Inventor de la Hiladora Mecánica Arkwright Revolucion Textil Inglesa



Inventor de la Hiladora Mecánica: Arkwright Revolución Textil Inglesa

Richard Arkwright (1732-1792), inventor de la máquina de hilar y fundador de fábricas de algodón, fue un buen ejemplo de empresario con éxito en los primeros tiempos de la Revolución Industrial en Gran Bretaña.

En esta selección, Edward Baines, quien escribió La historia de la manufactura del algodón en Gran Bretaña, en 1835, analiza las características que explican el éxito de Arkwright y, presumiblemente también, de otros emprendedores británicos.

Richard Arkwright (1732-1792), inventorRichard Arkwright ascendió, por la fuerza de sus dotes naturales, desde una condición muy humilde en la sociedad. Nació en Presten, el 23 de diciembre de 1732, de padres pobres.

Debido a que era el más joven de trece hermanos, sus padres no pudieron proporcionarle una educación ni del tipo más humilde, y difícilmente podía escribir. Se crió en el oficio de peluquero en Kirkham y Presión, y continuó en ese ramo en Bolton, en 1760.

Luego de adquirir un proceso químico para el teñido del cabello humano, que en esa época (cuando las pelucas eran de uso universal) tenía un valor considerable, viajó recogiendo cabellos para venderlos una vez teñidos.

Barbero y vendedor de pelucas de Lancashire, Arkwright se enriqueció con un tinte para el pelo, cuyas ganancias dedicó a investigar nuevos dispositivos para la creación textil, la industria más pujante de su condado. En 1769, fijándose en los movimientos de las hilanderas, logró desarrollar un ingenio que reducía el algodón a hilo en bobinas revolucionadas mecánicamente.

En 1761, se casó con una señora de Leigh, y se cree que las relaciones que entonces hizo en esa ciudad lo familiarizaron más adelante con los experimentos que Highs llevaba a cabo para fabricar una máquina de hilado.

Él mismo mostró una fuerte inclinación hacia los experimentos en matemáticas y, según se afirma, los continuó con tanta devoción como para descuidar su negocio y empeorar sus circunstancias.

Su disposición natural era ser ferviente, emprendedor y perseverante: su mente era tan ordinaria como él, intrépido y activo; asimismo, sus modales eran ásperos y desagradables…

Los más marcados rasgos del carácter de Arkwright eran su extraordinario ardor, energía y perseverancia.



Por lo general trabajaba en sus variados asuntos desde las cinco de la mañana hasta nueve de la noche; y cuando pasaba considerablemente de los cincuenta años —y sentía que las carencias de su educación colocaban en una posición muy difícil e inconveniente para seguir su correspondencia y, en general, la administración de sus negocios— sacrificó sus horas de sueño con objeto de tener una hora extra cada día para aprender gramática inglesa, ¡y otra hora mas para mejorar su redacción y ortografía!

Se impacientaba con cualquier cosa que interfiriera con sus ocupaciones favoritas, y este hecho es también tan impresionantemente característico para no pasarlo por alto: se separó de su esposa a no muchos años de haberse casado, porque ella —al convencerse de que el mataría de hambre a su familia (debido a la naturaleza impráctica sus esquemas)— rompió varios de sus modelos de maquina experimentales.

Arkrwright era un severo escatimador del tiempo a fin de no perder ni un minuto, por lo general viajaba con cuatro caballos, y a una velocidad muy rápida. Sus asuntos en  Derbyshire, Lancashire y Escocia eran tan grandes y como su asombroso poder para hacer negocios y todo su codicioso espíritu.

En muchos de estos, asuntos tenía socios, pero lo general, los administraba de tal forma que, quien fuera perdiese, él mismo era un ganador.

Fue nombrado sir en 1786, Arkwright dejó al morir en 1792 una gran fortuna.

Máquina de hilar de R. Arkwright. La mecha era estirada al pasar por los rodillos, y recibía la torsión precisa de las aletas.

IMPORTANCIA DE SU INVENTO:

Primeros Hilados de Lana

Durante miles de años el hilado de la lana fue realizado mediante un procedimiento manual que aún perdura en muchas partes del mundo.

Una vez lavadas las fibras de lana, bastante largas (normalmente oscilan entre unos pocos centímetros y 40 cm), se forma con ellas una mecha que luego, al ser torcida, se convierte en hilo.



El modo más simple de realizar esta operación es mediante el empleo de un huso con una pequeña muesca en el extremo superior, donde se introducen las fibras antes de comenzar a torcerlas.

La operación también se puede llevar a cabo colgando el huso de la propia mecha y haciéndolo girar en el aire.

