La Mujer en el Mundo Historia Desafios del Hombre Para El Tercer Milenio






LA MUJER EN EL MUNDOTEMAS PARA CONSULTAR

A nivel mundial, la mujer ha estado sometida a situaciones de discriminación, ya sea con respecto al hombre –por estar sometidas a condiciones impuestas por él– o por ser considerada un ser inferior. (ver historia de la mujer en el mundo)

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Esta cuestión es abordada por la Geografía del Género, cuyo objeto de estudio son las diferencias originadas socialmente entre el hombre y la mujer, en otras palabras, aborda la situación de la mujer en la sociedad y su papel como agente económico.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha propuesto los índices para medir las disparidades entre mujeres y hombres en los distintos países del mundo: el Índice de Desarrollo relativo al Género (IDG) y el Índice de Potenciación del Género (IPG).

ÍNDICE DE DESARROLLO RELATIVO AL GÉNERO

Este índice mide los logros en las mismas dimensiones y variables que el Índice de Desarrollo Humano (IDH), pero toma en cuenta la desigualdad de los adelantos entre mujeres y hombres. Para ello también se incorporan otros datos: la comparación entre el salario medio femenino y masculino, y el porcentaje de hombres y mujeres en la población económicamente activa.

En este sentido, del análisis del IDH se extraen diversas conclusiones: :

�ninguna sociedad trata a sus mujeres como a sus hombres, ya que el valor del IDO es inferior en todos los países del mundo al valor del IDH;

�la desigualdad de género está fuertemente relacionada con la pobreza y el desarrollo humano

.Asimismo, los países que ocupan los primeros y los últimos lugares en el IDO también son,   en su mayoría, los que ocupan los mismos puestos en el Índice de Pobreza Humana (PH) y en el de Desarrollo Humano (IDH).

La Argentina ocupa el puesto 34 en el mundo según el IDO con un valor de 833. Dentro de América latina se encuentra en el décimo lugar.

Países con las mejores situaciones para la mujerPaíses con las peores situaciones para la mujer
Noruega0.937Etiopía0.308
Australia0.935Guinea Bissau0.308
Canadá0.934Burkina Faso0.306
Suecia0.931Burundi0.302
Bélgica0.928Níger0.3260

ÍNDICE DE POTENCIACIÓN DE GÉNERO

Este índice muestra la participación activa de la mujer en la vida económica y política. Su utilidad estriba en que refleja las desigualdades de género en estos dos aspectos (económico y político) y en la adopción o toma de decisiones.

Para calcularlo se utilizan las siguientes variables:

  • porcentaje de mujeres y hombres con puestos administrativos y ejecutivos;
  • participación en empleos profesionales y técnicos;
  • número de cargos políticos desempeñados.

En muy pocos países del mundo el resultado del IPO es igual o mayor a 0,800. Los que ocupan los primeros lugares en la clasificación son los países del norte de Europa: Noruega, Suecia, Dinamarca y Finlandia.  A su vez, la mayoría de los países tienen un IPC entre 0,300 y 0,600. Mauritania, Togo y Pakistán son los peor clasificados.

En este sentido, los bajos valores de este índice demuestran que mucho hay que avanzar en el mundo para ampliar las oportunidades económicas y políticas de las mujeres en general.

En la actualidad, la acción crítica de las mujeres apunta a la igualdad entre los sexos actuando contra los obstáculos sociales, económicos y jurídicos que se oponen a la individualidad femenina. Los objetivos de  la lucha de estas organizaciones son, entre otros:


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  • igual remuneración a igual trabajo;
  • eliminación de todas las formas de violencia contra la mujer;
  • igualdad de oportunidades, de derechos y de profesiones entre los hombres y las mujeres.

Ahora bien, la lucha de estas organizaciones muchas veces se torna obstaculizada por la pervivencia de ciertas representaciones simbólicas donde la mujer, como se remarcó al comienzo, no es considerada en igualdad de condiciones y es desvalorizada en su trabajo. Llegó el momento en que la sociedad entera reflexione sobre estas problemáticas, en pos de la obtención de la igualdad de condiciones para todos los seres humanos.

“La mujer motoriza los cambios en la familia”
“En las últimas décadas se verificaron cambios fundamentales en las mujeres. Hubo un aumento explosivo de la matricula secundaria y universitaria (también en carreras como ingeniería, por ejemplo, tradicionalmente destinadas a los hombres). Las mujeres pasamos, en los últimos veinte años, de representar algo menos de! 40% al 52% en la matrícula universitaria. A eso hay que agregar un cambio feroz: el incremento enorme de la participación de la mujer en el mercado de trabajo.

Para el hombre, el trabajo no está tan asociado a los cambios en su vida familiar. Los hombres no ingresan o salen del mercado según tengan o no hijos, según sea su cantidad, según estén casados o solteros. Los varones están destinados “naturalmente” al mercado de trabajo, lo que no quieren decir que estén plenamente ocupados. En las mujeres, lo típico era entrar antes del casamiento, salir ante el nacimiento del primer hijo y volver -o no-cuando los chicos ya estaban criados. Solamente las mujeres con una gran formación profesional se quedaban en el mercado. Lo que está pasando ahora -se tenga poca, mediana o mucha educación- es que todas se están quedando, cualquiera sea su situación familiar. Este cambio tiene que reflejarse a mediano plazo en una nueva dinámica familiar y, específicamente, en la pareja.

