Los Himalayas Formacion Cadena Montañosa Origen Ubicacion Templos



Los Himalayas Formacion Cadena Montañosa

LOS HIMALAYAS:
FABRICA DE MONTAÑAS:
Cuando, hace 250 millones de años, el supercontinente de Pangea se fragmentó, la placa Indoaustraliana comenzó a virar al norte. Se desplazó velozmente, en términos geológicos, y hace 45 millones de años chocó contra la placa Eurasiática, más grande y pesada, dando así origen a los Himalaya.

El fondo del Mar de Tetis, que separaba ambos territorios, fue elevado sobre las márgenes de las placas plegadas, donde aún reposa. Las dos placas terminarán por fundirse, pero por lo pronto siguen en movimiento, elevando aun más a los Himalaya. El Everest crece  5 cm. al año.

Europa y Asia forman en realidad un solo continente. Solamente por razones económicas e históricas les hemos considerado como continentes independientes. Desde el punto de vista geomorfológico volvemos a encontrar las mismas mesetas, llanuras y sistemas montañosos.

La llanura de Europa se prolonga en la llanura siberiana, en la que los Urales son sólo un accidente del terreno. Los Alpes quedan unidos al Cáucaso y a las altas cadenas montañosas de Asia por los Cárpatos y los Balcanes. Esas cordilleras, que comprenden enormes mesetas en Afganistán y al sur de Siberia, se unen en el Pamir. Desde allí se extienden en forma de abanico hacia el noreste y hacia Asia central y del sureste. Una de estas cordilleras es la del Himalaya, techo del mundo, pues allí se yerguen los más altos picos del globo.

En sánscrito, Himalaya significa «lugar de residencia de la nieve».

Los Himalayas son un sistema montañoso que comprende más de cien cimas de una altitud superior a los 7.000 metros y diez de 8.000 (otras cuatro cimas de 8.000 metros se encuentran en el Karakorum) y constituye una franja de picos y de macizos que se extiende formando un arco de más de 2.500 kilómetros de longitud y entre 200 a 500 de anchura. Esta franja montañosa está delimitada, al sur, por las tierras bajas de la India, y al norte, por la altiplanicie del Tíbet.

Si el Everest, la montaña más alta del mundo, se hallara en cualquier otro lado que no fuera el centro de Asia, todo a su alrededor parecería pequeño. Pero en la escarpada franja de picos nevados de los Himalaya, entre abruptos valles, es apenas un rasgo más de un paisaje concebido a gigantesca escala.

Debido a su altura, el Himalaya está cubierto de inmensas cantidades de nieve. Estas masas alimentan formidables glaciares concientos   de  metros  de  longitud.  Grandes ríos tienen sus fuentes en el Himalaya: el Indo, el Ganges, el Brahmaputra. Estos ríos y sus afluentes han formado en la montaña largos valles en los que se han desarrollado los Estados de Sikkin, Bután, Nepal y Cachemira. El Himalaya es la frontera natural entre dos grandes Estados: la Unión India, al sur, y China, al norte.

El Himalaya es también una línea de demarcación por lo que se refiere al clima. Gracias a él toda la India se halla protegida contra los vientos fríos continentales que soplan de Asia central. Por otra parte el Himalaya obliga a los monzones que vienen del sur, en verano, a elevarse y a condensarse. De ello resultan abundantes precipitaciones sobre las vertientes meridionales del Himalaya, en donde el promedio de lluvias sobrepasa los diez metros cúbicos por año.

Las impresionantes cumbres de los Himalaya, por encima del nivel de las nieves perpetuas, reflejan en el blanco más puro la brillante luz del sol. Cuando éste se desliza hacia el poniente, sus rayos bañan las cimas de rojizo y tenue resplandor y las sombras se entretejen en las rosadas crestas.



Al ceder la luz y reinar la noche, las oscuras y desgarradas cúspides se perfilan contra un negro cielo estrellado. Esta región no destaca sólo por su suprema belleza a inmensa escala, con montañas colosales que se yerguen al cielo; también tiene un valor mítico y religioso, como sede de deidades budistas e hindúes.

Antaño impenetrable barrera entre el sur y las ciudades fabulosamente ricas de la Ruta de la Seda, al norte —Samarkanda, Bujara, Kashgar y Kotan—, aún ahora los Himalaya evocan imágenes de inaccesibles lugares, no hollados por el hombre y parajes de solitarios ascetas y abominables criaturas. En este siglo se convirtieron también en la meta máxima de los montañistas del mundo entero.

