Eichmann Genocida NAZI Historia de su Captura en Argentina MOSSAD



Eichmann Genocida Nazi: Historia de su Captura en Argentina – MOSSAD

Dijo el famoso cazador de NAZIs Simón Wiesenthal que la captura de Eichmann ocurrió en el «mejor momento psicológico» y justificó sus palabras de la siguiente forma: «Si hubiera sido capturado al final de la guerra y juzgado en Nuremberg, sus crímenes a estas horas podrían haberse olvidado y no sería más que otro rostro entre los acusados del banquillo, pues, en aquel tiempo, todo el mundo se alegraba de que la pesadilla hubiera acabado cuanto antes. Hasta que tuvo lugar el juicio de Eichmann,  desde ese momento el mundo pudo conocer el horror de la Solución Final NAZI»


UNA INFANCIA COMO CUALQUIER OTRA
Eichmann nació el 19 de marzo de 1906 en Solingen, Rhenania. Pertenecía a una apacible familia, religiosa, esforzada y disciplinada.

Como estudiante no tuvo mayor figuración y quienes hicieron el esfuerzo por recordarlo lo calificaron como un alumno mediocre, de pocas luces, ordenado y muy metódico, característica -esta última- que le iba a servir bastante en su indigno cometido posterior.

Su progenitor, al advertir las escasas condiciones para el estudio que demostraba su hijo, lo orientó rápidamente al trabajo. Primero para que se desempeñara en el área de la minería y luego como representante comercial.

Hacia 1928, sin habérselo propuesto prioritariamente, ingresó -casi por seguir los pasos de un amigo- a la Asociación de Ex-Combatientes Austro-Alemanes que aspiraba al retorno de la monarquía. Muy pronto, un buen contingente de los miembros de esta organización se adscribió al incipiente partido nacional-socialista.

 Reinhard HeydrichEn la nomenclatura del nuevo movimiento Eichmann encajó como anillo al dedo en las SS a cargo de Heinrich Himmler. Por un tiempo prolongado conservó su trabajo de representante comercial, pero la crisis económica derivada del desplome de 1929 lo dejó cesante. Mas, Eichmann ya no era hombre que pudiera permanecer largamente inactivo y su identificación con el nacional-socialismo de Hitler se había acentuado notablemente.

En estas circunstancias no encontró nada mejor que dirigirse a Berlín, con una carta de recomendación del jefe nazi de la localidad donde vivía, para endilgar de mejor manera su opción laboral. De inmediato se valorizaron sus condiciones y la lealtad al nuevo orden que se propiciaba y lo convirtieron en agente del «Sicherheitdients» -el S. D.- de Reinhard Heydrich, que en junio de 1942 iba a ser abatido a tiros por partisanos checos. Eichmann contaba con 28 años y desde ese momento —año 1934— no sé separará del nazismo, y de las S. S., donde ingresará a continuación, hasta el final de la guerra.

Hizo meteórica carrera, pues comenzó modestamente como agente a sueldo, ascendió a sargento con bastante prontitud y al ser trasladado al Servicio de Asuntos Judíos, su vida dio un vuelco que sólo iba a terminar en la horca, en 1962. Posiblemente, en ese entonces, ni él mismo imaginaba que iba a ser artífice de la masacre más horrenda que recuerda la historia de la humanidad.

¿Qué pudo llevar a un hombre a convertirse en verdugo de su propia especie?
Eichmann fue en vida el ejemplo perfecto del funcionario discreto y eficiente. Hacía su trabajo poniendo el máximo de empeño posible. No se dejaba llevar por ninguna clase de sentimientos y rendía culto a la eficiencia. Ordenado, metódico hasta la exageración, responsable y con una fisonomía tan particular que pasaba inadvertido con facilidad, al extremo que costaba recordarle. Asimismo, tuvo la precaución de no permitir que se le fotografiara más que lo estrictamente necesario y sus perseguidores tuvieron, por este motivo, serios problemas para identificarlo fehacientemente.

Fue probablemente sincero cuando dijo en el juicio que «se había limitado a hacer su trabajo, que no hubiera dudado en enviar a la cámara de gases a su propio padre si se lo hubieran ordenado.»



