Unificacion del estado argentino Gobierno de Domingo Sarmiento Legado



Unificación del Estado Argentino
Gobierno de Domingo Sarmiento

Entre 1868 y 1874, Domingo Faustino Sarmiento ocupó la presidencia de la  Nación. Su gestión gubernamental continuó con el proceso iniciado por Mitre de consolidación y fortalecimiento estatal, y unificación política.

PRESIDENCIA DE SARMIENTO (1868-1874)

El 12 de octubre de 1868 Sarmiento asumió la presidencia. Uno de sus objetivos fue imponer la autoridad del gobierno nacional, deteriorada por las luchas internas. Sin apoyos partidarios propios. contó con el ejército nacional para llevar a cabo la obra civilizadora que consideraba indispensable para el país.

En el interior, los Taboada eran el sostén mitrista que realizó a Entre Ríos en 1869. Esta actitud del gobernador entrerriano no agradó a muchos de sus partidarios; la oposición fue encabezada por Ricardo López Jordán. El 11 de abril de 1870 Urquiza fue asesinado en su palacio de San José. La Legislatura entrerriana lo reemplazó por López Jordán, que se levantó contra el poder central, pero fue vencido por las tropas nacionales. Nuevos intentos revolucionarios del mismo caudillo fracasarán en anos posteriores.

En 1870, al finalizar la guerra con el Paraguay, el ministro de Relaciones Exteriores, Mariano Varela, sostuvo como tesis que la victoria no daba derechos a los aliados para establecer limites con el país vencido. La política del Brasil era otra: pretendía obtener ventajas económicas y territoriales. El enfrentamiento se produjo por la posesión del Chaco, que Paraguay reclamaba como suyo; Brasil lo apoyó y firmó la paz por separado. Las relaciones se volvieron muy tensas.

En 1872 Mitre fue enviado a Río de Janeiro como ministro plenipotenciario y logró que Brasil reconociera las obligaciones emergentes del tratado de la Triple Alianza, firmado en mayo de 1865. Argentina, a su vez, reconoció el tratado de paz entre Brasil y Paraguay. El conflicto se solucionó definitivamente, tras vanos años de negociaciones, con el arbitraje de Estados Unidos de América (1878), que otorgó a Paraguay el territorio situado al norte del río Pilcomayo.

El gobierno de Sarmiento debió enfrentar la ya desprestigiada guerra del Paraguay y continuó con la política mitrista de generar alianzas con las provincias, a pesar de lo cual tuvo que sofocar varios movimientos opositores. La principal oposición a la que se debió enfrentar Sarmiento se produjo en Entre Ríos, seguía siendo dominada por el jefe del Partido Federal, justo José de Urquiza. Pero, para 1868, esta jefatura era fuertemente criticada por los federales más radicales, en parte por la tibia reacción de Urquiza frente a la guerra, en parte por el acuerdo que pacté con Sarmiento.

El 11 de abril de 1870, una partida federal atacó el Palacio San José, residencia de Urquiza, y asesiné a su dueño. Las sospechas apuntaron rápidamente al gobernador Entre Ríos, Ricardo López Jordán. Sarmiento intervino la provincia y mandó tropas que derrotaron a López Jordán en enero de 1871. Con esta derrota se ponía fin a los levantamientos provinciales del Litoral.

LA CUESTIÓN ELECTORAL. Al aproximarse las elecciones para presidente aparecían como candidatos: Mitre, por el partido nacionalista, y Alsina, por el partido autonomista. Fuerzas del interior se organizaron para evitar nuevamente el triunfo de Buenos Aires: en la Exposición Industrial Argentina, realizada en Córdoba en 1871, los gobernadores asistentes convinieron en sostener y apoyar con todos los medios a su alcance la candidatura de Avellaneda. Se formó así una verdadera liga de gobernadores que controlaban las elecciones en sus respectivas provincias e imponían al candidato oficial Alsina, viéndose sin posibilidades, se volcó a favor de Avellaneda y obtuvo que la vicepresidencia correspondiera a un hombre de su partido: Mariano Acosta. Se constituyó entonces el Partido Autonomista Nacional, triunfante en las decisiones realizadas en abril de 1874. El partido Nacionalista impugnó las elecciones por fraudulentas

Al llegar al poder, Sarmiento dejó en claro sus objetivos de propiciar la radicación de escuelas y el reparto de tierras para fomentar la colonización y el poblamiento de la pampa. Si bien no pudo avanzar demasiado en este último propósito, se dedicó con especial fervor al primero de sus objetivos. Mediante la Ley de Subvenciones de 1871 procuró garantizar los fondos para la creación de nuevas escuelas y para la compra de materiales y libros. En 1872 ya funcionaban en todo el país 1.644 escuelas primarias. También incentivó la formaciòn docente a través de la Escuela Normal de Paraná.



