Crisis del Sistema Capitalista en el Siglo XX



Crisis del Sistema Capitalista en el Siglo XX

CRISIS DEL SISTEMA CAPITALISTA: Una combinación de factores marcó el final de un período de notable crecimiento: La declaración de inconvertibilidad del dólar en 1971 y las devaluaciones del dólar entre 1971 y 1973 pusieron fin la sistema monetario de Bretón Woods.

En 1973, la crisis del petróleo, terminó con el Petróleo Barato reavivó los temores producidos por el recuerdo de la crisis del 30. Ante la caída de la producción, del consumo y del crecimiento económico en general y frente a la reaparición de altos porcentajes de desocupación, el aumento de la pobreza y la inestabilidad de las variables económicas, se prefirió hablar de recesiones menores y momentáneas.

Las causas de esta grave crisis, que se prolongó hasta la década del noventa, fueron explicadas de diferentes formas: por la crisis del petróleo (aumento del precio de dicho producto), por los avances tecnológicos que provocaron desocupación y hasta por la creencia de que los salarios habían aumentado demasiado.

Es decir, se trató de una crisis provocada por el funcionamiento del propio sistema capitalista: después de más de veinte años de crecimiento sostenido se produjo un estancamiento y los empresarios —para no dejar de ganar tanto— transfirieron la disminución de sus ganancias a los otros sectores de la sociedad: los trabajadores, el Estado, etc. La crisis fue causada por la propia estructura del sistema, influida por causas coyunturales, como las mencionadas anteriormente.

crisis del capitalismo

1929-Crisis o Crack de la Bolsa de Wall Street

1973-Crisis del Petróleo y los Petrodólares

1994-Crisis Asiática

2001-Crisis en Argentina (Default)

2008-Inicio de la Crisis Hipotecaria y Financiera

2011-Crisis Inmobiliaria en Europa

LA CRISIS DEL PETRÓLEO

A partir de 1973, la crisis del petróleo reavivó los temores producidos por el recuerdo de la crisis del 30. Ante la caída de la producción, del consumo y del crecimiento económico en general y frente a la reaparición de altos porcentajes de desocupación, el aumento de la pobreza y la inestabilidad de las variables económicas, se prefirió hablar de recesiones menores y momentáneas.

Las causas de esta grave crisis, que se prolongó hasta la década del noventa, fueron explicadas de diferentes formas: por la crisis del petróleo (aumento del precio de dicho producto), por los avances tecnológicos que provocaron desocupación y hasta por la creencia de que los salarios habían aumentado demasiado.

Es decir, se trató de una crisis provocada por el funcionamiento del propio sistema capitalista: después de más de veinte años de crecimiento sostenido se produjo un estancamiento y los empresarios —para no dejar de ganar tanto— transfirieron la disminución de sus ganancias a los otros sectores de la sociedad: los trabajadores, el Estado, etc. La crisis fue causada por la propia estructura del sistema, influida por causas coyunturales, como las mencionadas anteriormente.

La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), nació en 1960, en respuesta a la baja del precio de éste impuesta por las grandesempresas petrolíferas que perjudicaba a los países productores. Esta organización, integrada mayoritariamente por naciones árabes, decidió aumentar el precio del barril de petróleo crudo en 1973 y en 1979 de tal forma, que mientras en 1970 costaba 2,53 dólares, a fines de los años 80 costaba 41.

De esta manera se terminó con el petróleo barato que había lubricado el crecimiento de posguerra.



Como consecuencia de estos cambios se frenó el ritmo del crecimiento económico. Creció la inflación, se redujeron las tasas de crecimiento y aumentó el desempleo.

Importantes industrias –incluso sectores industriales enteros- se vieron obligados a reconvertirse: debieron introducir innovaciones tecnológicas, ahorrar energía, reducir sus plantas de personal, etc. Muchas de estas reconversiones contaron con el apoyo de los estados nacionales, que tendieron a privilegiar la mejora de las estructuras productivas por sobre los gastos sociales.

PETRODÓLARES:

En aquellos años, el petróleo era la principal fuente de energía, por lo que su aumento produjo serias consecuencias en las economías de los países industrializados que dependían de la importación de petróleo para su funcionamiento.

Importantes restricciones en el consumo de energía, además del lógico encarecimiento de la misma, afectaron tanto a la industria como la vida diaria de la gente que no podía utilizar su automóvil o tenía horarios limitados para ver televisión o para hacer uso de otros electrodomésticos.

Por otra parte, los países miembros de la OPEP aumentaron considerablemente sus ganancias, a las que se denominó “petrodólares”.

Esa enorme masa de dinero salió de los estados árabes para incorporarse al sistema financiero occidental, que comenzó a ofrecer préstamos a cualquier país que los solicitase. De esta forma, la mayoría de las naciones en “vías de desarrollo” se endeudaron creyendo que pronto se recuperarían de la “momentánea” crisis. En los años 80, este endeudamiento estalló cuando México declaró la imposibilidad de pagar sus créditos.

