Desarrollo de la Ciencia en Argentina Primera Universidad Cientifica



Desarrollo de la Ciencia en Argentina: Primera Universidad

Desarrollo de la ciencia en Argentina
Los primeros pasos

Si bien durante la época colonial hubo manifestaciones científicas individuales (observaciones astronómicas y naturales, relevamientos cartográficos, etc.), la aparición de investigadores e instituciones científicas en nuestro país está ligada a la creación de los primeros centros educativos y universidades.

La primera universidad que se creó en nuestro territorio fue la de Córdoba, cuyos orígenes se remontan a la primera mitad del siglo XVII. Sin embargo, sus estudios incluían aspectos de la ciencia tan sólo en el marco de la filosofía. La Escuela de Náutica, creada por Manuel Belgrano en 1799, fue el primer instituto educativo ligado a la ciencia. Su misión era formar navegantes y cartógrafos y a tal efecto se dictaban cursos de trigonometría y geometría, entre otros.

Virrey VértizOtra institución vinculada a la ciencia fue el Protomedicato, creado en 1779 por iniciativa del virrey Vértiz con el fin de certificar la idoneidad de los médicos que atendían la salud de la población. Incluyó una escuela de medicina que comenzó a funcionar en 1801.

Con la Revolución de Mayo se popularizaron las ideas de Mariano Moreno, Manuel Belgrano y Bernardino Rivadavia, quienes veían en la educación, la ciencia y la tecnología un factor determinante de progreso. En 1816 comienzan los cursos de la Academia de Matemática, creada en 1813.

Una Facultad de Medicina que comenzó a funcionar en 1815 con el nombre de Instituto Médico-Militar ocupó el lugar de la escuela del Protomedicato, que había dejado de funcionar. Es durante la presidencia de Rivadavia, en 1821, que se crea la Universidad de Buenos Aires.

La estructura de la universidad incluía seis departamentos, entre los que se contaba uno de medicina y otro de ciencias exactas. A ella se anexaron los institutos existentes, como la Academia de Matemática y el Instituto Médico-Militar.

Durante este período también se funda el Museo Público de Buenos Aires , en 1823. En él se exponen los importantes hallazgos fósiles de Francisco Javier Muñiz, el primer naturalista argentino.

En esta misma época se registra la actuación de dos relevantes naturalistas extranjeros: Amado Bonpland, quien se radica en el país en 1817, y Charles Darwin, quien visita estas tierras entre 1831 y 1835, durante un viaje de estudios.

Después de un período de poca actividad científica y cultural, signado por las luchas internas, la ciencia cobra impulso a fines de la década del ’50 del siglo pasado.

El destacado paleontólogo y zoólogo alemán Carlos Burmeister se hace cargo, en 1862, de la dirección del Museo Público de Buenos Aires, transformándolo en verdadero impulsor de la investigación científica.



observatorio astronomico en argentinaEn 1873 comienza a funcionar la Academia de Ciencias de la Universidad de Córdoba, creada por el presidente Sarmiento.

De este modo la ciencia, que hasta entonces había estado ausente de sus aulas, entra plenamente a ellas.

La Academia realiza importantes trabajos en ciencias naturales, especialmente en botánica y geología. También se debe a Sarmiento la creación en Córdoba, en 1871, del Observatorio Astronómico Argentino. En él se hicieron importantísimas contribuciones al estudio del cielo austral. (imagen: gentileza http://wwww.hoylauniversidad.unc.edu.ar)

Un hecho relevante fue la creación de la Sociedad Científica Argentina, en 1872, por iniciativa de estudiantes y profesores del Departamento de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires.

La Sociedad se transformó en tribuna de debate científico y órgano consultor del gobierno en aspectos científico-tecnológicos. Fue importante el apoyo prestado por la Sociedad a los estudios geográficos, que conduce a la fundación, en 1879, del Instituto Geográfico Argentino.

El último acontecimiento relevante del siglo XIX es la creación de la Universidad de La Plata, en 1897. Originalmente provincial es nacionalizada en 1905 y se le anexan, entre otras instituciones, el Observatorio Astronómico de La Plata, creado en 1882, y el Museo de Ciencias Naturales de La Plata, que data de 1884. Hasta su incorporación a la Universidad, el museo fue dirigido por Francisco P. Moreno, a quien se le debe su existencia y cuya colección había sido enriquecida con sus propios hallazgos.

