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Centrales Generadoras de Energía Eléctrica

GENERACIÓN DE ELECTRICIDAD Y CALOR CON BASURA: Cada día se acumulan en todo el mundo millones de toneladas de basura. Se calcula que la basura producida en Estados Unidos durante un año podría aportar tanta energía como 100 toneladas de hulla. Sin embargo, la mayor parte se entierra y jamás se aprovecha.

Cerca de la mitad de la basura desechada en los hogares de todo el orbe es papel; a los desperdicios de cocina corresponde la cuarta parte, y a los plásticos menos de la décima. Sólo una quinta parte no se quema y casi toda ésta puede reciclarse.

En Europa Occidental hay más de 200 Mantas donde se quema la basura para producir electricidad. Una gran planta londinense, que empezó a funcionar en 1974, quema unas 400 000 toneladas de desechos al año, con los que se calienta agua cuyo vapor hace funcionar generadores eléctricos, En 10 años la planta ha permitido ahorrar un millón Je toneladas de hulla.

En Dusseldorf, Alemania Occidental, seis plantas similares suministran vapor que genera electricidad para los sistemas de calefacción locales. Y en Peekskill, Estados Unidos, se ha construido una planta para procesar 2 250 toneladas de basura al día y generar 60 mega-vatios de electricidad, suficientes para una localidad de 70 000 habitantes.

En las fábricas también puede quemarse basura en vez de hulla o petróleo, pero antes hay que tratarla. Primero se separan las partículas orgánicas pequeñas, para convertirlas en abono. En Suiza, una cuarta parte del desperdicio sólido total se trata así y se rédela.

Después la parte pesada de la basura, que consta sobre todo de metales, debe clasificarse y retirarse, para dejar principalmente los desechos de papel y tela, que se venden como combustible.

Aun la basura callejera puede usarse como combustible. A medida que se descompone produce gas metano, idéntico al gas natural que se extrae del subsuelo. Cada tonelada de desechos permite obtener casi 230 m3 de metano. Este gas suele emerger de la basura a la superficie, y a veces causa explosiones. Sin embargo, es posible explotarlo a muy bajo costo para generar calor o electricidad. En más de 140 plantas de 1 5 países se hace, con un ahorro de 825 000 toneladas de hulla al año.

En otras plantas se aprovecha ese gas como combustible para generar electricidad, en vez de surtir con él la fluctuante demanda de las fábricas.

En el futuro podría mejorarse la producción de gas en los depósitos de basura con la adición de bacterias. Ciertas especies de éstas descomponen los desechos más rápidamente que otras. Al utilizar la mejor mezcla de bacterias para determinados desperdicios podrá obtenerse la cantidad óptima de gas.

Impacto de los desechos nucleares
El creciente empleo de la energía nuclear como fuente de energía eléctrica plantea un problema, ya que el combustible utilizado, el uranio, es radiactivo. Una exposición prolongada a la radiación daña a los organismos y puede resultar riesgosa para el ambiente. Los combustibles empleados en los reactores nucleares, una vez agotados, siguen desprendiendo una cantidad de energía considerable que puede conservar su toxicidad durante miles de años. Por eso, uno de los problemas que enfrenta la industria nuclear es cómo deshacerse de los residuos nucleares.

Aunque algunos países pusieron en práctica métodos de reciclaje, lo habitual es almacenarlos en recipientes especiales y enterrarlos en depósitos subterráneos o en el fondo del mar, en zonas estables y aisladas. Sin embargo, este método no parece ser la solución, ya que no permite recuperar lo depositado ni controlar el estado de los contenedores.

Se están buscando otros métodos para neutralizar los residuos nucleares y evitar que la radiactividad pase al ambiente, aunque ninguno es del todo fiable a largo plazo. Otro de los riesgos de las centrales atómicas son los accidentes nucleares, que liberan enormes cantidades de radiación al medio ambiente, como ocurrió en Chernobil (en el territorio de la ex URSS) en 1986.

Las partículas radiactivas liberadas en la atmósfera por explosiones nucleares o escapes de instalaciones y centrales nucleares se depositan sobre la superficie de la Tierra y pueden seguir siendo un riesgo potencial durante muchos años, ya que se acumulan en las cadenas alimentarias acuáticas o terrestres, y pueden llegar a los alimentos destinados al consumo humano. Para impedir esto, los ingenieros nucleares deben diseñar los sistemas intentando minimizar el riesgo de fugas accidentales.





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