Fundacion de la Academia de Ciencias de Cordoba Primeros Trabajos Cientificos



Fundación de la Academia de Ciencias de Córdoba Primeros Trabajos Científicos

LOS ESTUDIOS CIENTÍFICOS
LOS PROFESORES CONTRATADOS:
La Universidad de Córdoba es nacionalizada por ley en 1854, pero sin modificar su carácter tradicional.

En 1869, el ministro de Sarmiento, Nicolás Avellaneda, emprende la reforma de sus estudios e implanta las cátedras de Ciencias Exactas y Naturales, siendo autorizado por ley el Poder Ejecutivo «para contratar dentro o fuera del país hasta veinte profesores, que serán destinados a la enseñanza de ciencias especiales en la Universidad de Córdoba y en los Colegios Nacionales».

Esta medida legislativa dio origen a la creación de la Academia de Ciencias cordobesa y a la Facultad de la misma especialidad.

Su obra científica.—Las ventajas derivadas con la venida de profesores de ciencias fisicomatemáticas para la Universidad de Buenos Aires originó la ley de 1869 que autorizara al Poder Ejecutivo a contratar hasta veinte profesores de «ciencias especiales».

En cumplimiento de esta ley, el presidente Sarmiento encomendó a Burmeister, entonces director del Museo de Buenos Aires, gestionara la incorporación al país del primer núcleo de estos profesores: dos de
matemáticas y uno de cada una de las especialidades siguientes: física, química, botánica, zoología, mineralogía y geología.

Estos profesores fueron llegando entre 1870 y 1873, pero la mayoría de ellos no se dedicó de inmediato a la docencia, sino a explorar el territorio argentino para fundamentar sus enseñanzas en el conocimiento de nuestra botánica, zoología y constitución geológica.

Fruto de estas actividades científicas fueron los magníficos inventarios que nos dejaron sobre la flora, la fauna y los minerales argentinos.

Entre los botánicos debemos destacar a Paul Lorentz, especialista en musgos; después de recorrer el norte argentino, participó, como miembro de la Comisión científica adjunta, en la expedición al desierto, publicando sus resultados en Recuerdos de la expedición al Río Negro.

Designado profesor en el Colegio Histórico del Uruguay, redactó La vegetación del nordeste de la provincia de Entre Ríos. Ahí falleció.

En la cátedra que debía dictar en la Universidad de Córdoba le sucedió su ayudante Jorge Hierónymus, especializado en fitogeografía. Permaneció en el país nueve años (1874-83). Su obra más notable fue Observaciones sobre la vegetación de la provincia de Tucumán.



En Zoología se destacó el holandés Hendrick Weyembergh, que fundó en 1878 el «Periódico Zoológico Argentino», una de las primeras revistas científicas del país.

Con los profesores contratados, las ciencias geológicas recibieron un gran impulso. El minerólogo Alfredo Stelzner, que actuó brevemente entre nosotros (1871-74), realizó largos viajes al noroeste y oeste argentinos, exponiendo sus observaciones sobre la formación geológica de los terrenos estudiados en Comunicaciones sobre la geología y minería en la República Argentina, y fundando con el material recogido el Museo Mineralógico de Córdoba, el primero de esta índole entre nosotros.

Le sucedió en la cátedra Luis Brackebush, que permaneció diez años en la Argentina (1874-84), realizando el primer catálogo de los minerales argentinos. Vuelto a Alemania, publicó en 1891 el mapa geológico de la Argentina.

Para terminar, citemos a Óscar Doering, organizador de la Facultad de Ciencias de Córdoba, que realizó repetidas indagaciones meteorológicas, hipsométricas y magnéticas en, el país y propuso, en 1882, la creación de un Observatorio Magnético Nacional.

El paleófitógrafo Guillermo Bodenbender, durante más de treinta años, realizó numerosas investigaciones de su especialidad, principalmente en las provincias centrales y la región andina.

