La Derrota de Caballo Loco Frente al Ejercito de EE.UU. Gral. Custer



La Derrota de Caballo Loco Frente al Ejército de EE.UU. Gral. Custer

«CABALLO LOCO» O LA DERROTA INEVITABLE: ¿Cuál era el mundo que rodeaba al jefe indio Caballo Loco en 1878, en los Estados Unidos? Hacía ya muchas generaciones que los pieles rojas se replegaban, retrocediendo sin pausa ante el avance de los blancos que se adueñaban de sus tierras. Todas las tentativas de acuerdo habían sido inútiles. Todos los combates también fueron inútiles. Las tribus permanecían tradicionalmente divididas y cada una libraba una guerra particular contra los invasores. Caballo Loco era un joven guerrero de los indios sioLa Derrota de Caballo Loco Frente al Ejercito de EE.UU. Gral. Custerux.

Comprendió que, separadas, las tribus estaban perdidas. Comenzó a predicar la alianza entre ellas, señalándoles que debían abandonar sus viejas rivalidades y unirse contra los invasores que las acosaban.

Era preciso atraer y derrotar a los blancos mediante una victoria militar decisiva, para luego negociar desde una posición de fuerza. Consiguió unificar a las tribus, reunir hombres y armas suficientes para un combate decisivo y atraer al general norteamericano Custer a una batalla donde los indios cercaron y aniquilaron a los blancos.

Caballo Loco y sus bravos celebraron jubilosamente la victoria. Los blancos habían sido gravemente batidos, habían comprobado la fuerza de las tribus, y ahora tendrían que negociar. Pero no hubo tal negociación.

El tiempo pasó y el ejercito indígena que Caballo Loco reunió tan penosamente se disolvió. Las tribus precisaban emigrar detrás de los rebaños de bisontes, acompañando su desplazamiento anual. Eran cazadores nómades y dependían para todo de los bisontes. De su piel obtenían su ropa y sus tiendas; de los huesos, herramientas y armas; de la grasa, combustible; de la carne, alimento. No podían establecerse en ningún lugar. Y los blancos volvieron a aniquilarlos aisladamente.

Caballo Loco se retiró combatiendo, y vio a su gente morir de hambre y frío. Finalmente se rindió. Pidió piedad, no para él, sino para las mujeres y niños que no podían luchar. Su mensaje al gobierno norteamericano es un documento conmovedor. Es el mensaje de un hombre valeroso e inteligente, el testimonio desesperado de la agonía final de su pueblo. El hizo todo lo posible para salvarlos, pero todo fue inútil.

La enorme superioridad de los blancos no era militar. Era económica. Los blancos podían darse el lujo de perder no uno, sino mil combates «decisivos», porque esos combates nunca serían finales. Los agricultores que ocupaban las tierras y desalojaban de ellas a los indios podían ser masacrados individualmente con sus familias (y lo eran con cierta regularidad) . Pero detrás de ellos venían otros y otros. Y a cada ataque de los indios el ejército norteamericano podía responder, aún con atraso, por medio de represalias devastadoras.

Los indios ni siquiera imaginaban la magnitud del ejército norteamericano, la fuerza armada de una nación que podía dedicar parte de sus hombres exclusivamente a la guerra, porque la agricultura y la ganadería producían muchos más alimentos que la caza.

Los indios, para combatir a los blancos, estaban obligados a usar los fusiles que compraban a los mismos blancos. No podían siquiera enfrentarlos bastándose a sí mismos. Los nómades tenían inevitablemente que ser derrotados por la superioridad de medios del sistema industrial, que posibilitaba la existencia de poblaciones mayores, con sectores especializados (campesino, obrero, soldado) y poseía una gigantesca capacidad de producción.

Napoleón también luchó contra una desventaja económica y fue aplastado por ella. Pero en su caso la desventaja se producía dentro del mismo tipo de economía y por eso era muchísimo menor. El tuvo mejores posibilidades para aplicar su capacidad personal que el indio. La desventaja inicial contra la cual luchó Caballo Loco era tan grande que él jamás pudo vislumbrarla en su totalidad.

Aun cuando sus dotes estratégicas hubieran sido las mismas que las de Napoleón (y difícilmente un jefe indio podría equipararse, en ese sentido, a un general francés del siglo XVIII) , aun así los resultados no habrían sido distintos. Su posibilidad de usar esas dotes para encauzar los hechos estaba tan disminuida por la situación real, que sólo habría podido detener el curso de los acontecimientos en un cierto lugar y por poco tiempo, tal como ocurrió. Era inevitable que, sin una contrafuerza igual, la agricultura y la industria norteamericanas se adueñasen de las praderas.

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