Gobierno de Roque Saenz Peña Cacarteristicas, Economia y Politica



Gobierno de Roque Saenz Peña

El 12 de octubre de 1910, Roque Sáenz Peña y Victorino de la Plaza tomaron posesión de sus respectivos cargos de presidente y vicepresidente. Sáenz Peña restableció las relaciones amistosas con el Brasil, pronunciando en un discurso la célebre frase: “Todo nos une, nada nos separa». Una grave dolencia lo apartó del gobierno, y a poco de reasumirlo falleció, en agosto de 1914.

En su período se mantuvo el ritmo ascendente de la prosperidad general; en 1913, el comercio sobrepasó por primera vez los mil millones de pesos, el riel aumentó en casi 6.000 kilómetros, y la inmigración elevó en medio millón la población del país; el tercer censo nacional, de 1914, arrojó un total de 7.885.237 habitantes.

Pero el hecho fundamental de esta presidencia fue la ley electoral de 1912, punto de partida de la tan reclamada transformación política.

PRESIDENCIA DE ROQUE SAENZ PEÑA (1910-1914): Efectuadas las elecciones presidenciales, triunfó sin mayor oposición el doctor Roque Sáenz Peña, acompañado en la fórmula por el doctor Victorino de la Plaza. Asumieron sus respectivos cargos el 12 de octubre de 1910.

El nuevo presidente era un verdadero estadista, un gran diplomático y un destacado jurisconsulto, quien se propuso eliminar el personalismo político y reformar el sistema imperante a fin de garantizar la libre expresión del pueblo en las luchas cívicas.

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Roque Sáenz. Peña representaba a los sectores más lúcidos de la élite que entendían que la ley electoral no ponía en peligro el modelo agroexportador ni la continuidad de sus privilegios.

Antes de ocupar el poder, Sáenz Peña había celebrado dos entrevistas con Hipólito Yrigoyenjefe del partido opositor—, en cuyo transcurso el último exigió plenas garantías de libertad de sufragio para que el radicalismo abandonara su actitud de abstención política. Sáenz Peña prometió entregar al país una ley electoral.

GABINETE PRESIDENCIAL
Roque Sáenz Peña
Vicepresidente: Victorino de la Plaza
MINISTROS
Agricultura: Eleodoro Lobos, Mario Sáenz, Adolfo Mujica y Horacio Calderón.
Guerra: Gregorio Vélez y Ángel P. Aliaría. Hacienda: José María Rosa, Enrique S. Pérez, Norberto Pinero, Lorenzo
Anadón y Enrique Carbó.
Interior: Indalecio Gómez y Miguel S. Ortiz.
Justicia e Instrucción Pública: Juan M. Garro, Carlos Ibarguren y Tomás R. Cullen.
Marina: Juan Pablo Sáenz Valiente. Obras Públicas: Ezequiel Ramos Mejía, Carlos Meyer Pellegrini y Manuel
Moyano.
Relaciones Exteriores y Culto: Epifanio Pórtela, Ernesto Bosch y José Luis Murature.

La ley electoral: El presidente de la Nación y su ministro del Interior, Dr. Indalecio Gómez trabajaron en favor de una verdadera restauración democrática y enviaron a las Cámaras un proyecto de reforma electoral que originó largos debates debido a la resistencia de grupos políticos. Por último, la ley fue aprobada por el Congreso en febrero de 1912.

La denominada Ley Nacional de Elecciones (Ley Nº 8871), también conocida como «Ley Sáenz Peña», tenía las siguientes características:

a) Padrón Electoral. Los organismos militares remitirían al Ministerio del Interior la lista de enrolados, con los cuales debía formarse el «padrón» o nómina de doscientos ciudadanos, sobre la base de la proximidad de su domicilio. Antes de cada elección, el padrón sería «depurado», es decir, eliminados los fallecidos, los acusados por delitos, etc.



b) Sufragio Universal, Individual y Obligatorio. Podrían emitir su voto todos los ciudadanos —nativos o naturalizados— desde los 18 años de edad. El voto era individual, no pudiendo efectuarse por grupos, por poder o por correspondencia.

El elector debía aclarar su identidad ante la mesa receptora, mediante la presentación indispensable de la libreta de enrolamiento, con fotografía, impresión digital y datos correspondientes.

