El Arte Rupestre Primeros Dibujos del Paleolítico Finalidad






EL ARTE RUPESTRE – LAS PINTURAS PALEOLÍTICAS

El arte del hombre del paleolítico, fue  desarrollado entre los años 32.000 y 11.000 a.C., durante el último periodo glacial.Basicamente existen dos tipos, uno conocido como arte mueble que consiste en objetos tallados en hueso, cuernos de animal, piedra o bien moldeados en tierra arcillosa.

El otro tipo conciste en pinturas, grabados y dibujos pintandos sobre la superficie de cuevas en las montañas, lugares que el hombre usaba como refugio y protección de los ataques de animales. A estas creaciones del hombre del etapa paleolítica se las llama: arte rupestre, arte que se encuentra en casi todo el mundo, pero que es muy abundante en Europa occidental.

Respecto a su origen hay dos líneas de debate, una que supone (al no aparecer figuras humanas), que es como un rito propiciatorio a la caza, actividad sumamente importante porque permitía la supervivencias de su especie y la otra  también un rito, pero  mágico-religioso, donde se celebraba por ejemplo el paso de la adolescencia a la adultez.

En 1860 se  descubrieron  las primeras piezas del arte paleolítico, como ser probablemente herramientas y útiles paleolíticos así como huesos de animales del periodo glacial, y estos descubrimientos activaron el interés por la excavación en cuevas y abrigos rocosos en busca de arte prehistórico.

Hablar de dibujos y pinturas rupestres predispone a pensar en la decoración de las cavernas donde habitaron, hace miles de años, los hombres de las cavernas. Y, también, en los bisontes, renos y jabalíes, realizados en tamaño natural sobre las paredes de la cueva de Altamira, en las montañas cántabras o en el valle de Dordoña, al sudoeste de Francia; en los rinocerontes de la gruta de Rouffignac; en los caballos al galope y en los bueyes salvajes, de Lascaux, o en los elefantes, grabados sobre roca, en pleno Sahara.

arte rupestre

También en las estilizadas figuras humanas descubiertas en España, Italia o en África; primero rústicos cazadores y luego agricultores y pastores, a veces en extrañas posiciones, como participando en algún rito de iniciación mágica.
Resulta difícil penetrar en el misterio de esta pintura si, antes, no se trata de evocar a los hombres que fueron sus autores. Durante el paleolítico, la supervivencia del grupo humano dependió de la caza.

El reno, el bisonte, el búfalo, constituyen las presas codiciadas. Los hombres jóvenes del clan son cazadores. Esto implica un desafío a la naturaleza, un apoyarse en la sagacidad, en la vista, en el olfato, en el valor y en el denuedo. La familia tribal depende de ese hombre libre que sale con las primeras luces a cazar o a morir. Y entonces, es lógico que el artista primitivo, se sintiera tocado y magnetizado por esa gesta silenciosa que no tenía por fin el prestigio o la gloria, sino sencilla y hondamente, la perduración del núcleo humano que esperaba el alimento frente al más viejo enemigo de la humanidad: el hambre.

Sólo entendiendo a este cazador denodado se entenderá la advocación que significan esas imágenes zoomórficas (de animales) representadas en la piedra. Usaban las zonas mas saliente de la roca para darle un vista mas tridimensional. Es la reconstrucción de un mundo cerrado, de un ámbito real, duro, difícil y admonitorio.

Luego, cuando llega el neolítico, esta actitud cambia radicalmente. Aparece el hombre que ha aprendido a sembrar y a cosechar. Con la agricultura surge la especulación, la espera mientras fructifica el grano; y, si la cosecha es abundante, el acopio, el granero, el tiempo que se vuelve seguridad. Entonces, no casualmente, surgen elementos
geometrizantes entre los motivos rupestres. Es que ha nacido la medida y la dirección. El grupo humano se hace sedentario.

Los motivos figurativos continúan la tradición de la sociedad de cazadores. Sin embargo, la realidad ha cambiado. Al disminuir el peligro y la incertidumbre, aumentan la prosperidad y la seguridad del grupo. Pero queda del extinto resplandor nómade una fuerza que, de tanto en tanto, reaparece en sucesivas etapas de la creación artística.

Muchas veces, estos dibujos y pinturas se encuentran en los lugares más insólitos: al fondo de la caverna o contra un techo, tan bajo, que no permite estar de pie. Según Gombrich, es improbable que estas pinturas rupestres hayan sido realizadas con fines decorativos. “Resulta más verosímil -afirma- que sean residuos de aquella creencia universal que atribuye poderes a la creación de imágenes; en otras palabras, que esos cazadores primitivos esperaban que, con sólo pintar a sus presas,los animales verdaderos sucumbirían también a su poder”.

Esta simple conjetura se torna verosímil comparándola con un hecho de carácter etnográfico: la comprobación de que, en la actualidad, existen pueblos que siguen pintando y grabando representaciones parecidas, en cavernas, con idéntico fin. También suelen hacerse en reductos hasta donde nunca llega el sol y, para realizar el trabajo, se utiliza la luz de alguna antorcha.

Pasado y presente, Arqueología y Etnografía, unidos por el vínculo común de las costumbres del hombre. Antaño como hogaño: las mismas técnicas, parecidos brazos y motivos, iguales tinturas. Los óxidos y carbonates de hierro, los derivados del manganeso y algunos huesos calcinados produjeron infinitas variedades de ocres, amarillos, anaranjados, azules y negros.

Según Van Loon, se emplearon como envases para esta pintura algunas cañas huecas y, a modo de paletas, trozos planos de piedras. “Son los útiles y elementos -dice- que hubiese utilizado un pintor moderno”.


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arte rupestre en altamira (España)

Esta imagen es solo una parte de un conjunto de pinturas en las cuevas de altamira. Representa a un grupo de bisontes, seguramente como ellos lo veían cuando iban a su caza. Datadas en más de 15.000 años de antigüedad, estas representaciones fueron ejecutadas con gran habilidad y con la utilización de los colores, obtenidos de minerales ferrosos y cuprosos de la zona.

Vamos a agregar que en el arte rupestre franco-cantábrico (sur de Francia y Cornisa Cantábrica española) las pinturas son polícromas, no forman escenas sino que son animales independientes y a veces superpuestos. Casi no aparece la figura humana. No se representa movimiento, las figuras son muy realistas y cada cueva muestra cierta especialización en una determinada especie (Altamira bisontes). Las figuras están en lugares apartados y recónditos.

Todo indica que las cuevas eran como santuarios dedicados a ritos mágicos para propiciar la caza. Probablemente el brujo era el propio pintor. Ante estos prodigiosos bisontes, llenos de elegancia y de tuerza, fruto de una enorme maestría e imaginación, cabe preguntarse si los hombres del paleolítico eran, como algunos piensan, brutos, toscos y salvajes.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven Fasc. n°35 Arte Rupestre Edit. Cuántica





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