MANUEL BELGRANO Educacion Colonial Argentina Ideas Educativas



MANUEL BELGRANO
Educación Colonial Argentina

La cultura en el Río de la Plata: El despertar social de Europa, como consecuencia de las teorías proclamadas por los filósofos del siglo XVIII, tuvo eco en nuestro territorio sólo a través de influencias aisladas. Las doctrinas en boga en el viejo continente fueron conocidas aquí en forma fragmentaria, pero las pocas ideas de libertad y autonomía que consiguieron burlar la censura española pronto prendieron en el espíritu libre de prejuicios de los hombres de la nueva generación, preparando el clima social y político para el estallido revolucionario. Poca o ninguna fue la gravitación que tuvieron en este cambio los miembros de la Compañía de Jesús, contrariamente a lo que había ocurrido en otros lugares de América.

En nuestro país si bien desarrollaron una acción ininterrumpida en favor de la educación, desde su establecimiento a fines del siglo XVI hasta su expulsión, no fueron en cambio portadores de las corrientes filosóficas que agitaban a Europa. Por el contrario, ellos permanecieron constreñidos dentro de los viejos moldes escolásticos, de los que tampoco conseguían zafarse las universidades de España y América. A fines del siglo XVIII dos acontecimientos de trascendencia actualizaron la inquietud innovadora: el extrañamiento de los jesuitas y la creación del Virreinato, que ofreció amplio campo de acción a la política liberal de Vértiz.

La desaparición de los jesuitas en la enseñanza redujo el predominio de la filosofía aristotélico-tomística, permitiendo que nuevas escuelas lograsen abrirse paso a través de la España de Carlos m, llegando a penetrar en nuestro medio social y aún, aunque en menor proporción, en las casas de estudio de creación oficial. De esta manera se conocieron, por medio de discursos, publicaciones, libros o por la transmisión verbal de los viajeros, la filosofía cartesiana, las teorías de los fisiócratas, las corrientes iluministas, y otras concepciones foráneas que por uno u otro conducto influyeron en los hombres dirigentes en la época del Virreinato.

 «Lo que salvó a América más tarde ha dicho Ramos fue su gran ideal de cultura. Sus hijos no llegaron a creer que aquellos conocimientos sabiamente adosados, fueran toda la ciencia y toda la filosofía, sino que, a costa de un esfuerzo inmenso, excedieron el horizonte impuesto y miraron más allá. El contrabando de libros fue de entonces en adelante su picaresco preceptor, y el criollo llegó a realizar en su cerebro un lento trabajo de disociación de las ideas. Su fondo intelectual se remozaba así, al contacto del pensamiento que le venía de más allá del mar que lo separaba del mundo civilizado.»

Manuel Belgrano (1770-1820). Nació en Buenos Aires. Luego de saber cursado estudios en su ciudad natal se trasladó a España a fin de completar su formación concurriendo a las clases de la Universidad de Salamanca. Pero, en realidad, lo que más influyó en su espíritu, ávido de novedades, fueron las ideas que se agitaban fuera de sus aulas. Mientras se encontraba en la Madre Patria se produjo la Revolución Francesa.

Las teorías de los iluministas y enciclopedistas debieron serle familiares, contribuyendo poderosamente a darle una nueva visión del mundo y de la importancia de la ilustración como factor primordial en el progreso de la humanidad. Recogió también las doctrinas de los fisiócratas españoles, con su ideal de libertad y de ennoblecimiento del trabajo manual, pudiendo considerárselo como un discípulo de Campomanes y de Quesnay mismo, cuyas máximas tradujo. En sus creaciones escolares es evidente la influencia de Jovellanos.

Campaña educacional: Belgrano realiza su prédica educacional a través de las memorias del Consulado y de los artículos del Correo de Comercio. En la primera Memoria, de 1796, destaca la necesidad de crear escuelas primarias «donde puedan los infelices mandar sus hijos sin tener que pagar cosa alguna por su instrucción. Así se les podrán dictar buenas máximas e inspirarles amor al trabajo, pues en un pueblo donde reine la ociosidad, decae el comercio y toma su lugar la miseria».

Belgrano veía la solución de nuestros problemas económicos en la libertad de comercio y en la educación agrícola de las familias rurales, pues la explotación del suelo habría de constituir la base de la riqueza de nuestro territorio. Destaca la necesidad urgente de establecer escuelas gratuitas de ambos sexos en «todas las ciudades, villas y lugares sujetos a nuestra jurisdicción». Pero, de acuerdo con el criterio de la época, no admite que a ellas puedan concurrir negros y mulatos, y se muestra también contrario a la coeducación de sexos.

En cambio, incluye en el plan de estudios para las escuelas de niñas la enseñanza de las primeras letras. Desde las páginas del Correo de Comercio, periódico que publicó su primer número el 3 de marzo de 1810 y el último el 5 de abril de,1811, realiza «una conspiración sorda y anodina», al decir de Mitre, insistiendo en la necesidad de educar ,al pueblo. Para lograr este propósito, traza un programa de acción «muy sencillo y poco costoso» consistente en interesar a los Cabildos, los jueces y los curas’ de todas las parroquias para que insten a los padres a mandar a sus hijos a las escuelas.

