El Cartismo Resumen Causas y Consecuencias Movimiento Cartista Ingles





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El Cartismo Resumen Causas y Consecuencias Movimiento Cartista Ingles

ORÍGENES DEL CARTISMO: Hasta 1830 la tendencia preponderante del obrerismo inglés se reducía a mejoras exclusivamente laborales. Hacia esa fecha la miseria de las clases obreras inclinó a los líderes hacia posturas más precisas de reforma política.

Cartismo, disturbios

La clase obrera se dio cuenta de la necesidad de defender sus intereses mediante un proyecto político propio. En 1831, durante la campaña de reforma electoral, Lovett reclamó el sufragio universal, argumentando que la clase obrera producía toda la riqueza del país y sólo gozaba de una parte ínfima.

En mayo de 1838 un nuevo grupo redacta un documento histórico, la “Carta”, en el que se pide sufragio universal, supresión del certificado de propiedad para ser miembro del Parlamento, inmunidad parlamentaria, circunscripciones electorales iguales. Son peticiones políticas; mientras no haya un cambio en la política, se piensa, no se producirá un cambio social.

En Gran Bretaña donde, por primera vez, el movimiento obrero tomó la iniciativa de organizarse alrededor de un proyecto político, el cartismo. En su configuración tuvo un papel importante la experiencia de los obreros de la Great Trade Union.

La patronal británica despedía y perseguía a sus dirigentes y el sindicato tuvo que pasar a ser casi clandestino. En pocos meses la Great Trade Union se hundió y sólo los obreros cualificados, sin problemas para encontrar trabajo, se mantuvieron en torno al sindicato.

Dentro del movimiento cartista se destaca una tendencia moderada, (Lovett y Owen), que pone al acento en las cuestiones económicas, postulando la organización de cooperativas de producción y la supresión de los intermediarios. En general los líderes más prestigiosos, el periodista irlandés O’Connor y el demócrata O’Brien, se inclinaban por los mítines y huelgas de carácter violento. Lovett recelaba de esta tendencia y postulaba el entendimiento entre las clases trabajadoras y medias.

El primer Congreso cartista, celebrado en Londres 1839, optó de forma decidida por las posturas de fuerza huelga general, algaradas, presiones con todos los medios. Ante tales decisiones, y especialmente la amenaza de huelga general, el gobierno inglés colocó los distritos industriales bajo mando militar, detuvo a los líderes y autoriza la  formación de unidades cívicas armadas.

Tras el fracaso del Congreso se produjo el enfrentamiento entre las tender: a violenta y moderada. Nuevos intentos de presión viole en 1842 terminaron en fracaso. Los líderes carlistas concluyeron de la experiencia que la clase obrera aislada no  podía conseguir una gran reforma política, y a partir de entonces el obrerismo inglés se une a ciertos sectores de a clases medias para obtener sus reivindicaciones. El cartismo quedó como el primer ensayo de los obreros para unirse en congresos y coordinarse en una disciplina común.

Petición de los carlistas de Birmingham, 1838
A los honorables miembros de los Comunes de la Gran Bretaña e Irlanda, reunidos en el Parlamento, (les dirigimos) esta petición.

Nosotros decimos […] que el trabajo del obrero no puede ser privado por más tiempo de su justo salario. Que las leyes que provocan el encarecimiento de los alimentos y las que hacen que el dinero escasee han de ser abolidas. Como preludio esencial de estas reformas y de otras, para asegurar al pueblo los medios necesarios para defender y garantizar eficazmente sus intereses, nosotros pedimos […] que, en la elaboración de las leyes, se escuche la voz de todos sin ningún obstáculo.

Nosotros cumplimos con nuestros deberes de hombres libres y queremos tener los derechos. Por eso pedimos el sufragio universal. Este sufragio, para que esté libre de la corrupción de los ricos y de la violencia de los poderosos, ha de ser secreto […]. Las elecciones frecuentes son esenciales; pedimos parlamentos anuales […], pedimos que la aprobación de los electores sea el único criterio exigido y que todo diputado cobre del tesoro público una remuneración justa durante el tiempo que haya sido llamado al servicio de la nación […].

Que complazca, pues, a vuestra honorable Cámara tomar nuestra petición en seria consideración y esforzarse con afán, con todos los medios constitucionales, para hacer promulgar una ley que garantice a todo ciudadano […] el derecho a votar los diputados al Parlamento y que instituya el voto secreto para todas las elecciones parlamentarias […] y anule todos los criterios de propiedad de sus miembros […].

