La Secesion de Buenos Aires Causas Rechazo al Acuerdo de San Nicolás



La Secesión de Buenos Aires – Confederación
El Rechazo Porteño al Acuerdo de San Nicolás

LA REVOLUCIÓN PORTEÑA DEL 11 DE SEPTIEMBRE DE 1852

Justo José de Urquiza era gobernador de Entre Ríos, una provincia productora de ganado como Buenos Aires que se veía seriamente perjudicada por la política de Rosas, que no permitía la libre navegación de los ríos y frenaba el comercio y el desarrollo provinciales. Los acontecimientos se precipitaron: Urquiza, al frente del Ejército Grande, terminó en la batalla de Caseros con los sueños rosistas.

El camino de la organización definitiva quedaría abierto con el Acuerdo de San Nicolás y la posterior Constitución de 1853. Urquiza convocó a un Congreso Constituyente en Santa Fe que en mayo de 1853 sancionó la Constitución Nacional.

La, mayoría porteña desconfiaba del caudillo entrerriano; muchos creían que iba a ser un mero reemplazante de Rosas. Algunos de sus actos robustecieron la versión.

Ordenó un número considerable de fusilamientos de jefes prisioneros, de malhechores que, aprovechando la ausencia de las tropas en el momento de la batalla, saquearon casas en los suburbios de la capital, de soldados desertores y de cierto número de componentes del regimiento del coronel Pedro Aquino que en Santa Fe habían intentado separarse (después de asesinarlo), para pasar al bando rosista.

Los cadáveres quedaron varios días colgados en exhibición en Palermo,y esto fue considerado como advertencia para los opositores.

También produjo descontento la solemne entrada de Urquiza en Buenos Aires, como si hubiese triunfado de un enemigo extranjero; la obligación de seguir usando el distintivo rojo federal; el no haber asistido a la función teatral en su honor, brindada por las autoridades porteñas y el cuerpo diplomático.

Causó asimismo desagrado que hubieran participado del solemne desfile los orientales y brasileños con sus banderas desplegadas.

La idea de asesinar a Urquiza surgió en la mente de los más exaltados, y es indudable que prepararon un atentado; pero les falló la oportunidad.

JORNADAS DE JUNIO: Las autoridades del régimen caído y la mayoría de los reemplazantes adoptaron una voluntad hostil.

El hecho de que en el Congreso Constituyente Buenos Aires sólo tuviese dos diputados, como la provincia menos importante, fue considerado una humillación intencional.



El descontento explotó al reunirse la Legislatura bonaerense para aprobar el Acuerdo de San Nicolás. El debate se desarrolló en las llamadas «Jornadas de Junio», que luego de polémicos y fogozos debates acabó con la revolución del 11 de septiembre.

Pero el 11 de septiembre de 1852, tras abandonar Urquiza la provincia de Buenos Aires, estalló una revolución en la ciudad de Buenos Aires contra el excesivo poder que tenía el gobernador entrerriano.

El gobernador que Urquiza había impuesto en la provincia fue derrocado y se enviaron tropas al interior para sublevar a quienes se oponían a Entre Ríos.

Esas expediciones militares fueron un fracaso y el ejército de Urquiza amenazó con volver a invadir la provincia. Buenos Aires fue sitiada y su puerto bloqueado.

Mientras tanto, Buenos Aires desconoció la autoridad del Congreso de Santa Fe, del cual retiró a sus diputados, y volvió a asumir la representación de sus relaciones exteriores, que antes detentaba Urquiza.

Es decir, la provincia se definió como un Estado separado del resto del país.

Pero el poder económico de Buenos Aires logró atraer a algunos militares que antes acompañaban a Urquiza, entre ellos al comandante de la flota que sitiaba el puerto.

Finalmente, después de seis meses de sitio y amenaza, Urquiza retiró a sus fuerzas sin intentar invadir la provincia rebelde. Habiendo sido aceptada de hecho la separación de Buenos Aires, esta provincia declararía su propia Constitución.