Moreno hizo importantes aportes de carácter arqueológico, paleontológico y antropológico al conocimiento de la Patagonia y los lagos del sur de nuestro país.

Otro naturalista notable de esa época fue Florentino Ameghino. Vinculado al Museo de La Plata, aunque brevemente, hizo grandes aportes a la sección de paleontología.

Sus descubrimientos fósiles y trabajos de interpretación fueron fundamentales para la comprensión de la prehistoria de nuestro país. A partir de 1906 funciona el Instituto de Física de la Universidad de La Plata, que pronto alcanza renombre mundial por la calidad de sus trabajos.

La Ciencia en la Actualidad: (Ver Organismos Científicos Argentinos)
Entre 1930 y 1960 aparecen las instituciones que conducen al progreso científico en nuestros días.



En 1933 se crea la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias, entidad privada que, con recursos propios y de algunas fundaciones, otorga becas externas e internas para el estudio de las ciencias.

En 1958 se forma el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Ha concedido becas para la realización de trabajos de investigación o perfeccionamiento y, en 1960, creó la Carrera del Investigador Científico, que ha permitido el trabajo de muchos investigadores de todas las áreas de la ciencia.

La Comisión Nacional de Energía Atómica, que data de 1950, es una institución que cubre las tres áreas de la ciencia.

En ella se realizan trabajos de física básica: física nuclear, del estado sólido, etc.; de física aplicada: ingeniería nuclear, aplicaciones de radioisótopos, etc., y también desarrollos tecnológicos: centrales nucleares, procesamiento de uranio, producción de agua pesada, etc.

En las ciencias químicas cabe destacar el papel que desempeña la Asociación Química Argentina, nacida en 1912 y que ha organizado reuniones científicas y editado varias publicaciones.

Con el auspicio de la Fundación Campomar se creó en 1947 un centro de estudios bioquímicos, que ganó renombre internacional bajo la dirección de Dr. Luis F. Leloir, quien, en 1970, recibió el Premio Nobel de Química por sus trabajos sobre los hidratos de carbono.

En el campo de las investigaciones biológicas se destacó el Dr. Bernardo Houssay, quien en 1919 fundó el Instituto de Fisiología de la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires y se desempeñó como su primer director.

Rápidamente cobró prestigio internacional por sus trabajos sobre la función de la hipófisis y las glándulas suprarrenales, el metabolismo hidrocarbonado y la patogenia de la diabetes. Estos últimos le valieron el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1947.

Dos instituciones desarrollan una constante labor en favor de la tecnología. El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), creado en el año 1956. agrupa institutos de investigación y centros experimentales en todo el país. Su función es prestar apoyo a la producción agropecuaria, mejorando los productos y rendimientos.

El Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) se crea en 1958 y es su cometido aportar respuestas a problemas técnicos o de materiales que puedan ser de interés para la industria local.



SIGLO XXI:
Actualidad: E
l desarrollo científico y tecnológico de un país se vincula estrechamente con el industrial y con el humano.

Algunas personas sostienen que la Argentina es un país pobre y que invertir en investigación científica y técnica es un lujo. Por supuesto, nuestro país no está en condiciones de realizar inversiones como las de los países más desarrollados.

Pero si comparamos la inversión que hace la Argentina y la que hacen países como Brasil, Chile o México, notamos que en los últimos veinte años nuestro país ha sido largamente superado por aquéllos.

También se suele afirmar que el desarrollo de la ciencia y la  tecnología no es una necesidad para un país cuyo papel tradicional ha sido la de manufacturar y exportar productos agropecuarios. Sostener esto es desconocer las contribuciones que dicho desarrollo puede ofrecer al desarrollo económico y social. En el terreno de la agricultura, las investigaciones científicas y tecnológicas pueden ayudar a diversificar la producción y a volverla más competitiva.

elogios importantes para la mujer

El problema no pasa sólo por la cantidad de dinero que se invierte en dicho desarrollo sino también por definir hacia dónde se dirige esa inversión. Es claro que la Argentina no tiene una política clara en este aspecto pues aún el Estado no se ha ocupado de trazar prioridades de investigación. Pero señalar prioridades no significa afirmar que algunas disciplinas científicas sean más importantes que otras.