Una vez dada la torsión necesaria, la hilandera prepara una nueva mecha a partir del copo de lana que mantiene en su regazo, y de este modo, poco a poco hace al hilo ganar en longitud hasta devanarlo en su propio huso cuando alcanza un largo determinado.

Mediante la repetición de estas operaciones consigue la longitud de hilo requerida, mientras la regularidad del hilo y su delgadez dependen siempre del grado de habilidad de la hilandera.

A pesar de la sencillez de este sistema de hilado, realizable incluso mientras el artesano se pasea, en fecha indeterminada aparecería la rueca, que simplifica las operaciones.

En ella el huso va montado sobre un eje, conectado a una rueda por medio de una correa que gira por efecto de una palanca movida con el pie, todo lo cual aumenta considerablemente la producción de hilo.

De todos modos, la elaboración no es continua, pues al alcanzar el hilo una determinada longitud es preciso girar la rueda varias veces en sentido contrario a fin de soltarlo del huso para luego devanarlo en la parte inferior del mismo.

Es máquina, en uso en los países orientales muchos siglos antes que en Europa, se conoce generalmente con el nombre de rueca antigua.

Otro modelo, de origen sajón, llevaba unas aletas o varillas en forma de U conectadas a un eje sobre el cual, a su vez, giraba libremente un carrete.

De este modo, el torcido de la mecha se realizaba haciéndola pasar hasta la rueda por uno de los brazos de las citadas varillas y luego por un guiahilos.



Tanto el carrete como las varillas iban conectadas a la rueda, con la particularidad de que el primero giraba, a una velocidad relativamente mayor que la segunda para que el hilo se enrollara en él a medida que se formaba.

La rueda giraba gracias a un pedal, de modo que la hilandera podía utilizarambas manos para preparar la mecha mientras retorcía el hilo. El inventor de esta rueca fue el alemán Jürgens von Brunswick (hacia 1530).

En 1755, John Kay ideó la lanzadera, y aunque al principio la oposición de los tejedores logró contener su difusión durante algún tiempo, finalmente se impuso y gracias a ello se duplicó la producción de tejidos.

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Como consecuencia, se produjo escasez de hilo, y los inventores empezaron a pensar en la forma de lograr una máquina hiladora con múltiples husos.

En 1764, James Hargreaves intentó una máquina de hilar con seis husos, inspirada en la rueca antigua. Los husos iban dispuestos verticalmente, en línea, y giraban por efecto de una rueda horizontal con un dispositivo para sujetar las mechas mientras se torcían (el dispositivo era muy fácil de abrir a fin de dejar paso a la mecha y poder enrollar el hile en los husos).

Las fibras de lana debía» ser sometidas previamente a un procese de cardado, con objeto de que todas quedaran dispuestas paralelamente Poco tiempo después Hargreaves modificó la posición de la rueda, a la que volvió a colocar en vertical para facilitar la operación.

En 1775, Samuel Crompton mejore la máquina al sustituir el citado dispositivo de sujección por uno formado por dos o más rodillos, convenientemente alineados y que giraban a gran velocidad, entre los cuales pasaba la meche con el fin de disminuir su grosor. Los husos se alejaban automáticamente de los rodillos, mientras en la máquina de Hargreaves era el dispositivo de sujección de las mechas el que lo hacía.

La máquina se conoció en un princ!-pio en Gran Bretaña como rueca de muselina, ya que producía un hilo extremadamente fino. Posteriormente, tome el nombre de muía por ser un híbride entre la de Hargreaves y la de Arkwrighí descrita a continuación.

En 1769, Richard Arkwright construyó una máquina de hilar inspirada er la rueca de origen sajón, pero en lugar de que los husos giraran por sí mismos aplicó un dispositivo que los hacía gira’ por efecto de la tensión del propio hilo en las aletas. Los ingleses la llamaron máquina de agua, ya que funcionaba mediante energía hidráulica, pero en otros países fue conocida como máquina continua.

El invento habría tenido poco valor si sólo hubiera servido para hilar lana, pero afortunadamente servía también para el algodón, materia prima muy fácil de hilar a máquina; gracias a ello, en las plantaciones americanas la primitiva industria doméstica se convertiría en una industria de grandes proporciones, susceptible de emplear a muchas personas.

La existencia de máquinas de hila obligó a inventar otros artilugios para satisfacer las otras necesidades del proceso de producción.

Entre ellos cabría destacar las máquinas de cardar, para separar las fibras, y las desmotadoras, para limpiar el algodón del tabaco o de los restos de la vaina.

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