Historia del Teatro Colón Vida Cotidiana de la Oligarquía Argentina



Historia del Teatro Colón en Bs.As.
La Vida Cotidiana de la Oligarquía Argentina

El primer Teatro Colón estaba ubicado frente a la Plaza de la Victoria (actual Plaza de Mayo), en la esquina sudeste de lo que hoy es Reconquista y Rivadavia.
En 1888 la Municipalidad de Buenos Aires llamó a concurso para la construcción de un nuevo Teatro Colón. El espacio finalmente elegido fue el solar que ocupaba la estación del Parque del Ferrocarril del Oeste, ubicada con el frente hacia la calle Libertad y fondos hacia Cerrito, entre Tucumán y Viamonte.

Según algunos cálculos, el mismo lugar donde giraba la locomotora para retomar las vías hacia el oeste coincide casi exactamente con el actual disco giratorio del centro del escenario.

La construcción del nuevo Teatro Colón se realizó en tres grandes fases, que concuerdan con los distintos arquitectos encargados de su edificación: Francisco Tamburini, Vittorio Meano yjules Dormal. La inauguración fue el 25 de mayo de 1908, con la representación de Aída, de Giuseppe Verdi.

HISTORIA: El 25 de mayo de 1857, apenas acallado el bullicio de las ceremonias conmemorativas de la fiesta patria, una multitud expectante comenzó a llenar las dos mil quinientas butacas del flamante teatro Colón, situado en aquel entonces frente a la Plaza de la Victoria (hoy Plaza de Mayo). El resplandor de los cuatrocientos cincuenta picos de gas de la gran araña central provocó comentarios admirativos entre los asistentes, que luego de entonar a coro el Himno Nacional escucharon La Traviata, interpretada por el célebre Tamerlick.

Buenos Aires contó desde entonces con un templo lírico visitado asiduamente por cantantes de fama internacional, y la aristocracia porteña con un excelente pretexto para encontrarse y mostrarse. Frecuentado por el tout Buenos Aires, en el nuevo teatro solían reunirse las personalidades de la época, que hacían de sus palcos y galerías una verdadera central política.

El teatro Colón constituyó, desde su creación hasta el advenimiento del peronismo, el lugar preferido de reunión de la oligarquía porteña. Ya lo era el primitivo Colón, inaugurado el 25 de mayo de 1857 en Plaza de Mayo, donde subsistió hasta 1887, en que fue transformado en Banco del Estado. Del primitivo teatro Colón nos dejó una viva descripción Lucio V. López en La gran Aldea: «Se daba Semíramis aquella noche, y el Colón estaba de gala; los palcos, ocupados por las más lindas y conocidas mujeres de la gran sociedad, presentaban un aspecto deslumbrador».

«Una noche clásica de ópera, el Colón reúne todo lo más selecto que tiene Buenos Aires en hombres y mujeres. Basta echar una visual al semicírculo de la sala: presidente, ministros, capitalistas, abogados y leones, todos están allí; aquello es la feria de las vanidades, en la cual no faltan sus incongruencias de aldea: el vigilante de quepis encasquetado en medio de la sala; la empresa, en ménage, instalada en uno de los mejores palcos del teatro, el humo de los cigarros obscureciendo la sala entera».

Sobre la cazuela nos dirá López: «En la cazuela no queda títere con cabeza: albergue de solteronas y de doncellas a las que el lujo y la riqueza no sonríen ni popularizan, se convierte en el Criterion: allí se pasan por cedazo todas las reputaciones, ya sean de hombres o de mujeres. Allí se publican los deslices de la más linda mujer casada, que brilla en un palco, aunque sea más virtuosa que Lucrecia. Allí se cuentan sus amores, se apunta al amante con el dedo, se ridiculiza al marido, se narra la última aventura con verdadera e íntima fruición; las lenguas, como otras tantas navajas de barba, no se contentan con afeitar: degüellan, ultiman descarnando la honra como se descarna un cadáver en la sala de autopsias. Allí se cuentan, con nombre y apellido, las queridas de los hombres de moda; se saca la cuenta de sus hijos naturales; se explica por qué se deshizo el casamiento con fulana, cuánto perdió en el club sultano, por qué fue a Europa, por qué se vino, a qué mujer enamora actualmente, cómo le hace caso, dónde se ven y hasta en qué casa tienen lugar las citas.»