LA «SOLUCIÓN FINAL»
Los méritos de Eichmann fueron, recién, reconocidos en 1940 cuando Heydrich lo puso a la cabeza del servicio referido a la «seguridad racial». De inmediato sus dotes de planificador rindieron frutos, a plena satisfacción de sus superiores, que vieron en él la persona indicada para administrar la «solución final», que tenía como objetivo hacer desaparecer a los once millones de judíos de Europa.

En realidad, Eichmann no fue el creador de los campos de concentración ni de las cámaras de gases. Cuando él accedió al departamento que operaba esos asuntos, toda la maquinaria de muerte ya existía y funcionaba a plena capacidad. Eichmann se incorporó al rodaje mortal como un eximio planificador. Su responsabilidad fue organizar para que todo se cumpliera con exactitud y economía de recursos— los arrestos, los destinos de los prisioneros, el transporte y el trabajo. Su cometido, se puede decir, que lo cumplió a la perfección.

Los trenes salían a las horas, las ejecuciones se llevaban a efecto de acuerdo a las instrucciones, las cámaras de gases funcionaban en horario continuo y de esa forma se completaba la tarea que le había asignado la nomenclatura nazi. Lo hacía sin remordimientos, objetivando los antecedentes con que operaba, remitiendo cada vida humana a una estadística. Evitaba, en lo posible, presenciar las ejecuciones y sólo se encontraba a gusto en sus oficinas, frente a los organigramas que señalaban el estado en que se desenvolvía su trabajo, los mapas que indicaban las rutas de los trenes  y las listas de judíos que esperaban su personal veredicto:

-Voy a deciros una cosa: las listas de los judíos que han de morir son mi lectura favorita cuando me acuesto -expresó risueñamente Eichmann a la salida del Campo de Concentración de Theresienstadt, en una oportunidad.

Eichmann, como era un hombre desprovisto de todo sentimiento humano, conciliaba muy asertivamente el trabajo con la familia. Para su esposa y tres hijos era un funcionario modelo al que se le debía respeto, cariño y consideración. Las crónicas que se han escrito sobre su vida lo califican como un buen padre y excelente marido, pese a que durante la guerra mantuvo oculta una querida en Budapest. No gustaba de la ostentación ni se hizo millonario con la guerra. Era frugal en sus costumbres, aun cuando en los últimos meses de la conflagración y ante la derrota inminente se entregó a la bebida: al coñac, que era su licor preferido.

Gustaba de la vida familiar, con veladas al atardecer y la cena en comunidad. Sus hijos le profesaban gran afecto y nunca pusieron en entredicho su actuación en aquel período.

EL FIN DE LA GUERRA: A los efectos de escapar de Alemania  dieron vida a una poderosa organización que tuvo como misión reubicarlos en otros países, con documentación falsa y muy lejos de los vencedores que, indudablemente, iban a pedir cuentas.

ODESSA fue el nombre de la entidad que crearon y a ella se le atribuye la exitosa fuga, entre otros, de Josef Mengele (supuestamente fallecido en Brasil), Martin Bormann, Klaus Barbie (detenido en Bolivia y extraditado a Francia), Walter Julius Rauff (fallecido en Chile, luego de que el gobierno negara su extradición alegando que el delito por el que se le acusaba había prescrito), Heinrich Müller, Franz Roste! y Adolf Eichmann.

La persecución de Eichmann duró quince años. Quince años, en los cuales nada se dejó al azar y todas las pistas que fueron surgiendo se chequearon una y otra vez. Quince años, en los que pese a los fracasos, no se desfalleció.

Simón Wiesenthal recuerda en su libro que «…la búsqueda de Eichmann no fue una ‘caza’ como se ha dicho, sino un largo y frustrado juego de paciencia, un gigantesco y disperso rompecabezas, una captura que se llevó a cabo gracias a la cooperación de muchas personas de diversos países que en su mayoría no se conocían entre sí, pero que cada una de ellas añadía unas piezas al rompecabezas y yo pude contribuir con algunas piezas significativas».