De lo que se trata es de jerarquizar áreas de interés para el país y establecer líneas prioritarias de investigación, con enfoques que combinen los conocimientos de diferentes disciplinas. El Desarrollo Humano integral sería la meta de esas líneas prioritarias. Así, habría que definir áreas de interés en el campo de la salud, el medio ambiente, la producción agropecuaria y la industrial, teniendo en cuenta nuestra realidad nacional y los problemas del desarrollo a escala regional y provincial.

EL SATÉLITE SAC-C
Nuestro país tiene un Plan Espacial Nacional — «Argentina en el Espacio 1995-2006″— que establece los objetivos que deben orientar el trabajo de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae). Como componente fundamental de ese plan, se deben realizar proyectos satelitales que cumplan el objetivo de «proveer a través de misiones satelitales propias, las plataformas, cargas útiles y servicios para satisfacer requerimientos específicos de nuestro país en las áreas de tele-observación, comunicaciones y ciencias básicas, que no se ven satisfechos por la oferta de sistemas existentes».

A partir de este objetivo, la Conae llevó adelante el diseño, construcción y puesta en órbita del SAC-C, el primer satélite argentino de observación de la Tierra, cuyo lanzamiento se produjo el 21 de noviembre de 2000, con un lanzador Delta 7320, desde la Base Aérea de Vandenberg, en California, Estados Unidos.

Este satélite cumple funciones muy importantes: produce imágenes del territorio que pueden ser utilizadas para la agricultura y para el estudio del medio ambiente terrestre y marino.

Además, permite estimar con precisión los alcances de catástrofes naturales o provocadas por el hombre y aporta materiales para realizar estudios científicos y tecnológicos que, entre otras cosas, contribuirán a mejorar el diseño y la fabricación de nuevos satélites.

El satélite se controla desde el Centro Espacial Teófilo Tabanera, ubicado en Córdoba. Allí se reciben los datos que envía el satélite y se los distribuye entre los usuarios.

Desde el punto de vista productivo, el aspecto interesante de este proyecto es la articulación entre una decisión de un agencia del Estado nacional -la Conae– y varias empresas del país, que son las que construyeron el satélite.

El principal-contratista es el Invap, una empresa de alta tecnología, encargada de la construcción del satélite propiamente dicho y de algunos de los instrumentos que contiene y que permiten realizar las observaciones y la transmisión de datos.

INVAP es una empresa creada, por convenio entre la Comisión Nacional de Energía Atómica de Argentina y el Gobierno de la Provincia, de Río Negro. Su sede principal se encuentra en San Carlos de Bariloche y ocupa a 360 empleados de manera, directa y a más de 700 si sumamos a los de las empresas asociadas, contratistas y proveedores.

AMPLIACIÓN DEL TEMA:
ORDEN CRONOLÓGICO DEL DESARROLLO CIENTÍFICO EN EL SIGLO XIX:

Los comienzos: Después de Caseros, y fundamentalmente, después de Pavón, se inició en la Argentina una nueva etapa en que la ciencia adquirió los caracteres de la organización actual.

Los estudios astronómicos y físicos se iniciaron en la Universidad de La Plata, adquiriendo de inmediato los físicos una elevada jerarquía científica, pues la Universidad contó desde 1906 con un Instituto de Física bien provisto e instalado científicamente, cuya misión fue «fomentar el estudio de las ciencias físicas y crear un personal competente para que pueda utilizar todas las materias primas y las energías naturales del país. Desde 1909 estuvo bajo expertas direcciones : su fundador, el emi nente físico Emil Hermann Bose y su sucesor, Richard Gans, que impulsaron la investigación científica a una altura que valió al Instituto un justo renombre internacional.

El Departamento de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires, inició sus tareas en 1866. En 1869 egresaron los doce primeros ingenieros que tuvieron una actuación destacada en la docencia y la ciencia.  Podemos destacar a Valentín Balbín, que trató de introducir conceptos matemáticos modernos. Fundó y dirigió una «Revista de matemáticas elementales», que se proponía difundir las matemáticas en el pafs y estimular a la juventud en la investigación.

