Como Hitler llegó al Poder Antecedentes Historicos de Alemania 1930



Antcedentes de Como Hitler llegó al Poder

ANTECEDENTES DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL: La devastación ocasionada por la Primera Guerra Mundial destruyó el optimismo liberal de la época de preguerra. Sin embargo, muchas personas todavía esperaban, en la década de 1920, que el progreso de la civilización occidental —tan evidente antes de 1914—podría restaurarse de alguna manera.

Esas esperanzas resultaron infundadas, a medida que los planes de reconstrucción condujeron a la inflación y a una más arrasadora Gran Depresión, afínales de la década de 1920. De la misma forma, la confianza en la democracia política pronto fue sacudida por el surgimiento de gobiernos autoritarios que no sólo restringieron las libertades individuales, sino que —como en el caso de Italia, Alemania y la Unión Soviética— buscaron un mayor control sobre la vida de las personas, para manipularlas y guiarlas en la consecución de los objetivos de esos mismos regímenes totalitarios. Para muchas personas, a pesar de su pérdida de libertad individual, esos movimientos de masas les ofrecieron, al menos, una sensación de seguridad, en un mundo que parecía estar lleno de incertidumbres.

Pero la aparente seguridad de dichos movimientos de masas dio origen a incertidumbres aún mayores, cuando los europeos —después de un breve interludio de veinte años de paz— una vez más se lanzaron a la guerra; pero, en esta ocasión, a una escala más horrenda de lo que fue la Primera Guerra Mundial. En 1939, ‘.a crisis del siglo XX, comenzada en 1914, parecía que únicamente se empeoraba.

Adolf Hitler Ideologia NAZI Espacio Vital Mi Lucha EL 3 DE FEBRERO DE 1933, sólo cuatro días después de haber sido nombrado  canciller, Adolfo Hitler tuvo una reunión secreta con los principales generales de Alemania. Les reveló su deseo de eliminar el «cáncer de la democracia», creando un nuevo liderato autoritario y forjando una nueva unidad interna.

Todos los alemanes necesitarían percatarse de que «sólo la lucha puede salvarnos, y que cualquier otra cosa deberá estar subordinada a esta idea».

En particular, se debería entrenar a la juventud, y sus voluntades deberían ser fortalecidas para «luchar por todos los medios». Dado que el espacio vital de Alemania era, sobre todo, demasiado reducido para su pueblo, Hitler dijo que la nación debería rearmarse y prepararse para «la conquista de un nuevo espacio vital en el este, y para su despiadada germanización».

Aun antes de que afirmara su poder, Hitler tenía una visión clara de sus metas, y su puesta en práctica significaba otra guerra europea. La Segunda Guerra Mundial fue, a todas luces, la guerra de Hitler.

Podemos concluir que Hitler a través de sus libros, propaganda y grandes eventos públicos donde comunicaba con discursos apasionados ,llenos de patriotismo alemán, logró devolverle la fe y el orgullo ario de su nación,  transmitió la idea de un urgente rearme militar (violando el tratado de Versalles) para conseguir un nuevo espacio vital desde donde Alemania resurgiría de aquel ignominioso acaso en 1918.

¿HITLER ERA EL DESTINO?

Caballo Loco fue un jefe de tribus. Alejandro, un jefe de reinos y ciudades-estados. Hitler aparece en una gran nación industrial moderna. Las condiciones necesarias, indispensables para su aparición, fueron: la crisis mundial de comienzos de la década de 1930, que pauperizó a millones de hombres en Alemania, provocando un altísimo índice de desempleo; la desesperación a que el tratado de Versalles lanzó a los alemanes, y la necesidad que tenía la industria pesada alemana de encontrar mercados para sus productos. (Estas son, por lo rueños, las condiciones principales sobre las cuales muchos historiadores están de acuerdo).

Las causas específicas para Hitler. las que le permitieron a él y no a otro político asumir la dirección de la Alemania en crisis son, como en los demás personajes, biográficas. Por ese conjunto de causas necesarias y específicas, Hitler llega al poder.

Y cuando lo alcanza, él mismo, como Napoleón, se convierte en una de las causas de la historia que vive. Su voluntad tiene influencia decisiva en la conducción de la guerra, en el choque de los ejércitos y en los momentos de ataque. Pero, como los otros personajes mencionados, él también lucha contra las tendencias de su época.

Desde el principio, la expansión alemana se basa en una capacidad de producción inferior a la de sus futuros adversarios. En 1939, Alemania y la Unión Soviética disponen de una producción equivalente y ejércitos equivalentes. Los Estados Unidos poseen el mayor parque industrial del mundo y una tremenda capacidad de producción que, utilizada en la fabricación de armamentos, cubrirá el cielo de aviones. Las alianzas de Hitler son pocas.

