Rigorismo Religioso: Jansenismo y Pietismo



Rigorismo Religioso: Jansenismo y Pietismo

EL RIGORISMO RELIGIOSO: EL JANSENISMO Y EL PIETISMO: El problema de la educación como disciplina ha sido planteado en todos los tiempos y tuvo históricamente diversas soluciones. La educación política de Esparta y la equilibrada de Atenas, como la educación familiar, cívica y cosmopolita de Roma, implicaban una forma de disciplinarismo.

También la Edad Media tendía a disciplinar rigurosamente las almas para hacerlas dignas de la vida celestial, mientras que el disciplinarismo humanista tendía a la formación armoniosa de la persona en la vida presente según los ideales clásicos. En un disciplinarismo se inspiran hoy la educación totalitaria de ciertos Estados modernos. Naturalmente que el disciplinarismo religioso reapareció en la Reforma y Contrarreforma.

En su totalidad procuró encontrar el equilibrio entre la tradición y las nuevas exigencias educativas. Se bifurcó en dos corrientes: por una parte el rigorismo intransigente de las escuelas jansenistas y pietistas, fundamentado en un concepto pesimirta de la naturaleza humana. Consideraban a ésta corrompida por el pecado, querían corregirla con una perfecta austeridad de vida y de conducta, excluyendo cualquier familiaridad entre discípulos, y entre maestros y alumnos.

Por otro lado, encontramos una forma de disciplina en la que se hicieron particularmente hábiles los jesuítas, que tendía a asegurar la formación de maestros mediante un aprendizaje de profunda autoeducación (por medio de los ejercicios espirituales de san Ignacio) y de los escolares por una inteligente sumisión á la voluntad de los educadores.

Del rigorismo disciplinario describiremos dos tendencias: una brotada en el campo católico, el jansenismo; y otra en el protestante, el pietismo.

abadia

Abadía de Port Royal

La pedagogía del jansenismo. — El jansenismo representa una corriente de ideas, dentro de la pedagogía de la Contrarreforma, cuyo centro de irradiación fue la abadía de Port-Royal, situada en los alrededores de París.

El movimiento jansenista nació de la siguiente manera. Unas religiosas que vivían en ese lugar, inspiradas por su capellán el abate de San Cirano, resolvieron llevar una vida de estricta austeridad. El director espiritual de Port-Royal era discípulo de Jansenio, autor de un famoso libro que, inspirándose en San Agustín, enseñaba la corrupción natural del hombre. De ahí el nombre de jansenistas dado a los seguidores de estas doctrinas.

Alrededor de la abadía se agruparon algunos hombres y mujeres piadosas que, adoptando gran austeridad, tomaron costumbres propias de los primeros monjes o solitarios. Los señores de Port-Royal (como ellos mismos se llamaban) vivían en celdas muy cómodas. De costumbres aristocráticas, desdeñaban el trato con la gente y distribuían su tiempo entre la oración y el estudio.

Los jansenistas tuvieron vocación pedagógica. En 1643 abrieron algunas clases, a las que dieron el nombre de Pequeñas Escuelas para no despertar los celos de la Universidad de París. De entre sus pedagogos sobresalen: Arnauld, autor de la célebre Lógica; Lancelot, autor de un método para aprender lenguas clásicas; Nicole, a quien se debe un tratado de educación de príncipes, y Jacqueline Pascal, hermana del célebre matemático, autora de un severo Reglamento para los niños que allí se educaban.

La experiencia pedagógica de Port-Royal fue muy corta: veinte años, ya que en 1660 el rey ordenó cerrar las Pequeñas Escuelas y dispersar sus maestros. Sin embargo, la importancia de las obras de muchos de sus miembros, particularmente bajo la influencia de Descartes, inspiraron nuevos rumbos a la pedagogía.

Dos son los aspectos más importantes de la pedagogía de Port Royal: uno, los métodos didácticos; otro, el aspecto moral y disciplinario.

Aspecto moral. El hombre es malo por naturaleza, ésta es la creencia moral que apoyan los jansenistas, la naturaleza humana está corrompida. “El diablo, dice el abate de Saint Cyrano, se apodera del alma del niño antes de nacer.. .” “Es necesario que consideréis a vuestros hijos como inclinados al mal —escribe otro jansenista—: todas sus inclinaciones son corrompidas, y como no las guian la razón, no les harán encontrar diversión y gusto sino en cosas que los arrastren a los vicios.” “En ellos, más que ceguedad y flaqueza, tienen el espíritu cerrado para las cosas espirituales y no pueden comprenderlas. Pero, por el contrario, tienen los ojos abiertos al mal; sus sentidos son susceptibles de toda corrupción…”

La idea de maldad natural innata en el hombre hizo austeros a los maestros seguidores del jansenismo. El niño es esencialmente malo; como ha recibido el bautismo, tomará el hábito del bien, si a su alrededor se levantan barreras infranqueables. Por eso el maestro actúa con su incesante vigilancia y fuerte dominio sobre el albedrío del alumno, fijándole el camino del bien, sustituyendo la voluntad del niño por la suya.

