Quienes Hicieron La Historia El Hombre Y Sus Circunstancias



Quienes Hicieron La Historia El Hombre Y Sus Circunstancias

Si Cleopatra hubiese tenido la nariz más torta, habría despertado en Augusto la misma pasión que conquistó a César y Marco Antonio, y la historia del Imperio Romano sería otra. Si Carlos Martel no hubiese vencido a los árabes en Poitiers, Occidente sería musulmán y no cristiano, y los astronautas desembarrados en la Luna probablemente se llamarían Alí Muhámmad o Gamal.

Si Galileo, Newton y media docena más de sabios de su época hubiesen muerto en su infancia, los métodos científicos que ellos desarrollaron no existirían y sin éstos tampoco habría ciencia moderna ni Revolución Industrial.

Si Napoleón hubiese tenido 10cm. centímetros más de estatura, quizás no habría necesitado compensar su complejo de inferioridad. Su ambición se habría reducido entonces a llegar a ser un simple oficial más en las filas del ejército. En ese caso, Francia no habría conmovido el destino de Europa.

De igual manera, yo, ciudadano de un país de cultura europea, que vivo de acuerdo con leyes que se originan en la Revolución Francesa, y que me afeito con máquina eléctrica, podría no existir. Mi vida fue determinada por el físico de Napoleón, que era de baja estatura; por un golpe que Cleopatra sufrió cuando era niña y le torció la nariz, por un sarampión que Galileo no tuvo, por un error de táctica de un jefe árabe.

Si no fuese por esos simples hechos, yo podría tener un nombre árabe, vivir según las leyes del Corán, y afeitarme con navaja. Bastaría con que Galileo y Newton, y los desconocidos chinos que inventaron la brújula y la pólvora, hubiesen muerto prematuramente, para que no existiesen la imprenta, la navegación y el predominio occidental en el mundo. Con sólo suprimir a una docena de hombres importantes, el curso de la historia y la vida de millones de seres humanos habría tomado un rumbo que no podemos adivinar.

Estos argumentos parecen pueriles por la forma en que están expuestos. Sin embargo, fueron realmente sostenidos por algunos pensadores. Frecuentemente leemos en diarios, revistas y libros, y escuchamos por la radio y la televisión, afirmar que «los que hacen la historia son unos pocos personajes, y que todo lo demás es consecuencia de sus actos». ¿Cuántas veces hemos oído decir que Hitler es el culpable de la Segunda Guerra Mundial»? También podemos leer en distintos libros de historia que el papa León I convenció personalmente a Afila para que no saquease a Roma y se alejase de la ciudad. Esto equivaldría a sostener que, en caso de que los argumentos del Papa no hubiesen sido convincentes, Europa habría sido dominada por los hunos.

CleopatraNewtonGalileoAdolf Hitler
CleopatraNewtonGalileoHitler

Paradójicamente, esa manera de enfocar la historia hace que esta sea al mismo tiempo, simple e incomprensible. Porque las causas que se dan como origen de todos los hechos son, además de simples, imprevisibles (y, por lo tanto, totalmente inexplicables).

Para comprender esto mejor, imaginemos un episodio que pudo haber acontecido: el 17 de abril de 1915, el soldado alemán Fritz Müller, emplazado en una trinchera del frente francés, adviene a su compañero, el soldado Adolfo Hitler, que tiene sus botines desacordonados.

El soldado Adolfo se agacha para amarrar los cordones y, en ese preciso momento, una bala disparada por Jean Dupont desde la trinchera enemiga pasa silbando por el lugar donde un segundo antes se encontraba su cabeza. Si no hubiese sido por la advertencia de su compañero, Adolfo habría muerto alcanzado por el proyectil. Y sin Adolfo Hitler la Alemania nazi no habría existido, ni tampoco habría acontecido la Segunda Guerra Mundial.

Si aceptamos que un hecho tan simple como éste —advertir que el zapato de una determinada persona está mal acordonado—, puede determinar la historia, o buena parte de ella, ¿cómo es posible conocer sus causas? Ellas serían tan extraordinariamente triviales —golpes, sarampiones, balas perdidas—, que se tornaría imposible establecerlas.

De ahí que la tesis del personaje como causa única de la historia sea, de hecho, la «tesis del episodio imprevisible». Y esto equivale a aceptar la imposibilidad de conocer las causas de los hechos y procesos históricos humanos.

¿ES EL DESTINO EL QUE HACE A LOS HÉROES?

Un enfoque diametralmente opuesto al citado es el que sostiene, que los grandes personajes históricos no son más que marionetas manejadas por el destino. De acuerdo con esta tesis, aun cuando Cleopatra hubiese tenido una nariz perfecta, ello no habría influido para nacía en los acontecimientos. Porque puco importaba cual fuese el jefe romano que se adueñase del poder.

