La Educación en la Edad Media Características Sistema Educativo






La Educación en la Edad Media
Características,Plan de Estudios, Artes Liberales, Sistema Educativo

PRINCIPALES CARACTERÍSTICAS

Tipos de enseñanza. — Para apreciar lo que fue la educación en la Edad Media, conviene tener en cuenta que durante estos largos siglos hubo numerosos tipos de educación. Cronológicamente la primera forma es la impartida por un original órgano educacional: el monasterio, estudiado en el capítulo anterior.

Sigue luego la escuela episcopal o catedral, llamada así porque funcionaba junto a la cátedra del obispo. Era una enseñanza impartida a los jóvenes aspirantes al sacerdocio que, reunidos alrededor del obispo, se iniciaban en la vida clerical en calidad de lectores de los textos destinados a los oficios divinos. Esta formación, práctica y familiar, concedía un mínimo de cultura literaria, sin la cual el ministerio sacerdotal era imposible.

 universidad  edad mediaIdénticas a las escuelas episcopales eran las presbiteríales, que funcionaron en las primeras parroquias rurales creadas donde los bárbaros se asentaban. A todos los curas encargados de estas parroquias se les exigió recibir en calidad de lectores a los jóvenes que podían ser sus futuros reemplazantes.

Esta decisión del II Concilio de Vaison, de 529; debe tomarse como el acta de nacimiento de la escuela rural popular desconocida en la antigüedad. La iniciativa se extendió por toda Europa y el cura de parroquia asoció la función de maestro a la de sacerdote.

En tiempos mejores la instrucción monástica adquirirá nuevas formas en las llamadas escuelas de palacio, instaladas en las cortes de los señores. Con la intensificación del estudio de las artes liberales y con la profundización de la teología hay un nuevo interés por la filosofía.

Artes Liberales Eran, Trivium: gramática, retórica y lógica. Cuatrivium: artmética, geometría, música y astronomía

Poco a poco se levantan cátedras y se abren en los conventos escuelas especializadas, studium genérale, que fomentan la preocupación filosófica y que originan, por sus múltiples opiniones, sistemas de pensamiento cuyo conjunto conocemos por escolástica.

Simultáneamente, las exigencias de la vida social suscitan dos nuevas instituciones educativas sin formas escolares: la caballería, o formación propia del guerrero, y el aprendizaje de los oficios o artesanías impartido por los gremios. En esta época los estudios alcanzaron su más alto grado de organización con el establecimiento de la más notable y perdurable de las instituciones educativas de la Edad Media: la universidad.

El plan de estudios : Las artes liberales. — Las grandes invasiones de los bárbaros pusieron fin al sistema corriente de la enseñanza romana con sus tres grados: el magister ludi, el gramático y el retórico. Lo sustituyó el régimen de las escuelas monásticas y episcopales que tenían distinta finalidad: preparar al monje o al sacerdote. El monje, lo mismo que los clérigos, no necesitaba de la sabiduría profana de los autores paganos.

La ilustración de los monjes satisfacía sus necesidades cuando sabían leer e interpretar las Sagradas Escrituras y las lecciones de los maestros de la espiritualidad. San Patricio, evangelizador de Irlanda, sólo dos cosas exigía del aspirante a monje: ser bautizado y conocer el alfabeto.

Se comenzaba por el estudio del alfabeto, aprendido de acuerdo a la costumbre romana, seguían lo ejercicios de lectu ras memorizada: sobre el texto de un salmo, ejercicios indispensables, ya que el salterio es la base del oficio divino que el monje debe recitar diariamente. Luego se pasaba a descubrir su contenido alegórico y espiritual.

Los monjes, que querían adquirir erudición, completaban los estudios con el conocimiento de la gramática, la retórica y la dialéctica, las tres disciplinas que componían el Trivium, luego seguía la aritmética, la geometría, la música y la astronomía, o sea el Cuadrivivm.