El sufragio era obligatorio hasta los 70 años de edad; esta disposición se refería a la concurrencia al comicio, pero no al voto en blanco.

c) Vofo Secreto y Libre. El elector no podrá dar a conocer —en el acto del comicio— sus preferencias por determinado partido o candidato, ni exhibir distintivos políticos.

El voto era libre, por cuanto el ciudadano lo depositaba dentro de la urna en el cuarto oscuro y la ley establecía varias disposiciones para librarlo de coacción física o moral.

d) El sistema de la Lista Incompleta. Con este procedimiento se permitía la representación de la mayoría y de una minoría opositora en relación con la primera.

Promulgada la Ley Electoral, fue ouesta en vigor por vez primera en la provincia de Santa Fe, a fin de renovar gobernador y vice.

El partido radical abandonó su abstención revolucionaria y participó en esos comicios, en los que logró imponerse.

Las razones de la ley: Era evidente que el presidente y la clase dirigente veían en el radicalismo y el so cialismo a partidos minoritarios. La apuesta era integrarlos al sistema, para despojar los de argumentos opositores, neutralizar sus márgenes de acción violenta y, al mis mo tiempo, aumentar la legitimidad del propio régimen político conservador.

El radicalismo yrigoyenista venía, desde hacía tiempo, levantando la bandera de la abstención y la revolución (la última la había realizado en 1905); simultá neamente, los sindicatos atraían a nuevos afiliados y acentuaban su protesta.



Por si esto fuera poco, la participación de la ciudadanía en los comicios era escasa, de bido a razones múltiples. Gran parte de los hombres en condiciones de votar eran inmigrantes y por ello no estaban habilitados legalmente para hacerlo; tampoco estaban de acuerdo con nacionalizarse por naturalizarse.

El radicalismo yrigoyenista venía, desde hacía tiempo, levantando la bandera de la abstención y la revolución (la última la había realizado en 1905); simultáneamente, los sindicatos atraían a nuevos afiliados y acentuaban su protesta.

Por si esto fuera poco, la participación de la ciudadanía en los comicios era escasa, de bido a razones múltiples. Gran parte de los hombres en condiciones de votar eran inmigrantes y por ello no estaban habilitados legalmente para hacerlo; tampoco estaban de acuerdo con nacionalizarse por naturalizarse.

La obra de gobierno: Además de la promulgación de la Ley Electoral —su obra de mayor trascendencia—, el presidente Sáenz Peña dispuso realizar en junio de 1914 el tercer censo nacional, que indicó un total de 7.800.000 habitantes, de los cuales 1.500.000 se concentraban en la Capital Federal.

En otro orden de cosas, fue mejorada la instrucción pública en general, las líneas férreas aumentaron su extensión y nuevos contingentes de inmigrantes llegaron al país.

En el orden militar, se realizaron las primeras grandes maniobras en la provincia de Entre Ríos y en cuanto a las relaciones exteriores, el presidente demostró su habilidad diplomática al solucionar amistosamente los problemas que nuestro país sostenía con el Brasil. Aludiendo al término del conflicto, manifestó en un discurso «Todo nos ene, nada nos separa».

La salud del doctor Sáenz Peña sufría alternativas desfavorables, lo que le obligó a pedir licencia, mas tarde prorrogada. El mal que lo aquejaba hizo crisis y el primer magistrado falleció el 9 de agosto de 1914,

LOS PARTIDOS POLÍTICOS
Los partidos políticos hasta 1912

Hasta la batalla de Caseros, dos grandes partidos lucharon por el predominio político del país: los federales y los unitarios, designados también como rosistas y antirrosistas, respectivamente.

Derrocado el régimen de Rosas, su vencedor Urquiza continuó bajo la ideología federal, lo que provocó la hostilidad de los porteños quienes —bajo las directivas de Valentín Alsina— defendieron la primacía de Buenos Aires sobre el resto del país.

El acuerdo de San Nicolás y su rechazo por la provincia de Buenos Aires dividió a la opinión pública en federalistas y liberales, estos últimos de tendencia porteña y separatista.