Luego de años de investigaciones en 1957, surgió la señal que llevaría a los servicios secretos israelíes hasta Eichmann.Por un lado, una visita a la madre de la supuesta ex esposa de Eichmann dejó en claro que ésta había rehecho su vida casándose por segunda vez con un alemán establecido en Argentina de apellido Klements y que para esa nación había partido a radicarse sin que nunca se hubiera vuelto a saber de ella ni de sus hijos.

Por otro lado, el abogado alemán Fritz Bauer, procurador del Estado de Hesse, hizo saber a la Misión de Reparaciones Israelíes en Alemania Federal que, según investigaciones dignas de todo crédito, Eichmann estaría viviendo en Buenos Aires bajo nombre supuesto.

Con estos dos antecedentes que resultaron claves en el éxito de la aprehensión la MOSSAD -Oficina Central de Informaciones y Seguridad de Israel— entró a tierra derecha, en el operativo que había montado para detener a Eichmann.

MISIÓN EN BUENOS AIRES
Con la certeza de que la historia iba a culminar muy pronto en la capital argentina, Isser Harel, jefe de la MOSSAD, destinó al agente Yoel Goren para que realizara las pesquisas en Buenos Aires. Su tarea fue la de indagar acerca de las actividades del tal Klements, que, en ese entonces, se domiciliaba en Chacabuco 4261, Olivos.

Luego de un año de investigaciones muchas veces frustradas , en 1959 una ficha aportada por el Procurador Alemán Fritz Bauer cayó en manos de la MOSSAD. En ella se establecía que Klements había visitado a su esposa, en 1950, en Austria para ultimar los detalles del traslado a Buenos Aires, que hacia 1952 el nombre del alemán aparecía en la guía telefónica de la capital argentina, que operaba una lavandería y que en 1958 figuraba en la nómina de una empresa de electricidad.

A la luz de un dossier cada vez más detallado y completo, la convicción de que Klements y Eichmann eran la misma persona creció y ameritaba nuevos viajes de agentes israelitas a América del Sur.

En marzo de 1960, el funcionario de la MOSSAD Yossef Kenet, con instrucciones precisas y estrictas de sus superiores tendió una hábil trampa a Klaus Klements, la que estuvo a punto de fracasar pues cuando el agente se dirigió a la calle Chacabuco, con espanto y desazón, comprobó que sus moradores se habían cambiado y que nadie conocía el nuevo paradero, pero un golpe de suerte lo encaminó a un garaje de la localidad donde todavía se desempeñaba Klaus.

El orden y el carácter metódico fueron, en definitiva, lo que perdieron a Eichmann. De acuerdo a su ficha, los 21 de marzo, celebraba el aniversario de su boda y por costumbre siempre lo hacía en compañía de los suyos. Los agentes esperaron esa fecha y vigilaron la casa. Puntualmente apareció Klements, de regreso de un viaje a Tucumán. Y de acuerdo a la tradición, ese día en la casa vigilada se verificó una celebración. Desde ese instante no cupo duda alguna que Klements era Eichmann.

El dilema que se planteó fue cómo operar. Qué hacer. Existían dos posibilidades.
Primero solicitar la extradición formal al gobierno argentino y correr el riesgo de que no se concediera y de esta forma advertir al acusado, dándole tiempo para huir.
Segundo, secuestrarlo y sacarlo subrepticiamente del país con el consiguiente enfado de los argentinos y las protestas formales ante los organismos internacionales.

OPERACIÓN EICHMANN
Las fiestas de celebración del sesquicentenario de la independencia de la República Argentina posibilitaron que el rapto se cumpliese con éxito. El dilema mayor que se le presentaba al alto mando de la MOSSAD no era secuestrar a Eichmann -eso era muy sencillo-, lo difícil era sacarlo del país. Se estudiaron en detalle dos opciones: hacerlo, primeramente, en barco con todos los riesgos que ello implicaba por las numerosas escalas que deben hacer o subirlo directamente a un avión; pero ¿qué línea área iba a aceptar conducir a un hombre en esas condiciones?



