Primera Enciclopedia de Diderot Origen y Autores de la Creacion



La Era de la Enciclopedia Autores y Antecedentes

En el siglo XVIII, Europa sufrió una nueva influencia en el terreno cultural: la de los enciclopedistas. Esta nueva óptica de ver la realidad cultural se vulgarizó, es decir, se dirigió a la masa de la población. Al mismo tiempo manifestó prevención e incluso hostilidad contra toda religión y, sobre todo, contra la religión católica. Estos dos elementos la distinguen de la cultura del siglo XVII.

Ya a fines de este siglo nacieron en Francia sus primeras manifestaciones, pero, sin embargo, sus orígenes ideológicos se deben buscar en Inglaterra, aunque en Francia alcanzó su mayor difusión.

Las razones fueron tres. En primer lugar, Francia, que se había liberado del régimen absolutista y riguroso de Luis XIV, reaccionó violentamente. La libertad de pensamiento se expresó con tanta más fuerza cuanto que había permanecido mucho tiempo sojuzgada. En segundo lugar, contó con numerosos escritores de talento que pusieron su pluma al servicio de las nuevas teorías. Por último, la difusión de la lengua francesa hizo que el país estuviera más capacitado que ningún otro para propagar estas nuevas ideas. En efecto, entonces el francés llegaba mucho más allá de sus fronteras que el inglés.

En 1752 , dos notables pensadores franceses, Diderot y d’Alembert, lanzaban el primer volumen de una obra que señalaría una época: la Enciclopedia. El grupo de intelectuales que trabajó en ella, inclusive Voltaire, sería más tarde conocido como los enciclopedistas. La obra era tremendamente ambiciosa. Intentaba sintetizar en una serie de artículos todo el conocimiento humano, tal como la ciencia de ese .entonces y los pensadores más avanzados de la época lo podían transmitir.

Colaboraban en los diversos temas empiristas y librepensadores. Los cinco primeros volúmenes de la Enciclopedia fueron sistemáticamente confiscados a pedido de la Iglesia y se convirtieron en rarezas bibliográficas desde los primeros días de su aparición. A pesar de ello, fueron muy leídos. Desde Ferney, Voltaire contribuyó asiduamente con una serie de artículos. También escribió individualmente un Diccionario filosófico (1764) completo.

Interesado por todas las ciencias y las artes, Diderot concibió con D’Alembert la idea de publicar la Enciclopedia, el primer gran diccionario hecho hasta ese momento. Los principios de la Ilustración se recogieron en la Enciclopedia, que se considera el exponente más claro de la nueva filosofía. Este gran diccionario, iniciado en 1751 por D’Alembert y Diderot, resume en sus artículos los temas esenciales de la filosofía de las Luces y abraza todos los ámbitos del conocimiento.

La lectura y la discusión de estos artículos actuó como un verdadero revulsivo cultural y social, que hizo entender las nuevas ideas a sectores sociales hasta entonces marginados de la vida intelectual.

Los enciclopedistas creían que un hombre bien informado ya era un hombre nuevo, y que el mal no era nada más que una consecuencia de la ignorancia. Por eso lucharon por la máxima difusión de estas ideas, y los artículos de la Enciclopedia también se difundieron en periódicos y gacetas, y fueron muy discutidos en las tertulias y en los salones.

La vuelta a Bacon

Diderot (imagen) se fijó en Francis Bacon como inspirador de la filosofía que necesitaba su época. Por ello, el mismo año que aparecía el III volumen de la Enciclopedia, Diderot editaba su importante ensayo De la interpretación de lo naturaleza, verdadero Discurso del método del siglo XVIII, dirigido contra Descartes y también, relativamente, contra D`Alembert.