A mediados de 1873 se funda la «Academia de ciencias de Córdoba«, con el auspicio de la presidencia de Sarmiento y bajo la dirección de Burgmeister. Era una organización científica sostenida por el gobierno de la Nación con los siguientes fines: servir de consejo consultivo al gobierno en los asuntos referentes a las ciencias que cultiva el instituto; explorar y estudiar el país en todas las ramificaciones de la naturaleza; y hacer conocer los resultados de sus exploraciones y estudios por medio de publicaciones. Con esta organización, el centro de gravedad de los estudios de la Academia se centraban en la ciencia natural, y fue en ésta donde se concentró la labor más importante.

Fueron las ciencias geológicas las que recibieron el mayor impulso de los hombres de la academia. Uno de sus miembros fundadores, Alfredo Stelzner, en  los pocos años que residió en la Argentina realizó dos largos viajes por el noroeste y  el oeste, que le permitieron reconocer las grandes unidades geológicas de los terrenos observados. Stelzner dejó instalado el Museo mineralógico de la Universidad de Córdoba. El sucesor de Stelzner fue Luis Brackebusch que realizó estudios geológicos y mineralógicos en las provincia de Córdoba, Catamarca, Salta y Jujuy y publicó el mapa geológico de la Argentina al millonésimo.

A Oscar Doering se deben numerosas observaciones meteorológicas, hipsométricas y magnéticas, además de la propuesta de crear en 1882 un Observatorio Magnético Nacional de acuerdo con las sugestiones del Congreso Internacional de Meteorología de 1879.

A mediados de 1872 un grupo de profesores y estudiantes del Departamento de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires resuelve fundar una «Asociación Científica» que recibe el nombre de «Sociedad Científica Argentina» y cuya finalidad principal será la de fomentar de manera especial el estudio de las ciencias materna ticas, físicas y naturales, con sus aplicaciones a las artes, la industria y las necesidades de la sociedad.

Esta Sociedad fue en sus comienzos la única tribuna científica argentina y el único centro de consulta de los gobiernos de la Nación y de la Provincia. Sus primeras actividades fueron variadas y fecundas: además de conferencias, dictámenes, sobre temas científicos y de actualidad, en 1875 creó un Museo, organizó ese mismo año un concurso de trabajos para promover el adelanto de las ciencias y su cación a la industria nacional, y contribuyó a la realización de viajes y exploraciones geográficos.

Entre estos podemos citar los viajes a la Patagonia de Moreno en 1873 y de Ramón Lista en 1877.Las primeras ciencias que se organizaron, definitivamente en la Argentina, fueron las ciencias naturales y la astronomía. Las ciencias naturales encontraron su habitat científico en los grandes museos que se organizaron después de la unidad nacional.

En 1854 se fundó la Asociación Amigos de la Historia Natural del Plata, con el objeto de reorganizar el decadente Museo de Buenos Aires, su promotor y secretario, Manuel Ricardo Treiles, se encargó del Museo y confeccionó los primeros catálogos de las colecciones que desde entonces comenzaron a reunirse, a través de donaciones o adquisiciones. En 1862 se hace cargo de él Carlos Burgmeister, sabio conocido por sus trabajos paleontológicos y zoológicos.

En poco tiempo convirtió la desordenada reunión de materiales en colecciones científicas que, especialmente la paleontológica, adquirió muy pronto gran incremento y hasta celebridad mundial. Burgmeister no fue un maestro en sentido estricto, pero su obra de investigador y organizador fue tan importante para la Argentina como la de un jefe de escuela. Además del Museo de Buenos Aires, tuvo a su cargo la organización de la Academia de Ciencias y las publicaciones de ambas instituciones.

El Museo de La Plata que forma con el de Buenos Aires la pareja de centros más importantes para el estudio y la investigación en el campo de las ciencias naturales, vincula su origen al nombre de Francisco P. Moreno, naturalista argentino que se formó bajo las guías de Gutiérrez y Burgmeister.

Su pasión de coleccionista se enderezó hacia las ciencias naturales y en 1872 instaló un museo propio, con una rica colección de carácter arqueológico, antropológico y paleontológico. Más tarde inició viajes por el interior del país, en especial por la Patagonia. Con el material coleccionado, el museo alcanzó la cifra de 15.000 piezas, que Moreno ofreció a la provincia de Buenos Aires, creándose así en 1877 el Museo antropológico y Arqueológico de Buenos Aires.