Aun cuando los aliados fueron al comienzo sorprendidos por la agresividad militar de los países del Eje, el tiempo trabajó a su favor, en cuanto debilitaba a Hitler. Como en el caso de Napoleón, a largo plazo Hitler sólo podía perder la guerra.

Y, como Napoleón, Hitler es un buen ejemplo para estudiar en qué medida las capacidades de un jefe pueden permitir que una tendencia histórica más débil supere, momentáneamente, a otras más fuertes, pero sucumba al fin.

La habilidad de Hitler para rearmar a su patria y cumplir con sus políticas expansionistas dependía, en principio, de convencer a otros de que sus intenciones eran pacíficas. Presentándose como un hombre de paz en sus discursos públicos, Hitler hacía énfasis en que tan sólo deseaba revisar las injustas provisiones de Versalles, por medios pacíficos, y obtener el lugar adecuado para Alemania entre los estados europeos.

Durante sus dos primeros años en el cargo, condujo una política exterior prudente, sin riesgos innecesarios. Su llamativa acción en octubre de 1933, al retirar a Alemania de la Conferencia de Desarme de Genova y de la Liga de las Naciones, la llevó a cabo, sobre todo, por razones políticas internas, a fin de transmitir a los alemanes el sentimiento de que su país ya no estaba dominado por otros países europeos.

A comienzos de 1935 había llegado a la convicción de que Alemania podía violar ciertas cláusulas del Tratado de Versalles sin que Gran Bretaña o Francia se opusieran en forma seria. Había llegado a creer, basado en las respuestas de éstos a sus primeras acciones, que ambos países querían mantener el status quo internacional, pero sin usar la fuerza. En consecuencia, decidió anunciar públicamente lo que había mantenido en secreto durante algún tiempo: el rearme militar de Alemania.

El 9 de marzo de 1935, Hitler anunció la creación de una nueva fuerza aérea y, una semana más tarde, el inicio de un reclutamiento militar que ampliaría el ejército alemán de 100 000 a 550 000 hombres. Mas tarde Hitler repudia las cláusulas de Tratado de Versalles respecto al desarme de Alemania, y dá comienzo así a una serie de agresiones verbales y acciones militares de rearme que desencadenaría finalmente en el ataque a Polonia en 1939, inicio de la 2GM, pero esto es otra historia que puede leerla en este sitio.

ANEXO: EL ENFRENTAMIENTO HITLER – STALIN

En igualdad de condiciones de potencialidad económica, Hitler en un principio impuso una derrota militar a la U.R.S.S. Su principal habilidad fue evitar otro adversario por medio de tratados, mientras liquidaba a la Europa occidental, y sacar provecho de la crisis interna que ensangrentaba al Estado soviético. Llegó además a intervenir en ella.

Cuando Stalin eliminó a parte de la élite soviética, Hitler hizo que su servicio secreto proveyese al gobernante ruso pruebas falsificadas contra muchos. Al frenarse finalmente la campaña en Europa occidental, Hitler lanzó todo su ejército contra la Unión Soviética, y encontró a su adversario en condiciones militares inferiores. La explicación de la tremenda derrota inicial del ejército soviético (casi un millón de prisioneros y un tercio del territorio perdido), se debe, en parte, a las respectivas conducciones.

Cabría, por lo tanto, afirmar que los alemanes obtuvieron su victoria sólo porque sus jefes eran más competentes en la dirección de la guerra? Esa afirmación es posible, pero la explicación profunda debe buscarse también en la rivalidad entre ambos jefes, Hitler y Stalin. Stalin no decapitó a su ejército por un capricho de déspota enloquecido. Fue una necesidad para que él y su grupo se mantuviesen en el poder.

La liquidación de muchos oficiales era una condición necesaria a ese tipo de conducción, porque la aniquilación de todos los posibles opositores fue el único método que Stalin y su gente podían usar para mantenerse en el poder. La perfecta competencia de Stalin para librarse de sus enemigos internos implicaba, sin embargo, la «incompetencia» en su lucha contra los enemigos externos.

Tal vez otro líder no habría arriesgado a tal punto la seguridad del Estado, ni habría sido tan ingenuo al extremo de concertar un pacto (aunque él también lo necesitaba) justamente con Hitler (hacía ya dos días que los alemanes habían atravesado la frontera rusa, cuando Stalin declaró estupefacto a los mariscales soviéticos que no se debía contraatacar, porque se trataba de un equívoco, de simples escaramuzas fronterizas).

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