Al conjunto de estas materias que ya habían sido incluidas en la encieles paideia se le denominará las siete artes liberales, llamadas así por entender que su conocimiento liberaba a la inteligencia, o por creer que esta tarea era una ocupación “liberal”, distinta a la de los siervos que cultivaban los campos. Estos estudios propios de los monjes y clérigos, se extendieron a los laicos e históricamente alcanzaron hasta el Renacimiento.

La Edad Media mantuvo la retórica, pero decayó el interés vivo por el arte de hablar. Por eso la retórica perdió su lugar descollante. La dialéctica o arte de la oración concisa, como la llamaba Casiodoro, conservó, en cambio, su valor, por la ayuda que prestaba como arma, en las disputas filosóficas. El arte de la disputa fue la alta escuela, la lógica su instrumento, y el método escolástico su forma de expresión.

La primera de las materias del quadrivium: la aritmética, comprendía el estudio de los números y los rudimentos del cálculo. Las operaciones aritméticas no pudieron adelantar hasta que se generalizó el sistema de numeración tomado de los hindúes y transmitido por árabes. La geometría debió ser muy conocida por los alarifes y arquitectos.


Anuncio Publicitario


Solamente dos disciplinas, la música y la astronomía, coincidían con los intereses dominantes. El cultivo del canto en la Iglesia animó la investigación de los ritmos musicales. El Papa san Gregorio señaló determinadas reglas (canto gregoriano) y el empleo de la escala musical se inició cuando el monje Guido de Arezzo inventó el solfeo. Las fiestas móviles del año eclesiástico obligaron a los clérigos a manejar el calendario y, por ende, el sistema astronómico. Las siete artes liberales fueron, durante la Edad Media, las siete columnas del edificio de la sabiduría.

Para sustituir a las colecciones de libros de consulta, pues los libros eran muy raros y costosos, se realizaron compilaciones enciclopédicas que reunían los conocimientos más dispares. Una de las más célebres fueron las Etimologías de Isidoro, obispo de Sevilla.

Los estudios superiores, como la medicina y el derecho, se hacían, hasta la creación de las universidades, bajo la dirección de maestros especializados, y en muy pocos lugares. Hubo también interés por otros conocimientos. El saber histórico no fue una rama de la enseñanza, pero ocupó la atención de sectores cultos y no cultos.

Se procuró relacionar la historia de la antigüedad con la contemporánea, pero lo que era admitido como histórico contenía mucho de leyenda y de poesía, y resistía a toda comprobación cronológica. Las crónicas comenzaban’con la Creación, y pasaban por la historia judía, romana y nacional hasta llegar a los hechos locales.

Menor que el de la historia era el desarrollo del conocimiento de la Naturaleza. El mundo interior ejercía una atracción dominante sobre la inteligencia. El pensamiento de la época ha quedado impreso en las palabras de san Bernardo: “El mundo entero tiene menos importancia que el espíritu humano, porque Dios no ha realizado por el mundo entero lo que hizo por el espíritu; recuerda esto y haz oración”.

ORIENTACIONES Y ACCIÓN EDUCADORA

La escuela de palacio. — Hacia el año 800, el Occidente pudo alcanzar alguna tranquilidad. Carlomagno, emperador de los francos, restauró el imperio cristiano que se había extinguido en el siglo V, creando en el interior de sus fronteras el clima favorable para el renacimiento de la cultura.

Carlomagno realizó una reforma cultural de gran alcance. Para elevar el nivel intelectual de los eclesiásticos y de los magistrados de su Imperio, dispuso que toda catedral o monasterio tuviera su escuela en manos de maestros aptos y entusiastas. Alcuino, un monje de la escuela monástica de York, discípulo del célebre monje historiador Beda, fue llamado para instaurar el sistema que regía en los monasterios de Inglaterra. Surgieron así numerosas escuelas monásticas y episcopales en todo el reino francés, como las de Laon, Reims, Chartres y Tours.