Pues allí se comenzaba diciendo que el mundo de las matemáticas podía ser muy riguroso, muy exacto, muy preciso, pero que dejaba de valer con toda su precisión y exactitud cuando se refería a las cosas que pasan en nuestra tierra. Las matemáticas son como una especie de metafísica general. Nos hablan de un mundo de abstracciones que no tiene nada que ver con el nuestro.

Era una especie de juego que exigía no tener en cuenta lo que verdaderamente era el elemento de nuestro mundo: los individuos reales. Estos solo se podían conocer por la experiencia que tenemos de ellos. Por eso Diderot se aventuraba a presumir que en menos de cien años no quedarían geómetras en Europa. El futuro era de los filósofos experimentales, de los filosofos racionalistas, que pretendían deducirlo  de sus propios axiomas abstractos. Esta era la gran revolución que deseaba impulsar Diderot en ciencia.

Naturalmente, la filosofía experimental era el verdadero campo de progreso inacabado -que reclamaba el afán infinito del conocimiento humano. No solo porque, a! recoger la experiencia directa de individuos, era un campo infinito en sí mismo. También era el más útil, dado que solo lo concreto puede ser útil. Por último, porque a naturaleza aspira siempre a agotarse en la producción de todas las variaciones posibles de un prototipo o un modelo antes de abandonarlo, conocer estas variaciones era la única manera de conocer el modelo. Lo concreto así era anterior siempre a lo abstracto.

En el siglo XVIII, Europa experimentó una nueva corriente de ideas. El hombre se liberó de la religión y se apoyó sobre todo en la razón y en el retorno a la naturaleza. En el plano económico, la atención se centra en la agricultura, mientras que las ciencias positivas también emprenden una nueva dirección. En Inglaterra nace la francmasonería, y la vida social alcanza su apogeo en numerosos salones franceses e inglesesEn el siglo XVIII, Europa experimentó una nueva corriente de ideas. El hombre se liberó de la religión y se apoyó sobre todo en la razón y en el retorno a la naturaleza. En el plano económico, la atención se centra en la agricultura, mientras que las ciencias positivas también emprenden una nueva dirección. En Inglaterra nace la francmasonería, y la vida social alcanza su apogeo en numerosos salones franceses e ingleses

Excelencia de la Filosofía Experimental (Por Didertot Tesis XX)



Hemos distinguido dos tipo de filosofías: la experimental y la racional. La una tiene loojos vendados, avanza siempre a tientas, coge toda lo que le cae en las manos y encuentra al final cosas preciosas. La otra recoge estas materias preciosas e intenta hacer con ellas una antorcha. Pero esta pretendida antorcha te ha servido hasta el presente menos que el tantear de su rival, como no podía ser de otra manera. La experiencia multiplica sus movimientos al infinito; ella está en acciòn sin cesar, busca fenómenos todo el tiempo que la razón emplea en buscar analogías. La filosofía experimental no sabe lo que le ocurrirá ni lo que resultará de su trabajo, pero se ocupa sin descanso. Al contrario, la filosofía racional sopesa las -posibilidades, juzga y sedetiene inmediatamente. Dice con descaro: no puede descomponer la materia. La filosofía experimental la escucha y se calla ante ella durante siglos enteros. Despues de  repente, muestra elprisma dice: la luz se descompone

La Enciclopedia

En 1751 vio la luz la primera edición del primer volumen de la Enciclopedia, el primer gran diccionario. Asì se expresaba con claridad la seguridad de la época de que la humanidad había producido el suficiente saber como para ordenarlo, distribuirlo masivamente y promover su uso por todos los rincones de Europa.

Con esta iniciativa, la vieja república de los hombres de letras, los estrechos círculos de intelectuales, aspiraban a convertirse en guía de la renovación y del progreso social. Se recogía así una cosecha que se venía produciendo desde el Renacimiento.

Los editores de la obra, los filósofos Diderot y D’Alembert, eran muy conscientes de la continuidad histórica que se acumulaba ya a lo largo de dos siglos y que ahora pasaba a ser su patrimonio. Pero no se propusieron únicamente transmitir en libros el saber de otros libros.