Yo creo que esa entrada masiva es solo, parcialmente, una respuesta al quiebre económico. Hubo otros cambios muy fuertes de valores personales y de formas de ver el mundo. E, incluso, esas nuevas pautas culturales fueron más decisivas que los motivos económicos.”

Entrevista a la socióloga Catalina Wainerman. Clarín, 23 de octubre de 1994.

HISTORIA DE LA MUJER EN EL MUNDO
La mujer, ¿en el telar o en el debate?

Es muy conocido el lugar de subordinación de la mujer a lo largo de la historia en una sociedad con valores masculinos. El propósito de este trabajo es comparar cómo era esta situación en las sociedades tradicionales y establecer una comparación con la actual.

Ya desde los comienzos de la historia es evidente el dominio del hombre en las distintas sociedades. Puede suponerse que este se remontaría al Paleolítico y que es el resultado de la valoración de la caza como actividad fundamental. Más tarde, las religiones monoteístas también apoyaron la idea de que la mujer es por naturaleza “más débil” e “inferior” al hombre. En la Biblia, por ejemplo, Dios situó a Eva bajo la autoridad de Adán y San Pablo pedía a las cristianas que obedecieran a sus maridos.

Se comprueba que en la mayor parte de las sociedades tradicionales las mujeres se encuentran en desventaja. Su educación se limita a aprender habilidades domésticas y no tienen acceso a posiciones de poder. El matrimonio es una forma de protección aunque les impone una presión casi constante para que den a luz hijos, especialmente varones. En estas sociedades una mujer casada adquiere el status de su marido, vive con la familia de él y no dispone de ningún recurso en caso de malos tratos o abandono.

Las leyes sumerias, reflejo de una sociedad rigurosamente organizada, otorgaban una posición dominante al marido respecto de la mujer. Así, “en caso de que una esposa diga a su marido, al que odia: Tu no eres mi marido’, se la arrojará al río. En caso de que un marido diga a su mujer: Tú no eres mi esposa, deberá el marido pagar la mitad de una mina de plata”. Sin embargo, la mujer gozaba de un considerable respeto por parte de sus hijos y hasta podía venderlos como esclavos si su marido moría. Por otra parte, la esposa del Ensi, tenía a veces a su cargo la administración del templo.

Entre las mujeres egipcias había grandes diferencias de acuerdo con su posición social. Mientras las campesinas trabajaban una jornada de sol a sol cultivando los campos al igual que los hombres, además de cocinar el pan (alimento principal), lavar la ropa y recoger el agua del río, en las casas nobles abundaban las criadas adiestradas para el uso personal y en la ejecución de instrumentos musicales. Si bien por tradición, en Egipto sólo los hombres eran coronados faraones, algunas reinas lograron gobernar por derecho propio y otras se destacaron por su habilidad como esposas de faraones como la bella Nefertiti, retratada por artistas.

En Grecia, la sociedad estaba organizada como un mundo exclusivo de hombres. Las mujeres estaban a cargo de la dirección de la casa y permanecían ocultas en sus aposentos, “el trabajo de la mujer está en el telar y no en el debate”; además, la mujer no podía pasear por la ciudad sin el consentimiento del marido. Pero había ciertas mujeres, las “hetairas“, descriptas por los historiadores como “prostitutas cultas”, quienes participaban en las reuniones o banquetes de hombres y gozaban de considerable aprecio intelectual.

En la legislación romana (base de la europea y la americana) el marido y la mujer se consideraban como uno solo, ya que la mujer era “posesión” del marido. En consecuencia no tenía control legal sobre su persona, sus tierras, su dinero o sus hijos. De acuerdo con una doble moralidad, las mujeres respetables debían ser castas y fieles, pero no así los hombres del mismo rango. La mujer romana, una perpetua menor de edad, pasaba de la tutela del padre a la del marido y, sólo cuando tenía hijos, llegaba a generar un espacio de poder privado dentro de la familia. De todos modos, las romanas eran más emancipadas que las mujeres griegas.

En una sociedad que hacía honor a la fuerza física, como en la Edad Media, se veía a la mujer como un ser débil que rezaba y no combatía, que trabajaba en la casa o fuera de ella. Hero también debía ser dominada y encerrada en un espacio asignado pues se la consideraba un ser peligroso, pecaminoso, dotado de poderes misteriosos en una época en que se desconocía el funcionamiento del cuerpo humano. En la nobleza, los matrimonios eran dispuestos por las familias y las mujeres -casadas aún niñas- tenían gran importancia, porque a través de ellas se estrechaban nuevas alianzas.

Sociedad Espacio Cultura Desde al Antigüedad Hasta el Siglo XV – Kapelusz





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