REVOLUCIÓN DE 1874. En Buenos Aires y Cuyo estalló la revolución. Desde Colonia. Mitre se dirigió al sur de la provincia de Buenos Aires, donde se reunió con las fuerzas de Ignacio Rivas. Quería unirse con Arredondo. que actuaba en Córdoba y San Luis, pero no pudo lograrlo porque fue vencido en La Verde (27 de noviembre de 1874) por el coronel Inocencio Arias. La rebelión quedó definitivamente sofocada al ser vencido Arredondo por Julio A. Roca en los campos de Santa Rosa (7 de diciembre de 1874).

EL LEGADO DE SARMIENTO:  “Nuestros mayores esfuerzos deben ser destinados a educar las generaciones venideras”. Así se expresa en su libro sobre la educación pública. Como Presidente de la Nación (1868-1874) realiza numerosas obras públicas en su área: funda las primeras escuelas normales, el Colegio Militar y la Escuela Naval, la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas y muchísimas escuelas primarias. Además, es autor del proyecto de una ley sobre bibliotecas públicas y crea las primeras escuelas para sordomudos.

Muchos años después será criticado por sus ideas anticlericales y por la lucha en favor de la educación laica; como bien afirma Luis Alberto Romero , el siglo XX se ocupa, primero, de combatirlo, y luego, de olvidar sus aportes. Los populistas “lo acusaron de elitista y cosmopolita. Más tarde vendría el contingente de los antropólogos, filósofos y sociólogos antiliberales, relativistas y escépticos, que tomaron como blanco sus convicciones civilizatorias y declararon preferir la barbarie”. El legado de Sarmiento, como sostiene el mencionado historiador, fue indiscutible y persistió hasta mediados del siglo XX: un Estado sólido, una sociedad democrática y con oportunidades de progreso; un sistema educativo gratuito y de alto nivel, que permitió la formación integral de niños de todas las clases sociales.

Transcurrieron ya doscientos años. La distancia temporal nos permite recuperar las mejores cualidades de nuestras figuras históricas y contemplarlas bajo una mirada más lúcida y alejada de las pasiones políticas. La educación, según la intuición de Sarmiento que hoy mantiene intacta su vigencia, es un arma poderosa para erradicar la miseria material y espiritual y formar futuras generaciones capaces de construir ese gran país que este gran educador soñó. Para todos.

Educar para crecer:
“El poder, la riqueza y la fuerza de una nación dependen de la capacidad industrial, moral e intelectual de los individuos que la componen; y la educación pública no debe tener otro fin que aumentar esas fuerzas de producción, de acción y de dirección. La dignidad del Estado, la gloria de una nación se basa en la dignidad de sus súbditos; y esta dignidad se obtiene elevando el carácter moral, desarrollando la inteligencia y predisponiéndolo a la acción ordenada y legítima de todas sus facultades.”
De la educación popular

OBRA DE GOBIERNO. El período de Sarmiento soportó repetidas calamidades: frecuentes malones, grandes inundaciones, y en otras zonas, prolongadas sequías que originaron la muerte de 2.000.000 de cabezas de ganado. El episodio más luctuoso fue la epidemia de fiebre amarilla que, de enero a mayo de 1871, causó en Buenos Aires la muerte de 13.500 personas, sobre una población de 180.000 habitantes.

OBRA CULTURAL. «Educar al Soberano» fue su lema. No obstante la escasez de recursos, creó gran número de escuelas primarias y acreció y regularizó las subvenciones escolares a las provincias/En 1870 fundó la Escuela Normal de Profesores del Paraná. Varios colegios de enseñanza media, inauguraron sus tareas en diversos lugares. Creó la Academia de Ciencias en la Universidad de Córdoba, escuelas de agronomía, arbori-cultura y minería, la de sordomudos; adquirió en Europa laboratorios y colecciones científicas.  Instaló el museo de Historia Natural dirigido por el sabio alemán Germán Burmeister. Estableció el observatorio astronómico de Córdoba, con oficina meteorológica anexa dirigida por el sabio estadounidense Benjamín Gould. Fomentó la ilustración creando la Sociedad Protectora de Bibliotecas Populares y distribuyó por todo el país colecciones de libros selectos.