Cualquiera que lo hubiera hecho, se habría visto obligado por las circunstancias a suprimir la República Romana, tal como lo hizo Augusto. Napoleón, a su vez, podría haber muerto alto, atractivo y lleno de hijos, como desconocido oficial en una guarnición de provincia, y aun así Francia habría conquistado el misino imperio. Galileo y Newton podrían haber sucumbido en su infancia víctimas del sarampión, y otros habrían hedió lo que ellos hicieron.

El Imperio Francés, el método científico y la imprenta eran, de acuerdo con esta tesis, inevitables, y su existencia no dependió de aquellos que nos «parecen» sus creadores. Todo lo contrario: fueron las situaciones históricas las que crearon a dichos personajes.

Al respecto, es interesante señalar que, en ciertos casos, los mismos personajes históricos sustentaron esa tesis. Hacia el fin de su vida Napoleón afirmó: «Es preciso que transcurran por lo menos 1.000 anos, antes de que vuelva a repetirse la conjugación de factores que me creó».

El mariscal de campo alemán von Brauchitsch, uno de los principales lugartenientes de Hitler, señaló a los jueces de Nureinberg, durante su proceso por crímenes de guerra, lo siguiente: «Hitler fue el destino de Alemania, y ese destino no podía ser evitado en forma alguna». Existe, sin embargo, una diferencia entre la declaración de von Brauchitsch y la de Napoleón.

El mariscal alemán habla de inevitabilidad y destino. Bonaparte, en cambio, se refiere a una conjugación de factores, es decir a las oportunidades que una situación dada puede ofrecer a un personaje. De acuerdo con el pensamiento de von Brauchitsch, existe un «libro del destino» donde todas las cosas ya están escritas.

Creemos ver al personaje decidir, actuar, determinar. Pero en realidad no ocurre tal cosa, sino que son fuerzas impersonales —económicas, políticas, raciales o de cualquier otra índole—, las que mueven la historia, y el personaje no es más que un simple elemento de transmisión, una rueda de una máquina que sólo se mueve según los dictados del plan que le dio origen.

Todo lo que ocurre no podría haber ocurrido de otra forma. No existen alternativas en la historia porque, según este enfoque, no es posible elegir. Lo que se puede deducir de las palabras de von Brauchitsch es que la historia de la humanidad se desarrolla en forma independiente de lo que los hombres puedan hacer.

Pero ¿qué significa la afirmación de que el gran hombre es un producto de las circunstancias? Equivale a decir que todos sus actos tienen una causa, grande o pequeña (circunstancias políticas, económicas, un golpe en la infancia), y esto es indudablemente cierto. Pero no explica nada.

EN POS DEL PROTAGONISTA

Se puede afirmar, para finalizar, que las dos posiciones discutidas tienen algo de correcto. La historia hace al protagonista, y este, en cierta medida, hace la historia.

Todo gran personaje sólo lo es porque expresa personalmente las necesidades religiosas, culturales, políticas, económicas, militares, científicas, etc., de millones de otros hombres. El se destacará porque, mejor que sus competidores dentro de la misma tendencia, sabe manipular esas necesidades. Pero las necesidades colectivas son anteriores a él. Son el prerrequisito necesario para su acción.

Lo que llamamos «condiciones generales de una época», constituye siempre una maraña de tendencias e intereses complementarios y opuestos, algunos más fuertes y otros más débiles. Las condiciones generales de la época en que surge Caballo Loco incluían las necesidades de los indios a las cuales intentó responder, y las necesidades de expansión de la industria y la agricultura norteamericanas. Entre las dos tendencias esta última era la más fuerte. La tendencia al particularismo local en el imperio de Alejandro era mayor que la centralización. Napoleón y Hitler también enfrentaron corrientes más fuertes que las que encabezaron y fueron vencidos. La tendencia más fuerte de la época acaba por imponerse a pesar de los líderes.

Pero, en condiciones de inferioridad de fuerzas, un jefe capaz, rodeado por otros jefes capaces, puede por un instante desviar el curso de los acontecimientos. Sólo podrá hacerlo, sin embargo, mientras los recursos materiales v morales de su tendencia no se agoten. De cualquier manera, él depende de ella.

El grado de libertad de acción de que dispone un jefe depende de dos cosas. De la relación de fuerzas entre su tendencia y la otra (Caballo Le disponía de poquísima libertad, Naj león de mucha). Y de su capacidad para dirigir con eficacia el potencial su tendencia (Hitler la aprovechó bastante; Stalin, no).

La combinación de esos factores todos los personajes analizados por historiadores se realizó en grados versos. Puede decirse que la influencia del gran personaje en la historia una variable y no una constante, fórmula algebraica es la misma; empero, el resultado numérico es en cada caso distinto.

Engañábase Acton al querer desviar la atención de los historiadores y del público del estudio de las biografías los grandes personajes, porque, si bien es imposible comprender la biografía de los grandes personajes sin comprender su época —en resumen, su aquí y ahora- , también es importante conocer la ecuación personal —carácter, e educación, conducta, sentimientos, mentalidad— de sus protagonistas.

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