Las Reformas Educativas en el Virreinato Nuevos Colegios



Reformas en la Educación en el Virreinato del Río de la Plata

Antecedentes educativos en el   Virreinato:

Con la expulsión de la Compañía de Jesús decretada por Carlos  III el 27 de febrero de 1767 sufrió un duro golpe la cultura del Río de la Plata que estaba casi enteramente en sus manos.  Este vacío de personalidades intelectuales no pudo ser subsanado totalmente por el monarca.

No fue la enseñanza primaria la que más se perjudicó con el extrañamiento de la Compañía de Jesús, sino la media y superior. En Buenos Aires, sobre todo, la cuestión derivó en un serio problema para la juventud ávida de ampliar sus horizontes culturales.

Con los bienes de los expulsos debió crearse una universidad en Buenos Aires,  pero la desordenada y deshonesta administración,   unida a  otros factores locales,   no permitieron otra cosa que la creación,  por el empeño del virrey Vértiz,  de los llamados Reales Estudios,  y más tarde del  Colegio Convictorio de San Carlos, para eternizar, se dijo,  la memoria de Carlos  III.

Con el establecimiento de las cátedras de teología el  Real Colegio de San Carlos llegaba,   más  o menos,   al  nivel de la  Universidad de Córdoba en lo que atañe al plan de estudios,   pero sin la facultad de conferir grados académicos y sin co legio convictorio,  pues se carecfa de una decisión favorable del rey en tal sentido.

La cédula le pareció suficiente a Vértiz para seguir su labor educacional,   y el 3 de noviembre de 1783,   en el local del antiguo Colegio Máximo de la Compañia de Jesús,   donde ya funcionaban los   Reales Estudios,  procedió a la erección del Real Colegio  Convictorio Carolino,   cuyo primer rector fue el doctor  Vicente Juanzarás.

El Real  Colegio de San Carlos no fue un foco muy luminoso de cultura, como algunos autores pretenden,  ni tan detestable como,   con falta de veracidad,  lo tachó Manuel Moreno.  «Un Colegio en el que se enseñaba, y era buena forma,  como lo reconoce el mismo Moreno,  la lengua y la literatura latina,   y en la que se cursaban tres  cursos de Filosofía y cuatro de Teología con Cátedra de Derecho Canónico,  era ciertamente un  Colegio digno de aprecio.»

Respecto de la influencia que pueda haber tenido en la formación moral de la juventud que  intervino en la Revolución de 1810,   sabemos  que fue nula.

Es en este colegio,  precisamente,  donde se demuestra la  instintiva rebelión de la juventud porteña y su irrespetuosidad a las fórmulas consagradas que no estaban en armonfa con su particular idiosincracia.

La ordenación de los estudios,  la vida claustral que se hacía y la exclusión de la enseñanza del derecho y de la economía,   materias en las cuales el grupo revolucionario demostró estar informado,  son pruebas del carácter esencialmente teológico de la enseñanza.



La orientación respondió a uno de los propósitos que se tuvieron en vista para decretar la expulsión de los jesuítas: la secularización de los establecimientos de enseñanza.

El jesuíta Suárez fue abandonado y se le reemplazó por San Agustín y Santo Tomás.

Tampoco hay que olvidar que los catedráticos no eran libres para enseñar lo que sabían,  sino lo que les estaba permitido.  Toda enseñanza que fuese contra ría a la revelación y a la doctrina del origen divino de la autoridad real estaba excluida y era severamente castigada.

El  19 de mayo de 1801 se dictó la real cédula por la cual se crearon censores  regios para impedir que en las universidades americanas se enseñasen doctrinas contrarias a la autoridad y regaifa de la corona.

La creencia de que en la enseñanza imperaba una gran liberalidad está basada principalmente en el informe del cabildo eclesiástico,  de 1771,  en el cual se dice que en la enseñanza de la física podían los catedráticos seguir cualquier sistema y los métodos que se usaban en las academias modernas.

Esa libertad,   admitida en la enseñanza de la física,  aún en la cual se muestra la lucha del profesor para no contradecir los principios teológicos,  en la filosofía estaba excluida y condenada.

Durante la breve actuación episcopal de Monseñor José Antonio Bazurco se  iniciaron las obras para dotar a Buenos Aires de un Seminario Conciliar.

