Las Sondas Voyager Sonda Espacial Voyager Posicion en el Sistema Solar



Las Sondas Voyager Sonda Espacial Voyager
Posición en el Sistema Solar

El 9 de julio de 1979, una nave espacial llamada Voyager 2 llegó al sistema de Júpiter.  Había estado navegando casi dos años a través del espacio interplanetario.  La nave está hecha de millones de piezas separadas montadas de modo redundante, para que si falla algún componente otros se hagan cargo de sus responsabilidades.  La nave espacial pesa 0,9 toneladas y llenaría una sala de estar grande.

La sonda espacial Voyager 2 fue lanzada el 20 de agosto de 1977 desde Cabo Cañaveral, en un cohete Titán-Centauro. Es idéntica a su sonda hermana, la Voyager 1. Ambas sondas habían sido concebidas inicialmente como parte del programa Mariner con los nombres de Mariner 11 y Mariner 12, respectivamente.  A diferencia de su predecesora, la Voyager 2 adoptó una trayectoria diferente en su encuentro con Saturno, sacrificando la cercanía a Titán, pero adoptando un mayor impulso gravitacional en su viaje hacia Urano y Neptuno. La sonda alcanzó su mayor cercanía con estos planetas en los años 1986 y 1989, respectivamente.(wikipedia)

Su misión le lleva tan lejos del Sol que no puede obtener su energía de él, como otras naves.  El Voyager cuenta por ello con una pequeña planta de energía nuclear, que extrae cientos de watios de la desintegración radiactiva de una pastilla de plutonio.  Sus tres computadores integrados y la mayoría de sus funciones de mantenimiento  por ejemplo, el sistema de control de temperatura  están localizados en el centro.  Recibe órdenes de la Tierra y radia sus descubrimientos hacia la Tierra a través de una gran antena de 3,7 m de diámetro.

La mayoría de sus instrumentos científicos están en una plataforma de exploración, que va apuntando hacia Júpiter o a alguna de sus lunas cuando la nave espacial pasa disparada por su lado.  Hay muchos instrumentos científicos  espectrómetros ultravioleta e infrarrojo, aparatos para medir las partículas cargadas, los campos magnéticos y las emisiones de radio de Júpiter , pero los más productivos han sido las dos cámaras de televisión, preparadas para tomar decenas de miles de imágenes de las islas planetarias del sistema solar exterior.

Júpiter está rodeado por una cáscara de partículas cargadas de alta energía, invisibles pero muy peligrosas.  La nave espacial debe pasar a través del límite exterior de este cinturón de radiaciones para examinar de cerca a Júpiter y sus lunas, y para continuar su misión hacia Saturno y más allá.  Pero las partículas cargadas pueden estropear los delicados instrumentos y quemar la electrónica.  Júpiter está también rodeado, como descubrió hace cuatro meses el Voyager 1, por un anillo de escombros sólidos, que el Voyager 2 tuvo que atravesar.

Una colisión con una pequeña piedra podía haber enviado a la nave espacial dando tumbos violentamente y fuera de control, incapaz de enfocar su antena y de entrar en contacto con la Tierra, y con sus datos perdidos para siempre.  Poco antes del Encuentro, los controladores de la misión estaban intranquilos.  Hubo algunas alarmas y emergencias, pero la inteligencia combinada de los hombres de la Tierra y de los robots del espacio evitó el desastre.

Fue lanzado el 20 de agosto de 1977, recorrió luego una trayectoria arqueada que le llevó más allá de la órbita de Marte y le hizo atravesar el cinturón de asteroides para acercarse al sistema de Júpiter y abrirse paso entre el planeta y sus más o menos catorce lunas.  El paso del Voyager cerca de Júpiter lo aceleró y lo envió hacia Saturno.  La gravedad de Saturno lo empujará luego hacia Urano.  Después de Urano continuará alejándose más allá de Neptuno, abandonará el sistema solar y se convertirá en una nave espacial interestelar, condenada para siempre a errar por el gran océano interestelar.

La nave espacial Voyager 2 no volverá nunca a la Tierra.  Pero sus hallazgos científicos, sus descubrimientos épicos, sus relatos de viajero, volvieron.  Tomemos por ejemplo el 9 de julio de 1979.  A las 8.04 hora estándar del Pacífico en la mañana de aquel día llegaron a la Tierra las primeras imágenes de un nuevo mundo, llamado con el nombre de un mundo viejo: Europa.