HISTORIA DE LA CONSTRUCCIÓN: En 1887 el mundillo que giraba en torno del Colón tuvo que buscar otro lugar de reunión porque el edificio, que ya resultaba chico para los espectadores y para los artistas, trocó su destino lírico por otro más prosaico: fue convertido en banco nacional. Poco después, a pedido de un entusiasta grupo de habitúes, el Congreso Nacional sancionó una ley que convocaba a licitación para construir una nueva sala.

Teatro Colon en Buenos Aires



Este proyecto se concretó en 1908, cuando al cabo de varios años de postergación, marchas y contramarchas, el nuevo edificio alzó su estructura monumental sobre los terrenos que antes había ocupado la estación ferroviaria del Parque. Lo diseñaron los arquitectos Francisco Tamburini, Víctor Meano y Julio Dormal, que combinaron las líneas del estilo griego clásico con características renacentistas y algunos toques afrancesados muy en boga por entonces.

La construcción del nuevo teatro Colón llevó veinte años: fue comenzada en 1888 por Tamburini y terminada por el francés Julio Dormal. Es el auge del estilo francés, y el Colón copia evidentemente la Ópera de París. El 25 de mayo de 1908 se inaugura con la representación de Aída. Asisten a la misma el presidente Figueroa Alcorta, sus ministros y el intendente Torcuato de Alvear.

Entre los primeros abonados se cuentan los grandes apellidos de la oligarquía argentina: Anchorena, Roca, Juárez Celman, Unzué, Tornquist, Ugarte, Alvear, Saldías, Obligado, Udaondo, Zeballos, Güiraldes, Mitre, Pueyrredón, Luro, Ortiz Basualdo.

Ya la arquitectura del teatro muestra bien a las claras su sentido clasista. El amplio espacio que separa una fila de butacas de otra, en la platea, se va acortando a medida que se asciende, y termina por volverse estrecho hasta la incomodidad en el paraíso. Por otra parte, no hay acceso del paraíso a los pisos bajos para evitar la mezcla del público.

La sala, con capacidad para 3500 personas, siete pisos, acústica perfecta, un enorme escenario de 35,25 por 34,50 metros y una decoración versallesca en casi todos los ámbitos, fue en su momento la síntesis de la etapa que atravesaba el país, cuyos núcleos dirigentes se inclinaban respetuosos ante la cultura europea.

No tardó así en convertirse en reducto casi exclusivo de los sectores más encumbrados de la sociedad. La inauguración oficial se efectuó el 25 de mayo de 1908, en una velada célebre a la que asistieron las más altas autoridades: el presidente Figueroa Alcorta con varios ministros de su gabinete, el intendente municipal, delegaciones extranjeras y toda la aristocracia local; la ópera elegida para la ocasión fue Aída, de Verdi.

Según Horacio Sanguinetti, autor de un trabajo de divulgación histórica sobre el tema, «desde entonces, tanto o más que los clubes, las iglesias, la Recoleta o los declinantes palacetes particulares, el Colón fue sede social de la alta burguesía argentina».

A ello se debió que el 26 de junio de 1910 un anarquista anónimo manifestara en forma violenta su repudio a todo lo que representaba el Colón como símbolo social: en la mitad del segundo acto de la ópera Manon arrojó una poderosa bomba a la platea, que causó graves heridas a varios espectadores, provocó escenas de pánico y originó una verdadera conmoción en el país. Es el único hecho de esa índole que registra  la historia del  teatro, ya que su nutrido anecdoíario se relaciona casi por entero con ia actividad artística y con los intérpretes célebres que ocuparon su escenario.

Clemenceau, de visita en Buenos Aires, describió la escena: «Los palcos abiertos del patio o piso alto, así como los pisos bajos, presentaban, con las butacas pobladas de señoritas jóvenes en traje de sarao, el espectáculo más brillante que me ha sido dado encontrar en una sala de teatro. En tal lugar se adivina lo que pudo significar de catastrófico una bomba. Todo cuanto se dijera es poco».

Un alto funcionario me ha dicho que jamás vio tales charcos de sangre. Se recogió a los heridos como se pudo, la sala se vació entre gritos de furor y, reparados los desperfectos al día siguiente, ni una sola señora faltó a la representación de aquella noche. Este es un rasgo de carácter que hace honor particularmente al elemento femenino de la Nación Argentina. No tengo completa seguridad de que en París, en caso igual, se hubiera llenado la sala.»



Con el advenimiento del yrigoyenismo al poder, el teatro Colón solo vio levemente modificadas sus funciones de gala en las fechas patrias. Como atención al presidente poco melómano, se confeccionaban programas especiales con fragmentos de óperas y se terminaba con un baile folklórico. Según se dice, la hija de Yrigoyen convidaba en el palco a sus invitados con empanadas caseras.