Se formaron así dos Estados independientes. Por un lado, el de Buenos Aires. Por otro lado, la Confederación Argentina, formada por el resto de las provincias.



Presidencia de Urquiza: A fines de agosto de 1853, Urquiza convocó al pueblo de todo el país con el propósito de elegir el primer presidente constitucional.

Los comicios para designar electores se efectuaron a comienzos de noviembre y luego los votos fueron enviados al Congreso de. Santa Fe, que practicó el escrutinio definitivo el 20 de febrero de 1854.

Por amplia mayoría fue elegido presidente de la Nación el general Urquiza, y para el cargo de vicepresidente la asamblea designó al doctor Salvador María del Carril.

Los electos prestaron juramento el 5 de marzo ante el Congreso Constituyente, que de inmediato clausuró sus sesiones.

Urquiza y sus ministros se trasladaron a la ciudad entrerriana de Paraná, donde quedó establecida la capital provisoria de la Confederación Argentina.

Urquiza nombró los siguientes ministros: Benjamín Gorostiaga (Interior); Facundo Zuviria (Relaciones Exteriores); Juan María Gutiérrez (Justicia e Instrucción Pública); Mariano Fragueiro (Hacienda) y Rudecindo Alvarado (Guerra y Marina). Zuviria renunció y fue reemplazado por Santiago Derqui.

Luego de asumir el mando, Urquiza convocó a elecciones para forrnar el Congreso, de acuerdo con lo dispuesto por la Constitución. Elegidos los miembros, ambas Cámaras iniciaron sus sesiones en la capital provisoria, el 22 de octubre de 1854.

Al frente del país, Urquiza debió vencer numerosas dificultades, debido a la precaria situación económica y al problema político que significaba la separación de Buenos Aires, actitud precursora de una nueva guerra fratricida.

EL ESTADO DE BUENOS AIRES

La provincia se organiza en Estado disidente
Mientras la Confederación Argentina había jurado la Constitución Nacional, la provincia de Buenos Aires se organizaba en un Estado disidente.

La Legislatura se atribuyó funciones constituyentes y designó una comisión de siete miembros para redactar un proyecto de Constitución. Esta fue sancionada en abril de 1854 y en su conjunto trataba de satisfacer el localismo político.



Reunidas ambas cámaras de Buenos Aires en asamblea, designaron primer gobernador constitucional al Dr. Pastor Obligado, a quien secundaron Mitre, Alsina, Vélez Sársfield y otros.

La provincia inició un período de franco progreso.

A diferencia del resto del país, las finanzas continuaron mejorando y fueron reorganizados el Banco de la Provincia y la Casa de Moneda.

Se fundaron varios pueblos, entre ellos Chivilcoy y Bragado, que hasta esa época eran simples fortines contra los indios.

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Fueron creados varios establecimientos educacionales en la. ciudad de Buenos Aires, y Sarmiento —de regreso de Chile— ocupó el cargo de Director del Departamento de Escuelas.

Un paso importante en el futuro desarrollo del transporte se produjo en agosto de 1857, cuando se inauguró oficialmente la primera linea ferroviaria en un tramo de diez kilómetros, desde la estación del Parque (hoy Plaza Lavalle) hasta Floresta. Los vagones fueron arrastrados por la locomotora «La Porteña».

Se instaló en Retiro la «Compañía Primitiva de Gas», que suministró el fluido necesario para alumbrar calles y casas ubicadas en el radio céntrico, manteniéndose en el esto los débiles candiles con aceite.

Los Pactos de Convivencia: La separación de Buenos Aires de la Confederación no representaba la opinión unánime de la provincia, y un importante grupo de civiles y militares —partidarios del federalismo— dispuso derribar al gobierno, pero el intento fracasó en noviembre de 1854. Estos opositores fueron perseguidos y muchos debieron emigrar.

En Buenos Aires surgió un partido opositor, de tendencia federal, que bregaba por la unión de la provincia con el resto del país.