Al contrario: en las páginas de esta obra, además de todas las palabras importantes para la cultura, las ciencias, as artes, además de todos los saberes y ciencias, debían publicarse todas las máquinas realizadas por el hombre, todos los inventos, las técnicas, los artefactos.

Solo los siete primeros volúmenes conformaban un diccionario normal, en el que colaboraban los más importantes hombres de letras y ciencias, ofreciendo cada uno el estado actual de una disciplina o de una temática. El resto de volúmenes se dedicaban a grabados y dibujos de todos los útiles para promover actividades económicas y productivas. Finalmente, la Enciclopedia no era un libro resumen de otros libros, sino un legado de experiencias de todo tipo. El título completo era Diccionario razonado de los ciencias, de los artes y de los oficios.

La democratización de la filosofía y de la ciencia

Diderot pensaba que la filosofía experimental, siempre pendiente de la observación y de la experimentación con las cosas concretas, era el verdadero campo para una ciencia democrática. Primero, porque no necesitaba el largo aprendizaje matemático de la filosofía racionalista ni el dominio de sistemas conceptuales complejos, por o que estaba al alcance de todos. Segundo, porque en todo hombre existía esta curiosidad por trabajar lo concreto, por no perder de vista lo que sucede en su campo de acción, sin abandonarse a  especulaciones. De este trato permanente entre el hombre y las cosas concretas podía emerger lo desconocido.

Diderot creía sobre todo en el azar como fuente de conocimiento, no en la previsión racional y ordenada.Mientras que la filosofía tradicionalista se esforzaba por evitar el error, Diderot no lo temía, pues si era un error concreto, siempre llevaría consigo alguna consecuencia valiosa. Y pensaba que el azar surgía más en este encuentro entre dos realidades individuales, el hombre y la cosa, que en el encuentro con la realidad a través de una teoría.

No se trataba de ceder ante formas de ser perezosas y conservadoras, como las que podía encarnar alguna pamela del pueblo llano. En este ensayo de democratizar la filosofía no se trataba de hacer popular la filosofía, sino de fortalecer esa forma de actuar que hace al pueblo próximo a la filosofía.

Era preciso desarrollar el espíritu abierto, curioso, inquieto, (aliente, que es capaz de aceptar el desorden relativo, que no se refugia en la tradición por cobardía para hacer frente a lo nuevo. Si el desorden que había producido la eexperiencia nueva era limitado, se podían alterar las circunstancias, combinar entre sí algunas le ellas, aumentar o disminuir algunos elementos aislados para reducirlo o controlarlo, con que siempre sería un desorden productivo de nuevos conocimientos. En cierto modo, investigador debía imitar la naturaleza: producir cambios y alteraciones experimentales ara conocer la forma de proceder de la naturaleza en sus propios cambios y metamorfosis.

En suma se debía investigar la naturaleza sin negarle su libertad de operación. Lo que en el fondo reclamaba Diderot era un «mundo fluido», donde no se gastaran energías en mantener lo que ya se veía gastado. Este principio, que Diderot aplicaba mundo físico y material, tenía también una clarísima aplicación al mundo político y social. Supo predecir, como nadie, que Francia, y Europa entera, vivía la víspera de una tremenda agitación cuyo resultado era muy incierto.

