Edmund Hillary y Tensing LLegaron a la Cumbre del Everest



Historia de la Expedición de Edmund Hillary y Tesing Para Escalar El Everest

Desde 1921, hombres valerosos intentaron la conquista del Everest, la cumbre más alta del mundo. En 1953, una expedición inglesa conducida por John Hunt recogió el guante de ese desafío. Hillary y Tensing formaban parte de la expedición, y. el 29 de mayo de 1953, después de una escalada agotadora, podían considerarse vencedores de la naturaleza. El Everest ya no era una cumbre inviolable.

El 29 de mayo de 1953, por primera vez en la historia, dos hombres llegaban a la cumbre del monte Everest. Eran sir Edmund Hillary y el sherpa Tensing. Nunca con anterioridad había despertado tal entusiasmo la conquista de una montaña, pero es preciso explicar que el Everest, situado en la frontera entre Nepal y Tíbet, es la montaña más alta del mundo. Los tibetanos la llaman «Chomolungma» o diosa-madre del mundo.

Desde el año 1921 las expediciones que intentaban vencer el Everest se multiplicaban; pero la montaña seguía sin ser conquistada. Hay que aclarar que ésta es difícilmente accesible y que no es posible intentar su asalto más que durante algunas semanas al año. En invierno el frío es allí insoportable, mientras que en verano el monzón trae consigo el riesgo de frecuentes avalanchas de nieve. Las tentativas, pues, deben emprenderse en la primavera o durante el otoño.

Ello hace que la hazaña realizada por Hillary y Tensing, que formaban parte de la expedición inglesa dirigida por sir John Hunt, sea aún más impresionante. Ninguno de los dos vencedores del Everest era, sin embargo, inglés. Sir Edmund Hillary es neocelandés, nacido en Auckland, y en aquella época tenía treinta y tres años.

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En anteriores expediciones al Himalaya había probado ser un valeroso alpinista y dotado de una resistencia a toda prueba. Su compañero, Tensing Norkey, era sherpa. Los sherpas son originarios del distrito de Jumbu, en Nepal. Su reputación de alpinistas no puede ponerse en duda, y se les encuentra regularmente en las expediciones al Himalaya como porteadores o guías. Son muy resistentes y soportan muy bien los esfuerzos a gran altura.

Tensing tenía treinta y nueve años cuando acompañó a Hillary; pero éste no era su «bautizo de nieve». Desde 1935 había participado en expediciones al Everest, y antes de 1953 había realizado cinco sin que su constitución se hubiera resentido lo más mínimo. No es extraño, pues, que fuera tomado en gran estima por los otros miembros de la expedición, sobre todo por los sherpas.

Por otra parte, el año anterior había conseguido llegar a pocos metros de la cima en compañía del suizo Raymond Lambert. Varias semanas más tarde llevaba aún retratadas en el rostro las señales de los esfuerzos sobrehumanos que hubo de realizar.

La conquista del Everest es, en efecto, una empresa extraordinariamente azarosa, no sólo debido al frío, sino también al terreno rocoso recubierto de nieve y de hielo. También hay que contar con la falta de oxígeno (menos de un tercio del que contiene el aire al nivel del mar).

Una persona que no esté preparada para vivir en tales condiciones cae víctima de un síncope diez minutos después. Los alpinistas como Hillary y Tensing están habituados a tan duras condiciones de vida y las soportan mucho mejor. Ello no impide que su organismo se resienta y están sujetos también al «mal de montaña».



El itinerario seguido en 1953 por la expedición Hunt venía del sur. Quince toneladas de material y de víveres habían sido transportadas desde Katmandú, capital de Nepal, hasta Thyangboche, unas docenas de kilómetros más allá: Participaron en la operación 450 porteadores.

La base o campo principal se había levantado en las proximidades de un monasterio budista. A partir de allí la ruta que habían de seguir transcurría a lo largo de glaciares. A medida que avanzaban fueron levantando nuevos campamentos.

El 24 de mayo de 1953 los más resistentes de la expedición establecieron el octavo campamento entre las cumbres del Everest y del Lhotse; este campamento se hallaba aproximadamente a una altura de 8.600 m. Desde este campamento, John Hunt, ayudado por el sherpa Da Namgyal, llevó víveres más arriba, a fin de ayudar a los hombres que iban a emprender contra la montaña el asalto final.

Cinco días más tarde, el 29 de mayo a las 11.30 de la mañana, Hillary y Tensing llegaban finalmente a la cumbre. Los dos hombres no se dieron cuenta inmediatamente de que habían triunfado; pero, después de asegurarse de que no había ningún punto más elevado que aquél, cayeron uno en brazos del otro.

Hillary se arriesgó incluso a quitarse la mascarilla de oxígeno para sacar algunas fotografías que atestiguaran la autenticidad de su hazaña y que constituirían el mejor de los recuerdos.

Sacó también una fotografía de Tensing, que tenía en las manos las banderas de las Naciones Unidas, de Gran Bretaña, de Nepal y de la India, y estaba presto a clavarlas en la cumbre conquistada. Tensing enterró unas ofrendas para los dioses budistas y Hillary plantó un crucifijo. Ambos estaban extremadamente fatigados, pero se sentían muy felices. Entonces hubieron de pensar en volver a descender al campamento número 8.

En el camino de regreso se encontraron con Lowe, un miembro del grupo que había ido a su encuentro llevándoles un potaje y nueva reserva de oxígeno. Una vez que hubieron llegado al campamento 8 pudieron recuperarse.

El descenso no fue fácil, pero les ayudó a regresar al valle el sentimiento moral que representaba el que la expedición hubiera sido un éxito. En el campamento número 4 el pequeño grupo se encontró con John Hunt, el jefe de la expedición, y le comunicó la conquista de aquel pico.

Los monjes del monasterio budista de Thyangloche no querían creer al principio en la realidad de aquella hazaña, pues ni Hillary ni Tensing pudieron hablarles de los dioses que, según ellos, debían de ocupar el techo del mundo.

Después de su regreso al mundo civilizado los miembros de la expedición fueron los héroes de las recepciones.



El rey de Nepal les invitó a su corte. Algunos de los miembros de la expedición Hunt no se durmieron sobre los laureles y participaron en la exploración de la Antártida. Otros regresaron de nuevo al Himalaya.

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