Cuando el gobierno provincial se trasladó a La Plata, se decidió crear allí un nuevo museo sobre la base del de Moreno, naciendo el Museo de La Plata, en 1884, cuyos primeros elementos los constituyeron las colecciones del Museo Antropológico, más las colecciones reunidas posteriormente y la rica biblioteca de Moreno.

El Museo de La Plata cobró bajo la dirección de Moreno una intensa actividad científica y sólidos prestigios. En 1889 se instaló en su edificio y en 1890 inició la publicación de sus Anales y de la Revista del Museo, mientras incorporaba a su seno una serie de naturalistas extranjeros que organizaron sus distintas secciones: geología y mineralogía, zoología, botánica, antropología, arqueología y etnografía y cargografía.

El tercero de los grandes museos argentinos es el Museo Etnográfico, fundado en 1906 y organizado por Juan B. Ambrosetti, naturalista que se ocupó de zoología y paleontología.

De sus investigaciones arqueológicas en la zona del noroeste argentino, sobresale su descubrimiento en 1908 del Pucará de Tilcara en la Quebrada de Humahuaca, que proporcionó un rico material arqueológico y antropológico. La labor iniciada por Ambrosetti en el Museo y en Tilcara, fue continuada por su discípulo Salvador Debenedetti, pudiendo afirmarse que con estos dos grandes arqueólogos se inicia en el país la exploración arqueológica con criterio científico.

En 1875, Florentino Ameghino hace concocer sus primeras especies nuevas, fruto de sus investigaciones en los terrenos de la pampa. Al año siguiente presenta pa te de su colección en los concursos de la Sociedad Científica junto con una memoria sobre el Cuaternario. Pero la preocupación de los miembros de la Sociedad Científica era el progreso material del país y el aprovechamiento de sus materias primas, y poco interés tenían por restos fósiles y discusiones sobre el cuaternario. Debido a esto, los fósiles de Ameghino sólo merecieron la última de las catorce menciones honoríficas, y la me moría no fue aceptada.

Su estadía como profesor de zoología en la Universidad de Córdoba, la utiliza para estudiar la geología y paleontología de la región. En 1886 fue designado para la sección de paleontología del museo de La Plata. En 1902 es designado como director del museo, cargo que ocupa hasta su muerte.

La obra científica de Ameghino comprende dos aspectos. Por un lado está la labor descriptiva del geólogo, y sobre todo del paleontólogo, de valor perenne e indestructible. Casi el ochenta por ciento de las especies de mamíferos fósiles que describió en su obra de 1889 son descubrimientos propios. Dio un adelanto considerable a la paleontología argentina.

El otro aspecto de su obra está representado por las bases teóricas sobre las que estructuró sus descubrimientos y observaciones y por los funda mentos filosóficos de esas bases. La tesis que sustentó Ameghino y por la que luchó toda su vida, consiste en suponer un origen americano para el hombre y que el suelo argentino, o algún territorio cercano a él, fue la cuna de la especie humana. Esta doctrina implicaba la adhesión a la teoría de la evolución, aun no aceptada por todos los naturalistas.

Ameghino fue un sabio auténtico por el valor de sus investigaciones, por su fe en una teoría revolucionaria que previo duradera y fecunda, por la audacia y vuelo de sus doctrinas, por su adhesión en cuerpo y alma a la ciencia.

EL tercero de los grandes naturalistas de este período fue Eduardo L. Holmrberg, dedicado desde muy joven a la ciencia natural y casi toda su vida a la docencia. debiéndosele el gran impulso adquirido por las ciencias naturales en la Argentina.

Fue un maestro en sentido amplio, ocupándose en sus investigaciones de casi todas las ramas de la ciencia natural y promoviendo y colaborando en todo medio de transmisión y perpetuación de los conocimientos relativos a ella. Contribuyó decisivamente a la fundación en 1911 de la Sociedad Argentina de Ciencias Naturales. Fue el que impulsó realmente el Jardín Zoológico, fundado en 1875 por iniciativa de Sarmiento, pero que cobró vida cuando en 1888 Holmberg asume su dirección.

