Records de la Aviación Civil Altura, Velocidad y Distancia



Primeros Records de Altura, Velocidad y Distancia de la Aviación Civil

Records de Distancia y Velocidad:

Al compás de la emulación deportiva y las ansias de superación, y mientras las máquinas se perfeccionaban, se fueron registrando marcas de las que mencionaremos las más notables de la primera época.

1921. Adriana Bolland atravesó la cordillera de los Andes, de Mendoza a Santiago de Chile.

1926. Pelletier-Doisy voló de París a Pekín en 6 días y 18 horas.

1926. Arrachart marcó el record de distancia sin escalas (París-Basora, 4.305 kilómetros) en 26 horas y 25 minutos.

1927. Pinedo voló 40.540 kilómetros en 44 etapas alrededor del Atlántico.

1930. Mariza Hilsz. Record cubriendo el circuito París-Saigón-París.

1930. Costes y Bellonte. Cruzaron por primera vez el Atlántico de París a Nueva York.

1930. Mermoz cruzó el Atlántico Sur.

1931. Balbo (al frente de una escuadrilla de aviones) atravesó el Atlántico Norte.



1931. Marisa Bastie. Batió el record para avionetas, con un vuelo de 2 889 kilómetros.

1931. Herndon y Pangborn cruzaron por primera vez el océano Pacífico de Tokio a California (7.700 kilómetros).

1932. Amelia Earhart fue la primera aviadora que atravesó sola el Atlántico.

1933. Willy Post. Gira alrededor del mundo (25.000 kilómetros) en 7 días y 18 horas.

1934. Agello señaló el record de velocidad en hidroavión con 209 kilómetros por hora.

1934. Marisa Hilsz. Vuelo París-Tokio-París.

1934. Scott y Campell Black ganaron la carrera Londres-Melbourne (18.160 kilómetros) en 2 días y 23 horas.

1934. Agello, con un avión italiano, alcanzó una velocidad de 709 kilómetros.

1935. Batten. Record sensacional, Londres Australia, en 5 días.

1938. Huguez dio la vuelta al mundo trazando un casquete boreal en menos de 80 horas, que comprendió las ciudades de Nueva York, París, Moscú, Omsk, Yakutsk, Fairbanks, Minneápolis y retorno a Nueva York.



1939. Udet (general alemán) cubrió 100 kilómetros a un promedio de 634,32 kilómetros por hora.

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PIONEROS DEL VUELO CIVIL

grandes aviadores de la historia

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lindergh, Espíritu de San Luis

Carlos Lindbergh, un muchacho norteamericano aficionado a la aviación, se propuso allá por 1927 intentar la travesía del Atlántico en su avioncito de turismo denominado Espíritu de San Luis. Con sobrecarga de nafta que hacía peligrar el vuelo despegó del campo de Roosevelt, en Nueva York, la noche del 20 de mayo del año citado. A propósito de su aventura se hicieron los más pesimistas comentarios. Se le tildó de loco, de inconsciente… eAntes y durante su hazaña se le llamó «el tonto volador». Lo cierto fue que a la mañana siguiente, a las 22 y 24 (hora francesa), aterrizaba en el aeródromo de Le Bourget, en París. Había cubierto la distancia entre las dos ciudades en 33 horas y 39 minutos. Asombro del mundo. Aquel aviador con cara de chiquillo pasó a ser una de las más legítimas glorias de los Estados Unidos.

RECORDS DE ALTURA: Recordaremos también aquí las primeras marcas famosas hasta las vísperas de la guerra de 1939, pues de allí en adelante fueron vertiginosas, como veremos. Las registradas por la Federación Aeronáutica Internacional fueron:

1909. (Agosto) Latharn, 155 metros.

1909. (Octubre) Lambert, 300 metros.



1909. (Diciembre) Latharn, 453 metros.

1910. (Enero) Latharn, 1.000 metros.

1910. Paulham, 1.209 metros, en Los Angeles.

1910. Brookins, en Atlantic City, 1.900 metros.

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1910. León Morand, en Francia, 2.587 metros.

Hubo cuatro records más ese año y fueron:
Henry Wijnmalen, 2.780 metros.
Drexel, 2.882 metros.
Johnston, 2.960 metros.
Legagneux, 3.100 metros.

Legagneux era francés, y Francia retuvo el record logrado ese año de las marcas de altura hasta 1913, superándolas constantemente. En efecto: Roland Garros llegó a los 5.610 metros y Edmond Perreyron a 6.000. En 1913 Legagneux batió todos los records con 6.120 metros.

Al iniciarse el año 1914, nuestro compatriota, el célebre aviador Jorge Newbery, con un aparato Morane Saulnier, logró la altura de 6.100 metros.

Desde allí hasta 1920 dejaron de registrarse las pruebas, pero la guerra obligó a los pilotos a una frenética lucha de superación, como se comprobó al reanudarse las competencias.

Veamos:
1920. Schroeder (norteamericano), 10.093 metros.