El programa político del carlismo
“Obligados, como todos estamos, a sostener y obedecer las leyes, la naturaleza y la razón nos autorizan a reclamar que en la elaboración de las leyes la voz de todos sea escuchada. Cumplimos con los deberes de los hombres libres; debemos tener los privilegios de los hombres libres.



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Por consiguiente, reclamamos el sufragio universal. El sufragio, para que esté libre de la corrupción de los ricos y de la violencia de los poderosos, debe ser secreto. […] Para la seguridad pública, así como para la confianza pública, las elecciones deben ser frecuentes. Por lo tanto, reclamamos parlamentos anuales.

Con el poder para elegir, y la libertad para hacerlo, el rango de nuestra elección debe ser irrestricto. Estamos obligados, por las leyes existentes, a tomar como nuestros representantes a hombres incapaces de apreciar nuestras dificultades, o que las contemplan con antipatía. […]

El sufragio universal traerá, por sí solo, la verdadera y duradera paz a la nación; firmemente creemos que traerá también la prosperidad. Tenga por lo tanto la Honorable Cámara la deferencia de tomar esta nuestra petición en la mas seria consideración y de hacer los mayores esfuerzos, por todos los medios constitucionales, para sancionar una ley que conceda a todo varón de edad legal, sano juicio y que no haya sido condenado por delito alguno el derecho de votar por miembros del parlamento y disponga que todas las elecciones futuras de miembros del parlamento se realicen mediante votación secreta y ordene que la duración del parlamento así elegido no exceda el término de un año, y derogue todos los requisitos de propiedad de bienes para los miembros y les asegure una remuneración justa mientras estén en ejercicio de sus deberes parlamentarios.”

EL FRACASO Y LEGADO DEL CARTISMO
Durante diez años, de 1838 a 1848, la agitación fue constante, llegando a tomar, a veces, un cariz violento, especialmente por instigación de O’Connor, que se dirigía a todos los oprimidos, comprendidos los irlandeses.

En 1848, había de producirse la «gran noche» de la esperanza trabajadora. Para el 10 de abril de dicho año, estaba anunciada una grandiosa manifestación. Pero, a las manos desnudas de los trabajadores, el ejército y la policía opusieron las suyas armadas. Toda la burguesía, desde el tendero al banquero, se sintió solidaria de su clase, y se enroló voluntariamente para exterminar a los «andrajosos», lo que bastó para que la lucha pareciese desigual.

Derrotado en el terreno de la violencia, O’Connor esperaba, por el contrario, que la gran solicitud, que recogía, según él, cinco millones de firmas, probaría al país legal, es decir, a los diputados, que el país real tenía su propia voluntad.

El Parlamento, efectivamente, examinó la solicitud. En ella no aparecían más que dos millones de firmas. Y hasta podían leerse entre ellas los nombres del duque de Wellíngton y de Robert Peel, junto a otros aún más fantásticos, como, por ejemplo, «Pata de Palo», «Nariz Chata» y también «Pan y Queso». Así, pues, el cartismo acabó por morir a manos del ridículo, aunque, de todas formas, ya había sido derrotado por la unidad de la burquesía.

En aquellos momentos, vivía en Londres un refugiado alemán, llamado Carlos Marx. Este, el mismo año de la derrota del cartismo, tomó en sus manos la antorcha de la lucha obrera, y lanzó su «Manifiesto Comunista», que, publicado entre la indiferencia general, había de alcanzar después gran resonancia.

Sin embargo, el problema obrero ya había sido expuesto a la atención pública. El novelista Carlos Dickens había sabido conmover a sus lectores, narrando los azares de su personaje Oliverio Twist. Hizo comprender que el trabajo de las mujeres y de los niños debía ser protegido por la ley, lo que significó el comienzo de las reformas sociales, que habían de aminorar el férreo yugo impuesto por la economía capitalista.

En 1842, se prohibió el trabajo de las mujeres en las minas, así como el de los niños menores de diez años. En 1847, se limitó a diez horas el tiempo del trabajo femenino, y esta norma fue prontamente extendida al trabajo de los hombres. Finalmente, en 1850, la industria textil dejó de trabajar los sábados. Así empezó la famosa «semana inglesa».

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov




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