En la época de Marcelo T. de Alvear, cuya mujer, Regina Paccini, había sido cantante lírica, el Colón está en su apogeo. Es en esa época cuando lo conoce Paul Morand y dice de él: «El teatro Colón, teatro de Wagner y de Verdi, es más aun el teatro de todas las reuniones argentinas, canastilla de prometidas y de aspirantes, feria matrimonial de corazones vacantes, gran «rodeo» anual, cambio de miradas, trueque de juramentos, «lazos» lanzados sobre los buenos partidos a los acordes del aria de Lucía, ardientes promesas de millares de niños por venir, de futuros miembros del Jockey, estancieros poderosos o pequeños jugadores de polo; todo eso se prepara en el fondo de los palcos mientras Schipa da su do de pecho».

En mayo de 1927 los micrófonos radiales trasmitieron por primera vez una representación, hecho que señaló el comienzo de una labor tendiente a acercar la sala al gran público. Siete años después el teatro protagonizó una singular innovación, que nunca se volvió a repetir, al organizar bailes de carnaval.

La estructura física del coliseo, aunque exteriormente conserva su aspecto original, modernizó sus elementos técnicos y extendió por debajo de las calles adyacentes su laberíntico mundo interno; últimamente ha sumado a sus instalaciones una reproducción exacta del escenario y del foso de la orquesta, lo cual permite realizar más ensayos y aumentar las actividades. En todos los casos se trata de reformas y ampliaciones destinadas a seguir manteniendo vivo el prestigio universal del Colón, e intactas las particularidades que han hecho de él desde hace décadas el mayor centro musical argentino y latinoamericano.

En 1933, la oligarquía argentina todavía coquetea con el fascismo: el mismo año de la ascensión de Hitler al poder, el teatro Colón organiza un festival Wagner.

La democratización del teatro Colón en la época del peronismo constituyó un rudo golpe para la oligarquía, que perdía de ese modo uno de sus lugares exclusivos de reunión. Las funciones de gala fueron suprimidas, salvo las de las fechas patrias, en cuyo caso el propio Perón y Eva Perón lucían sus mejores ropas. Las reuniones sindicales y políticas llevadas a cabo en el teatro Colón irritaban a la oligarquía, la que alegaba que los obreros ensuciaban y deterioraban las alfombras y las butacas.

Uno de los habituales actos de provocación casi surrealista que tuvo el peronismo —equivalente al puesto de pescado frente al Jockey Club o el nombramiento de Borges como inspector de ferias francas— fue la representación de El conventillo de la Paloma, en el teatro Colón, con asistencia del propio Perón.

PARA SABER MAS…
POR AQUELLA ÉPOCA TAMBIÉN…

El 25 de Mayo de 1910 se inaugura el nuevo Teatro Colón, sobre Plaza Lavalle. La obra duró varios años y fue modificada varias veces pero llega finalmente a buen término y el edificio constituirá desde entonces una de las joyas de Buenos Aires. El teatro se inaugura con la representación de la ópera Aída de Giuseppe Verdi. Por ahora, el Teatro Colón es sostenido y explotado por la Municipalidad porteña.

Este año también se realiza la apertura del ferrocarril entre Buenos Aires y Entre Ríos, que cruza el río Paraná en ferry a la altura de Ibicuy. La obra ferroviaria tiende a romper el histórico aislamiento de la región mesopotámica.



Como en años anteriores, continúa el auge del deporte en sus diversas manifestaciones. Un seleccionado argentino de fútbol sale por primera vez del país para jugar en Brasil. Los resultados enorgullecen a la afición local: de siete partidos jugados, los nuestros ganan seis y empatan uno.

También en automovilismo se concretan algunas hazañas. Juan y Luis Cassoulet realizan un raid Buenos Aires-Córdoba: tardan 87 horas netas en llegar a la ciudad mediterránea. Además, se corren diversas carreras entre Buenos Aires y Mar del Plata y Buenos Aires y Miramar, venciendo los pésimos caminos y superando las zonas inundables cercanas a Chascomús.

Jorge Newbery, en el globo Pampero, cumple un viaje que termina felizmente en una estancia bonaerense. En cambio, conmueve a la opinión pública la pérdida de su hermano, Eduardo Newbery que, acompañado por un suboficial intenta un viaje en globo y desaparece ante la angustia general.

Fuente Consultada:
Los Oligarcas Juan J. Sabreli . La Historia Popular Tomo 15.  Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo.
El Libro de la Argentinidad Datos Curiosos Editorial Sudamericana

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