Carlomagno decidió después, extender la instrucción a los laicos, para preparar buenos servidores del Estado. Él mismo, que aprendió a leer y escribir siendo adulto,y sus hijos, frecuentaron las clases que se dictaban en su palacio. La deseada organización docente de su reino le llevó a dictar sus célebres capitulares o cartas circulares dirigidas a los obispos, abades, etc., en las que encarecía la fundación y el cuidado de las escuelas, y llegó a expresar la idea de la obligatoriedad de la enseñanza y la popularización del aprendizaje de la lengua materna, que hasta entonces había sido ajena a la educación. Un cuerpo de funcionarios ambulantes, los missi dominici, vigilaba el cumplimiento de las capitulares relativas a la escuela.

educacion medieval

Pero una nueva avalancha de bárbaros, similar a la que Europa soportó en los siglos V y VI, volvió a repetirse en los siglos IX y X. Eran los daneses, los normandos y los magiares o húngaros los que volvieron a derramarse por Europa. Torbellino de pueblos que en un principio sólo parecían guiados por el afán de destrucción y rapiña, se lanzaron sobre las tierras donde Carlomagno defendía la civilización cristiana.

Una vez puesto pie en un territorio, procuraban instalarse, ganados por el cristianismo y su civilización, se transformaban en conquistados y se convertían en colaboradores en la gran Europa que había de salir de aquel caos. La instrucción había vuelto a refugiarse en los monasterios mientras que las poblaciones rurales permanecieron sumidas en la mayor ignorancia. Sólo en las cortes de unos pocos grandes señores la cultura encontró auspicio.

En muchos castillos, debido a la influencia francesa, particularmente de la Provenza y Borgoña, se enseñó lo que se conoce con el nombre de educación cortesana o cortesía. El joven debía aprender la lengua francesa, tañer instrumentos como el laúd, recitar los cantares de los trovadores, adquirir destreza en los juegos de salón y demostrar su vigor corporal en la caza y en los torneos.

La caballería. — En los cinco siglos que corren del sexto al décimo, llamados Época Oscura o Sitio de la Cristiandad, Europa padece toda clase de ataques, desde el Báltico, Asia y el Islam. Como consecuencia se produce el fraccionamiento del poder en múltiples señoríos que la historia conoce con el nombre de régimen feudal, o señorial.

Durante este asedio, la Iglesia lucha para obtener una profunda unidad moral y religiosa. Con una experiencia educativa, que ya había empleado para la transformación de los pueblos bárbaros, infunde espiritualidad en todas las nuevas manifestaciones de la vida social. Así, a los nuevos guerreros feudales, les presentará un nuevo ideal educativo: la caballería; y a las clases inferiores que poblaron los burgos o futuras grandes comunas, las organizará en gremios y cofradías. Ambas instituciones fomentan la disciplina social y moderan la rudeza y la violencia de las costumbres.

El proceso formativo del joven caballero está tan estrictamente regulado como el del aspirante a clérigo. Se consideraba el aprender como algo inseparable del servir, y para ésto último nada era más apropiado que la casa ajena. De allí que la corte de un caballero de prestigio fuera la primera escuela de los jóvenes.

A los siete años, el futuro caballero dejaba la casa paterna y se dirigía a una corte o castillo de un señor feudal, conforme a su grado de nobleza. Su educación comenzaba sirviendo a las damas o acompañando al señor en los torneos y cacerías, en calidad de paje. Su formación moral, era vigilada por el capellán de la corte y estimulada por el relato de las hazañas fabulosas de Carlomagno, de Rolando o de los Caballeros de la Tabla Redonda, cuyas proezas eran cantadas por trovadores.

A los catorce años, el paje se convertía en escudero. En las grandes solemnidades entraba en el séquito del castellano. Aprendía a trinchar y servir las viandas, y también corría a su cargo la manutención de los caballos y el cuidado de las armaduras. A los diecisiete años, el escudero solía realizar largas expediciones para cumplir alguna proeza brillante antes de recibir la orden de caballería. Esta preparación lo acostumbraba a soportar las asperezas de la vida al aire libre y le habituaba al dolor, al hambre y a la fatiga.

