Tehuelches y Onas Aborigenes del Sur Argentino Tierra del Fuego



Tehuelches y Onas: Aborígenes del Sur Argentino Tierra del Fuego

ABORÍGENES ARGENTINOS 

tehuelches y onas

INTRODUCCIÓN: Los pobladores más antiguos, que datan de hace unos 12.000 años, vivían en cuevas que decoraban con pinturas y cazaban animales ya extinguidos, como el mylodon —un perezoso gigante—, o el gliptodonte —una mulita gigante—.

Estos grupos se adaptaron pronto al uso de las especies introducidas por los españoles, como el caballo. Los indios que poblaron el actual territorio argentino se pueden dividir en cuatro grandes grupos, por su situación geográfica y por sus características: los pueblos de las llanuras, los pueblos andinos, los del litoral y los de los montes.

Encuadre Geográfico: En extremo Sur: Es la región integrada por Tierra del Fuego (la isla mayor del archipiélago austral) y las islas menores del confín del continente. La zona se puede dividir en dos porciones: una norte y otra sur, cuyo límite corre por la línea que une de oeste a este, la bahía del Almirantazgo y el lago Fagnano.

La porción norte es una vasta llanura que ecológicamente constituye una prolongación de la Patagonia. La porción sur, por el contrario, es montañosa y con bosques, lo cual indica una prolongación del sector occidental de la Patagonia. Desde al punto de vista geográfico, el extremo sur se presenta como una continuación del hábitat patagónico.

LOS CHONIK:  Al internamos más al sur, en el territorio que hoy conforman las provincias de Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego; por cierto, un territorio de una vastedad importante y en el cual se asentaron los tehuelches, también conocidos como Patagones del Sur, aunque el apelativo que engloba a las diferentes parcialidades y el más correcto desde el punto de vista de su lengua es el de chónik, término cuya traducción aproximada significa “nosotros los hombres».

Es así, que dentro de los chónik convivían por lo menos tres parcialidades: los ya mencionados tehuelches, que se distribuían desde el norte del río Chubut hasta el estrecho de Magallanes; los téuesch, que habitaban el borde de la Cordillera de los Andes, y de los cuales se sabe muy poco; y los onas, concentrados en el sur de la costa atlántica y en la isla de Tierra del Fuego, y cuyo nombre correcto es el de selk’nam quienes dominantes en la zona compartían el territorio con otro subgrupo llamado haush.

Sobrevivían mediante la caza de mamíferos marinos, la pesca en las costas y la recolección de mariscos, hongos, bayas, batos y raíces. Usaban pedernales para hacer fuego. Vivían en chozas semi subterráneas ovaladas o redondas, hechas con ramas y cueros. Vestían un manto de piel de foca o nutria.

Se desplazaban en canoas de corteza de árbol de basta cinco metros: en ellas, la mujer remaba y el hombre, dominante en la familia, cazaba las presas. Sus familias no eran exclusivamente monogámicas. Se comunicaban entre sí con señales de humo. Creían en la existencia de un ser superior (Watavinewa) y su esposa (Tánowa), que moraban en el interior de la tierra.



Los onas vivían en la isla grande de Tierra del Fuego, donde cazaban guanacos y pescaban con arpón. Utilizaban el fuego. Sus chozas eran para vientos. Vestían manto de pieles de guanaco cosidas, mocasines y polainas de cuero. Lucían collares de caracoles y se pintaban el cuerno. Los ancianos y hechiceros actuaban como jefes. Predominaba la monogamia. Creían en un dios supremo (Temaukel) y en el héroe creador (Kenos).

Los tehuelches, patagones o “chon” migraban estacionalmente por el sur de la Patagonia: cazaban, pescaban y recogían raíces y mariscos que cocían en hornos subterráneos. Vivían en espacios que cubrían con toldos de cuero. Vestían un manto de piel, mocasines y vincha. Tenían caciques hereditarios que dirigían a grupos de varias familias polígamas (el matrimonio se efectuaba por compra). Creían en un dios supremo (Setebos o Kóoch) y otros dioses que representaban el mal, el sol, la luna, las nubes, entre otros elementos de la naturaleza.

