Organizaciones Sociales Frente a la crisis de 2001 en Argentina



Organizaciones Sociales Frente a la crisis de 2001 en Argentina

RECUERDOS DE UNA ÉPOCA: A comienzos de diciembre la mayoría de los argentinos estaba de acuerdo en que el 2001 había sido un año para olvidar. La recesión económica se profundizó y la pobreza ensanchó sus márgenes. Todo indicaba que la Navidad no iba ser muy feliz, y sin embargo era difícil que alguien imaginara que ese mes sería lo que finalmente fue: una interminable temporada en el infierno.

Decenas de supermercados saqueados, más de veinte muertos por la represión policial, la renuncia del  ministro estrella Cavallo que había llegado como un salvador y se iba entre amenazas de linchamiento, y de un presidente, elegido y luego repudiado por el pueblo.

La sucesión presidencial grotesca, con cuatro mandatarios en diez días, fue el corolario de un drama que no encontraba su culminación. No obstante, entre el ruido de las cacerolas y una inquietud desesperada que se respiraba en toda la República, quedaban dos certezas contundentes: el país se encontraba finalmente de cara al abismo y los argentinos se habían cansado de su destino.

Durante 2002, muchos argentinos vieron a sus compatriotas poblar las calles de noche como ejércitos de la crisis lanzados sobre la basura: mujeres, niños, hombres, rascando el fondo de la condición humana. Se llamaron «los cartoneros» y conseguían sobrevivir juntando cartón y papel en la basura para venderlo a las papeleras. Este nuevo «mercado» de la basura fue una de las consecuencias inesperadas de la devaluación que demostró sin anestesia que en la Argentina ya no se fabricaba casi nada.

Además de reciclar el papel y los envases de vidrio, pasaron cosas insólitas como descubrir que en los hospitales no había manera de reponer, por el cierre de la importación y la falta de divisas, los guantes y jeringas descartables. Ni pilas había y ni qué hablar de los insumos de computación o medicamentos, l’.l ingenio, de origen inmigrante, igual hizo el milagro de; que la Argentina siguiera funcionando de algún modo.

Lentamente, se fue reconstruyendo un mercado interno precario, donde se hizo famoso «el trueque» de bienes por otros bienes, mientras comenzaban a funcionar otra vez algunas pequeñas empresas industriales arrasadas por la importación indiscriminada del modelo neoliberal. En esos meses de profunda crisis, los argentinos vieron también cómo el hambre arrasaba niños en el granero del mundo y cómo partían hacia otras tierras cientos de jóvenes, recorriendo el camino inverso al que habían hecho sus abuelos un siglo antes.

Era un panorama que hubiera sido esperable si la Argentina hubiera perdido una guerra o hubiera sufrido un cataclismo natural. Pero no era el caso. Sus tierras estaban intactas, su infraestructura no había sufrido daños y sus recursos humanos seguían existiendo. Se trataba sólo de un país saqueado por incapaces, inescrupulosos, codiciosos e irresponsables.

Los argentinos entraban al Tercer Milenio siendo más de 36 millones, con una deuda pública y privada cercana a los 260.000 millones de dólares. A fines de 2002, cada argentino debía cerca de 7.200 dólares, esto significaba, considerando el salario promedio mensual en 200 dólares, que para pagarla debía trabajar por lo menos tres años sin gastar un solo centavo. (Fuente Consultada Argentina El Siglo del progreso y la Oscuridad de María Seoane)

 Las redes de trueque: El origen de éstas se remonta a 1995. Tuvieron una importante expansión desde su inicio ya que pasaron de aproximadamente 1.000 socios en 1996, a 2.300 en el año siguiente, y en 1999 llegaron a 180.000.

En el 2000 alcanzaron a 320.000 miembros, organizados en torno de unos 400 nodos ubicados en 15 provincias y la ciudad de Buenos Aires. Luego de la implantación del «corralito» financiero en diciembre de 2001, las estimaciones del número de personas que participaron en estas organizaciones osciló entre 3 y 6 millones.



En este sistema, los que participan son productores y consumidores al mismo tiempo. Por eso se los llaman «presumidores». Esto significa que nadie puede consumir en la red de trueque si no obtiene ‘créditos’ a través de su trabajo o de la venta de algún producto dentro del mismo sistema.