Cuando se acercaba a los veintiún años, intensificaba su formación para ser armado caballero. Purificado con los sacramentos, velaba sus armas durante una noche en la capilla del castillo. Luego un sacerdote bendecía su espada y se la ceñía, mientras el caballero juraba “defender a la Iglesia, perseguir a los malvados, respetar el clero, proteger a las mujeres y a los pobres, mantener la paz en su tierra y verter su sangre en socorro de sus hermanos”.

La educación caballeresca, educación no escolar, destinada a los seglares, tenía caracteres nacionales propios; así se puede hablar con propiedad del caballero español, francés, inglés, etc. El objetivo fue llegar a ser un caballero “sin tacha y sin miedo”, virtuoso y veraz, sociable y experto, fiel a Dios y a su señor, protector del débil y hasta del adversario que solicitara clemencia. La caballería, como institución, constituyó una escuela de disciplina, de respeto, de dignidad y de heroísmo.

Con el correr del tiempo, los principios de moral caballeresca se fueron empobreciendo o se exageraron ridiculamente. Varios factores contribuyeron al desprestigio de esta institución feudal. Podemos consignar las transformaciones del arte de la guerra, ocasionadas por el empleo de la pólvora, el exceso de exhibicionismo y galanterías, el romanticismo de las aventuras, etc., caracteres todos que inspiraron a Cervantes su sátira inmortal: “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”.

LOS GREMIOS.

Cuando en la Edad Media aumentó la producción, surgieron los comerciantes, que llevaron estos productos a otras tierras que carecían de ellos. Como consecuencia, se animan los mercados de las viejas ciudades y a lo largo de los caminos aparecen ferias y nuevas aglomeraciones urbanas. Hacía tiempo que los mercaderes y marinos italianos mantenían un activo tráfico comercial con los mercados de Orientes, y los comerciantes de Venecia, Pisa y Genova no esperaron que las Cruzadas abrieran nuevas rutas comerciales.

Los núcleos urbanos sufrieron grandes transformaciones ; los lugares donde se celebraban mercados adquirieron preponderancia, formándose los burgos, las comunas o municipios.

Los gremios, cofradías o hermandades fueron el complemento y el apoyo del gobierno de la ciudad. Eran unas sociedades formadas por mercaderes o artesanos agrupados según su oficio. Así, las había de sastres, vendedores de paños, zapateros, etc. Los gremios tenían sus fines inmediatos : establecer normas de trabajo y producción, fijar precios, prestar protección y ayuda a sus compañeros, conservar y propagar la destreza del artesano, comprobar la habilidad del trabajador manual.

Para ello, el hijo del agremiado que quería aprender el oficio de su padre debía entrar, en calidad de aprendiz, en el taller de un maestro. Este le enseñaba la profesión y subvenía a sus necesidades, ejerciendo sobre el niño una completa autoridad. Al cabo de algunos años, y mediante examen y bajo control del gremio, el aprendiz era nombrado compañero (oficial). Permanecía todavía al servicio del maestro, pero tenía ya remuneración.

El tercer grado de aprendizaje era la maestría. Para alcanzarla, el oficial tenía que demostrar el dominio de la profesión. Satisfechos los requisitos, era reconocido como maestro, podía tener taller propio, enseñar a los aprendices y participar en las asambleas de la agrupación.

De entre estos artesanos salieron también generaciones de artistas: vidrieros, pintores, picapedreros, tallistas de madera, etc. Fueron éstos quienes levantaron las grandes catedrales. Todos aportaban su esfuerzo en la construcción de la catedral, que era timbre de noble orgullo para la ciudad. La catedral viene a ser el exponente de todas las energías colectivas, una suma expresiva de aquel nuevo y vigoroso organismo que constituía la ciudad medieval.