Otro grupo era los fueguinos habitaban las islas y Tierra del Fuego y eran pueblos canoeros, cuyas familias principales eran los yámanas y alakalufes. Los alakalufes estaban relacionados con los chonos chilenos. Estos pueblos se habían adaptado a las posibilidades del medio.

LOS ONAS: Eran racial, lingüística y culturalmente parte de los chónik o patagones. La isla Grande y las islas menores de Tierra del Fuego, estuvieron pobladas por aborígenes a los que se les llamó fueguinos. En 1925 su número se reducía a solo 285. Existe en la actualidad una pequeña reducción cerca del lago Fagnano donde sobreviven las últimas familias de este tipo racial.

Los onas eran de talla alta, tenían la piel cobriza, los ojos pequeños y oblicuos, el pelo abundante y negro. Tanto los hombres como las mujeres se pintaban según las circunstancias: para la guerra, de rojo; para cazar, de colorado oscuro o amarillo, si buscaban novia se pintaban puntitos blancos, que eran sustituidos por puntos negros, después de haberse casado.

Su vivienda era un simple cuero levantado a manera de mampara, en semicírculos, o una choza cónica de palos. Se cubrían con piel de guanaco o de otros animales, con el pelo hacia fuera; las mujeres y los niños se cubrían con un simple taparrabo triangular de cuero y calzaban una especie de sandalia, también de cuero, sobre todo en el invierno.

Sus armas eran la honda y el arco y flechas, las cuales llevaban en carcaj. También usaron piedras, boleadoras y para la pesca utilizaban lanzas y arpones. Poseían un idioma pobre, pues el número de palabras que empleaban era muy reducido.

Su alimento principal eran los guanacos, tucu-tucus y lobos marinos. Recolectaban mariscos, raíces alimenticias y hongos, y de la semilla de una crucífera, el tai, obtenían una harina con la que hacían una pasta que era parte de su nutrición. Entre las tribus que poblaban la patagonia, los caciques y chamanes eran el eje de la vida social y religiosa.

Practicaba la cestería,  carecían de instrumentos musicales, pero cantaban y celebraban ceremonias. La familia, en principio era monógama, pero también existía la poligamia. No había caciques, pero se respetaba la opinión de los ancianos, sobre todo de los hechiceros.

En la base de su religión, los onas reconocían la existencia de un ser supremo llamado Temaukel. Su mensajero o intérprete, llamado Kenós, era creador de las cosas del mundo, y, finalmente, se convirtió en la estrella Alfa. También figura en su mitología un héroe severo y generoso, Kuanip.



Cuando un ona moría, su cuerpo era envuelto en su manto de pieles y atado con tientos; luego se le depositaba en una profunda zanja y, finalmente se quemaba y destruía todo lo que le había pertenecido.

LOS TEHUELCHES: Tanto tehuelches, como loa téuesch fueron pueblos de clara vida nómada, y las extensas planicies patagónicas, sin obstáculos importantes -salvo la Cordillera de los Andes-, facilitaron esta concepción de vida. Cazadores y recolectores de frutos y raíces silvestres, los chónik estuvieron muy ligados a los guanacos y avestruces, animales de mediano porte hoy extinguidos en la región.

Del guanaco, mamífero semejante a la llama, se tienen pinturas rupestres antiquísimas en las rocas sureñas. De él extraían cuero para abrigarse y levantar las paredes y techos de sus viviendas; lana, con la que los aborígenes realizaban bonitos vestidos; carne para alimentarse; y sus huesos, con los que trabajaban algunos utensilios de la vida cotidiana. El avestruz, además, aportaba sus plumas.

El hogar, la vestimenta y los utensilios: El hogar de los chónik -tanto de tehuelches como de onas- fue, desde antiguo, un simple para vientos, ya que el toldo fue utilizado en tiempos recientes por influencias de los aborígenes de la pampa. También cabe agregar que, en el caso de los selk’nam u onas, además de las mencionadas viviendas, estos aborígenes construían otro tipo de choza de forma cónica.

