Vida de las Mujeres en los Países Subdesarrollados o Pobres



VIDA DE LAS MUJERES EN PAÍSES POBRES

VIDA DE LAS MUJERES EN PAÍSES POBRES

Nuestra época, en verdad, ha presentado sus contradicciones. Otra es el marcado contraste entre la agudizada conciencia de la importancia del aporte de las mujeres a las economías nacionales y a la sociedad humana en general, y el deterioro en la posición económica de millones de mujeres en los países pobres.

La década del 80 vio significativos problemas económicos y sociales ni la mayoría de los países en desarrollo, que detuvieron y a veces revirtieron el progreso de décadas previas. Como hemos visto, la recesión económica precipitó graves problemas de balanza de pago y de deuda externa, y los países en desarrollo soportaron lo peor del proceso de ajuste internacional. Los programas de “estabilización” y de “ajuste estructural”, que se vieron obligados a seguir como precio de la ayuda del FMI, estaban diseñados para restaurar los actuales balances de cuenta dentro de períodos relativamente cortos. Se prestó poca atención al impacto social del ajuste económico.

Fueron muchas las penurias, de las cuales las mujeres soportaron una porción desproporcionada cuando las familias sufrieron pérdidas en ingresos y enfrentaron costos más elevados y servicios públicos reducidos.

Son las mujeres las que debieron hallar trabajo extra para suplementar el ingreso familiar y reordenar los presupuestos de la familia cambiando por alimentos más baratos, economizando combustible y vendiendo atesoradas posesiones. Son las mujeres las que se vieron afectadas de manera más inmediata por los cortes en lo relativo a salud y educación resultantes de las reducciones en los gastos del gobierno y por las tasas crecientes de enfermedad y mortalidad para los niños. Las mujeres han estado en la línea del frente a  la crisis en el mundo en desarrollo, soportando la mayor responsabilidad  de ajustar su vida para asegurar la supervivencia.

En un informe para la Commonwealth se citó la siguiente descripción del día interminable de una mujer en Mozambique, del libro de Stephanie Urdang And Still They Danced:

La imagen mas vivida de las mujeres en Mozambique es la de una mujer en su machamba, o lote de la familia, con las piernas rectas, el cuerpo formando una V mientras hora tras hora está encorvada azadonando, sembrando, desmalezando, día tras día con su bebé sobre la espalda y con el único descanso posible cuando el bebé llora de hambre y la madre busca un lugar al borde del campo para alimentarlo.

Puede estar ya en su campo a las 5.30 de la mañana, trabajando hasta el mediodía cuando el sol, alto en él cielo y abrasador, es demasiado insoportable para trabajar. Los hombres ayudan con tareas estacionales: limpiar la tierra, por ejemplo. Arar el campo, en particular si el arado es tirado por bueyes, por tradición es tarea estrictamente masculina. La imagen de las mujeres productoras se repite millones de veces en todo el vasto territorio del África subsahariana, donde son responsables de alrededor del 80 por ciento de la producción de la familia.

Pero cuando ella vuelve de los campos al hogar, su trabajo sólo está parcialmente hecho. Se debe procesar la comida: horas de golpear con la gran mano en un mortero, ambos hechos con troncos de árboles, remover las cáscaras del arroz, machacar maíz para hacer la harina del potaje común, moler finamente maní. El sonido del mortero llena el aire a toda hora del día, un golpeteo rítmico que se transmite por la tierra abierta africana. Otro tanto sucede con el olor del carbón de leña del fuego con el que cocina cada familia.

El encendido del fuego se produce sólo después de horas de buscar combustible, a menudo desplazándose por largas distancias ya que se han agotado las provisiones más próximas al hogar. También es necesario ir a buscar agua para cocinar, para lavar los platos y para las abluciones. En algunas áreas secas de Mozambique donde las fuentes de agua son pocas y alejadas entre sí, no es raro un viaje de dos horas en cada dirección y el de retorno se hace con un recipiente de veinte litros de agua sobre la cabeza, tan pesado que hacen falta dos personas para subirlo hasta la cabeza.

El lavado de ropa suele hacerse a la orilla de un río o de otra fuente de agua, nuevamente un viaje de mayor o menor distancia. Se debe barrer y limpiar la casa y el área donde se vive. Se debe cocinar la comida. Hay que juntar hojas de plantas salvajes para usarlas como suplementos en la cocción. Y todo el día, como telón de fondo de todo el otro trabajo, está la incesante responsabilidad del cuidado de los niños.

Todas esasbtareas se realizan con poco o ningún acceso a la tecnología, que podría acortar el tiempo empleado y reducir la fatiga física. Y todo el tiempo, a menos que la mujer sea estéril o haya superado la edad de la reproducción, prácticamente está siempre embarazada o amamantando (pp. 59-60).

Habiendo examinado atentamente toda la evidencia del impacto de la crisis sobre las mujeres, el grupo de expertos del Commonwealth expresó su convicción de que:

…las medidas de estabilización de corto plazo con mucha frecuencia han estado en conflicto con los objetivos de desarrollo de largo plazo, causando penurias lo bastante serias como para invalidar el proceso. Es sólo mediante el reconocimiento de la necesidad económica de proteger la base social, en particular en lo que aféela a las mujeres, y mediante la incorporación de esas preocupaciones en la política, que el ajuste puede lograr sus fines deseados.



En otras palabras, las políticas de ajuste que no incorporan plenamente las preocupaciones de las mujeres no sólo son injustas y causan una penuria innecesaria, sino que también ponen en peligro la efectividad de las políticas mismas. Debemos acentuar que nuestras propuestas no serán puestas en práctica de manera adecuada si se las ve y se las incorpora sólo como agregados marginales a los presentes esfuerzos de ajuste. El problema del ajuste existente no es su omisión de unos pocos proyectos para las mujeres sino su incapacidad para tener en cuenta adecuadamente el tiempo, los roles, la contribución potencial y las necesidades de la mitad de la población de cada país. (“Engendering Adjustment for the 1990s”, p. 4)

El destino de las mujeres (y los niños) está íntimamente ligado con el medio ambiente. Sea la cuestión el agotamiento de la leña, la polución urbana o el crecimiento de la población, la integración de medio ambiente y desarrollo logrará terminar sustancialmente con la pobreza en general y mejorar la suerte de las mujeres en particular.

Fuente Consultada: Nuestro Hogar, el Planeta Shridath Ramphal





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