Aunque exista por naturaleza cierta oposición entre la clase señorial y el artesano, en la Edad Media mostraban similitud de formación: la caballería los unos, y el gremio los otros. Ambas instituciones estaban fundadas en el supuesto que la formación debe hacerse en la vida, que el aprender y el servir son inseparables y que se debe recorrer lina serie de grados para llegar a ser miembro maduro de la comunidad.

La escolástica. — A fines del siglo X, Siglo de Hierro, la vida intelectual, adormecida en Europa durante los asaltos de los normandos y magiares, cobró un nuevo impulso. Junto a las viejas escuelas monacales, que habían sido depositarías del saber en los siglos más áridos para el espíritu, florecieron en las “villas” o ciudades las escuelas episcopales, nacidas al amparo de la catedral. Una de ellas, la de Chartres, asignó gran importancia a los estudios filosóficos.

Poco a poco, los maestros crearon un método de enseñanza oral, que se fue extendiendo por las escuelas. El maestro leía un texto de un autor y lo comentaba. Seguía la exposición de razones en pro y en contra de lo expuesto, y a los alumnos correspondía extraer las consecuencias. Las ideas filosóficas de toda la Edad Media, vertidas en esta forma metodológica, se conocen con el nombre de escolástica o ciencia de las escuelas.

La doctrina escolástica había tenido una larga elaboración. Contribuyen a un primer período, del siglo VI al XII, san Agustín y san Anselmo. Hacia el año 1120, el célebre monje san Bernardo, con su ascética severa y su lirismo desbordante, y el racionalista Abelardo, se orientan hacia una cultura popular y lírica, es decir “gótica”. Se abandona la concepción simbólico-platónica del Universo, a los Padres de la Iglesia, para dar lugar a filósofos preocupados por descubrir el orden racional del universo y apasionados por su clasificación. El descubrimiento y traducción de los textos lógicos de Aristóteles determinó el esplendor de la escolástica favoreciendo la aparición de sistemas filosóficos, como el de santo Tomás, el de san Buenaventura, etc., que se difundieron notablemente gracias al advenimiento de una nueva institución docente: las Universidades.

El escolasticismo como etapa de la evolución pedagógica tiene valor y significado propios. Concedió un lugar eminente a lo intelectual, no igualado en ningún momento de la historia; alcanzó gran penetración en el razonamiento abstracto; creó una terminología lógica y compendió los conocimientos en una clasificación-científica que convenía a la época, expuestos particularmente por Pedro Lombardo en el Libro de las Sentencias y por santo Tomás de Aquino en la Suma Teológica.

Las universidades y los colegios

Origen. — La organización más perfecta y original de la Edad Media fueron las Universidades. Su origen se debe al desarrollo que tomaron ciertos centros de enseñanza por la calidad de sus maestros y por la profundidad de sus estudios. Uno de estos centros fue la escuela de filosofía que funcionaba en París junto a la catedral de Nuestra Señora, otros fueron las escuelas de Santa Genoveva y de San Víctor.

Sus alrededores se fueron poblando de casitas ocupadas por alumnos y maestros a quienes el obispo había concedido permiso para enseñar (licentia docendi). Llegó el día que maestros y discípulos, al igual que lo hacían todos los artesanos de la ciudad, se agruparon para constituir un gremio. La “universitas”, la totalidad de los profesores y alumnos constituidos en corporación o gremio, dieron su nombre a la Universidad.

la universidad en la edad media

Constituída la Universidad de París carecía de sede propia. Cada maestro explicaba sus lecciones donde quería o podía. Además, buena parte de los estudiantes carecía de alojamiento, y hasta de medios para procurárselo. Un maestro, Roberto de Sorbon, fundó un colegio para alojarlos. Así surgió la Sorbona.

Paso a paso, la universidad fue conquistando su autonomía y se iba organizando. Ciertas universidades se fueron formando espontáneamente, como las de Oxford y Padua; otras encontraron la protección papal o del emperador, o de ambas autoridades a la vez. Tales universidades gozaban, en virtud de su acta ereccional, de determinados privilegios, como las de París, Cambridge, Salamanca, y la de Córdoba.