Los países árabes conocieron una prosperidad nunca antes alcanzada, pero que no sirvió para el mejoramiento sustancial de la mayoría de sus habitantes, sino para el enriquecimiento de las minorías gobernantes. Por otra parte, compraron gran cantidad de armamentos, recalentando aún más la región, donde históricamente los problemas religiosos y raciales cada tanto estallaban en conflicto.

Pronto surgieron incidentes con Israel, la revolución iraní, las guerras entre Irán e Irak y la del Golfo.

Otro país que se benefició con la crisis fue la URSS, ya que contaba con grandes reservas de petróleo que exportaba con enormes ganancias. Desgraciadamente, gran parte de esos beneficios fueron utilizados para la carrera armamentista.

La crisis del petróleo sirvió como justificativo para explicar la depresión económica de los setenta y los ochenta, y culpar a los países integrantes de la OPEP de la misma.



Frente a la crisis iniciada en 1973, producto de la disminución de las tasas de ganancias de las grandes empresas, se empezaron a cuestionar las ideas keynesianas de intervencionismo estatal y se comenzó a cuestionar teórica y prácticamente el funcionamiento del “estado de bienestar”. El Estado, según los críticos, gastaba demasiado y era eso lo que generaba la crisis, por lo tanto había que reducirlo.

El keynesianismo aseguraba que frente a la crisis había que seguir aumentando el poder adquisitivo de la gente para aumentar el consumo y la producción, y por lo tanto, mantener el pleno empleo, aunque eso generara una inflación controlada y disminuyera las tasas de ganancias de los industriales.

Los críticos neoliberales o neoconservadores decían que el aumento de las ganancias era el único motor de la economía y por lo tanto se debían reducir los costos volviendo al liberalismo tradicional con la reducción del Estado, disminución de los salarios y eliminación de los puestos de trabajo innecesarios.

En algunos países las importaciones de capital estaban equiparadas con la fuga de capital: los residentes mexicanos tenían cerca de 3.000 millones de dólares estadounidenses en el extranjero en 1973 y 64.000 millones en 1984, casi tanto como el conjunto de la sección pública de la deuda exterior del país.

Además, en vista de la rápida inflación mundial en los años setenta, la carga real de la deuda aumentó mucho menos de lo que parecía a primera vista. Sin embargo, a partir de 1984, la práctica de reprogramar y también la cancelación completa de las demandas contra los países más pobres, frenó un poco el crecimiento de la deuda internacional.

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: La Guerra de Vietnam (1965-1973) sin duda provocó un efecto inflacionario sobre la economía, pero la renuencia de los gobiernos de Johnson y Nixon a imponer restricciones a los ingresos y al consumo de la ciudadanía definitivamente la empeoró.

Por último, esto culminó en la gran crisis de 1973, cuando el cartel de los países exportadores de petróleo (OPEP) impuso primero un embargo de petróleo y luego, aprovechándose de la aparentemente insaciable demanda norteamericana, aumentó los precios del crudo a casi un 250 por ciento.

Por otra parte, la industria estadounidense comenzó a perder su sitial al ingresar al mercado competidores extranjeros de mayor eficiencia, de manera tal que las exportaciones comenzaron a disminuir mientras las importaciones aumentaban.

Debido a la derrota en Vietnam y la incertidumbre económica, los años 70 fueron un período de gran preocupación para el pueblo norteamericano. El nacionalismo, la rebeldía de los contribuyentes y el deseo generalizado de recobrar la seguridad de antaño llevaron a Ronald Reagan a la presidencia en 1980.

Con el consentimiento entusiasta del electorado, el presidente aceleró todas las tendencias inquietantes del decenio anterior: rebajó los impuestos en un tercio, con lo cual abrió las compuertas a un torrente de poder comprador en el mercado y aumentó en forma desmesurada el gasto en armamentos, provocando un fuerte déficit.



La administración Reagan no logró corregir los defectos estructurales de la industria norteamericana, de modo que el nuevo poder adquisitivo se gastó en importaciones, creando un déficit de intercambio sin precedentes. Sin embargo, el éxito logrado por la Junta de la Reserva Federal al detener la inflación, aumentando las tasas de interés, significó que el capital extranjero llegara a raudales a Estados Unidos, con lo cual se financió el déficit y se mantuvo el auge del comercio nacional e internacional.

A mediados de la década del 80, Estados Unidos estaba viviendo a crédito. Con el derrumbe del mercado alcista más largo de la historia, el 19 de octubre de 1987, conocido como ‘el lunes negro’, hubo una corrida del dólar y los accionistas se aterraron.

En seguida vino una fuerte reacción nacionalista de resentimiento hacia Japón y la Comunidad Económica Europea por sus actitudes proteccionistas, pero la crisis fue temporal. La economía norteamericana siguió creciendo y el país tuvo varios éxitos de política exterior en Grenada, Panamá y con la Guerra del Golfo, en 1991. Sumado a todo esto, la caída del comunismo aumentó la confianza en las negociaciones norteamericanas con el mundo exterior.

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