FUNDACIÓN DE LA ACADEMIA DE CIENCIAS DE CÓRDOBA (1873)

Con el elenco de profesores extranjeros llegados a Córdoba para desempeñarse en la Universidad de San Carlos se fundó, en 1873, una Academia de Ciencias, cuya finalidad fue delineada por su reglamento, redactado por su primer director, Germán Burmeinster, cuyo artículo 1º señala lo siguiente:

«Instruir a la juventud en las Ciencias Exactas y Naturales por medio de lecciones y experimentaciones.

«Formar profesores que puedan enseñar esas mismas ciencias en los colegios de la República.

«Explorar y hacer conocer las riquezas naturales del país, fomentando sus gabinetes, laboratorios y museos de ciencias y dando a luz obras científicas y por medio de publicaciones.»



Como se ve, por esta disposición reglamentaria competía a la Academia una doble finalidad: científica y docente, ya que sus miembros estaban obligados a dictar clases en la Universidad.

Esta dualidad de fines comportó serios inconvenientes, agravados por los numerosos alejamientos de los profesores dedicados a realizar giras de exploraciones científicas, con menoscabo de sus tareas docentes, sin contar la ausencia casi continua de su director, Burmeister, que residía en Buenos Aires en calidad de director del Museo.

Todas estas dificultades llevaron a incorporar la Academia, en 1875, a la Universidad; pero tres años más tarde se le devolvió su autonomía, señalándose como finalidad la investigación científica, quedando el cuerpo docente incluido en la Universidad con el nombre de Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas.

Según el Reglamento de 1878, la Academia debía:

«Servir de consejo consultivo en los asuntos referentes a las ciencias que cultiva el Instituto.

«Explorar y estudiar el país en todas las ramificaciones de la naturaleza.

«Hacer conocer los resultados de sus estudios y exploraciones por medio de publicaciones.»

Estas publicaciones fueron el «Boletín de la Academia de Ciencias Exactas» y las «Actas», que contenían las Obras, memorias, informes, etc., de sus miembros, y cuya aparición comenzó a realizarse, con algunas intermitencias, desde la época misma de Burmeister.

Con este nuevo Reglamento, la actividad de la Academia desplazó el centro de gravedad de los estudios científicos de las ciencias exactas hacia las ciencias naturales, y las numerosas e importantes publicaciones, relacionadas en su mayoría con la fauna, la flora y la gea argentina, ponen de manifiesto la encomiástica labor que desde su fundación viene realizando en el país tan benéfica institución científica.

ALGO MAS….



En la Universidad de Córdoba instaló el primer museo mineralógico de nuestro país, y de regreso a Alemania publicó Beitrdge zur Geologie und Paleontologie der Argentinischen Republik, síntesis de las observaciones efectuadas y de los materiales recogidos durante su permanencia entre nosotros.

Su sucesor, Luis Brackebusch (1849-1908), también realizó importantes estudios geológicos y mineralógicos, siendo autor del primer catálogo descriptivo de los minerales argentinos.

Finalmente, Guillermo Bodenbender (1857-1941) recorrió todo el país, exploró la cordillera y fue el primero, en la Argentina, que se ocupó de la paleofitografía.

Pese a la contribución que la Academia prestó al desarrollo de nuestra cultura científica, no brindó todos los frutos que de ella se esperaban.

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En efecto, la misión de formar profesores para la enseñanza secundaria no pudo cumplirla, debido al reducido número de alumnos y a la preocupación científica, que fue fundamental en la Academia; y los profesores contratados no pudieron adaptarse al cumplimiento de la doble misión, científica y docente, que se les había encomendado.

Contribuyó a esto el hecho de que el director de la Academia —Burmeister— residiera en Buenos Aires y los profesores no se avinieran a aceptar su autoridad.

Burmeister Carlos Germán

Burmeister Carlos Germán

Esta situación llevó a separar la Academia de la Universidad y a fijarle nuevos fines. or decreto de 1878 se la denominó Academia Nacional de Ciencias y se le señaló la misión de servir de órgano consultivo al gobierno; explorar y estudiar el país en todas las ramificaciones de la naturaleza, y hacer conocer sus investigaciones por medio de publicaciones.

Fuente Consultada:
Historia de la Cultura Argentina de Manuel Horacio Loprete – Editorial Plus Ultra
Historia de la Cultura Argentina Parte II de Francisco Arriola Editorial Stella


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