«Pónganse escuelas de primeras letras -agrega- costeadas de los propios y arbitrios de las Ciudades y Villas, en todas las parroquias de sus respectivas jurisdicciones, y muy particularmente en la Campaña .. , obliguen los Jueces a los Padres a que manden sus hijos a la escuela, por todos los medios que la prudencia es capaz de dictar, y si hubiese algunos que desconociendo tan sagrada obligación se resistieren a su cumplimiento, como verdaderos Padres que son de la Patria, tomen a su cargo los hijos de ella, pónganlos al cuidado de personas que los atiendan y executen 10 que debían practicar aquellos Padres desnaturalizados».



En este plan se ocupa también del sueldo de los preceptores, libros de texto, condiciones que deben reunir los maestros, etcétera. Más adelante, en los números 9 y 10, y con motivo de un proyecto para establecer un hospital, Belgrano afirma que la mejor manera de ayudar a los pobres es preocupándose de la educación de sus hijos. Ya que todas las parroquias realizan obras de caridad, podrían aplicar parte del producto de las limosnas para establecer «escuelas para las niñas pobres, donde aprendiesen a leer, escribir, coser, etc. Y asimismos otras para enseñarles alguna especie de industria». Se trata, como se ve, de un antecedente de la Sociedad de Beneficencia que más adelante establecería Rivadavia.

Belgrano no fue sólo un teorizador. Trató de llevar a la práctica numerosos proyectos sobre la creación de escuelas de enseñanzas especiales. Propició el establecimiento de una escuela de comercio donde se ‘enseñaría aritmética, y otra de agricultura donde se aprendiese a cultivar las tierras de acuerdo con las características de cada región, renovando asimismo los antiguos métodos de labranza. Estas iniciativas no llegaron a cristalizar. Mejor suerte tuvieron, en cambio, la Academia de Náutica y la Escuela de Dibujo, creadas en 1799.

EDUCACIÓN A LAS MUJERES: Hemos dicho que uno de los objetos de la política es formar las buenas costumbres en el Estado; y en efecto, son esencialísimas para la felicidad moral y física de una nación.

(…) Pero ¿cómo formar las buenas costumbres y generalizarlas con uniformidad? ¡Qué pronto hallaríamos la contestación si la enseñanza de ambos sexos estuviera en el pie debido! Mas, por desgracia, el seco que principalmente debe estar dedicado a sembrar las primeras semillas lo tenemos condenado al imperio de las bagatelas y de la ignorancia.

(…) Todos estamos convencidos de estas verdades. Ellas nos son sumamente dolorosas a pesar de lo mucho que suple a esta terrible falta el talento privilegiado que distingue a nuestro bello sexo y que tanto más es acreedora a la admiración cuando rnás privado se halla de medios de ilustrarse.

La naturaleza nos anuncia una mujer; muy pronto va a ser madre y a presentarnos conciudadanos en quienes debe inspirar las primeras ideas, ¿y qué ha de enseñarles, si a ella nada le han enseñado? ¿Cómo ha de desenrollar las virtudes morales y sociales, las cuales son las costumbres que están situadas en el fondo de los corazones de sus hijos?

¿Quién le ha dicho que esas virtudes son la justicia, la verdad, la buena fe, la decencia, la beneficencia, el espíritu, y que estas calidades son tan necesarias al hombre como la razón de que proceden?

Ruboricémonos, pero digámoslo: nadie; y es tiempo ya de que se arbitren los medios de desviar un tan grave daño si se quiere que las buenas costumbres sean generales y uniformes.

Nuestros lectores tal vez se fastidiarán con que les hablemos tanto de escuelas; pero que se convenzan de que existen en un país nuevo que necesita echar los fundamentos de su prosperidad perpetua, y que aquéllos, para ser sólidos y permanentes, es preciso que se compongan de las virtudes morales y sociales que sólo pueden imprimirse bien presentando a la juventud buenos ejemplos, iluminados con la antorcha sagrada de nuestra religión.

(…) Ciudadanos, por nacimiento o elección, de toda la España Americana, fijad vuestra vista y considerad la terrible falta en que estamos de buenas costumbres; muy pronto os arrebatará vuestro espíritu generoso a remediarlas. Discurrid, proponed arbitrios a nuestro gobierno que, como sean asequibles, los adoptará inmediatamente, pues que estas ideas son suyas y no se separan un instante solo de su atención, como del interés universal.



Manuel Belgrano
JOSÉ CARLOS CHIARAMONTE,
CIUDADES, PROVINCIAS, ESTADOS
ORÍGENES DE LA NACIÓN ARGENTINA
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Fuente Consultada: Historia de la educación de Manganiello Bregazzi.

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