Origen Hercules Heroe Griego Los doce Trabajos de Hercules



De pronto retumban gritos…. Se oye una muchedumbre intranquila; el aire se llena de murmullos. ¿Dónde estamos? En el palacio de Tebas, donde todo es agitación. Rostros inquietos interrogan a otros rostros que reflejan asombro y angustia. ¿Qué ocurre? ¿Se habrán rebelado los esclavos? ¿Estarán los enemigos a las puertas de la ciudad? ¡No, nada de eso! Un suceso extraordinario, acontecido en el palacio, estremece a la ciudad entera. En sus aposentos, Alcmena, joven reina amada por Zeus, había dado a luz un hermoso niño.

Innumerables prodigios acompañaron el nacimiento de Hércules.Recién nacido, el niño estranguló dos peligrosas serpientes.

El ama lo había acomodado en una primorosa cuna, alejándose por. breves instantes, y, al volver, cuál no sería su sorpresa, su terror y su admiración… El niño recién nacido estaba estrangulando, lentamente, a dos enormes serpientes. En cuanto nació, Hércules (cuyo nombre griego era Heracles) sorprendió a todos por su formidable apetito. Cuando niño bebía un odre de vino, comía como veinte hombres, arrancaba árboles para distraerse y combatía, hasta obtener la victoria, con leones y con toros.

Desde muy temprana edad, Hércules se adiestraba en el manejo de las armas. El centauro
Quirón, célebre por sus conocimientos, fue uno de sus primeros maestros.

Quirón, el más sabio y justiciero de los centauros, le dio las primeras nociones de agricultura y le enseñó el manejo del arco y de la lanza. Lino, su maestro de música, retórica y poesía, no hacía sino quejarse por su desatención, y lo castigaba reciamente, hasta que, durante una de sus lecciones, el joven Hércules, cuya virtud principal no era la paciencia, rompió la lira en la cabeza del desdichado Lino, quien murió en el acto. A Hércules, que no era malo, esa muerte le causó inmenso dolor.

No sabiendo qué hacer para expiar su culpa, se encaminó a Delfos para consultar el oráculo de Apolo. La respuesta del dios fue terminante. Se ordenó a Hércules ponerse al servicio de Euristeo, tirano de Micenas, y obedecerle en todo. Euristeo era justo le contrario de Hércules: débil, perezoso, astuto. Cuando lo vio surgir, tan fuerte y gigantesco, tembló de pavor, pues temía que llegara a ser su rival. Entonces decidió desembarazarse de él, confiándole ciertas misiones que pensó lo llevarían a una muerte segura.

Primero le pidió la piel del temible león de Nemea, famoso por los estragos que cometía en las montañas de Argólida. Dócil a las órdenes del tirano de Micenas, Hércules salió en busca de la fiera. Dos días más tarde reapareció en palacio cubierto de polvo, sucio de sangre, y arrojó la piel del león a los pies de Euristeo, quien le dijo:
—Ahora es preciso que mates a la hidra de Lerna, un monstruo cuyas siete cabezas escupen veneno.

Hércules se puso en campaña. En un pantano encontró a la hidra. El combate fue difícil, pues las cabezas del horrible animal volvían a crecer a medida que las cortaba. Finalmente, su amigo Tolas,»rr itiuicanrjn ce nerciiie-. quemo con un nzon encendido la raíz de cada una de la¿ cabezas en cuanto el héroe las derribaba. Hércules las seccionó todas, una por una. hasta que el monstruo cayó vencido. Entonces le abrió el cuerpo y empapó sus flechas en la sangre ponzoñosa del animal.

Sus trabajos no habían terminado todavía: tuvo que capturar al gigantesco jabalí de Erimanto y exterminó a las numerosas aves de rapiña que tenían alas, cabeza y pico de hierro, y devoraban los rebaños y los frutos de los países regados por la laguna Estinfalo. Más tarde, Euristeo le ordenó que condujera viva hasta Micenas a Cernitide, la cierva de cuernos de oro y patas de bronce, consagrada a Diana. Euristeo, que había decidido la muerte de Hércules, tuvo la idea de encargarle la limpieza de los establos de Augías, rey de Elida, que estaban llenos de estiércol hasta el techo.