En los bosques cercanos, buscaban madera para que sirviera de parantes, que enterraban en forma de círculo. Luego, con pasto y barro levantaban una pequeña pared de unos 30 cm. de alto, la que iba uniendo los palos; de esta manera, retenían mejor el calor, en una región de fríos intensos. Siguiendo la armazón delineada por los parantes, a estos se les ataban cueros de guanaco.

Este tipo de vivienda, tenían -entre los chónik- un diámetro de 3,5 a 4,5 m. Tenía una sola abertura, orientada hacia el este, ya que los aborígenes conocían muy bien el clima y la dirección de los vientos,  y estos mayormente no provenían del este. En el centro del toldo encendían el fuego, y sobre el piso esparcían pastos secos y diminutas ramas para aislar las mantas -que servían de cama y abrigo- del suelo.

Tras el avance español a partir del siglo XVI, el ganado caballar fue esparciéndose notablemente por la llanura pampeana. Hacia fines del siglo XVII y, ya seguramente en el XVIII, los tehuelches adoptaron el caballo, y con él sobrevinieron una serie de cambios importantes: se movilizaron en distancias extensas, surgieron la montura, las espuelas, los estribos, las botas de potro, el chiripá, la lanza larga, armaduras de cuero, etc.

Como podemos comprender, la vestimenta fue una de las más afectadas por la incorporación del caballo a la vida cotidiana. Antes de que los equinos entraran en escena, la vestimenta de los chónik se componía de pocas prendas: un taparrabos triangular; una gran capa que cubría el cuerpo desde los hombros hasta los tobillos en los hombres, y la rodilla en las mujeres; y como calzado utilizaban un jamni, suerte de mocasines de cuero con el pelo hacia afuera.

UNA CACERÍA TEHUELCHE: Entre 1869 y 1870, el capitán G. Ch. Musters estuvo recorriendo la Patagonia en compañía de algunos tehuelches. En 1911, se publicó su libro Vida entre Patagones, donde hace una pormenorizada descripción de una cacería chónik: “Parten dos hombres y recorren al galope el contorno de una superficie de terreno que está en proporción con el número de los de la partida, encendiendo fogatas de trecho en trecho para señalar su paso.

Pocos minutos después se despacha a otros dos, y así sucesivamente hasta que sólo quedan unos cuantos con el cacique. Estos se esparcen formando una media luna, y van cerrando el círculo sobre un punto al que han llegado ya los que partieron primero.



La media luna se apoya en la línea que forma la lenta caravana de mujeres, criaturas y caballos de carga. Los avestruces y las manadas de guanacos huyen de la partida que avanza, pero es cierran el paso los ojeadores. y cuando el círculo queda completamente cerrado se les ataca con las bolas, persiguiendo muchas veces dos hombres el mismo animal por diferentes lados”.

La mayoría de los utensilios de uso cotidiano eran realizados con materiales simples y de obtención fácil, como piedra, hueso y cuero. Desconocían la técnica de la cestería, como así también de la cerámica, aunque utilizaban vasijas de barro cocido que provenían del intercambio con otros pueblos indígenas.

Las mujeres usaban una falda que iba desde debajo de los brazos hasta las rodillas. Les envolvía el cuerpo una vuelta y media, y el pelo del cuero se colocaba hacia adentro. Gustaban usar pinturas en su cuerpo, generalmente de color rojo, las que además del uso estético tenían un fin práctico: proteger la piel del viento y el frío patagónicos.

También se engalanaban con collares y pulseras que hacían con tendones de guanaco, pasto enhebrado, huesos de ave o conchillas lacustres. Tanto hombres como mujeres usaban el pelo largo, aunque recortaban cuidadosamente el flequillo. Se quitaban el vello facial y se depilaban las cejas con una pinza hecha con valva de mejillón; también les encantaba tatuarse el cuerpo, especialmente el antebrazo.

elogios importantes para la mujer

Organización social: La familia era la unidad más pequeña en la organización social de los chónik, aunque había instituciones más amplias como los linajes, las parentelas y las divisiones que tenían sentido territorial con connotaciones cosmogónicas ligadas a los puntos cardinales y a la disposición del cielo. A la familia, su núcleo y los parientes más cercanos, se la denominaba “aska”.

