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Mujeres Malvadas, Asesinas: Brunilda – Historia y Leyendas

Era muy lista, pero muy cruel y muy audaz. Llevó adelante , y hasta las últimas consecuencias, su animadversión absoluta para la otra reina, Fregegunda de Neustria, con la que guerreó sin piedad y sin cuartel. Eran tal para cual, y tan sádicas la una como la otra.

Brunilla llegó a a educar a sus hijos y nietos dándoles clases de sexo y violencia, de como disfrutar sin freno de las orgías y de como , también sacar el máximo jugo al arte de matar. Ella misma, para dar ejemplos prácticos, ejecutaba ante sus tiernos escolares a alguien, como aquella ocasión en la que el condenado a morir fue todo un santo: san Desiderio, que Brunilda mandó lapidar por haberse atrevido a darle ciertos consejos sobre absurdos principios morales…

No obstante, su brillante carrera de crímenes había dado comienzo antes de su enemistad con la otra reina. Nada más casarse con Segiberto de Austrasia, le obligó a guerrear con su propio hermano, Chulderico de Neustra, ya que este último había repudiado a Galsuínda, hermana de ella.

Aquella guerra finalizó con la muerte de Segiberto, su esposo, al que le guardó brevísimo luto ya que volvió a casarse con Meroveo, hijo de Childerico, el que había matado a su esposo y la había hecho viuda, al tiempo que le proporcionaba el poder en forma de regencia por la minoría de edad de su nieto Teodoberto II, el cual, al crecer y conocer la no ejemplar biografía de su querida abuela, la expulsó de su lado.

Fue la infeliz Brunilda a buscar refugio junto a otro nieto, Teodorico II, rey de Borgoña, al que consiguió poner en contra de Teodoberto en una guerra fratricida, que acabó pese a las malas artes de la abuela. Contrariada, Brunilda decide matarlos a ambos, estrangulando a Teodoberto y envenenando a Teodorico, y libre ya de cualquier miembro de la familia que pudiera arrebatarle el poder, se proclamó doble reina de Borgoña y Austrasia.

Fue entonces cuando se acordó de aquella odiada Fredegunda, viuda también deChilderico. El odio hacia aquella mujer era imposible de soportar, por lo que la Reina de la doble corona decidió vengarse, una vez más, en terceras personas. Y así, declaró una guerra más, en esta ocasión, al hijo y sucesor en el trono de Fredegunda, el rey de Neustria, Clotario II.

Pero serían sus propios dobles súbditos los que le negaron nuevas levas y nuevos impuestos con que pagar aquellas guerras tan inútiles y odiosas. Y sublevándose contra su señora Brunilda, la maniataron y se la enviaron como trofeo al rey Clotario. El Rey agradeció el obsequio y se decidió a tomar cumplida venganza de todos los crímenes de aquella mujer tan inclinada a la maldad.

Aunque había sobrevivido a su gran rival, sin embargo Fredegunda se vengó de ella, después de muerta, en la persona, y por mediación, de su hijo el rey Clotario II, quien, en 613 y en Renéve, Bretaña, tras tres días de interminables suplicios, ató, desnuda, a la enemiga de su madre a la cola de un caballo salvaje hasta acabar destrozada después de una loca cabalgada del equino. Brunilda era, a la sazón, la primera mujer en ser torturada y ejecutada por aquel sistema, privilegio exclusivo de los reos de sexo masculino hasta ese momento.

Fuente Consultada: Los Seres Mas Crueles y Siniestros de la Historia de José M. López Ruiz

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