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En los últimos tiempos estas redes han entrado en crisis, y cerraron un 40 % de los nodos o clubes en los que se realizaban los intercambios. Esta crisis obedece a varias causas: una de ellas, tal vez la más importante, fue la desvalorización de los «créditos» por la emisión y falsificación de esta «moneda» que alcanzó en algunos nodos al 90 % del circulante.

Las De manera similar a las redes de trueque, el movimiento de las empresas recuperadas, alcanzó notoriedad recientemente, pero sus modalidades de organización y sus orígenes se remontan hasta fines de los años 70 y principios de los 80, momentos en que se generaron como respuesta a la primera «oleada» del proceso de desindustrialización.

Las empresas recuperadas tienen varios rasgos en común. En primer lugar, se orientan hacia el mercado interno en ramas afectadas por la importación y/o afectadas negativamente por sus dificultades de exportación (empresas frigoríficas, textiles, de tractores, acoplados, metalúrgicas, plásticos, etc.). En segundo término, se encontraban en proceso de quiebra, convocatoria de acreedores o directamente abandonadas por los empresarios. Por último, los trabajadores aparecen como acreedores o damnificados.

En la transición hacia el nuevo régimen jurídico, los trabajadores toman a su cargo la producción, estableciendo acuerdos con proveedores y/o clientes que les aseguran un cierto capital de trabajo para el funcionamiento, y acuerdan una retribución mínima de ingresos, generalmente combinada con pagos en especie o mercaderías.

En la mayoría de las empresas recuperadas se constata, en el principio, una deserción empresaria, que puede ser parcial o total. Si es parcial, es posible que los anteriores propietarios se mantengan como asociados en la nueva forma jurídica que adopta la empresa. En otras, recuperadas recientemente, ha surgido la demanda de una nueva figura, la de «estatización con control obrero» o con «administración obrera».

Los piqueteros: En el extremo inferior del espectro social, las nuevas experiencias de organización cristalizaron en los movimientos piqueteros, que se afincan terri-torialmente organizando a los desocupados de los barrios carenciados y villas miserias de las grandes ciudades pero también tienen una activa participación en pueblos y ciudades del interior afectados por el cierre de empresas en los 90.
Las modalidades de sus acciones, como cortes de rutas por parte de «piquetes» de pobladores —símil de los de huelguistas en las fábricas—, otorgaron su nombre al movimiento.

piquete

Existen tres tipos diferentes de organizaciones piqueteras: 1) las que tienden a limitarse a la obtención de subsidios, en nombre de la emergencia social; 2) las que buscan resolver necesidades colectivas en las comunidades y barrios donde están implantadas, desde comedores y guarderías escolares hasta la autoconstrucción de viviendas; 3) las que promueven, a partir de nuevas redes surgidas en estos movimientos, emprendimientos orientados hacia su autosustentación.



Los cartoneros: La historia de los cartoneros de hoy es inseparable de la existencia histórica de los «cirujas» y «botelleros» cuya presencia fue familiar a los vecinos de Buenos Aires a lo largo de buena parte del siglo XX. Estas actividades perdieron relevancia en la década del 70, al organizarse lo que se dio en llamar «relleno sanitario» (que implicó enterrar la basura en zonas relativamente alejadas).

cartonero

En ese momento, según algunas estimaciones, eran 3.500 las personas dedicadas al cirujeo en la Ciudad de Buenos Aires. Al promediar el 2002 se presumía la existencia de entre 70.000 y 100.000 recolectores informales en todo el área metropolitana (AMBA).

En buena medida, esto se debió a que, en los primeros meses de aquel año se sumaron varios elementos que incrementaron el valor de la basura: la devaluación de la moneda (dado que, por ejemplo, los insumos para fabricar papel tienen precio internacional), la depreciación de los salarios, el crecímiento sostenido de la desocupación y de los hogares en situaciones de pobreza e indigencia, sumados a la recesión prolongada.

Fuente Consultada:
El Desarrollo Humano en la Argentina del Siglo XXI UNICEF – UNDP – Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología
Enciclopedia del Estudiante Tomo 8 Geografía General

 

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