Fue, precisamente, en esos días, al tenor de los análisis de los pormenores del secuestro cuando las fiestas patrias argentinas vinieron a brindar la ocasión que con tanto ahínco buscaban. Una invitación del gobierno del Río de la Plata llegó a Israel, la que fue aceptada gustosamente. En conocimiento de esta situación, la MOSSAD consiguió que la delegación viajase en un avión especialmente fletado para ellos, sin dar luces del verdadero objetivo que perseguían. Así se hizo.

El Ministerio de Relaciones Exteriores hebreo aceptó la proposición y el viaje se fijó para el 10 de mayo de 1960, con regreso al día siguiente, Por tanto, el secuestro de Eichmann tenía que realizarse en los días precedentes.

EichmannEl 11 de mayo a las 19:15 horas cinco agentes esperaron a Eichmann a la bajada del ómnibus. A las 20:05 el otrora exterminador de los campos de concentración europeos descendió de uno de ellos y enfiló tranquilamente hacia su hogar.

Lo hizo reposadamente, ajeno a todo lo que pudiera suceder a su alrededor, ensimismado en sus pensamientos. Por eso no advirtió nada irregular en su entorno. De pronto un hombre lo interceptó, al tiempo que otro lo tomaba por atrás. Eichmann desconcertado reaccionó tirándose al suelo y con ello arrastrando a sus asaltantes.

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Un grito desgarrador escapó de su garganta. Un terror indescriptible se apoderó de él y de inmediato comprendió de qué se trataba y quiénes eran aquellos hombres. Desde ese instante no opuso resistencia y en el automóvil en que fue conducido hasta la casa de seguridad recobró la compostura y se quedó tranquilo.

Ese día, con un certificado médico que consignaba que lo aquejaba un traumatismo encefalocraneano en evolución, drogado y dormido, fue conducido hasta el aeropuerto. Iba maquillado de tal manera que ni sus familiares más cercanos lo habrían reconocido.

Así, casi como un vegetal, en un automóvil oficial, en medio de dos agentes que también fingían dormir sortearon todas las barreras y llegaron hasta la nave. En su interior lo acomodaron en la primera clase; sólo algunos miembros de la tripulación sabían quién era en realidad ese señor a tan mal traer.

A las 23:40 la delegación oficial abordó el avión y a las 00:05 despegó hacia el Levante.

Tres días después David Ben Gurión hacía el anuncio oficial, Golda Meir justificaba la acción en los organismos internacionales, Argentina protestaba formalmente y el gobierno israelita le presentaba sus excusas más sentidas.

UN JUICIO LARGO Y NECESARIO: El 11 de abril de 1961 comenzó el juicio a Adolf Eichmann, en Jerusalén. Compareciendo ante el tribunal, Simón Wiesenthal lo recordó con las siguientes palabras:
«Vi a Adolf Eichmann por vez primera el día de la inauguración de su juicio en la Audiencia de Jerusalén. Durante casi 16 años estuve pensando en él, prácticamente, cada día y noche, de modo que en mi mente había forjado la imagen de un demoníaco superhombre.

Pero, en vez de ello, vi a un individuo frágil, mediocre, indefinible y gastado, en una celda de cristal entre dos policías israelitas que tenían un aspecto más interesante y más lleno de color que él. Todo en Eichmann parecía dibujado a carbón: el rostro grisáceo, la cabeza calva, las ropas. No había nada demoníaco en él, sino que por el contrario tenía el aspecto del contable que teme pedir un aumento de sueldo (…).»

El proceso llegó a su fin el 15 de diciembre de 1961. Contó con 144 sesiones y comparecieron más de cien testigos de cargo. La prensa de todo el mundo le prestó máxima atención, lo que significó que se acreditaran más de quinientos periodistas.

Eichmann, en todo momento, mantuvo el control, el carácter ausente y frío que siempre lo caracterizó y no dejó entrever ni la más mínima emoción.

El veredicto fue, obviamente, de culpabilidad y Eichmann, al escuchar su condena no movió un músculo de su rostro ni emitió inquietud alguna. El 31 de mayo de 1962 fue ahorcado, su restos cremados y sus cenizas tiradas al mar.