Biografia de José Hernández Autor Martín Fierro Poeta



Biografia de José Hernández
Autor Martín Fierro – Poeta Argentino

portada del Martin Fierro de aquella epoca

«Y de un tajo a la guitarra
tuitas las cuerdas corté…»
(Grabado de una de las primeras ediciones.)

¿Que significa el Martín Fierro?. El autor se identifica con el gaucho, y es el gaucho guien vive y guien habla en la obra. Apología de una casta de hombres gue desaparece, «Hernández siente el gaucho dentro de su propio ser»; siente la nostalgia del bien perdido al cantar esa ruda, guejumbrosa, áspera y valiente epopeya del hombre de la sabana, de la Pampa argentina. Por ello tiene Martín Firro ese acento de cántico anónimo, viejo y colectivo, gue ninguna otra obra moderna erudita y personal ha podido ni podrá igualar.

BIOGRAFÍA: El autor del «Martín Fierro»
José Hernández nació el 10 de noviembre del año 1834, en una chacra de San Martín, cerca del propio Buenos Aires. Su madre llevaba el apellido de Pueyrredón, de ilustres emigrados. Su padre era un hacendado rico y tratante en ganados.

El padre del escritor se llamaba Rafael Hernández y pertenecía a una familia de claras ideas federales, con un abuelo intransigente que estimaba en mucho su autoridad de cabildo a la española. La madre era hija de una familia de unitarios por los cuatro costados. Se llamaba Isabel y era hija de José Cipriano Pueyrredón y Dogán, quien, con sus hermanos, descontando a uno que era canónigo, lucharon en esa chacra de Perdriel en que nuestro autor vino al mundo, como verdaderos criollos y en la «hazañosa reconquista de Buenos Aires».

Casa Nacimiento de José Hernandez

Casa de la Familia Pueyrredón Donde Nació José Hernandez

Nacido José Hernández, se le bautizó ocho meses y medio después, el 27 de julio de 1835. En la pila se le impusieron los nombres de José y Rafael, y parece ser que las aguas bautismales ablandaron la intransigencia y tirantez familiar.

El niño bautizado y en manos de mamá Totó, porque la verdadera madre acompaña al marido hacia el sur de la provincia, donde la difícil administración de las estanciasdel mismo Rosas requiere su presencia. Ese ir y y venir de Isabel y Rafael Hernández se prolongará durante cinco años, durante los cuales nuestro autor crecerá alejado de sus progenitores y fue la misma mamá Totó la que le enseñó las primeras letras, antes de entrar en la escuela.

José Hernandez

Un tanto delicado de salud, el pequeño José Hernández no pudo educarse en la ciudad, ni asistir a universidad alguna, sino que pasó toda su infancia y juventud primera en el campo, haciendo la vida propia del estanciero, compartiendo con los gauchos libres y auténticos costumbres y dolores, y adquiriendo conocimientos vivos que más tarde habrían de servirle para desarrollar sus cualidades naturales y alcanzar elevados puestos. En esta época feliz y fecunda de su existencia, recorrió las tolderías, los fortines, la frontera, y se compenetró con la tierra y su gente de modo absoluto.

Siempre muy unido a su hermano Rafael. Huérfanos de madre desde 1843, los dos hermanos se unieron más aún para luchar así contra la soledad. Nueve años más tarde, de nuevo una pérdida irreparable: un rayo arrebató en 1852 la vida del padre de José Hernández… Solos, los dos hermanos se alistaron mas tarde en el ejército.



Entretanto, nacía el partido federal reformista y éste proyectaba la conciliación con Urquiza. El periódico La Reforma Pacifica, dirigido por don Nicolás Antonio Calvo, llevó a cabo la propaganda del nuevo partido: José Hernández abandonó el ejército para seguir luchando en un punto no menos comprometido, la prensa.

Afiliado al partido federal reformista, Hernández hace sus primeros ensayos en el periódico que defiende sus ideales. tomando parte activa en la agitada y varia política del país, y hubo de emigrar a Entremos en 1858; desde allí combatió a Mitre y a Sarmiente; dirigió un periódico titulado El Argentino; fue taquígrafo del Senado Nacional en Paraná y ministro de Hacienda con el gobernador Evaristo López de Corrientes; emigró al Brasil; dirigió La Patria, de Montevideo, y fundó en Buenos Aires el Río de la Plata.

En Paraná pudo ejercer el periodismo en El Nacional Argentino y se sabe que solía pasearse por el mercado, «donde se pasaba escuchando los chistes y dichos gauchescos de los carniceros, que entonces eran todos criollos». Por primera vez, su voz potente y su modo de hablar, así como su envidiable presencia física —alto y de recia humanidad— le harán merecedor del sobrenombre de «Matraca», hasta que sus amigos le cambiaron por «Martín Fierro»

Intervino también en las constantes luchas civiles de la nación argentina. El 28 de octubre de 1859 tuvo lugar la batalla de Cepeda: José Hernández había aceptado ser ayudante de Urquiza en el regimiento primero de línea, batallón Palma. Con la victoria de Cepeda nuestro hombre regresó a Paraná y volvió a sus ocupaciones como tenedor de libros. Como ya había’recibido otro cargo, el de taquígrafo (aprendió el oficio también como autodidacta) de las sesiones del Senado Nacional, se entregó a él con verdadero interés, porque aquello era una nueva escuela. Y así, desde su puesto de taquígrafo, presenciará el nuevo cambio de rumbo en la política nacional.

