La Vida En Bagdad - Irak luego del primer ataque

La Vida En Bagdad - Irak
luego del Primer Ataque

La Vida En Bagdad - Irak luego del primer ataque

-¿Cómo es la vida hoy en Bagdad?

-Es fácil imaginarse en qué condiciones pasa uno a vivir cuando durante meses no tiene luz ni agua en una ciudad en la que hace más de 30 grados.

Hay escasez de alimentos y es imposible comer otra cosa que no sea pollo, día tras día.

El transporte público limitadamente.

Hay áreas de la ciudad en las que no se puede circular, como Saddam City, y ni hablar de los suburbios.

La inseguridad es total.

En la calle hay apenas un poco de policía de tránsito y los tanques americanos custodian ahora los hospitales y algunos museos.

En las rutas sigue habiendo, saqueos a los convoyes humanitarios o de periodistas.

Las tropas norteamericanas no están siendo capaces de asegurar las rutas ni los barrios más radicalizados.

Además las colas para las gasolineras son de tres o cuatro cuadras.

Antes de la guerra se cargaba un tanque con un dólar, ahora cuesta siete veces más.

Hay un deterioro obvio como consecuencia de la falta de servicios esenciales.

Además de la destrucción de la guerra:

-Por supuesto: calles rotas, escapes de agua, edificios semiderruidos o abandonados.

Las pequeñas poblaciones rurales han ido desapareciendo por la violencia y la pobreza, y los caseríos en el desierto parecen pequeños pueblos fantasma.

Irak tenía una clase media fuerte y bien instruida, que perdió su poder de compra y sus motivaciones, no hay expectativas personales de ningún tipo.

La incertidumbre acerca del futuro es absoluta.

Nadie sabe qué va a pasar.

El sesenta por ciento de las personas trabajaba para el gobierno.  Hoy no tienen trabajo y quienes lo conservan no saben si algún día cobrarán lo que están trabajan­do.

Sin embargo, los iraquíes tienen claro que la ayuda externa que necesitan es muy puntual: tienen mucho personal capacitado y con alto nivel de entrenamiento en muchas áreas.

Lo que necesitan es soporte en áreas específicas y la normalización del acceso a la tecnología para reparar lo des­truido por la guerra y la desinversión.

 -¿Qué pasa con la administración pública?

. -El caos es manifiesto: todas las dependencias del Estado funcionan al cincuenta por ciento.

El ministro de Salud, por ejemplo, cambió durante meses cada diez, quince días.  Así es imposible esperar una política estable.

Nadie limpia las calles ni repara las instalaciones eléctricas o telefónicas.  Y como siempre, quienes tienen acceso al dinero son los que primero se beneficiaron.

Los restaurantes comenzaron a abrir, las ONG ya cuentan con teléfonos celulares y algunos hoteles hasta han habilitado las piscinas, pero la gente pobre tie­ne problemas de abastecimiento y hay escuelas que no funcionan.

-¿Cuál es a su a su criterio el problema más acuciante?

-Todos.  Pero el tema dominante es la violencia y hay incidentes serios.  La resistencia a la invasión es importante.  Los iraquíes no quieren un gobierno extranjero e su país.

Por su historia, después de haber vivido tres guerras, Irak es un país en don de la gente tiene muy fácil acceso a las armas, una fuerte cultura de violencia y u componente de radicalidad religiosa decisivo.

El toque de queda sigue funcionando de once de la noche a ocho de la mañana.

El mercado negro de armas está ante los ojos de los norteamericanos: por 30 dólares comprás una pistola y por 75 un fusil Kalashníkov.

Muchas personas van armadas y la gente no trabaja más allá de las dos de la tarde porque, con la ausencia de transporte y la inseguridad, tienen temor de llegar tarde a sus casas.

Hay manifestaciones cada día reclamando por la normalización de la administración y la retirada de los estadounidenses.

A las tropas norte­americanas se las nota tensas, desborda­das.

  En este marco, una represión indiscri­minada puede desencadenarse en cualquier momento.

EE.UU. invadió con la excusa de que los iraquí querían terminar con Saddam.  Es así?

-Los iraquíes podían tolerar la invasión como una desgracia más, pero no la querían. Y a medida que pasaron los días, cuando quedó en evidencia la falta de previsión y organización de las fuerzas de ocupa­ción, creció el enojo.  Irak era una sociedad empobrecida pero digna.

Ahora su gente está indignada y humillada.

La mayoría está contenta de que Saddam haya caído, pero la hostilidad hacia los norteamericanos crece.

Los iraqufes reclaman lo mismo que todas las poblaciones del mundo: trabajo, seguridad y la normalización de las condiciones de la vida diaria.

Quieren acceso a la comida, a la educación, al transporte.

La red de salud está en severa crisis básica mente porque el sistema de distribución de insumos y medicamentos no funciona.

  ay grandes sectores de la población mu empobrecidos, las condiciones en los ba­rrios shiitas de Bagdad son las de un su­burbio pobre de cualquier ciudad urbana en la que el Estado se retiró y no hizo ninguna tarea de soporte en años.

-¿Hay ejecuciones sumarias, tal comodenunció Anmistía Intanacional?

-No hemos tenido noticias de abusos por parte de la potencia ocupante, aunque su trato con los ladrones que encuentran cada tanto no es precisamente gentil.

Pero hemos visto decenas de niños con las ma­nos destrozadas o con terribles amputaciones por las bombas, las minas o los restos de bombas de fragmentación que quedaron esparcidos y ellos recogen en un descuido.  Si esto no es violar derechos humanos, ¿qué es entonces?

-¿Qué opina del papel de Naciones Unidas?
-Esta invasión se desató a pesar del repudio de toda la comunidad internacional y del deficitario pero único organismo que tenemos para regular la convivencia global, que es Naciones Unidas.