Los privilegios que gozaban los universitarios eran variados y semejantes a los eclesiásticos. Los principales eran: el derecho que tenían sus graduados de enseñar allí donde habían cursado sus estudios y en todas partes; la exención del servicio de las armas; sólo podían ser juzgados por las autoridades de la universidad (fuero académico) .

Dentro de la misma universidad, los estudiantes y maestros dedicados a una misma especialidad se reunieron en organismos llamados facultades. Así nacieron las facultades de artes, medicina, derecho y teología. La facultad de artes no era de carácter profesional, sino que tendía a la cultura filosófica general y servía de preparación a las otras tres.

La universidad era regida por un rector, elegido periódicamente, y le asistían dos cancilleres o administradores. Por su parte, cada facultad era regida por el decano.

En ciertas universidades italianas, el rector era un estudiante y en todas se le tributaban honores superiores a los obispos.

Grados. — En la universidad, los estudiantes ascendían por grados semejantes a los que seguía el hombre de armas para llegar a caballero, o el artesano para llegar a maestro de su oficio. El muchacho destinado a las armas empezaba su formación sirviendo como paje a un señor, pasaba después a la categoría de bachiller (bas chevalier, o caballero sin escudo propio) y finalmente recibía la espada al ser armado caballero. El artesano empezaba siendo aprendiz, pasaba después a oficial y, finalmente, llegaba a maestro. Análogamente, distinguíanse en las facultades tres etapas: bachilleres, licenciados y doctores.

El adolescente que entraba a la universidad, pasaba de tres a siete años estudiando gramática, retórica y dialéctica bajo la dirección de un solo maestro. Cuando se encontraba en condición de definir o de determinar ciertos términos filosóficos, podía presentarse a examen de bachiller.

Mientras continuaba sus estudios, podía explicar a los estudiantes más jóvenes algunos pasajes lógicos de Aristóteles. Cuando aprobaba una explicación de la filosofía de acuerdo a los métodos escolásticos, se le concedía la licenciatura o autorización para enseñar. Al tomar posesión de la cátedra se le consideraba como maestro en artes.

El grado de doctor se concedía al aspirante que presentase y defendiese una tesis, lo que lo autorizaba a enseñar y a competir libremente con los demás profesores y a ser amparado por el gremio de los docentes.

Método y contenido de los estudios. — El estudio de la facultad de artes tenía por base las siete artes liberales. Solía corresponder al plan de la escuela monástica o catedralicia, un poco más ampliado, y abarcaba lo que forma hoy nuestras facultades de filosofía y letras. Los que estudiaban en la facultad de derecho podían especializarse en el derecho eclesiástico y estudiaban los cánones o disposiciones eclesiásticas; o derecho civil y entonces estudiaban el derecho romano compilado por Justiniano.

En la facultad de Medicina considerábase como suprema autoridad a Hipócrates (400 a. C.) o Galeno (II d. C.) siguiéndose en muchas a Avicena (siglo XI). La facultad de teología coronaba los estudios universitarios y se exigía a los especialistas en esta ciencia.

El método didáctico se iniciaba con la lectio pronunciada por el maestro, que comprendía una triple exposición: la explicación gramatical, líttera, la explicación de la inspiración del pensamiento, sensus, y la inteligencia profunda del contenido doctrinal, sentencia. Seguía la disputatio. Cada tesis que reclamaba admisión en el sistema debía servir de campo de batalla para el choque de muchas mentes. A diferencia de la mayor parte de las discusiones modernas, estos debates aceptaban tres definidos puntos de referencia, tres reconocidas cortes de apelación.

El primero era la autoridad de la revelación, o sea el derecho de la divina sabiduría a ser escuchada por la mente humana. El segundo era el derecho de la razón, especialmente los principios, procesos, y productos del razonamiento social a guiar la especulación individual.