Hernández, que seguía en Paraná, se enamoró por este tiempo de Carolina Gómez del Solar, a la que acaso conociera en Buenos Aires. En Paraná, la muchacha y sus padres eran vecinos de nuestro escritor, que vivía entonces en la calle Industria con Manuel Martínez Fontez. Carolina tenía una hermana, Teresa. Así el matrimonio fue doble: José Hernández casó con Carolina y Manuel Martínez Fontez con Teresa. La pareja José Hernández y. Carolina tendría nueve hijos; dos de ellos morirían jóvenes.

Hombre poco hogareño, nuestro escritor fue, sin embargo, siempre amado y admirado por su esposa, que pasaba largas temporadas de espera sola con los niños.

Creó en 1880 la Cruz Roja y fue miembro de la Legislatura de Buenos Aires, colaborando así de modo directo en la importante obra de la organización nacional y en la fundación de la ciudad de La Plata.

Vida tan agitada no restó a José Hernández tiempo ni vagar para el cultivo de las letras, a las que era en extremo aficionado. Escribió numerosas poesías de valor mediocre, una Vida del Chacho, y otro libro de Instrucción al Estanciero, en que muestra, clara y profundamente, esa compenetración con la tierra y los hombres de la estancia a que antes hemos aludido.

La muerte del Chacho muestra una singular belleza y la capacidad del autor para la pintura de escenas dramáticas. José siente en su propia carne el cruel fin del Chacho y los acentos épicos se impregnan de un lirismo espontáneo.

En la capital, con ayuda de distintas personalidades, fundó el periódico El Río de la Plata, que pronto compitió con los principales diarios de la ciudad. Desde él, Hernández invitaba al gobierno a terminar con «la guerra del Paraguay, a eliminar la ley inconstitucional que obligaba a prestar el servicio de fronteras», calificándola de «persecución inicua y exterminio paulatino de los gauchos». Estos comentarios y los que se referían al problema de la inmigración informaron a la opinión pública del estado injusto en que se hallaban las clases sociales marginadas del país.



En abril de 1871 José Hernández estaba en Santa Ana do Libramento, pueblo tranquilo donde, según algunos, empezó a escribir el Martin Fierro. Se dice que lo interrumpió para mantener a su familia con el trabajo. Otros opinan que empezó a escribirlo en un hotel de Buenos Aires.

El 28 de noviembre del mismo año el periódico La República anunciaba la aparición del Martín Fierro. La publicación del poema resultó un éxito sin precedentes, pese al desprecio con que lo acogían las esferas intelectuales.

Como el gobierno sigue considerando a nuestro poeta como peligroso jordanista, se dicta una orden de reclusión contra él. Hernández huye a Montevideo porque han puesto precio a su cabeza, así como a la de López Jordán. Pero a finales de 1874, pudo regresar a su patria y dedicarse a negocios del campo ayudado por su hermano, que ejercía de agrimensor. Protegido por Rafael, compró una librería en la calle Tacuarí, y allí instaló la oficina de sus negocios.

Martín Fierro fue, sin embargo, la única de sus producciones que alcanzó trascendencia literaria. Pero… ¡qué trascendencia! Las imperfectas estrofas corrieron pronto de boca en boca «hasta los más lejanos confines de la patria», tomando esa popularidad única y envidiable que convierte la obra de uno en la obra de todos. En 1872 aparece la segunda parte del poema que vio la luz en 1879.

Y hasta tal punto se consideró a Hernández identificado con su Maríín Fierro, que «Martín Fierro» le llamaban sus innúmeros amigos.

Por cumplir una comisión confidencial, encomendada por Dardo Rocha, contrajo José Hernández una enfermedad que fue agotando su salud.  José Hernández — «Martín Fierro» — murió en Buenos Aires el 21 de octubre de 1894.

Llevábanse vendidos más de setenta mil ejemplares de su obra. Después se agotaron rápidamente edición tras edición, muchísimas de ellas clandestinas.