En el transcurso de la presidencia de Mitre surgió el partido Nacionalista, encabezado por el primero, quien sostenía la necesidad de federalizar a Buenos Aires. Sus opositores, acaudillados por Adolfo Alsina, defendían el autonomismo porteño y bregaban para que Buenos Aires continuara como capital de la provincia homónima, pero no del país. Los últimos constituyeron el partido Autonomista.

Cuando en 1874 se propició en toda la Nación la candidatura presidencial de Nicolás Avellaneda, surgió un nuevo partido político, el Nacional, que triunfó en las provincias y lo llevó al poder. De acuerdo con la política conciliadora anunciada por Avellaneda, el partido Nacional se unió con el Autonomista de Adolfo Alsina, coalición que hizo surgir al Partido Autonomista Nacional (P.A.N.).

Una fracción del autonomismo, encabezada por Leandro Alem y Aristó-bulo del Valle, no aceptó la pojítica unionista y se pronunció en contra.

El P.A.N. llevó al poder a Roca y a Juárez Celman. Durante el mandato del último y debido a los problemas políticos y económicos, surgió un nuevo partido opositor, la Unión Cívica de la Juventud, llamada más tarde —luego del mitin realizado en 1890, en el Frontón Buenos Aires— Unión Cívica.

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Durante la presidencia de Pellegrini, la Unión Cívica se dividió, debido al acuerdo que culminó con la candidatura de Mitre; los que aprobaron ese entendimiento, formaron la Unión Cívica Nacional (roquistas, pellegrinistas y mitristas) y los disidentes, que no aceptaron, dieron origen a un nuevo partido, la Unión Cívica Radical, bajo la dirección de Leandro N. Alem.

La nueva agrupación política adoptó —hasta la sanción de la Ley Electoral— una actitud revolucionaria, contraria al fraude y al continuismo político.

Los partidos políticos al promulgarse la ley Sáenz Peña

Cuando la Ley Sáenz Peña entró en vigor, la masa ciudadana abandonó la apatía política y amparada en la libertad de sufragio concurrió en gran cantidad a los comicios.

Los partidos políticos hicieron públicas sus plataformas electorales —principios fundamentales de su futura acción de gobierno— y abrieron comités para afiliar a sus simpatizantes. Los principales partidos de esa época eran los siguientes:

1) Partido Conservador. Tuvo sus orígenes en el Partido Autonomista Nacional, cuyos candidatos —como vimos— gobernaron durante muchos años a nuestro país.

De tendencia derechista, significó la expresión de una minoría culta, de indudable prestigio, que deseaba mantener el sistema institucional existente.

2) Unión Cívica Radical. Como vimos, surgió de la fracción disidente que no aceptó el acuerdo de la Unión Cívica con el entonces partido oficialista.
La Unión Cívica Radical actuó en principio bajo las directivas de Alem y del Valle y más tarde reconoció como jefe a Hipólito Yrigoyen, bajo cuyo período contó con gran apoyo electoral, particularmente de la clase media.

El partido censuró la violencia electoral, bregó por la libre expresión de la voluntad ciudadana y sostuvo nuevos planteos económicos. Sus dirigentes manifestaban que el radicalismo constituía, más que un partido, un movimiento de opinión nacional.

3) El Partido Socialista. Las ideas sociales que agitaban las masas proletarias de Europa a fines del siglo pasado, comenzaron a llegar a nuestro país alrededor de 1880 y a difundirse en los círculos obreros.

De tal manera, en 1894 se constituyó el Partido Socialista, cuyo órgano de expresión fue el periódico «La Vanguardia», dirigido por el médico Juan B. Justo, hombre de talento y de vasta cultura. En forma paralela, también se organizaban los anarquistas, de ideas más avanzadas.

Las precarias condiciones de vida a que estaban sometidos los obreros y la indiferencia de los gobiernos ante el problema favorecieron la difusión de los nuevos principios sociales. En esa época, el movimiento no excedió los límites de la populosa ciudad de Buenos Aires.

En 1904, el partido Socialista ganó la circunscripción correspondiente al barrio de la Boca y llevó ai Congreso su primer diputado, el joven abogado Alfredo L. Palacios.

4) Partido Demócrata Progresista. Fundado en el año 1914 por el doctor Lisandro de la Torre, contó en principio con el aporte electoral de la ciudad de Rosario. El partido sostuvo más tarde una plataforma liberal, de carácter izquierdista.

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