El tercero era el argumento derivado de la tradición, la idea de que donde el pensamiento social ha trabajado durante muchas generaciones, se supone que ha eliminado gran cantidad de errores; la inteligencia de todo el mundo no yerra fácilmente. Esta apelación a la sociedad estaba por cierto abierta al abuso, tendiéndose a veces a sobre racionalizar la fe como lo hicieron muchos dialécticos o a menospreciar el papel de la razón.

Colegios universitarios y convictorios. — Otras instituciones docentes muy características fueron los llamados colegios universitarios, colegios mayores o convictorios.

Verdaderos internados o pupilajes anexos a las universidades, eran fundados por personajes de fortuna en beneficio de los estudiantes que venían de lejanas regiones. Según pagaran o no, se dividían en pensionistas, instalados con servicio y comida aparte, becarios, que disfrutaban de una beca o bolsa de estudios, y medio becarios (porcionistas), que, mediante una módica paga, comían y vivían con los becarios. En los colegios se observaba un rígido programa de actividades en común.

Comenzaba de las 4 a las 6 de la mañana y terminaba a las 20. Los estudiantes concurrían a las clases de la universidad y encontraban en los colegios los pasantes o repetidores de las lecciones. La Universidad de París llegó a contar con sesenta colegios y cuatro mil estudiantes, mientras que nuestra Universidad de Córdoba contó con el célebre internado, el Convictorio de Monserrat, que fue el pensionado de nuestros proceres. Este mismo sistema siguen actualmente numerosas universidades inglesas y norteamericanas.

El aspecto social de la vida en el siglo XIII presenta un cuadro movido. Las costumbres de las magnas peregrinaciones religiosas a los santuarios famosos, y las Cruzadas, habían generalizado la vida errante, haciéndola al mismo tiempo más segura; así el estudiante nómade era un elemento más de la población fluctuante, compuesta de frailes, de peregrinos, de mercaderes, de artesanos y de clérigos errantes. Con la fundación de las universidades y la libertad dada a los estudiantes de poder ingresar en todas, se acrecentó esa costumbre y los estudiantes se trasladaban de una universidad a otra.

Así como los estudiantes estables se hallaban organizados según sus naciones, los estudiantes errantes estaban organizados en corporaciones bajo el patronato de un santo, san Golías; de aquí que se les llamara goliardos, estudiantes ligeros de bolsa, de corazón gozoso y libres de preocupaciones. Numerosos colegios brotaban en las ciudades, provistos de dotaciones instituidas por generosos fundadores, en beneficio de estos estudiantes.

Pronto apareció un nuevo tipo de estudiante errante. Corno había maestros que andaban en busca de colocación, se le agregaron escolares vagabundos que procuraban obtener una manera fácil de vivir. A estos escolares se les añadieron en sus filas muchachos más jóvenes, que a veces no pasaban de seis a siete años. Los llamaban tiradores del abe. Aparentemente acompañaban a los otros para adquirir los rudimentos del saber, pero en realidad les servían de criados; cantaban para obtener dinero, mendigaban la comida, etc. (Meser).

La admisión de los estudiantes en las colegios, iba ligada a ciertas ceremonias simbólicas. Mediante ellas se advertía al recipiendario de la elevada importancia que para él tenía esta nueva etapa de su vida. Análogas ceremonias se practicaban en los gremios de artesanos, guildas mercantiles y monasterios. Muchas veces eran de naturaleza burlesca. Los nuevos colegiales aparecían vestidos con fantástica indumentaria y se parodiaba la instrucción que se les iba a impartir; como final, se celebraba un ágape, cuyos gastos eran sufragados por los ingresados.

Ver: Santo Tomás de Aquino

Fuente Consultada:
Historia de la Educación – Juan Carlos Zuretti – Editorial Itinerarium – Colección Escuela –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA – Microsoft
Enciclopedia del Estudiante Tomo 19-Historia de la Filosofía – Editorial Santillana
Wikipedia –

 





OTROS TEMAS EN ESTE SITIO



Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *