Guillermo Marconi Biografía Comunicacion Sin Hilos Telegrafia



Guillermo Marconi Biografía
Comunicación Sin Hilos

Desde siempre, los hombres, antes en reducida minoría, hoy en gran número, intentan desvelar los secretos de la Naturaleza dedicándose a la investigación experimental. De tarde en tarde, en el correr de los siglos, surge un descubrimiento importante que viene a recompensar los esfuerzos de los experimentadores y a estimular su celo, abriéndoles horizontes desconocidos que hasta entonces ni siquiera sospechaban; cada descubrimiento notable es origen de la vocación de nuevos investigadores.

Trátese de física o química, medicina o zoología, o de otra cualquiera de las múltiples subdivisiones de éstas y todas las demás ciencias, el investigador, incluso si le ha sido dada la posibilidad excepcional, como a Marconi, de aportar una contribución espectacular al progreso, nunca estima que su obra está acabada. Es consciente de que no lo sabe todo y de que siempre seguirá aprendiendo: el fondo es inagotable.

Por eso, ni el investigador mejor dotado obtendrá resultados apreciables si no se somete totalmente y con alegría a esa gran ley de la vida humana que se resume en una sola palabra: trabajo.

Marconi trabajó. Su vida es constante función de sus trabajos: estudió y realizó sus conclusiones. Sin detenerse ante ningún obstáculo, marchó siempre adelante, y sus ininterrumpidas conquistas asombraron al mundo, que vio surgir ante sí la maravilla de la comunicación a distancia sin hilos: hallazgo que ha transformado en cierto modo el universo, cooperando notablemente al mejoramiento de la condición humana.

Guillermo Marconi (1874-1937) logró, a la edad de veinte años, convertir un experimento científico en un sistema práctico de comunicación radiotelegráfica, abriendo las puertas a inventos como la radiotelefonía y el radar, la radiodifusión y la televisión. Y lo hizo trabajando en un precario laboratorio que había organizado en el ático de la casa de campo familiar 

Marconi provenía de una familia acomodada y toda su educación la recibió de sus tutores y en instituciones de enseñanza privada. Adquirió sus primeras nociones de física y química con el profesor Vincenzo Rosa. Augusto Righi, de la Universidad de Bolonia, le enseñó su laboratorio y le dio a conocer los fundamentos de la propagación de las ondas electromagnéticas.

La telegrafía sin hilos: En 1868, el científico británico James C. Maxwell había anunciado que, teóricamente, las ondas de radio debían existir. Veinte años después, esta predicción fue confirmada experimentalmente por el físico alemán Heinrich Hertz, quien demostró que tales ondas se comportan igual que la luz.

En 1890, el médico y físico francés Edouard Branly inventó y construyó el primer detector de ondas radioeléctricas, el cohesor, un tubo lleno de limaduras metálicas. Todo estaba dispuesto para construir el primer sistema de telegrafía sin hilos. En 1894, el científico británico Oliver Lodge pronunció una conferencia que versó sobre los trabajos llevados a cabo por Hertz y sus sucesores.

En Rusia, el físico A. S. Popov inició una investigación sobre los procedimientos para la detección de las tormentas eléctricas próximas conectando un aparato descrito por Lodge a un registrador meteorológico.

Marconi leyó la conferencia de Lodge, y pensó que las ondas electromagnéticas descubiertas ocho años antes por Hertz podrían usarse para señalizaciones,tuvo por vez primera la idea de utilizar las ondas eléctricas para transmitir a distancia, sin hilos, señales telegráficas.



Su padre, de quien en definitiva salía el dinero para comprar los elementos necesarios para las experiencias, le amenazaba a menudo con suspender las aportaciones económicas y destruir los aparatos que le hacían perder el tiempo. Pero su madre, más débil, más intuitiva quizá, le ayudó siempre, con su ternura y con sus medios.

Los descubrimientos de Volta, Maxwell, Hertz, Popoff e incluso las teorías de Augusto Righi llevan a Guillermo a intentar utilizar las ondas eléctricas, en las que ellos profundizan cada vez más, para la transmisión de señales a distancia. Hertz había demostrado que podían dirigirse; Branly había creado el primer receptor; Popoff lo dotó de un hilo vertical que aumentaba su sensibilidad.

Guillermo Marconi Biografía Comunicación Sin HilosMarconi verificó, utilizó y completó estas teorías en el granero de la villa Grifone, en Pontecchio, cerca de Bolonia, propiedad de su padre.

Un día envió a su ayudante, un campesino, a colocar el receptor al pie de una colina que distaba algunas centenas de metros del granero, donde él permaneció. El pañuelo del campesino indicaba poco después, en el aire claro de la mañana, que la letra S del alfabeto Morse (tres puntos) había sido recibida.

El receptor fue colocado entonces en la vertiente opuesta de la colina, sustituyéndose el pañuelo por un tiro de fusil. Caminando solo de vuelta al granero, Marconi, perplejo y ansioso, se preguntaba si la nueva experiencia daría resultado.

¿Recorrerían las ondas una distancia mayor y, sobre todo, traspasarían el obstáculo de la colina? Emocionado, llegó al granero, y dirigiéndose a su emisor, marcó en él la S: tres golpes breves.

Al instante, una alegre detonación estalló en el aire: ¡las ondas habían saltado la colina! El único testigo, un campesino ignorante.

El 2 de junio de 1896 patenta su invento, con la patente número 12.039, ofreciendo después dicha patente a su país, en una simple carta dirigida al gobierno. Los expertos oficiales juzgaron falta de interés la oferta, y la declinaron, sin haber intentado siquiera comprobarla.

Diciembre de 1901: Marconi une Europa y América a través de la radio

En febrero de 1896, sin el apoyo financiero necesario en su país para continuar con sus experimentos, Marconi viajó a Londres, y entró en contacto con sir William Pearce, ingeniero jefe del Ministerio de Correos, quien había trabajado en el campo de la telegrafía, y que fue quien le proporcionó la ayuda económica que necesitaba.

Ese mismo año, Marconi registró allí una patente provisional de su sistema radiotelegráfico. Se trataba de la primera descripción impresa de cómo las ondas de radio pueden utilizarse para la comunicación.



Marconi siguió adelante con sus experimentos. Sin embargo, no tardaron en surgir algunos problemas, entre ellos que la telegrafía sin hilos no era secreta: cualquiera que tuviese un receptor podía recoger las señales Morse, al contrario de lo que ocurría con la telegrafía convencional. En la búsqueda de una solución para este problema, Marconi descubrió la existencia de las ondas cortas.

En la primavera de 1897, llevó su equipo al canal de Bristol. Instaló la estación receptora y el transmisor a unos cien kilómetros de distancia. Las primeras pruebas no dieron resultado pero, finalmente, la incorporación de una antena permitió la recepción de las señales. De Italia llegó una invitación para que llevara a cabo uno de sus experimentos. Marconi aceptó porque quería probar la eficacia de su sistema sobre navíos en marcha.

Así, consiguió captar mensajes a una distancia de 11,5 millas de la costa.

De regreso a Inglaterra, fundó la Wireless Telegraph and Signal Co. Ltd que, poco después, en 1900, pasaría a llamarse Marconi’s Wireless Telegraph Co. Ltd. Esta empresa, cuya finalidad era la, instalación del sistema radiotelegráfico en buques y faros de la costa británica, mantuvo desde 1903, un servicio de noticias entre Europa y los Estados Unidos.

En 1898, Marconi montó una emisora permanente en la isla de Wight, desde donde se hacían transmisiones radiotelegráficas a Bournemouth, en la costa sur de Inglaterra. En 1899, envió señales desde Dover a una estación cercana a Boulogne (Francia), a una distancia de cincuenta kilómetros a través del canal de la Mancha.