El órgano representativo de este partido fue el periódico «La Reforma Pacífica«, dirigido por Nicolás Calvo. De acuerdo con su título propiciaba una política conciliatoria, sobre la base de revisar la Constitución sancionada.

Los defensores de la política porteña, de carácter separatista y enemiga de Urquiza, contaban con el periódico «La Tribuna» dirigido por Carlos Gómez y en cuyas columnas también colaboraban Mitre, Sarmiento, Héctor Várela, el poeta Mármol y otros.

La «Reforma Pacífica» atacó a los oficialistas calificándolos de «pandilla» porque recorrían las calles en forma tumultuosa; de allí derivó el mote de pandilleros, con que fueron reconocidos los partidarios del gobierno de Buenos Aires. Por su parte, los últimos denominaron a los unionistas federales de chupandinos porque efectuaban frecuentes reuniones partidarias donde no escaseaba el vino.

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CRÓNICA DE LA ÉPOCA:
Federales, Nacionalistas y Autonomistas
La Interna Liberal Porteña, Nota de Ricardo De Titto, Historiador
Fuente: El Bicentenario Fasc. N° 3 Período 1850-1869

En Buenos Aires se distinguen dos corrientes del liberalismo: una nueva generación que actúa a través de clubes, y los segregacionistas, que se impusieron.

En Buenos Aires, la cultura predominante es el liberalismo. La Confederación, liderada por Ur-quiza, logra cierta homogeneidad pero vive acosada por una crisis crónica determinada por carecer de fuentes tributarias importantes, la escasez de divisas y un funcionamiento económico basado en billetes sin respaldo, que las provincias rechazan.

La división se concretó con el alzamiento militar del 11 de septiembre de 1852, en rechazo al Acuerdo de San Nicolás.La élite porteña, sostenida por el comercio, las rentas aduaneras y la producción pecuaria (el lanar y los cueros), tiene un común denominador: el liberalismo y la denuncia de Urquiza como continuador del rosismo. No obstante, se debate entre dos proyectos políticos. La nueva generación liderada por Bartolomé Mitre y Adolfo Alsina -los referentes más destacados- se lanza a la formación de «clubes» políticos en su respaldo. Los bonaerenses, entretanto, en dos combates sucesivos derrotan los últimos intentos confederados y afirman su poder segregado.

En junio del 53 asumió la gobernación Pastor Obligado. Los debates durante la elaboración de la Carta Magna provincial -que, redactada por Dalmacio Vélez Sarsfield y Carlos Tejedor, se juró el 23 de mayo de 1854- delinea-
ron las posturas. Mitre lleva la voz cantante de una posición «nacionalista» que, si bien reafirma la secesión del Estado bonaerense, define esa circunstancia como transitoria y critica la visión alsinista por «ese patriotismo que viene a aumentar las dificultades de la situación en vez de disminuirlas; que viene a echar una astilla más en el incendio que puede devorarnos a todos […] Yo quisiera alejar las causas de la desunión e impedir que esta desgraciada familia se divida».

Mitre reconoce un «pacto anterior y superior a toda ley», la declaración de la Independencia de 1816, y concluye en la sesión del 4 de marzo que hay «una Nación preexistente, y esa Nación es nuestra patria, la patria de los argentinos». Los alsinistas, en cambio, fortalecen su posición autonómica y logran la adhesión de muchos de los antiguos rosistas, añorando, tal vez, aquellos años de la «feliz experiencia» rivadaviana, cuando se vivió de espaldas a los problemas de los «trece ranchos», como se llamaba despectivamente a las provincias del interior.

En el congreso constituyente del Estado de Buenos Aires triunfa la tendencia aislacionista impulsada por Alsina, Tejedor y los ex rosistas Anchorena y Torres. Rechazando la posición de Mitre, se proclama a Buenos Aires como un Estado con el libre ejercicio de su soberanía interior y exterior.

Fuente: El Bicentenario Fasc. N° 3 Período 1850-1869

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