Primeros Aviones de Guerra Argentinos Pulqui Historia dela Aviacion



Primeros Aviones de Guerra Argentinos: Pulqui Historia de la Aviación Argentina

HISTORIA DE LA AVIACIÓN EN ARGENTINA LUEGO DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL: La Argentina, que permaneció al margen de la contienda mundial, fue en cierta manera una heredera de algunos de los adelantos técnicos logrados por las partes directamente involucradas. Ello fue posible debido a que, tras la derrota del Eje, un gran número de técnicos alemanes, especialmente ingenieros o expertos en aeronáutica, emigró hacia éstas tierras con el propósito de iniciar una nueva vida.

KURT TANKLa mayoría de ellos se instaló en la provincia de Córdoba donde fueron contratados por la Fábrica Militar de Aviones, que en ese entonces se denominaba Instituto Aerotécnico. Uno de los especialistas llegados al país era el ingeniero Kurt Tank, quien durante la Guerra había sido director del departamento técnico de la fábrica de aviones alemana Focke Wulf. Tank se dedicó inmediatamente a desarrollar un avión a reacción —que se convertiría en la segunda nave de tese tipo construida en la Argentina— sobre la base de un proyecto no concluido de la Focke Wulf durante la contienda, el Ta-183.

Fue así que en 1950 se construyó el primer prototipo del I Ae-33 «Pulqui II», un monoplaza de ala alta en flecha de estructura totalmente metálica. La cabina estaba presurizada y contaba con un parabrisas a prueba de balas, además del blindaje de protección del piloto. Poseía también asiento eyectable y piloto automático.

El Pulqui II estaba armado con cuatro cañones de 20 mm. ubicados en la proa y estaba impulsado por una turbina Rolls-Royce «Nene II» de 2.260 kg. de empuje, la que le permitía alcanzar una velocidad tope de 1.050 km/h, con un alcance máximo de 2.000 kilómetros. En total, entre los años 1950 v 1959, se construyeron cinco prototipos, ya que diversas circunstancias —entre ellas las económicas— impidieron un mayor desarrollo del avión y su posterior producción en serie.

PULKI II avion argentino

Cabe destacar que los soviéticos también se inspiraron en el Focke Wulf Ta-183 para desarrollar un diseño propio: el conocido MIG-15, que después sería utilizado masivamente en la guerra de Corea. De esta manera se explica el notable parecido de la máquina rusa con las líneas del Pulqui II. En realidad el I Ae-33 no fue la primera máquina a reacción construida en la Argentina. Unos años antes el ingeniero francés Emile Dewoitine diseñó un monoplano de ala baja para cumplir el rol de caza interceptor, denominado I Ae-27 «Pulqui».

La planta de propulsión estaba constituida por una turbina Rolls-Royce «Derwent V» de 1.600 kg de empuje, que era la misma que impulsaba a los Gloster «Meteor». La velocidad máxima era de 720 km/h y el alcance de 900 km. Solamente se llegó a construir un prototipo que no llevaba armamento —aunque estaba previsto dotarlo de cuatro cañones de 20 mm— que voló por primera vez el 9 de agosto de 1947, con lo que la Argentina se constituyó en la quinta nación del mundo que construía un avión de ese tipo.

HORTENOtro de los técnicos alemanes que emigró a la Argentina fue el ingeniero Dr. Reimar Horten, quien, junto con .su hermano Walter, se había especializado en el estudio de las llamadas alas volantes, es decir aviones sin cola.

Los hermanos Horten habían diseñado a principios de la década del ’30 una serie de planeadores, todos con la característica de no contar con los estabilizadores y timones clásicos. Parte de ellos fracasaron o simplemente no llegaron a concretarse, principalmente debido a la falta de apoyo oficial.

Un año antes de que se iniciara la Guerra, los Horten lograron interesar a las autoridades en sus proyectos y así consiguieron ciertos fondos que les permitieron desarrollar modelos de alas volantes provistos de motor a pistón. De éstos el más ambicioso fue el denominado Ho-VI,M, que había sido proyectado como un transporte comercial con capacidad para 60 pasajeros y que obviamente podía ser utilizado con fines militares.



Originalmente debía tener una envergadura de 80 metros, pero luego fue reducida a 48 metros por razones de practicidad. El Ho VIII iba a ser impulsado por seis motores a pistón de 600 caballos de fuerza cada-uno instalados en el borde posterior del ala. El fin de la guerra sorprendió al prototipo antes de que fuera concluido. Horten también construyó un ala volante impulsada por motores a reacción, el Ho IX, cuyo único ejemplar se estrelló durante el aterrizaje tras su primer vuelo de prueba.