¿Cómo llega hasta nosotros una imagen procedente del sistema solar exterior?  La luz del sol brilla sobre Europa en su órbita alrededor de Júpiter y es reflejada de nuevo al espacio, donde una parte choca contra los fósforos de las cámaras de televisión del Voyager, generando una imagen.  La imagen es leída por las computadoras del Voyager, radiada a través de la inmensa distancia de 500 millones de kilómetros a un radiotelescopio, a una estación basada en la Tierra.  Hay una en España, una en el desierto Mojave de California meridional y una en Australia (en aquella mañana de julio de 1979 fue la estación australiana la que estaba apuntando hacia Júpiter y Europa).  La estación pasa luego la información a través de un satélite de comunicaciones en órbita terrestre a California meridional, desde donde es retransmitida mediante un conjunto de torres de enlace por microondas a una computadora del Laboratorio de Propulsión a Chorro, donde se procesa.

La imagen es básicamente idéntica a una fotografía de prensa transmitida por teléfono, y está constituida casi por un millón de puntos distintos, cada uno con un tono distinto de gris, puntos tan finos y apretados que vistos desde una cierta distancia los puntos constitutivos resultan invisibles.  Sólo vemos su efecto acumulativo.  La información de la nave espacial especifica el grado de brillo o de oscuridad de cada punto.  Después de ser procesados, los puntos se almacenan en un disco magnético, parecido a un disco fonográfico.  En estos discos hay almacenadas unas dieciocho mil fotografías tomadas en el sistema de Júpiter por el Voyager 1 y un número equivalente tomadas por el Voyager 2. Después el producto final de este conjunto notable de enlaces de radio es una hoja delgada y brillante de papel, que muestra en este caso las maravillas de Europa, grabadas, procesadas y examinadas por primera vez en la historia humana el 9 de julio de 1979.

Lo que vimos en estas fotografías era absolutamente asombroso. El Voyager 1 obtuvo excelentes imágenes de los otros tres satélites galileanos de Júpiter, pero no de Europa.  Le cupo al Voyager 2 la tarea de adquirir las primeras imágenes en primer plano de Europa, imágenes en las que vemos cosas que sólo tienen unos kilómetros de diámetro.  A primera vista el lugar se parece extraordinariamente a la red de canales que Percival Lowell imaginó que adornaba a Marte, y que ahora gracias a las exploraciones con vehículos espaciales, sabemos que no existe.

Vemos en Europa una red intrincada e increíble de líneas rectas y curvas que se cortan. ¿Son cordilleras, es decir terreno elevado, son cuencas, es decir terreno deprimido? ¿Cómo están hechas? ¿Forman parte de un sistema tectónico global, producido quizás por la fracturación de un planeta en expansión o en contracción? ¿Están relacionadas con la tectónica de placas de la Tierra? ¿Qué cosas permiten deducir sobre los demás satélites del sistema joviano?  En el momento del descubrimiento, la tan loada tecnología había producido algo asombroso.  Pero la tarea de comprenderlo corresponde a otro instrumento, el cerebro humano. Europa resulta ser tan lisa como una bola de billar a pesar de la red de alineaciones.  La ausencia de cráteres de impacto puede deberse al calentamiento y flujo del hielo superficial después del impacto.  Las líneas son surcos o grietas y su origen todavía se está debatiendo pasado tanto tiempo después de la misión.

Fuente Consultada: COSMOS Carl Sagan

LAS VOYAGER EN LA ACTUALIDAD:: Las Voyager 1 y 2 están atravesando la heliofunda, la última capa de espacio donde aún llega el viento de partículas que escupe el Sol y que forman un huevo protector conocido como la heliosfera, que envuelve a todos los planetas.

Según Stone, la heliofunda se extiende unos 4.000 millones de kilómetros, una distancia que espera que las Voyager hayan recorrido en 2016, aproximadamente. Más allá se extiende el espacio interestelar, al que nunca antes ha llegado un instrumento humano.

«Es posible que estén fuera en cinco años, pero es sólo una estimación, porque se ignoran las características de la región de espacio interestelar más cercano», explica a Público Norman Ness, profesor emérito de la Universidad de Delaware (EEUU) y miembro del equipo de las Voyager desde hace 40 años.

Entre otras muchas cosas, el programa ha demostrado que los límites de la heliosfera son irregulares y cambiantes. Debido a esas irregularidades y a que la zona nunca se ha explorado, cada miembro del equipo tiene una opinión sobre cuándo dejarán las sondas el sistema solar de forma definitiva. «Probablemente lo hagan antes de cinco años», opina Stamatios Krimigis (Fuente:www.publico.es)

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