A fínales del mes de octubre de 1750 se publicó en París, con una tirada de 8.000 ejemplares, un Prospecto de Denis Diderot, en el que brindaba a sus lectores algo bastante nuevo en la época, una suscripción en ayuda de un sindicato de libreros, es decir, de editores, para que pudiesen publicar una «Enciclopedia o Diccionario razonado de las ciencias, artes y oficios, compilación de los mejores autores y, especialmente, de los diccionarios ingleses de Chambers, Harris, Dyche, etcétera». Según Diderot, los libreros pretendían formar un cuadro general de los esfuerzos del espíritu humano en todos los géneros y en todos los siglos; presentar esos objetos con claridad; dar a cada uno de ellos la extensión conveniente. Plan ambicioso que no ocultaba su propósito de superar anteriores intentos análogos: si la Cyclopaedia de Efraín Chambers constaba de dos tomos, Diderot prometía una de ocho volúmenes de texto y dos de láminas, a un precio de 280 libras, cifra importante, pues, como se verá, equivalía a dos meses de sueldo del director.
Pese a lo cual, cuando el 28 de junio de 1751 salió el primer tomo de la imprenta, con una tirada de 2.050 ejemplares, ya se contaba con un millar de suscriptores. Aventura intelectual de primer rango y operación comercial arriesgada, varios años de preparación precedían a esta empresa, que se prolongaría durante veinte años, tras peripecias y altibajos folletinescos. Mas antes de revivir su historia, conviene saber quiénes estaban comprometidos con ella, a qué medio sociocultural pertenecían y sobre qué bases ideológicas y científicas construían su edificio… Para ello, habrá que trazar algunas semblanzas y retroceder en el tiempo.

ALGUNAS ENTRADAS DE LA ENCICLOPEDIA:

Democracia. Es una de las formas simples de gobierno, en la cual el pueblo, como un cuerpo único, posee la soberanía. Toda república en la que la soberanía reside en las manos del pueblo es una democracia. […] Me parece que no está fuera de razón que las democracias se vanaglorien de ser nodrizas de los grandes hombres; […] todos los individuos se aplican en el deseo del bien común, puesto que no pueden originarse cambios que no sean útiles o perjudiciales para todos; además, las democracias elevan los espíritus, porque muestran el camino de los honores y de la gloria, más abierto a todos los ciudadanos, más accesible y menos limitado que el gobierno de unos pocos o de uno solo, donde mil obstáculos impiden darse a conocer. Son estas honrosas prerrogativas de las democracias las que forman a los hombres en las grandes acciones y virtudes heroicas.

Soberanos. Son aquellos a los que la voluntad de los pueblos ha conferido el poder necesario para gobernar la sociedad. […] Tal es el origen de los soberanos. Se contrasta que su poder y sus derechos no se fundamentan más que en el consentimiento de los pueblos; los que se establecen por la violencia son sólo usurpadores; no se convierten en legítimos más que cuando el consentimiento de los pueblos ha confirmado a los soberanos los derechos que habían usurpado.

Los hombres han entrado en sociedad para ser más felices; la sociedad se ha otorgado soberanos para atender más eficazmente su felicidad y su conservación. El bienestar de una sociedad depende de su seguridad, de su libertad y de su poder para procurarse estas ventajas. Ha sido necesario que el soberano tuviera un poder suficiente para establecer el buen orden y la tranquilidad entre los ciudadanos, para asegurar sus posesiones, para proteger a los débiles de los ataques de los fuertes, para reprimir las pasiones mediante las penas y estimular las virtudes con recompensas. […]

Los pueblos no han concedido siempre la misma cantidad de poder a los ciudadanos que han elegido. La experiencia de todos los tiempos enseña que mientras mayor es el poder de los hombres, más les empujan sus pasiones a abusar de él: esta consideración ha impulsado a algunas naciones a fijar límites al poder de aquellos a quienes encargan de gobernarles.

ALGO MAS… En cuanto a Cartas persas, de Montesquieu, constituye una sátira de las costumbres de la sociedad de su tiempo. En su Espíritu de las leyes compara las constituciones de diversos países y propone como ejemplo el parlamentarismo inglés.

El Contrato social, de Jean-Jacques Rousseau, establece las bases de un Estado democrático y justifica, al mismo tiempo, la revolución. Su Emilio preconiza una nueva pedagogía.

También debemos citar a Condorcet, que en su Bosquejo de los conocimientos humanos resume toda la ideología de los filósofos.