Una vez instalado en Córdoba, el Dr. Reimar Horten retomó su proyecto del Ho VIII para diseñar, esta vez para la Fuerza Aérea Argentina, un ala volante para ser utilizada como transporte. El IA-38, así se denominaba el nuevo avión, se diferenciaba del Ho VIII principalmente por su tamaño que era aproximadamente dos tercios del de su lejano antecesor, y por la planta propulsora que estaba constituida por cuatro motores en lugar de seis.

La construcción del IA-38 se inició en 1953, pero una serie de dificultades en el sistema de refrigeración de los motores demoraron su primer vuelo que recién pudo llevarse a cabo el 10 de diciembre de 1960. Un año después el prototipo y único ejemplar del ala volante argentina había realizado apenas cuatro vuelos de prueba.

Aparentemente los resultados no fueron satisfactorios desde el punto de vista de las autoridades aeronáuticas por lo que el proyecto fue dejado de lado.

El IA-38 estaba equipado con cuatro motores de nueve cilindros radiales de construcción argentina1, los I Ae-16 «El Gaucho», que desarrollaban una potencia de 450 HP. Su estructura era en su totalidad de aluminio y una bodega con capacidad para seis toneladas de carga, que en realidad era un «contenedor» suspendido del aja.

El primer vuelo de la maqueta a escala natural se concretó en octubre de 1954, remolcada por un avión de transporte y con su piloto ubicado en posición ventral, la que luego fue modificada al instalarse una cabina clásica con techo El otro modelo diseñado por el Dr. Horten corrió peor suerte que el IA-38 ya que solamente se construyó una maqueta de tamaño natural para pruebas de vuelo remolcado por otro avión.

Este ambicioso proyecto apuntaba a la construcción de un interceptor supersónico de ala delta que se iba a cumplir en dos etapas a partir de la maquetaplaneador. La primera comprendía el diseño de una versión experimental equipada con una sola turbina y con una velocidad máxima que se mantendría por debajo de la barrera del sonido. Concluidos estos ensayos, se construiría la versión supersónica definitiva impulsada por dos turbinas. corredizo. Cuatro años después y luego de una última serie de modificaciones, se interrumpió definitivamente su desarrollo.

Cabe acotar que en su primera versión, el IA-37 iba a utilizar un turborreactor Rolls-Royce «Derwent V» de 1.600 kg. de empuje, mientras que e! modelo supersónico estaría impulsado por dos turbinas Rolls-Royce «Avon» de 3.000 kg. de empuje. Con estos dos proyectos concluyeron las experiencias, al menos en lo que se refiere a diseños aeronáuticos, ds1 ingeniero Reimar Horten en la Argentina. El Dr. Horten está radicado en la actualidad en la localidad cordobesa de Villa Carlos Paz, donde también se asentaron mucho otros expertos alemanes por su cercanía con la Fábrica Militar de Aviones ubicada en la capital provincial.

Es inevitable también mencionar como parte de esa «herencia» de la guerra la incorporación a la Fuerza Aérea Argentina, a fines de la década del ’40, de las aeronaves a reacción de fabricación británica Gloster «Meteor» F Mk IV, las que por muchos años, gracias a la pericia de los técnicos argentinos, se mantuvieren en servicio activo. Como ya dijéramos en otra parte de esta nota, el Gloster «Meteor» fue la primera y única máquina a reacción que los aliados lograron poner en servicio antes de que finalizara la Segunda Guerra Mundial, aunque su participación no influyó en nada en el resultado final de la contienda.

El «Meteor» estaba propulsado por dos turbinas Rolls-Royce «Derwent» de 1.000-kg de empuje cada una, las que permitían alcanzar una velocidad tope algo superior a los 1.000km/h. Su techo de 15.000 metros, junto con su alcance de más de 900 kilómetros, y su poderoso armamento constituido por cuatro cañones de 20 mm. ubicados en la proa, lo ubicaron entre los mejores de su época y, consecuentemente, dieron a la Argentina una posición privilegiada en lo que respecta a poderío aéreo, no sólo en el contexto latinoamericano sino en el mundo. Una posición que, posteriormente se iría deteriorando inexorablemente.



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