La Comuna de Paris Lucha Obrera por sus derechos Segunda Republica






LA COMUNA DE PARÍS Y LA SEMANA SANGRIENTA

Durante el segundo Imperio de Napoleón III, a mediados de los 60, se inició la guerra franco-prusiana que terminó en un desastre para Francia. Esa situación provocó una insurrección popular que, al grito de “la patria está en peligro”, convocó en París a elecciones comunales, en marzo de 1871. En ellas triunfaron los sectores más radicalizados. La Comuna, que duró cincuenta y cuatro días, emprendió reformas políticas inéditas, como, la disolución del ejército permanente y su reemplazo por el pueblo armado (milicias populares).

La miseria y la explotación que sufría la clase trabajadora europea dieron origen en Francia a un estallido revolucionario que revistió una violencia inusitada. Sus causas inmediatas hay que buscarlas en la guerra franco-prusiana que terminó con la derrota francesa. Así, el levantamiento obrero de París se produjo justamente cuando los ejércitos alemanes se encontraban a las puertas de la capital. La revolución, que comenzó el 18 de marzo de 1871, tuvo un signo anarquista y socialista, y en ella jugaron un papel de cierta importancia representantes de la Primera Internacional.

En realidad, esta tentativa revolucionaria, conocida con el nombre de Comuna, careció de preparación y fue más bien un acto desesperado y espontáneo, motivado en gran medida por los muchos padecimientos a que París había sido sometida durante la guerra. Como era lógico, el sector social parisino que se encontraba en peores condiciones era la clase trabajadora, que había llegado a una situación de penuria y hambre absolutas.

Junto con ellos, la Guardia Nacional, una milicia de ya larga tradición en Francia, se sentía humillada por la derrota ante los alemanes y había sido ganada además por la propaganda revolucionaria. Ignorando esta situación, el Gobierno francés suspendió 40 la paga a los guardias nacionales, al mismo tiempo que dejaba sin efecto la moratoria que, como consecuencia de la guerra, permitía a los habitantes de París no pagar sus deudas, alquileres y efectos comerciales mientras durase el conflicto bélico.

El 18 de marzo estalló la insurrección: la Guardia Nacional y los obreros se apoderaron de la capital, provocando la huida del Gobierno. Inmediatamente, y por sufragio universal, fue elegido un Consejo General de la Comuna de París, al que se confirió poder legislativo y ejecutivo. De él formaron parte obreros revolucionarios y burgueses de ideas radicales.

El programa de la Comuna de París.

«En el conflicto doloroso y horrible que amenaza todavía una vez más a Paris con horrores de asedio y bombardeos…, la Comuna tiene el deber de afirmar y determinar las aspiraciones y los deseos del pueblo de París; de precervar el carácter del movimiento del 18 de marzo, incomprendido, desconocido y calumniado por los políticos que ocupan un escaño en Versalles. Una vez más, Paris trabaja y sufre por toda Francia...,Qué pide? El reconocimiento y la consolidación de la República, única forma de gobierno compatible con los derechos del pueblo y con el desarrollo justo y libre de la sociedad.

La autonomía absoluta de la Comuna extendida a todas las localidades de Francia, asegurándole a cada una la integridad de sus derechos y a todo francés el pleno ejercicio de sus facultades y de sus aptitudes como hombre, ciudadano y trabajador.La autonomía de la Comuna no tendrá más límite que el derecho de autonomía, igual para todas las demás comunas adheridas al contrato, y cuya asociación debe mejorar la Unidad francesa…« (Declaración del 18-4-1871.)

La Comuna declaró nulos todos los actos del Gobierno, hizo un llamamiento al resto de Francia para que se levantase en armas y adoptó la bandera roja como estandarte. Al propio tiempo se realizaron algunas reformas democráticas y sociales: separación de la Iglesia y el Estado, prohibición de trabajos nocturnos, establecimiento de alquileres máximos y otras similares. Sin embargo, su efímera existencia le impidió introducir cambios profundos de carácter socialista.

A pesar de que la revolución de París causó verdadero espanto en los Gobiernos burgueses de Europa, sus días estaban contados, ya que no consiguió extenderse al resto de las ciudades francesas. Aprovechando este aislamiento, el Gobierno francés lanzó un ejército de cien mil hombres contra la capital.

La lucha fue sin cuartel. Los comuneros, desesperados, incendiaron varios grandes edificios y fusilaron a los rehenes que tenían en su poder, entre ellos el arzobispo de París. Por su parte, las tropas, una vez ocupada la ciudad después de siete días de combate, se dedicaron a una durísima represión: fueron fusilados en el acto alrededor de veinte mil hombres; y más tarde, los tribunales continuaron con su labor represiva, de resultas de la cual unos diez mil insurrectos (algunas fuentes hablan de siete mil quinientos a ocho mil) fueron deportados a Nueva Caledonia.