EL HOMBRE Y EL MEDIO: Rafael Hernández —hermano del poeta, nacido en 1841, después que él— informó, en lo que ha pasado a ser, cronológicamente, la primera biografía del gran escritor argentino, lo siguiente: «Allá en Camarones y en Laguna de los Padres, se hizo gaucho; aprendió a jinetear, tomó parte en varios entreveros y presenció los grandes trabajos que su padre ejecutaba y de los que hoy no se tiene idea. Esta es la base de los profundos conocimientos de la vida gaucha y del amor al paisano que desplegó en todos sus actos».

portada primer martin fierro

Portada Primer Libro del Gaucho Martín Fierro

Ampliación Sobre Su Biografía y Obra:

El país se debatía, más que nunca, en la aguda lucha que separaba a los «unitarios» —que bregaban por un gobierno centralizado en la ciudad portuaria de Buenos Aires— de los «federales», que defendían las autonomías provincianas. José Hernández estuvo entre estos últimos, aunque sin caer en la dura instransigencia demostrada, más de una vez, por algunos partidarios de ambos bandos.



«Criollo de estirpe—dijo Roberto F. Giusti, en su estudio sobre el renombrado escritor—, grande, fornido, de talla atlética, de voz potente, el rostro cerrado por una ancha barba oscura. . . conocía, como sus palmas, la pampa y sus moradores, el gaucho y el indio, cuyas costumbres había observado y estudiado con mirada certera. Tenía una gran experiencia de la vida, mucho corazón, sensibilidad poética y algo más valioso que todo eso: genio, es decir, facultad creadora».

Leopoldo Lugones, que no fue tan magnánimo en sus juicios sobre el poeta, pidió, sin embargo, en su obra «El payador» (1916), que se diese a «Martín Fierro» el título de «libro nacional de los argentinos». Esta apreciación culminó, en cierto modo, la serie de elogios que la obra había despertado desde su aparición. Hasta Bartolomé Mitre, adversario político de Hernández, le manifestó, en 1879, por carta: «Su libro es un verdadero poema, espontáneo, cortado en la masa de la vida real».

No se ha logrado determinar el sitio exacto ni el momento en que comenzó la redacción del poema: unos afirman que fue en la ciudad uruguaya de Paysandú y otros, en Santa Ana do Livramento, Brasil, donde Hernández tuvo que refugiarse, transitoriamente, en 1870, por causa de sus ideas políticas, afines con las del caudillo entrerriano Ricardo López Jordán. Su esposa, Carolina González del Solar —con quien se había casado el 8 de junio de 1864— quedó sola, junto a los cuatro hijos pequeños, durante varios meses.

El éxito obtenido por la obra fue muy grande. La primera edición se agotó en dos meses y hubo que hacer ocho más, durante el término de dos años. Hernández señalaría luego, en una advertencia editorial, que había «sesenta y cuatro mil ejemplares desparramados por todos los ámbitos de la campaña», donde hasta los pulperos solían pedir ejemplares del folleto en cantidades apreciables, que vendían con la mercadería que les enviaban desde Buenos Aires.

Antes de «Martín Fierro», Hernández publieó una vigorosa apología del caudillo Ángel Vicente Peñaloza, «El Chacho», que a los setenta años de edad Ríe asesinado mientras descansaba en casa de un amigo.

En 1873 tuvo que refugiarse de nuevo en el Uruguay, cuando el gobierno argentino puso precio a, la cabeza de López Jordán (cien mil pesos fuertes) y a la de sus colaboradores. Desde adolescente, Hernández peleó por la que él entendía que era la causa del pueblo e intervino en varios combates (Rincón de San Gregorio, Cepeda, Pavón, Cañada de Gómez, Ñaembé).

Más tarde, creyó ver una salida institucional en la política conciliadora de Avellaneda y militó, junto a Aristóbulo del Valle, en el partido Autonomista, que luego abandonaría para formar, con Leandro Alem, el partido Republicano. En 1877 fue electo diputado, igual que en 1879, año en que apareció —ilustrada por Carlos Clérice— «La vuelta de Martín Fierro», o sea la segunda parte del poema.

En él retomó la acción del relato, para hacer que el protagonista —un gaucho bueno al que transformaron en «matrero» las arbitrariedades de la ley—, tras buscar refugio, lejos de la civilización, entre los indios, volviera a su medio y reencontrara a sus hijos, uno de los cuales tuvo por preceptor a un personaje insólito: el «viejo Vizcacha». En esta continuación del relato, asoma la actitud conciliadora de Hernández, que caracterizó los últimos años de su vida.

A principios de 1879, adquirió, en el centro de Buenos Aires, una librería a la que llamó «del Plata» y allí, lo mismo que en la amplia casa quinta del barrio de Belgrano —que denominó «San José», como Urquiza a su palacio—, escribió la segunda parte del poema. En 1880, volvieron a elegirlo diputado. En 1881 ocupó una banca en el Senado y, ese mismo año, editó por su cuenta «Instrucción del estanciero». En 1884 fue designado miembro del Banco Hipotecario y, en 1885, volvió al Senado de la provincia de Buenos Aires. Un año después, el 21 de octubre de 1886, falleció en su casa de Belgrano.

Fuente Consultada:
Ciencia Joven Tomo V Edit. Cuántica Diccionario Enciclopédico Entrada: Hernandez José

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