Desoyendo las opiniones de varios científicos, como el matemático francés Henri Poincaré, que pensaban que la curvatura terrestre limitaría el alcance de las transmisiones por radio a unos trescientos kilómetros, Marconi hizo los preparativos necesarios para unir Europa y América a través de la radio.

El 12 de diciembre de 1901, consiguió comunicar el sudoeste del Reino Unido con Terranova (Canadá), a más de tres mil kilómetros de distancia. Al no haber explicación alguna para este extraño comportamiento de las ondas radioeléctricas, se postuló la existencia de una capa en los altos niveles de la atmósfera, la ionosfera, que reflejaría hasta la Tierra las ondas de radio que incidían sobre ella.

La fecha de 12 de diciembre de 1901 puede ser considerada como el hito más importante en el desarrollo posterior de la radio.

Inicio de los trabajos para la radiotelegrafía de larga distancia

El éxito logrado por Marconi provocó una revolución mundial en el campo de las comunicaciones. Las compañías de telegrafía eléctrica, alarmadas por la competencia, trataron de impedir el desarrollo de la radiotelegrafía. La compañía Anglo-American Telegraph reclamó su derecho a la explotación telegráfica por cable y anunció una querella contra Marconi. Sin embargo, se superaron las dificultades, y comenzó a levantarse una estación en Glace Bay (Canadá).

En marzo de 1902, Marconi abandonó los Estados Unidos para regresar al Reino Unido, donde inició los trabajos para la radiotelegrafía de larga distancia. Consiguió imprimir mensajes a una distancia de 1 .500 millas, que con un receptor telefónico amplió a 2.099 millas.

En enero de 1903, regresó a Italia. Un año después, se embarcó en el Campania, a fin de probar la instalación de un nuevo transmisor impulsado por un generador de corriente alterna de 150.000 vatios, con el fin de lograr una comunicación fiable mediante el empleo de ondas largas.

En septiembre de 1907, realizó un nuevo viaje a Canadá con el fin de establecer las comunicaciones entre Glace Bay y Clifden, en Irlanda. El éxito de esta interconexión, capaz de transmitir 10.000 palabras sin interferencias, supuso el reconocimiento definitivo de la comunicación transatlántica. No tardaron en surgir importantes mejoras y contribuciones de otros científicos. La radiotelegrafía se convirtió en una industria organizada, que dio lugar al sistema Telefunken en Alemania, rival de Marconi desde los orígenes de dicha técnica.

En 1909, Marconi recibió el premio Nobel de Física, compartido con el inventor alemán Karl F. Braun. En 1910, emprendió un largo viaje en el Princesa Mafalda con el fin de asegurar a Inglaterra la unión radiotelegráfica con cada una de las posesiones del Imperio. Además quería llevar su sistema a América del Sur, y emprender nuevos experimentos con detectores de válvulas y circuitos de sintonía. Llegó a captar señales desde una distancia de 6.700 millas con longitudes de onda de más de 10.000 metros.

Punta Arenas, en Chile, fue elegida para la instalación de una estación de gran potencia. Dos años después, esta estación se utilizó para establecer una conexión con Liverpool, estableciéndose una nueva marca de transmisión: 7.300 millas.

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Mientras tanto, Marconi trabajaba intensamente en busca de un sistema de seguridad de la navegación en alta mar. Episodios como el hundimiento del Republic (1909) o el Titanic (1912) hicieron que, muy pronto, los equipos de salvamento de todo el mundo así como los mercantes y todo tipo de embarcaciones decidiesen adoptar la radiotelegrafía tanto en estaciones fijas como móviles.

ULTIMOS AÑOS:
Marconi investiga el uso de la onda corta de radio para señalizaciones

Después de la Primera Guerra Mundial, Marconi dedicó sus esfuerzos a experimentar el uso de la onda corta de radio para señalizaciones. En Inglaterra, puso a trabajar a su equipo en nuevas frecuencias de onda corta, hasta reducir todo lo posible su longitud.