En ningún otro punto de la superficie terrestre existen picos como los del Asia central, donde seis sistemas montañosos se entrelazan en una curva de 160 a 240 Km. de anchura en el cuello del subcontinente indio. El mayor de ellos es el de los Himalaya (en sánscrito, «morada de la nieve»).

Éstos se extienden hacia el oeste por un total de 2.400 Km., desde la gélida pirámide blanca de Namche Barwa, en los bosques del norte de Asan, sobre el filo de la planicie tibetana a través de Bhután y Sikkim, Nepal y Ladakh, hasta su gran bastión occidental, Nanga Parbat, en Pakistán. El Himalaya Exterior, al sur, alcanza un máximo de 1.520 m sobre el nivel del mar. Linda con el Pequeño Himalaya, al norte, que promedia los 4.570 m de altura; entre ellos reposan escarpados valles de 900 m de altitud.

El Gran Himalaya es la columna vertebral del sistema y llega en Nepal a sus mayores alturas. Allí se apiñan nueve de las 14 montañas más altas del mundo, entre ellas el Everest, de 8.846 m. el Kanchenjunga, de 8.598, y el Annapurna, de 8.078. Al norte del Gran Himalaya se encuentra la cordillera conocida como los Himalaya de Tetis, o tibetanos, que bordean el extremo sur de la gran planicie del Tíbet.

Fósiles de peces y otros animales marinos hallados en los Himalaya prueban que las rocas de estas monumentales montañas se originaron como sedimentos marinos: hace unos 65 a 570 millones de años yacían en el fondo del antiguo Mar de Tetis. Conforme la placa tectónica de la India se movió hacia el norte, rumbo al continente Ártico, y chocó con él, emergió la cadena de los Himalayas.

Los estudios geológicos han determinado que las montañas se elevaron en por lo menos, tres fases distintas y muy espaciadas. La primera, hace 38 millones de años, produjo el Gran Himalaya; la segunda, hace 7 a 26 millones de años, formó el Pequeño Himalaya la tercera, hace 7 millones de años, creó los montes Siwalik. El movimiento en los márgenes de las placas es un proceso continuo; en los últimos 1,5 millones de años, las montañas se han encumbrado 1.370 m. más.

Los nombres adjudicados a estos picos remotos casi sobrenaturales, dan fe del temor que infunden en cuantos los contemplan. Varios de ellos se relacionan con diosas, como Chorno Lhari, «Diosa de la montaña sagrada», y Annapurna, «Diosa de los alimentos». Era de esperar, en consecuencia, que los Himalaya figurasen en los textos sagrados más antiguos de la región.

En la mitología hindú, esta región es conocida como Deviabhumi, el país de los dioses. En Gaurisshankar vivieron el gran dios Shiva y su consorte, Mahadevi, hija de Himavat, dios que personificaba a las montañas. Shiva es uno de los dioses de la suprema trinidad hindú, y señor de la agricultura. Según la mitología local, en su residencia, en las perpetuas nieves de los Himalayas, fluyen las vitales aguas de los tres principales ríos asiáticos: el Indo, el Brahmaputra y el Ganges.

Shiva y su consorte no son los únicos dioses que han abitado los Himalaya. Cuenta la leyenda que en el centro de la Tierra se erigía la montaña de Meeru, alrededor de la cual giraban el Sol, la Euna y las estrellas. Los hindúes identifican al monte Kailas, en los Himalaya tibetanos, con Meeru. Allí vivió Kubera, dios de las riquezas, señor de los tesoros de la Tierra y rey de los seres sobrenaturales conocidos como «yaksas». En Meeru también vivía Indra, primitiva deidad suprema hindú, señor del rayo y portador de la lluvia y la fertilidad.



Las connotaciones espirituales de las montañas atrajeron al primer viajero a la región, en 400 d.C. Fa-Hsian, monje chino, acudió en busca de la verdad religiosa. El primer mapa preciso fue elaborado hacia 1730 por el geógrafo francés Jean-Baptiste Bourguignon d’Arville, aunque no acertó en la altura de muchas de las montañas. A principios del siglo XIX, en busca de osos y tigres, cazadores de la India británica visitaron la zona; al volver narraron relatos locales de extrañas huellas en la nieve. Éste fue el primer indicio de la existencia del Yeti.

Hacia 1850, la montaña más alta del mundo era conocida en Occidente con el simple nombre de Pico XV. Para los hindúes era Sagarmartha, «Cima del cielo», y para los tibetanos Chorno Lungma, «Diosa madre de la tierra». En 1862 los ingleses la llamaron Everest, en honor de sir George Everest, inspector general de la India, quien-seis años antes encabezó una expedición para cartografiar las alturas de las montañas de los Himalaya.

