Quienes Fueron los Caudillos Provinciales Biografia Batallas Vida



BIOGRAFIAS DE LOS CAUDILLOS PROVINCIALES

El caudillaje, o liderazgo, es un hecho común y repetido en la historia política de los pueblos. Con frecuencia los pueblos, más que en las instituciones, ven sus sentimientos, sus ideas, sus ideales encarnados en un jefe que sobresale por sus cualidades personales. A él le prestan espontáneamente adhesión, obediencia y apoyo.

A él confían la realización de sus ideales y la defensa de sus intereses.

Este fenómeno es más frecuente cuando los países están desorganizados, o en organización, y todavía no se han creado las instituciones capaces de encauzar orgánicamente su vida.

En la época de la organización también en nuestro país floreció el caudillismo. Rosas en Buenos Aires, Artigas en la Banda Oriental, López en Santa Fe; Quiroga y Peñaloza en La Rioja; Bustos en Córdoba, Ibarra en Santiago del Estero, Araóz en Tucumán, Güemes en Salta, son exponentes del caudillismo entre nosotros.

Eran hombres de excepcionales condiciones personales, a quienes el pueblo reconocía como jefes y seguía con lealtad. En ellos confiaba y a ellos daba su apoyo.

Nuestros caudillos eran también jefes militares. La mayor parte de ellos carecían de disciplina académica y sus ejércitos improvisados formaron las «montoneras».

El sentimiento tradicional, y la defensa de las libertades locales tuvieron en ellos fuerte sostén. Por ellos pudo lograrse el sistema federal.

Al negarse a aceptar instituciones que no respondían al ser nacional los caudillos contribuyeron a nuestra organización.

No eran ni bárbaros, ni ignorantes, ni retrógrados como se los ha presentado con frecuencia. Pero no tenían el refinamiento de las clases cultas, aunque provenían generalmente de familias patricias.

Son muy dispares los juicios emitidos sobre nuestros caudillos. La importancia de la función que les cupo en nuestra formación nacional cada día es más reconocida.



LOS CAUDILLOS DE ARGENTINA

En la mayoría de los estudios sobre el fenómeno del caudillismo en Hispanoamérica durante el siglo XIX predomina la idea de un jefe local conduciendo a las masas rurales, en una lucha contra el gobierno y las élites urbanas. A esta idea se asocia otra, según la cual los caudillos impedían el establecimiento de poderes legales e instituciones republicanas, tal como lo expuso Domingo Faustino Sarmiento en el Facundo.

Otra de las características fundamentales que los historiadores han señalado como distintiva del caudillismo, era la utilización sistemática de la fuerza para dirimir las disputas públicas o de interés personal. El caudillo aparecía, entonces, como un jefe de guerra, de tropas que no eran profesionales sino que estaban compuestas por grupos armados, organizados sobre la base de un sistema informal de obediencia que se sostenía por relaciones de tipo patrón-peón o protector-protegido.

Los caudillos eran líderes que se habían destacado en los campos de batalla durante las guerras de independencia, y que sumaron a su prestigio en las regiones en las cuales habitaban, enormes extensiones de tierras y una creciente autoridad política.

La historiografía argentina se ocupó, particularmente, de los caudillos de la primera mitad del siglo XIX, porque el tema se relaciona estrechamente con el surgimiento del federalismo. Las interpretaciones del fenómeno del caudillismo fueron diferentes para los historiadores liberales y para los revisionistas*. No obstante, ambas líneas tenían una preocupación común, fruto de una lectura histórica, que ponía el acento en los proyectos de organización nacional.

Según algunos historiadores, los caudillos eran los representantes de las fuerzas «anárquicas» e «inorgánicas» de las provincias; según otros, los caudillos sostenían proyectos de organización constitucional de carácter federal.

Los estados autónomos provinciales es el punto de partida para una organización político-estatal, sobre la única unidad socio-política existente en el período: la ciudad-provincia. El conjunto de normas fiscales, legislativas y políticas que las provincias se otorgaron, luego de que fracasara el intento de constituir un estado rioplatense, testimonian los esfuerzos de las élites provinciales por consolidar –más allá de la voluntad de los caudillos– estados autónomos.

En la mayoría de los casos, los caudillos identificaban sus intereses materiales con los de su localidad o región, e intentaban influir en la forma de organizar a las Provincias Unidas del Río de la Plata. Tales fueron los casos de Juan Bustos en Córdoba, Estanislao López en Santa Fe, Facundo Quiroga en La Rioja, o Juan Manuel de Rosas en Buenos Aires.

En este sentido, todo el proceso, que se inició en 1810, estuvo marcado por la coexistencia de las tendencias contrapuestas de consolidación de soberanías independientes y de formación de una nación.

Los montoneros y «anarquistas» de 1820



El comerciante inglés John Parish Robertson residió en el Río de La Plata entre 1806 y 1830. Escribió interesantes notas, recuerdos de su estada, en sus famosas Cartas de Sudamérica. De ellas extraemos estos párrafos: «Las fuerzas armadas del interior, indisciplinadas, heterogéneas y semisalvajes, en guerra con la capital y que se levantaban de tanto en tanto, eran conocidas bajo el nombre de montoneras o sea gentuza armada. Se trataba de bandas sin orden en su manera de hacer la guerra, que producían en los porteños mucho terror. Sin embargo, cuando estas tropas montoneras terminaron con buen éxito su campaña y entraron en la capital a principios de 1820, se comportaron con gran moderación. Yo residía por entonces en una linda casa de campo situada en un paraje solitario y conocida bajo el nombre de Paddock, perteneciente al inglés mister Staples. Muy a menudo atravesaba el camino a altas horas de la noche y nunca fui molestado».

En Buenos Aires los montoneros eran llamados también anarquistas por la supuesta anarquía que representaba desobedecer al gobierno central. La Gaceta de Buenos Aires del 15 de diciembre de 1819 expresa con el título de ¿Quiénes son los anarquistas?, su opinión: «¿Por qué pelean los anarquistas? ¿Quiénes son ellos? Se les atribuye la pretensión de establecer la federación y ¿hay alguno entre sus jefes que sepa ni siquiera pronunciar correctamente aquella voz?

Hasta ahora nohemos oído explicar razonablemente a los pretendidos federalistas cuáles son los alcances de su sistema… Los federalistas quieren no solo que Buenos Aires no sea capital, sino que divida con ellos el armamento, los derechos de aduana y demás rentas generales. En una palabra, que se establezca una igualdad física entre Buenos Aires y las demás provincias, corrigiendo a la naturaleza que nos ha dado un puerto y unos campos, un clima y otras circunstancias que la han hecho físicamente superior a otros pueblos… El perezoso quiere tener iguales riquezas que el hombre industrioso, el que no sabe leer optar a los mismos empleos que los que se han formado estudiando…».

Por supuesto, un par de meses después, con la derrota del régimen directoral, ya no todos opinarían así.

Fuente: Historia Argentina de Santillana – Luchilo-Romano-Paz.

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