OBRA ORGÁNICA. Promulgó el Código Civil y de Comercio. En 1869, por la «Ley de ciudadanía», reglamentó el procedimiento que debían seguir los extranjeros para nacionalizarse. Cabe agregar la Ley de Contabilidad y la organización de la Contaduría Nacional, la publicación del «Boletín Oficial» y del cuerpo de taquígrafos, para constancia escrita de discursos y debates de las Cámaras en el momento de su producción.

OBRA MILITAR. Fundó el Colegio Militar (22 de junio de 1879) bajo la dirección del coronel húngaro Czetz. El 5 de octubre le siguió la Escuela Naval, dirigida por el sargento mayor Clodomiro Urtubey. Hizo construir en astilleros ingleses la primera escuadra de guerra moderna, renovó el tipo de fusiles y cañones y adquirió la primera ametralladora.

OBRA ECONÓMICA. Extendió considerablemente la red de ferrocarriles y telégrafos. En 1872 fundó el Banco Nacional. Fomentó la inmigración; en 1869 levantó el primer censo nacional, obra de Diego G. de la Fuente: arrojó para todo el país una población de 1 736 000 habitantes. Al terminar el período fue Director de Escuelas de la provincia de Buenos Aires (comprendía también la ciudad capital), senador por San Juan y sólo por dos meses ministro del Interior.



Señores senadores y representantes:
Por última vez vengo a tener el honor de presidir el acto de la solemne apertura del Congreso Nacional, que se efectúa en medio de las bendiciones de paz de que goza la República, y por cuya dispensación debemos rendir gracias al Creador y congratularnos y congratular a la gran mayoría del pueblo argentino, que no con pocos sacrificios ha respondido al propósito de las leyes del Congreso, y secundado eficazmente la acción del Poder Ejecutivo a quien por la Constitución está reservada su aplicación. (…)

El progreso de las rentas ha seguido de año en año una proporción igual en su aumento a la que han alcanzado la educación del pueblo, la correspondencia epistolar, la inmigración, el consumo de papel, que es la medida del movimiento intelectual, la viabilidad y la telegrafía. (…)

En ferrocarriles, líneas telegráficas y caminos carriles, nuestro país marcha a la vanguardia de esta parte de América.

De doce millones de fuertes a que subían las rentas en 1868, el año pasado llegaron a veinte millones ciento sesenta mil pesos.

La inmigración que alcanzó a la suma de treinta y nueve mil individuos entonces, fue de ochenta mil el año pasado y ofrece llegar a cien mil en el presente.

El correo condujo en 1868 cuatro millones de impresos o manuscritos, mientras que en 1873 ha transportado siete millones setecientos ochenta mil cuatrocientos treinta por la distancia de ochenta y un mil leguas recorridas. La estafeta ambulante ha puesto en movimiento un millón de cartas.

En 1870 se enviaron seis mil cuatrocientos cuarenta telegramas por líneas que recorrían 129 millas; en 1873, ciento setenta mil setenta y nueve por 2.618 millas que funcionan hoy. En 1868 había en los colegios nacionales educándose 1.006 niños, y en 1873 han subido a 4.000. No se recogían datos sobre la educación primaria antes de 1868.

En 1852 a la caída de Rosas, había veinte escuelas costeadas por el Estado de Buenos Aires, y ni ese número en el resto de las provincias; hoy hay 1.117 escuelas públicas, considerable parte de ellas en edificios adecuados y a veces suntuosos. En un Departamento rural de Buenos Aires, bajo la impulsión inteligente del juez de paz Frers, se construyen siete edificios de escuelas.

En 1868 había una Biblioteca Popular en San Juan. Hoy hay 140 distribuidas en todos los pueblos, aun los más oscuros y apartados, alimentadas por treinta y dos mil volúmenes que cuestan 80.000 pesos fuertes.
En 1868 la comunicación con la Europa se hacía por cuatro vapores mensuales. Ahora se hace por diez y nueve, de modo que tenemos un vapor día por medio.

(Discurso de Sarmiento al inaugurar las sesiones del Congreso, en mayo de 1874.)



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