¡Tarea irrealizable para un ser humano,, a causa del insoportable hedor que se desprendía de todas esas materias estancadas y corruptas! Hércules desvió entonces el curso del río Alfeo para que sus aguas limpiaran los inmundos edificios. Después de penosa y arriesgada persecución, consiguió encadenar y arrastrar hasta el Peloponeso al toro de Creta, que devoraba seres humanos y era el terror del país.

Los pedidos de Euristeo no cesaban: recibió Hércules otro encargo. Se trataba ahora de apresar los caballos de Diómedes, rey de Tracia, que también se alimentaban con carne humana y estaban atados con cadenas para evitar que se devorasen entre ellos. Triunfó en esa prueba y llevó los caballos al tirano.

El nuevo encargo fue combatir contra las Amazonas. Gran trabajo le costó derrotar a esas feroces guerreras y, sobre todo, a la reina Hipólita, que se defendió con denodado coraje. Después recibió orden de apoderarse de los bueyes del gigante Gerión. Seguidamente fue enviado al extremo del mundo, en busca de las manzanas de oro del jardín de las Hespérides. El gigante Atlas buscó desviarlo de su ruta, pero Hércules, engañándolo, llegó hasta el famoso jardín y recogió las codiciadas y maravillosas manzanas. . .

Asombrado Euristeo al ver que el éxito coronaba todas las empresas de Hércules, creyó haber encontrado, por fin, el medio de hacerlo desaparecer para siempre. Lo envió en busca del Cancerbero, perro de tres cabezas y cola de serpiente, guardián del infierno. Semanas después regresaba Hércules a Micenas trayendo encadenado al temible monstruo.

Mientras tanto se había cumplido el tiempo impuesto por el oráculo. Dueño ahora de sus actos, Hércules decidió recorrer el mundo para castigar a los culpables y defender a los inocentes.

Un día resolvió casarse. Pidió y obtuvo la mano de Deyanira, hija del rey de Etolia. Se celebraron las bodas y los nuevos esposos partieron para Tebas. Después de varios días de viaje se detuvieron en una de las orillas del río Evenos, y pidieron al centauro Neso que los ayudara a cruzarlo. Aferrada a las crines del centauro, Deyanira pasó primero. Pero Neso, repentinamente prendado de la joven, trató de raptarla huyendo con ella al galope.

Con la rapidez del rayo, Hércules preparó su arco y arrojó una saeta envenenada que alcanzó al raptor y le dio muerte. Antes de expirar, el centauro dijo a Deyanira: “Princesa, moja tu túnica en mi sangre, y si algún día dudas de la fidelidad de tu esposo, dile que se la ponga, y así podrás reconquistar su amor.”

Pasaron largos años y llegó un día en que Deyanira dudó de Hércules. Ciega de celos, le tendió la túnica fatal que esperaba le devolviera la felicidad. En cuanto se puso la prenda, Hércules sintió arder su cuerpo como si las llamas le devoraran. El veneno de la flecha mezclado con la sangre del centauro le infligía torturas mortales.

Deseando mostrarse superior hasta su último aliento, levantó una enorme hoguera y la encendió con sus mismas manos para consumirse en ella. Las llamas rodeaban ya al héroe, cuando el cielo se abrió súbitamente. Una luz deslumbrante se difundió sobre la tierra, y el alma de Hércules voló hasta el Olimpo para ocupar su sitio entre las divinidades.



Las cabezas de la hidra de Lerna crecían a medida que se las cortaba.
Sin embargo, Hércules consiguió destruir al monstruo.

Levantando una barrera de rocas, Hércules desvió el curso del río Alfeo, para que sus aguas pudieran limpiar los establos del rey Augías.

Hércules conduce a Micenas los caballos de Diómedes que se alimentaban con carne humana. Previamente les hizo comer al mismo Diómedes.