A fines del siglo XIX, el Tíbet y Nepal cerraron sus fronteras a los europeos, y aunque el Dalai Lama permitió la entrada de una expedición en 1921, ésta sólo dispuso de tiempo para llegar a las faldas del Everest v cartografiar sus laderas inferiores. George Mallory, miembro de este grupo, intentó tres años después el temible ascenso a la cima de la montaña más alta del mundo.

Probablemente Mallory, líder de la expedición de 1924 y su compañero Andrew Irvine hayan sido los primero í en poner pie en la cumbre del Everest. Lo cierto es que estaban muy cerca de la cima cuando una nube los envolvió y desaparecieron de la vista de sus compañeros, mas abajo, para no volver jamás. La primera conquista comprobada ocurrió casi 30 años más tarde, y fue lograda por una expedición inglesa dirigida por John Hunt.

El asalto final tuvo lugar el 29 de mayo de 1953 por el neozelance Edmund Hillary y el guía sherpa nepalés Tenzing Norgay. Hillary escribió después lo que sintió al pisar tierras mines, antes holladas por el hombre: «Mi sensación inicial fue de alivio: ya no había riscos por atravesar ni jorobas que nos prometiesen y robasen la esperanza del triunfo inmediato. Me volví hacia Tenzing… y no disimulaba su contagiosa sonrisa de dicha absoluta».

Los alpinistas siguen arremetiendo contra la gran cima aunque hasta ahora sólo unas 400 personas han conseguido erguirse sobre el techo del mundo; los Himalaya, y el Everest en particular, han sabido guardar celosamente sus secretos.

Himalayas

Cima rocosa Visto desde la región alpina de Gokyo, 32 Km. al suroeste del Everest, el accidentado pico de la montaña más alta del planeta se recorta sobre un cielo inusualmente despejado. A horcajadas en la frontera entre Nepal y el Tíbet, el Everest rara vez se cubre totalmente de nieve en su cima, de modo que los alpinistas que aceptan su desafío deben ser expertos en rocas, y no en hielo y nieve, para completar el asalto final a la cúspide.

La Vida en el Himalaya
En los declives más bajos del Himalaya se desarrollan la agricultura y la ganadería. En la parte or., más húmeda, se cultiva el té. En algunos de sus valles más amplios se cultivan cereales, papas, frutas y especias. Cabras montesas y ovejas se alimentan con la hierba de las tierras altas en verano, pero descienden a los valles en invierno.

Los declives del Himalaya que miran al S. están cubiertos de abundante vegetación, porque en esta zona llueve bastante. En la parte o a los pies de la montaña, la vegetación es de espesa selva tropical y en las partes más altas se ven franjas de encinas siempre verdes, pinos, pinabetes y cedros.



Finalmente, entre los 4.500 y 5.000 m.s.n.m. se encuentran praderas alpinas, en las que los rododendros añaden una nota de color a los manchones de hierba verde. En la porción occidental más seca hay manchas de arbustos y bambúes, en los declives más bajos. Entre los 1.500 y los 4.000 m.s.n.m. se ven robles, pinos y cedros. A mayor altura aparece el desierto alpino, donde es escasa la vegetación que cubre las rocas.

En los pastizales altos de las estribaciones viven elefantes salvajes, tigres, leopardos y rinocerontes. El yak, la oveja salvaje y el almizclero habitan en las alturas. En las montañas existen valiosos yacimientos de minerales, pero en su mayoría son tan difíciles de extraer que la minería es muy escasa. En parte occidental  hay pequeñas minas de mineral de hierro, sal gema, grafito, pizarra, oro y zafiros.

Entre los 2.000 y los 2.400 m.s.n.m., en los declives más bajos, existen varias ciudades importantes que se han convertido en centros recreo. A ellas acuden durante el verano los indios y los europeos acomodados, que huyen  del calor de las llanuras. Darjiling y Simla son famosas como lugares de veraneo. En la parte occidental está el amplio valle de Cachemira, que tiene dos hermosos lagos. La Srinagar, de dicho valle, es famosa por su pintoresco trazado y su magnífico paisaje.

Es muy difícil viajar por el Himalaya. Todos los ferrocarriles terminan al píe de las estribaciones. Caminos para vehículos de motor llegan a ciudades tales como Darjiling Srinagar. Más allá de éstas el viajero tiene que seguir a pie. Los ríos ofrecen el más serio obstáculo: sus gargantas son empinadas su curso rápido. Hay muy pocos pasos a través  de las montañas y éstos quedan bloqueados por las nieves desde septiembre hasta junio. E el terreno alto se utilizan los yaks como bestias de carga. Estos animales, vigorosos y de pisada segura, pueden resistir temperatura, muy bajas.

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