Por cédula de junio de 1774 se mandó auxiliar al  obispo para la erección del establecimiento al canónigo Pedro Picasarri,  el cual,   al quedar el  obispado bajo el gobierno del canónigo Maciel,  pidió al rey que se le diese una «facultad absoluta» para proseguir la obra «sin dependencia de otro juez sino sólo con acuerdo de Vuestro Vice Patrón por ausencia del señor Obispo».  La pretensión fue rechazada,  pero Picasarri consiguió materiales y contribuciones hasta dejar concluido el colegio en 1776.

En abril de 1784 Picasarri propuso al cabildo eclesiástico instalar el colegio con seis alumnos. El organismo decidió acceder a la demanda,  la cual fue apoyada por el virrey,  y el establecimiento se instaló provisoriamente el 28 de junio de 1784.

Esta situación de provisoriedad perdurará hasta la erección definitiva del Seminario,  realizada por el obispo Benito de Lué y Riega,  el 9 de marzo de 1805.



La casa de estudios de La Merced en Buenos Aires  inicia a principios del siglo XVIII un período de desarrollo amplísimo.  Tenía esta Orden la principal casa de estudios en Córdoba,   a la  que acudían algunos de sus religiosos para obtener las borlas del doctorado,   pero,   como hace notar Furlong,   desde 1731 hasta fines del siglo no se conocen las nóminas de los catedráticos mercedarios,  aunque se sabe que la enseñanza se mantuvo.

A fines del siglo,  el  convento de Buenos Aires,   mantenía tres cátedras de teología y una de filosofía,   y al parecer,  la casa de  Córdoba habfa dejado de ser la principal de la  Orden en beneficio de la de Buenos Aires.

Las aulas de los  Conventos  Mercedarios no eran exclusivas para los miembros de la Orden, según se colige de una prescripción del  Capítulo de 1801,   que prohibía que algún «estudiante secular o regular» pasara a estudiar filosofía sin estar capacitado para ello.

Ampliar: Universidad de Córdoba y de Chuquisaca

PRIMERA REFORMA: Pareciera una verdadera ironía que el primer tratado creado para dar origen a la necesaria reforma educativa en la Argentina del siglo XIX haya sido en base al trabajo, la investigación y el impulso de dos hombres provenientes del ámbito económico y activos participantes de la política nacional.

Tendemos a pensar que quienes se interesan en la educación, el emprendimiento, la difusión del conocimiento y la capacitación, sin esperar nada a cambio debieran ser quienes se desenvuelven en dicho ámbito, pero aquí, en la Argentina, la historia nos demuestra que no tiene que ser necesariamente de esta forma.

En la primera década de 1800, dos hombres provenientes de la política, que se desenvolvían como funcionarios bancarios, decidieron realizar un estudio profundo de la educación en el país, con el fin de elaborar un proyecto de reforma que mejorara las condiciones en las escuelas, y ampliara las posibilidades para que los ciudadanos pudieran acceder a la educación.

Sus nombres eran Idefonso Paso Fernández, un comerciante nacido en Buenos Aires, y Juan Pedro Julián Aguirre y López de Anaya, militar bonaerense que participó como patricio durante la primera invasión ingles.

Luego de realizar un profundo trabajo de relevamiento de escuelas, presentaron un tratado de reforma educativa que incluía mejoramiento de las aulas, la unificación de los programas de estudios y la conformación de una comisión evaluadora para los exámenes finales, entre otras cosas.

Pero además, el proyecto incluía la entrega de material bibliográfico a aquellos niños cuya posición económica les impedía acceder a los libros de estudio, y sobre todo pusieron el mayor énfasis en la escolarización de las mujeres.



Por aquella época sólo se encontraba en funcionamiento una única escuela de mujeres, llamada el Colegio de Huérfanas, con lo que el proyecto intentaba generar la posibilidad de crear nuevos espacios para las niñas.

Por otra parte, la propuesta incluía la necesidad de comenzar a calificar a los profesores con el fin de que pudieran llevar a cabo esta misión fundacional, y además se trataron aspectos relacionados a la situación salarial de los mismos, incluyendo una mejora del cien por ciento en los sueldos docentes

Fuente Consultada Para El Contenido:
100 Historias de la Historia Argentina – Norberto Chab
Historia de la educación de Manganiello Bregazzi.
Historia Argentina – Historia de la Civilización – Manual de Ingreso 1977 – Dieguez – Pierini – Laplaza Edit. Investigación y Ciencia

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