1920. MacReady (norteamericano), 10.518 metros.

1923. Sadi Lecointe (francés), 10.727 metros.

Francia retuvo el record hasta 1927, y las marcas fueron superadas como sigue:

1927. Champio (norteamericano), 11.710 metros.

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1929. Souceck (norteamericano), 11.930 metros.

1929. Willi Newenhofen (alemán), 12.739 metros.

1930. Apollo Soneck (norteamericano), 13.157 metros.

1932. Cyril Uwins (inglés), 13.404 metros.

1933. Lemoine (francés), 13.661 metros.

1933. Renato Donati (italiano), 14.433 metros.

Italia retuvo el record dos años.

1936. Georges Detré (francés), 14.843 metros.

1936. Swain (inglés), 15.223 metros.

1937. Mario Pezzi (italiano), 15.655 metros.

Este record fue considerado imbatible, pero poco tardó el piloto inglés Adam en superarlo.

1937. Adam (inglés), con un Brístol 138, llegó a 16.440 metros.

Italia había perdido el record, pero lo recuperó, como se verá.

1938. Pezzi llegó a los 17.083 metros de altura.

 aviadores franceses Costes y Bellonte

Los aviadores franceses Costes y Bellonte, que el 1º de septiembre de 1930 unieron en un vuelo las ciudades de París y Nueva York.

EL VUELO POR LA ESTRATOSFERA

La resistencia del aire (y su mayor densidad en ciertos casos) conspira contra la posible velocidad de los aviones. Por el contrario, a menor densidad es mayor la rapidez del deslizamiento.

Basado en estas observaciones, el ilustre sabio y aeronauta Augusto Piccard afirmó, en cierta ocasión, que la estratosfera, por razón de su escasa densidad, sería en el futuro la ruta del cielo donde los aviones alcanzarían velocidades fantásticas.

Claro estaba —y lo reconocía— que para ello habría que vencer primero algunos graves inconvenientes, que fueron puntualizados en «La Gazzeta dello Sport«, de Milán, por el técnico italiano S. Trevisán, «El problema del vuelo de altura —decía— es muy complicado.  Como se sabe, en el motor de explosión, la mezcla ideal requiere cierta relación entre el volumen del aire y el del carburante que la componen.

Es también sabido que no cambia en forma apreciable el aporte del carburante cuando el motor funciona a régimen normal, en tanto que se reduce notablemente el volumen del aire debido a la disminución de la densidad atmosférica. Y así, a medida que la mezcla se vuelve más rica en carburante, el motor rinde cada vez menos.

La hélice, cuyo buen desempeño ha sido calculado para funcionar en aire denso, al hacerlo casi en el vacío, en vuelos de gran altura, la acción de sus paletas resulta de muy escaso rendimiento. La menor resistencia del aire para la marcha del avión es una ventaja que no compensa, ni con mucho, el resultado por demás deficiente del grupo motopropulsor.

También constituye la bajísima temperatura un gran inconveniente para el avión que vuela a muy elevada altura: el lubricante se torna demasiado viscoso, las barras y los cables metálicos del comando se vuelven demasido tensos, las substancias de engrasamiento se congelan, se forma hielo sobre las partes del avión expuestas al aire, etc.»

Todos estos inconvenientes fueron superados por la técnica moderna. Los aparatos para los vuelos por la estratosfera son herméticamente cerrados y tienen dispositivos para provisión de oxígeno, además de calefacción. En cuanto al aviador, lleva un traje que constituye una coraza neumática que lo preserva del frío.

Lo cierto es que se cumplieron las predicciones de Piccard, y que los vuelos de gran distancia se efectúan por la estratosfera a velocidades vertiginosas.

hermanos piccard

Los profesores Augusto y Juan Félix Piccard, belga el primero y suizo el segundo, hermanos y compañeros de aventuras en arriesgadísimas pruebas de exploración científica. El objetivo de sus vuelos a la estratosfera no fue otro que el de estudiar los rayos cósmicos y otros fenómenos del espacio, cuyas conclusiones fueron de enorme utilidad para la aviación. Juan Félix insistió por largos años en esta clase de ascensiones, incluso acompañado por su esposa, en tanto que Augusto se dedicó a la exploración de las grandes profundidades del mar en una esfera de su invención.

traje para el vuelo en la estratofera

Arriba uno de los trajes usados por los aviadores para los vuelos por las altas regiones del espacio. Adviértense en este equipo el casco protector con anteojos, la máscara inhaladora, las riendas del paracaidas y las guarniciones de la silla eyectable

turbina de un avion

 Una turbina que accionada por el gas proveniente de las cámaras de combustión proporciona una energía con infinitamente mayor regularidad  que los pistones del motor de explosión, sacudidos por un movimiento alternativo generador de molestas vibraciones.

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El globo estratosférico del profesor Augusto Piccard, con el que alcanzó en 1932 una altura de más de 17.000 metros.

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