En Italia, J. B. Vico elaboró un nuevo concepto de la historia, visto desde el ángulo filosófico. La subdividió en tres períodos: edad divina, edad de los héroes y edad del hombre. Beccaria, que abogó en favor de la abolición de la tortura y la pena capital, propuso un nuevo derecho penal.

La filosofía del siglo XVIII se basaba, a la vez, en la razón y la experiencia, para encontrar el camino de la verdad. Por este motivo, la prosa francesa se convirtió en un mero instrumento de trabajo para difundir las ideas. Condillac declaró que el arte del razonamiento se limita a un buen lenguaje, y Rivarol afirmó que «todo lo que no es francés no es explícito».

La filosofía de entonces se caracteriza también por una profunda veneración por la naturaleza, a la que casi se consideraba como divinidad eterna e inmutable. Los filósofos rechazaron todo concepto teológico y separaron la moral de la religión. Con ellos, «vivir según la naturaleza» se convirtió en el precepto moral que más concordaba con la razón.

Esta doctrina fue difundida, sobre todo, por Jean-Jacques Rousseau. De esa idea nació la teoría del «salvaje bueno»: el hombre primitivo y los «salvajes» de los países no civilizados, porque viven más cerca de la naturaleza.

Este movimiento de retorno a la naturaleza repercutió en el plano económico: hizo que la atención se centrara en la agricultura, pues el mercantilismo había insistido durante mucho tiempo en la importancia del comercio, dejando a un lado la agricultura. Afortunadamente, un grupo de economistas, llamados fisiócratas, empezaron a criticar esta doctrina. Exigieron la supresión del mercantilismo y preconizaron un régimen de libre producción. Su divisa era el famoso «Dejad hacer, dejad pasar».

Los filósofos creían en una sociedad en la que todos los hombres serían buenos y en la que reinarían la justicia y la prosperidad.

Esta renovación filosófica fue a la par con el desarrollo de las ciencias positivas. Newton en matemáticas, Herschel en astronomía, Franklin en física y Lavoisier en química encauzaron las ciencias por caminos modernos.

El siglo XVIII fue el de la oposición: oposición al absolutismo real, a la Iglesia católica, a los abusos de toda índole y a la opresión del individuo en todos sus aspectos. Fue, al mismo tiempo, un siglo de lucha por la libertad, la tolerancia y el retorno a la naturaleza.

Sólo algunos filósofos eran realmente ateos (es decir, totalmente opuestos a toda religión), pero la mayoría eran deístas, partidarios de una religión natural. Encontramos sus principios en los francmasones, que a comienzos de siglo organizaron sociedades secretas en Inglaterra. Entre sus miembros figuraron soberanos, como Federico II, nobles, militares, burgueses y numerosos sabios y escritores, como Lessing, Goethe, Herder, Mozart, Voltaire y Franklin.

El deísmo es la postura filosófica que acepta el conocimiento de la existencia y la naturaleza de Dios a través de la razón y la experiencia personal, en lugar de hacerlo a través de los elementos comunes de las religiones teístas como la revelación directa, la fe o la tradición. Dios es un creador u organizador del universo, es la primera causa.

Los francmasones profesaban gran amor a la humanidad, pero lo reservaban únicamente para las clases selectas. Se interesaban poco por el pueblo, los campesinos y los obreros. Esto constituye una característica de las convicciones morales y políticas de Europa en vísperas de la Revolución francesa.

La vida social experimentó también gran expansión durante el siglo XVIII. La vida mundana se desarrollaba en casinos, ciudades balnearias como Bath y Spa, cafés y restaurantes, en los castillos y, especialmente, en los salones, verdaderos centros de vida intelectual, donde artistas y sabios constituían su nutrida y mimada concurrencia. En ellos, las mujeres desempeñaron un gran papel, animando las conversaciones y protegiendo a artistas y escritores.

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