Más que una revolución, el episodio de la Comuna debe ser, pues, considerado como un intento fallido. La sociedad burguesa era todavía joven y fuerte y no estaba dispuesta a ceder su sitio al proletariado. Y éste había pretendido ir demasiado aprisa.

muertos comuna de paris

Cadáveres de combatientes obreros en la Comuna de París (1870)

comuna de paris afiche

Durante los días que duró la Comuna, el pueblo de París vivió un experimento político único hasta esos días: socialistas, radicales y anarquistas tomaron el poder y produjeron profundas transformaciones en la vida social. La burguesía desplazada, reaccionó violentamente y hubo una terrible represión que dejó un saldo de 30 mil muertos y más de 47 mil detenidos.


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La Comuna de París:
La antítesis directa del Imperio era la Comuna. El grito de “república social”, con que la Revolución de Febrero fue anunciada por el proletariado de París, no expresaba más que el vago anhelo de una república que no acabase sólo con la forma monárquica de la dominación de clase. La Comuna era la forma positiva de esta república. París, sede central del viejo poder gubernamental y al mismo tiempo, baluarte social de la clase obrera de Francia, se había levantado en armas contra el intento de Thiers y los “rurales” de restaurar y perpetuar aquel viejo poder que les había sido legado por el Imperio. Y si París pudo resistir fue únicamente porque, a consecuencia del asedio, se había deshecho del ejército, sustituyéndolo por una Guardia Nacional, cuyo principal contingente lo formaban los obreros Ahora se trataba de convertir este hecho en una institución” duradera. Por eso, el primer decreto de la Comuna fue para suprimir el ejército permanente y sustituirlo por el pueblo armado.

La Comuna estaba formada por los consejeros municipales elegidos por sufragio universal en los diversos distritos de la ciudad. Eran responsables y revocables en todo momento.

MARX: Manifiesto del Consejo General de la AIT sobre la guerra civil en Francia en 1871

ALGO MAS…
LA SEMANA SANGRIENTA
En pocas horas, la insurrección se extendió por toda la ciudad. Thiers y el gobierno huyeron, el 23 de marzo, dejando a los insurrectos dueños de la capital.

El Comité Central hizo elegir, en seguida, por sufragio universal, un Consejo General de la Comuna de París, compuesto, en su mayoría, por revolucionarios como Ferré, Rigault, Pyat, Delescluze… La Comuna declaró nulos todos los actos del gobierno de Versalles, publicó decretos aplicables a toda Francia, estableció el servicio militar obligatorio para todos los hombres útiles, y adoptó el calendario republicano y la bandera roja.

Su demasiado breve existencia no le permitió aplicar todas las grandes reformas políticas y sociales que proyectaba: elección de los gobiernos y de los funcionarios revocables por sus mandantes, laicización de la instrucción pública, mejora de la clase obrera…

El 19 de abril, hizo una gran llamada a todas las ciudades de Francia, para constituir comunas autónomas, que luego se de-federarían entre sí. Esta llamada fue seguida de insurrecciones en Lyon, Marsella, Di-jon, Saint-Etienne, etc., pero todas fueron dominadas, y, desde los primeros días de mayo, la capital quedó aislada.

Aquel fue el momento elegido por los de Versalles para emprender la ofensiva. Thiers había tratado con Bismarck, su enemigo de la víspera, que liberó a 100.000 prisioneros para reforzar las filas de las tropas de la represión.

Contra aquel ejército bien equipado, la Comuna sólo contaba con 30.000 combatientes, pero el mariscal Mac Mahon necesitó más de un mes para vencerlos. Después de cinco semanas de asedio, el ejército de Versalles entró por el oeste de París.

Pocas guerras civiles registraron más asesinatos que los de la «semana sangrienta» que siguió a la entrada de las tropas; los de la Comuna resistieron en todas las barricadas, incendiaron las Tullerías, el Louvre, el Palacio de Justicia, y fusilaron rehenes —entre ellos, el arzobispo de París, Mons. Darbois—, antes de sucumbir en su último bastión, el cementerio del Pére La chaise. Los versallistas procedieron, en un primer momento, a la ejecución sumaria de 20.000 hombres.

El 28 de mayo, la Comuna de París había dejado de existir. Sus dirigentes se hallaban muy divididos e indecisos, y, tras fór muías generosas, sus objetivos eran vagos o contradictorios.

La burguesía, que había temido por su existencia, se entregó a una cruel represión: aunque las condenas a muerte por los Consejos de Guerra fueron relativamente poco numerosos, 10.000 insurrectos fueron enviados a trabajos forzados o deportados a la isla de Caledonia.

El movimiento revolucionario y obrero, sin jefes, estaba roto, y necesitaría veinte años para reconstituirse.

Como la Segunda República, en 1848, la Tercera amenazaba su existencia en un baño de sangre. Una vez más, conservadores y moderados iban a decidir su destino. ¿Se mantendría el régimen o daría paso a la monarquía? Mientras se esperaba la solución del dilema, el pequeño Thiers restableció el orden en Francia.

Fuente Consultada:
Revoluciones del Mundo Moderno Alfonso Lazo Aula Abierta Salvat
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre





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