Origen de las gaseosas Agua con gas Bebidas Gaseosas Refrescantes



CURIOSIDAD: ORIGEN DE LAS GASESOSAS

 A finales del siglo XVII, el aparato del doctor Nooth se encontraba en cualquier casa decente de Inglaterra. Se había diseñado para mantener un estado de buena salud y restaurarla para aquellos que la habían perdido. ¿Qué hacía este aparato?

Convertía el agua en gaseosa. Ya hacía tiempo que la gente creía que las aguas carbónicas eran muy saludables. Los que sufrían de piedras en el riñón, artritis y «falta de vigor» iban desesperados a los balnearios para recibir una cura de estas aguas. Pero, los que podían ir a la fuente de las aguas milagrosas, no estaban de suerte.

Hasta que un día, apareció Joseph Priestley Priestley, que es más conocido por ser el descubridor del oxígeno, vivía cerca de una destiladora y estaba intrigado por las burbujas de dióxido de carbono que se elevaban dentro de su cerveza. Estas le dieron la idea de carbonatar el agua artificialmente. Joseph Black ya había conseguido producir dióxido de carbono —o «aire fijo», como le llamaban entonces— mediante la reacción del yeso (carbonato cálcico) con ácido sulfúrico.

Priestley diseñó un ingenioso aparato que unía la vejiga de un cerdo a un contenedor de vidrio con estos reactivos dentro. La vejiga estaba conectada a un tubo que iba a parar a una botella llena de agua y que estaba en posición invertida dentro de un cuenco de agua.

Se generaba gas, llenaba la vejiga, y entonces se apretaba para mandar el gas presurizado al agua. Mediante este sistema, Priestley pudo disolver la suficiente cantidad de gas para poder ofrecer una bebida con burbujas. Las sales como el carbonato de sodio o el tartrato de sodio se añadían y así se convertía en agua mineral.

John Nooth, un médico escocés, se preguntaba por qué no se habían explorado con profundidad las propiedades curativas del agua de Priestley. Él sospechaba que era debido al sabor desagradable del agua, parecido a la orina, así que diseñó un aparato totalmente fabricado en vidrio y eliminó así la vejiga de cerdo. Priestley no se tomó nada bien esta crítica hacia su agua. Sostenía que ni él ni nadie a quien le hubiese proporcionado agua había notado el sabor o el olor a orina.

Si a Nooth le había parecido imbebible era —le sugirió Priestley— porque alguno de sus sirvientes de había gastado una broma muy cruel y se había orinado en el agua que usó para llenar el aparato carbónico de Nooth. Priestley no tenía ninguna prueba para presentar una acusación de este tipo y al final dejó de atacar a Nooth y admitió que el aparato de Nooth era mejor que el suyo.

Años más tarde, el inventor suizo Johann Jacob Schweppe optimizó el aparato y el agua carbónica empezó a estar al alcance de todas las casas. En la actualidad, el debate sobre los beneficios el agua carbónica continúa, pero los beneficios financieros que ha aportado son indiscutibles; la lucrativa industria de las bebidas con gas depende totalmente de las aguas carbonatadas artificialmente.

Fuente Consultada: Información Basada en el Libro «Porque los Gallos Cantan al Amanecer» de Joe Schwarcz y Sitio web www.alimentacion-sana.com.ar.



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