El 30 de mayo de 1924, se emitió una onda de 92 metros, sin reflector, desde Nueva York a Australia, y captada perfectamente: la voz humana había recorrido casi la mitad del camino en torno a la Tierra.

En una conferencia pronunciada en Nueva York, Marconi auguró el significado futuro de las ondas cortas en los sistemas de transmisión de imágenes, como la televisión. En EE. UU., Inglaterra y Alemania, se trabajaba con nuevos emisores de ondas ultracortas, cuya utilización prometía importantes logros técnicos.

1933. Enero. Ante Pío XI inaugura el primer enlace por microondas entre el Vaticano y Castelgandolfo. Después da una triunfal vuelta al mundo. El 2 de octubre se declara The Marconi Day, en Estados Unidos, y recibe después honores en el Japón, Manchuria, China, etc., hasta completar su periplo.

En 1934 estudia la aplicación de las microondas a la televisión.

A lo largo de su vida, Marconi cruzó cerca de cien veces el Atlántico, escribió infatigablemente comunicaciones técnicas, fue miembro «honoris causa» de un sinfín de universidades e instituciones, recibió entre otras las medallas Albert, Franklin, John Fritz y John Scott; fue senador en Italia, representante diplomático en la Conferencia de Versalles, presidente de consejos y academias, etc.

Nadie como él ha inventado, ha realizado sus inventos, permaneciendo siempre a la cabeza de su desarrollo, y ha obtenido el público reconocimiento de su categoría extraordinaria.

Poco podemos añadir a lo que de la simple relación de su vida se desprende. Fue Marconi un hombre completo y deportista, no sólo en sus aficiones (caballos, coches, bicicletas, etc.), sino incluso en las más inesperadas ocasiones, en sus viajes, muchas veces peligrosos, en su aventura de Terranova a 30° C bajo cero, en sus luchas sin desánimo con la avidez de los usurpadores de patentes y la sordidez de sociedades rivales, como la Compañía Angloamericana de Cables Telegráficos, que le hizo expulsar de Terranova.

Fue generoso, procurando una y otra vez ayudar al profesor Branly, su precursor, cediendo el uso gratuito de sus patentes y aparatos a Italia, militando en su Ejército durante la guerra, y olvidando que fue repudiado por sus compatriotas cuando más necesitaba de su solidaridad y ayuda.

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Estuvo a punto de morir varias veces, e incluso en 1911 perdió en un accidente su ojo derecho. Creyendo que quedaría ciego, aceptó explícitamente el hecho, «si es la voluntad de Dios».

En medio de sus triunfos sin cuento y de su pública popularidad, conservó su gravedad, su semblante calmo y su mirada azul, contemplativa, que le daba cierto aire de serenidad y lejanía.

Su ayudante de muchos años, Luigi Solari, nos lo describe: «Su cara, ligeramente alargada; su frente, alta; su cabeza, oblonga; los ojos, profundos sin ser muy grandes, y la mirada particularmente penetrante, vivaz en los momentos de alegría, extremadamente fija en los instantes de decisión; sus labios finos, y su boca, cerrada en pensativo silencio, casi rectilínea.»

Marconi se casó en 1905, en Inglaterra, con una irlandesa, la Hon. Miss Beatrice O’Brien, hija del barón Inchiquin, par irlandés, de la que tuvo dos hijos; ésta se separó de él para unirse al marqués de Montecorona.

En 1927, obtenida la anulación de su matrimonio, contrajo segundas nupcias con la condesa italiana María Bezzi-Scali, quien le dio una hija: Elettra.

El 20 de julio de 1937, cuando ésta, a quien quiso con toda su alma, cumplía siete años, Marconi, Guglielmo Marconi, moría serenamente de un ataque al corazón.

Ver: Biografia de Rudolf Hertz

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Guillermo Marconi  “inventor telegrafía sin hilos” – Editorial Planeta
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

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