El jefe del aska era un cacique, y este y los aborígenes que tenían un nivel de riqueza elevado podían acceder a un mayor número de esposas, ya que el matrimonio se llevaba a cabo mediante la compra de la mujer; así, la monogamia estaba más extendida que la poligamia.

Las familias chónik sabían reunirse asiduamente, no sólo para  intercambiar bienes, sino también para relacionarse los hombres y las mujeres, informarse transmitiendo nuevos conocimientos, por competencias deportivas o por reuniones religiosas.

LOS YAMANÁS: El pueblo de las canoas Los yámanas o yaghanes eran canoeros vivieron durante largo tiempo en los innumerables canales del archipiélago fueguino, desde el Beagle hasta el cabo de Hornos. A mediados del siglo XIX todavía sumaban unos tres mil individuos, en 1866 quedaban solamente cuatrocientos y en 1914 no pasaban de cien.

Su idioma tenía cinco dialectos. Su idioma era rico en voces y expresiones, dé sonidos suaves. Su vivienda consistía en una choza de ramas encorvadas formando una bóveda, que se cubrían de pastos y hojas secas. En invierno, las ramas se tapaban con cueros y el fuego ardía permanentemente en su interior.

Eran individuos de baja estatura, de piernas encorvadas, posiblemente a causa de la Posición en cuclillas, de la que se valían, permanentemente, en las canoas. Tenían la cara redonda, la nariz chata, los ojos pequeños y oblicuos, y los pómulos salientes. Generalmente iban desnudos, aunque algunas veces se cubrían con un manto rectangular de pieles de lobo marino.

Calzaban mocasines, como los onas; se adornaban con collares de conchillas y rodajas de fémures de aves, y se pintaban el rostro de rojo, negro y blanco. Utilizaban la honda y los cuchillos formados con las valvas de ciertos moluscos; también eran comunes el arco y la flecha, siendo el arco más corto que el de los onas, y fabricaban lanzas y arpones para la pesca.

La alimentación era exclusivamente marina. En grupos de dos o tres familias recorrían los canales con sus canoas. Puede decirse que la canoa era su verdadero hogar: tenían un tamaño de tres a cuatro metros de largo, por ochenta centímetros de ancho, y estaban hechas con cortezas de hayas, cosidas con barbas de ballenas, la pesca y la recolección de moluscos era tarea de las mujeres; la caza de lobos marinos y de aves estaba a cargo de los hombres.

Recolectaban también los hongos y las semillas de calafate para su alimentación. Con corteza de haya construían baldes parecidos a los de los onas, sin embargo, disponían de una técnica propia para la fabricación de los cestos. No se les conocen instrumentos musicales, pero realizaban danzas y entonaban cantos, y para sus ceremonias se pintaban con rayas rítmicas, puntos, círculos y cruces.

La familia era monógama, si bien existió también la poligamia, en el matrimonio, el hombre ejercía la máxima autoridad. Los recién nacidos defectuosos eran eliminados. No tenían caciques, pero se escuchaba la opinión de los ancianos y de los hechiceros.

Creían en un ser supremo invisible, Watauinewa, dueño de todo lo creado y rector de la vida de los yámanas. Figuran en su mitología numerosos espíritus. Entre ellos, uno de los más importantes es Tánowa, ente femenino, habitante del interior de la Tierra. Practicaban ceremonias de iniciación para ambos sexos; la de los hombres se llamaba Kina.

https://historiaybiografias.com/archivos_varios5/estrella1_bullet.png

ocio total

juegos siete diferencias

noparece

fotos

creencias

anticonceptivos

mujeres

actitudes

actitudes


puzzles


------------- 000 -----------

imagen-index

------------- 000 -----------