro.

Como en el caso de Beethoven y de Shakespeare, se nos plantea el siguiente dilema: «¿Puede una mente humana abarcar tal diversidad de pensamientos?».

Sibelius ha sido llamado el último exponente musical de los antiguos clásicos. Tal vez fuera más correcto decir que es el primer exponente musical de los nuevos matemáticos. Sibelius se nos presenta como el Bach del siglo XX.

Después de la guerra, fue testigo de los estragos de la revolución finlandesa, y más tarde del terror bolchevique; pero salió ileso.

Las cicatrices de su lucha eran sólo mentales, porque en el arte había nuevas sendas que trazar, nuevos obstáculos a que hacer frente y nuevas combinaciones sonoras que escribir.

Salvo algún viaje esporádico, vivió hasta su muerte en Järvenpää, en las afueras de Helsinki. En 1929 dejó de componer. Falleció el 20 de septiembre de 1957 a la edad de 91 años.

GRANDES COMPOSICIONES DE SIBELIUS

7 Sinfonías.
Varios poemas sinfónicos, entre los que se incluyen: Finlandia, Kullervo, En Saga, Tapiola.
Cuarteto para instrumentos de cuerda en Si bemol mayor.
Canzonetta para instrumentos de cuerda.
Concierto en Re menor para violín.

Suite, El festín de Baltasar.
Varias «canciones» para piano. Vals triste.
Música inspirada en la vida del Rey Cristian II,
La tempestad.
Suite Carelia.
Escenas históricas.

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