Cuando partió en busca de las manzanas de oro de las Hespérides, Hércules encontró al gigante Atlas, que sostenía al mundo sobre sus espaldas.

Las Amazonas eran guerreras más implacables que los hombres. Hércules las venció y se apoderó del cinturón de oro de su reina Hipólita.

El centauro Neso, que ayudaba a los viajeros a cruzar el río, intenta raptar a Deyanira, esposa de Hércules. Éste lo
mata de un certero flechazo.

Hércules llegó hasta el umbral de los Infiernos; encadenó al Cancerbero y lo llevó hasta el trono de Euristeo. Aterrado,
éste hizo volver al animal a su lugar de origen.

Por una falta cometida en un momento de ira, Hércules tuvo que quedar, durante un año, en calidad de esclavo en
la corte de Onfale. Ésta se complacía obligándolo a hilar a sus pies, como una mujer.

Muerte de Hércules. Deyanira llora cerca de la pira en la que yace el héroe. Hércules, por voluntad de su padre, el
dios de los dioses, fue recibido en el Olimpo.

AMPLIACIÓN DEL TEMA:
LOS TRABAJOS DE HERCULES



Aunque menos inteligente que Ulises, que Teseo o que Jasón, Hercules llegó a ser, nc obstante, el más famoso de los héroes, y, por sus hazañas, alcanzó la inmortalidad.

Era hijo de Zeus y de una mortal, Alcmena, mujer de Anfitrión, rey de Tirinto. Desde el nacimiento mostró su fuerza y su valor, al ahogar a dos serpientes que se habían introducido en su cuna. Recibió una educación esmerada, pero prefería los deportes violentos, en los cuales sobresalía, a los ejercicios del espíritu. A la edad dé dieciocho años mató a un león que tenía aterrorizada a la región, y se hizo una vestidura con su piel.

Sin embargo, un drama horrible marcó su vida. Casado con la princesa Megara, que le dio tres hijos, sufrió un acceso de locura y mató a su familia. Para purificarse acudió al oráculo de Delfos, quien le impuso algunas condiciones: los doce “trabajos” famosos. Primero tenía que matar al león de Nemea, invulnerable a cualquier arma: pero Hercules salvo la dificultad, estrangulándolo.

A continuación, había de dar muerte a la hidra de Lerna, monstruo de nueve cabezas, que renacían después de cortadas; Hercules consiguió cauterizar los tajos, a medida que iba cortando las cabezas. La quinta prueba consistía en limpiar, en un día, los establos de Augías, que albergaban a miles de bueyes, y que jamás habían sido limpiados. Hercules, desviando dos ríos, terminó felizmente su trabajo.

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Después, habiendo recibido el encargo de comprar bueyes en una isla occidental, rompió una roca que separaba el Mediterráneo del Océano Atlántico. Desde entonces, las rocas formadas se llamaron las columnas de Hércules (Gibraltar y Ceuta).

Para su undécimo “trabajo”, robar las manzanas de oro del jardín de las Hespérides, tuvo que dirigirse, a Atlas, quien sostenía la bóveda celeste sobre sus espaldas. Atlas accedió a buscar las manzanas, a condición de que Hercules le reemplazara y sostuviera el mundo sobre sus espaldas. Atlas volvió con las manzanas, pero quiso dejar a Hercules su carga.

Hercules pidió, simplemente, a Atlas que volviese a tomar la carga sólo un instante, el tiempo necesario para encontrar una almohadilla que le ayudase a soportarla mejor. Atlas, torpe, aceptó, y Hercules tomó las manzanas y se fue… Podrían contarse otras muchas aventuras de este héroe, que murió en medio de atroces sufrimientos, pero que, a su muerte, fue conducido al cielo y aceptado en las filas de los dioses.
Así, después de muchas tribulaciones, Heracles pudo redimirse.

Las leyendas refieren la historia de otras familias, cuyas desgracias fueron debidas, igualmente, a una culpa original, y cuyo trágico destino había de inspirar a los grandes poetas griegos.

Fuente Consultada: HISTORMA Tomo I La Gran Aventura del Hombre Mitología Griega

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