El mundo se ofrece como una escuela del diablo y los viajes son un peligro para la virtud. Los recreos serán cortos, a fin de evitar la disipación y anular toda inclinación mundana.



Las condiciones pedagógicas del maestro importan poco; si logra algún resultado, es que el niño está predestinado; si sus esfuerzos son vanos, se consuela diciendo: “Este niño es un reprobo, no tiene la gracia eficaz y será víctima del pecado”. Los jansenistas eliminan de sus colegios a los niños difíciles; por eso las clases no contaban más que cinco o seis alumnos.

La educación, a pesar de su severidad, tenía carácter familiar y los maestros eran modelo de paciencia en su ardua misión, que resumían así: “hablar poco, tolerar mucho y orar más”. La piedad era rígida, a los alumnos se les imponían grandes ayunos, se excluía toda emulación y no se admitía ninguna alusión referente al éxito y al progreso de los alumnos: el niño debía cumplir el deber por el deber.

Textos didácticos. Se puede considerar a los portroyalistas, junto con los oratorianos, que les habían precedido, como los iniciadores de la enseñanza sistemática en lengua materna. En las Pequeñas Escuelas los estudios comenzaban por el francés, y por el francés se enseñaba el latín y el griego.

Simplificaban al estudio del lenguaje, tanto de las reglas gramaticales que enseñaban prácticamente, como de la lectura, introduciendo el procedimiento fonético, o sea partir del sonido y no del nombre de la letra, como hasta entonces se hacía. Sus textos escolares fueron agudísimos y claros, y liberaron la escuela de la pesada literatura que la aprisionaba.

Supieron también difundir el gusto por el orden y la claridad, ya impuesto en el mundo de las ciencias por Descartes. La Lógica o Arte de pensar fue un modelo de asociación de los principios aristotélicos con los cartesianos. Se aconsejaba: pocos principios, mucho ejercicio: no enseñar sino lo que los alumnos podían entender.

El rigorismo fietista. — Del mismo modo que el jansenismo surgió dentro del catolicismo, el pietismo se desarrolló dentro del protestantismo. Dentro del luteranismo, en Alemania apareció un movimiento religioso que, renunciando al análisis de los dogmas teológicos, sostenía que lo que importa en el cristianismo es el sentimiento de íntima piedad.

El sentimiento debe ser el manantial de una nueva vida interior y de la renovación moral de la existencia. Lo que importa es la piedad o la práctica de la abnegación en favor del prójimo. “Un grano de verdadera fe vale más que un quintal de conocimientos históricos, y una gota de caridad más que un océano de ciencia.” A esta tendencia religiosa sus adversarios la denominaron pietismo.

El movimiento se caracterizaba por su absoluta condenación de todos ios placeres de la existencia, como los juegos y diversiones, y por la indiferencia con que contemplaban la ciencia y la política. Desde el punto de vista educacional coincidían con los jansenistas: el niño es un ser substancialmente corrompido por el pecado original; todo niño lleva en sí el germen de la perversión. Por eso la misión de la escuela es transformar a los jóvenes mundanos y pecadores en pietistas.

El fundador de esta tendencia fue Felipe Jacobo Spener (1635-1705), que se destacó porque dio a la educación un carácter rigorista y por la aplicación en la enseñanza del método catequístico; pero la mayor figura del pietismo fue Augusto Hermán Francke (1663-1727).

Después de una profunda crisis religiosa, Francke actuó en la Universidad de Halle, donde procuró imponer en la educación su experiencia personal. Una intensa penitencia y austeridad era condición necesaria para que un hombre aspirara a su renacimiento interior y al beneficio de la bondad divina. Esta experiencia debía provocarse en los niños.

En su obra Enseñanza más breve y sencilla para dirigir a los niños hacia la verdadera piedad y el espíritu cristiano, señala Francke los fines de la educación. Movido por este espíritu, y a pesar de su estrechez de miras, organizó varias clases de escuelas: una para los hijos de los nobles, el pedagogium; otra para los pobres, que se denominó latina; un hospicio para niños huérfanos, y un internado. Predominaba en todos la instrucción bíblica. La disciplina era muy rigurosa, los castigos corporales frecuentes y la vigilancia excesiva.

Después de los castigos, los niños eran obligados a dar gracias y hacer promesa de corregirse. No existían vacaciones y la mayor alegría debía de consistir en los sentimientos de piedad. Al contrario de los jansenistas, procuraron que el medio escolar fuera atrayente para que despertara esos sentimientos.

Fuente Consultada:
Historia de la Educación – Juan Carlos Zuretti – Editorial Itinerarium – Colección Escuela –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA – Microsoft
Enciclopedia del Estudiante Tomo 19-Historia de la Filosofía – Editorial Santillana
Wikipedia –





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