A los esfuerzos de Sarmiento se debe el nacimiento de los estudios astro-micos en la Argentina. Su proyecto de fundar un observatorio astronómico fue favore cido durante su gestión como ministro argentino en Estados Unidos, donde conoció al astrónomo Benjamín Apthorp Gould, quien expuso a Sarmiento el deseo de realizar una expedición a la Argentina con el objeto de explorar el cielo austral, abrigando la esperanza de que al terminar la expedición el gobierno adquiriese las instalaciones, con el objeto de dejar fundado un instituto científico permanente, como había ocurrido años antes en Chile.

Al asumir la presidencia, una de las primeras medidas de Sarmiento fue la creación de un observatorio nacional invitando a Gould para que organizara y dirigiera esta institución. Por razones astronómicas se eligió como lugar del futuro observatorio las proximidades de la ciudad de Córdoba, y éste se inauguró en 1871. Como la mayor parte de los observatorios activos del hemisferio norte están en una zona desde la cual la mayoría de las estrellas australes es invisible, el observatorio de Córdoba vino a completar esta gran carencia en la astronomía universal.

Junto a los estudios astronómicos y meteorológicos, se organizáronlos estadios geográficos. En 1879 se fundó el Instituto Geográfico Argentino que contribuyó al conocimiento geográfico del país, estimulando o patrocinando viajes y exploraciones. Hacia 1884 se fundó la más importante de las instituciones nacionales vinculada a los estudios geográficos y afines : el Instituto Geográfico Militar.

Los estudios médicos fueron los primeros que se organizaron después de Caseros, a través de una escuela de medicina que se mantuvo separada de la Universidad hasta su integración en 1874. Con los estudios médicos está vinculada una de las grandes figuras públicas argentinas : Guillermo Rawson.   Fue el primer profesor de higiene iniciándose con él los estudios de esta disciplina, en especial con carácter social y vinculados con el aspecto demográfico.

También para los estudios jurídicos el período de la organización nacional es un período brillante, ya que en él logra el derecho argentino sus realizaciones más importantes; la Constitución del 1853 y los Códigos.  La codificación nacional se iniciódespués de Pavón, En 1862 se adoptó como código de comercio el Código provincial re dactado por Palmado Vélez Sarsfield. Al mismo jurista se encomendó la redacción del Código Civil.

Los estudios históricos adquirieron en este período un renovado vigor y florecimiento que abarcó todos los aspectos de esta disciplina : desde la recopilación de fuentes y elaboración de grandes obras históricas, hasta el establecimiento de instituciones destinadas a favorecer estos estudios y a conservar los recuerdos del pasado.

En 1889 nace el primer museo histórico argentino con el fin de reunir los recuerdos del pasado diseminados en los museos públicos o en manos de particulares.

La crisis del noventa :
A partir del noventa, y durante tres décadas el florecimiento científico cuyo climax se había producido en la presidencia de Sarmiento, se desvanece y la ciencia pura sufre un estancamiento, que sé refleja en numerosos síntomas : las instituciones científicas y universitarias vegetan, merman sus publicaciones, las instituciones dedicadas a la investigación se ven descuidadas por el fobierno. Este estancamiento de la ciencia pura está en oposición al impulso recibido por la economía y la técnica.

Los estudios económicos entran en el campo de la Universidad, aparecen instituciones y publicaciones de índole técnica, se promueven las obras públicas.

Este contraste entre una ciencia pura estancada y en decadencia y una técnica en plena actividad y florecimiento es el síntoma revelador de la llamada «crisis del «noventa» en el campo del pensamiento científico. Se puso de manifiesto cómo, en pos de un afán utilitario y de un interés material, y al compás de un aluvión inmigratorio creciente, las actividades técnicas y económicas se impusieron y absorbieron las intelectuales, posponiendo toda preocupación hacia la ciencia pura y trabando toda iniciativa en favor de las, investigaciones desinteresadas.

Se cayó en el error de adoptar y absorber las aplicaciones de la ciencia antes que la ciencia misma. Esta postura frente a la ciencia se modificará a mediados de la segunda década del siglo XX.

Fuente Consultada:
El Desarrollo Humano en la Argentina del Siglo XXI UNICEF – UNDP – Ministerio de Educación , Ciencia y Tecnología
HISTORIA ARGENTINA E HISTORIA DE LA CIVILIZACIÓN Manual de Ingreso 1977 – Tomo 2 – Dieguez-Pierini-Laplaza

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