  En cualquier otro país esto hubiera significado sanciones y bloqueos y, sin embargo, no va a pasar nada.

Este episodio hirió de muerte a la ONU: más allá de que ahora traten de reacomodarse en la reconstrucción de Irak, el retroceso que esto significa en la aplicación de normas de convivencia internacional e gravísimo, mucho más grave que el conflicto en sí mismo, porque no sólo son los muertos de hoy, sino el permiso abierto que cada uno haga lo que se le dé la gana, independientemente de la opinión y del poder legal del resto de los países y de los organismos multilaterales.

Diría que la ONU no existe más tal como fue concebida.

La ONG que prestan ayuda humanitaria pueden trabajar libremente?
-Las independientes nos rehusamos a trabajar bajo el paraguas de las fuerzas armadas invasoras y tuvimos que autoorganizamos para suplir la coordinación que normalmente tiene que realizar la ONU, pero que, por la confusión política sobre qué rol le cabe en una guerra ilegal, no validada por el Consejo de Seguridad, está totalmente vacante.

Por el momento no hay limitaciones de acceso al trabajo.

Pero sabemos que ya comenzó la descarga de ayuda humanitaria proveniente de las fuerzas ocupantes: al menos un hospital fue refaccionado y por ende dirigido por nortea­mericanos; el ejército kuwaití estuvo cumpliendo funciones "humanitarias" con soldados en uniforme y los británicos van a desembarcar con muchísimos elementos en la zona norte del país.

Está muy poco claro qué pasará a futuro, pero tenemos la sensación de que se darán enormes privilegios a muchas ONG que trabajan bajo el amparo de las fuerzas de ocupación.

Otras ONG tenemos absolutamente decidido no reconocer a los norteamericanos ni a ningún gobierno títere como interlocutor y tendremos que caminar el desfiladero de no hacer el juego a las fuerzas de ocupación, pero no dejar abandonados a los civiles iraquíes.

-¿Qué fue lo peor que le pasó en Irak?
-Operamos a una niñita de 8 años,Maud, que estaba escondida con toda su familia en su casa durante los bombardeos. De repente, como en tantos otros ca­sos, todas las puertas y ventanas se abrieron de golpe por la onda expansivo y las esquinas que entraron le destrozaron la mano y el brazo mientras que los escombros mataban a su tía y a su hermano.

Lo dramático de la inteligencia aplicada a la ingeniería militar, al perfeccionamiento del daño, las bombas de fragmentación ilegales, es que, a diferencia de lo que pasó en Bosnia o Kosovo, esta vez vimos heridas tremendas con destrucción completa de la masa muscular y los huesos directamente desaparecidos, pero con el resto del cuerpo relativamente preservado.

La masividad de los heridos y las precarias condiciones de trabajo obligaron a cirugías muy radicales y el número de amputaciones es muy alto.

¿Qué se siente ante esa situación?
-Indignación.  Ver a una niñita preciosa de ocho anos condenada a vivir toda su vida con una pierna y un brazo menos genera una rabia ilimitada.  Causa bronca la guerra.  También el crimen lento y silencioso que significaron los años de bloqueo que se ven claramente en una ciudad empobrecida, sucia, afeada pero con los signos de haber sido bella y moderna alguna vez.

Y sobre todo indigna la falta de respeto que significa el desgobierno de las fuer­zas militares invasoras.

Uno siente que esta gente no se merece eso.  Para nosotros la vida diaria fue dura los primeros días.

Teníamos que salir a la calle con chaleco antibalas y se escuchaban tiroteos por todos lados.  Sólo íbamos del hotel al hospital sin movemos más que lo imprescindible., Lo peor es que todo lo "occidental" ha comenzado a identificarse como "prosionista" o "antiárabe" y esto deterioró mucho las condiciones de seguridad de las ONG humanitarias o de cualquier otro actor extranjero.

Las guerrillas los toman como blancos blandos.  Y ha habido heridos v muertos de varias organizaciones.

-¿Tuvo algún tipo de contacto con soldados aliados?
-Sí, claro, más del que queríamos, Quienes controlaban los check-points que pasábamos regularmente eran siempre los mismos y muchas veces venían a comer o tomar una gaseosa al comedor de nuestro hotel.

E inevitablemente terminaban iniciando alguna breve conversación.  Y uno ni puede enojarse con ellos.  Son chiquilines de no más de 24, 25 años, en un setenta y cinco por ciento negros o hispanos, a los que se ve muy nerviosos, asustados y definitivamente decepcionados.

Obviamente alguien les contó que los iban a reci­bir con mucha alegría.  Y está claro que no fue así.

 Entre el Líbano y Vietnam
Entre Vietnam y el L ano.  Esas dos son las imágenes con las que los analistas políticos y militares de los grandes países de Occidente definen la situación actual de Irak.  Por acciones de estrategia guerrillera, ya murieron más tropas extranjeras en la posguerra que en lo que duró el conflicto entre los ejércitos de Bush/Blair y el de Saddam Hussein.

La reaparición del ex presidente iraquí con un mensaje grabado, el atentado que voló el edificio de la ONU y mató a 17 personas entre ellos el encargado de derechos humanos, Sergio Viera de Mello, los dos coches bomba que destruyeron la mezquita de Alí (murió el mayor de los líderes shiitas, opositores a Saddam) y la matanza cotidiana de policías y marines, son escenas elocuentes del caos político y militar que produjo la intervención norteamericana.

Eso, sin contar los dramas de vida cotidiana que la médica argentina Sílvia Quadrelli cuenta en estas páginas.

Nota Perteneciente a Gonzalo Basile


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