Objetivos de la Guerra en Irak Doctrina Bush Invasión a Irak



OBJETIVOS Y CLAVES PARA ENTENDER EL ATAQUE A IRAK

LA DOCTRINA BUSH:

1) EE.UU. tiene el derecho de llevar a cabo acciones militares ofensivos contra aquello países que se considere una amenaza para la seguridad nacional, por ejemplo por poseer armas de destrucción masiva

2) Quienes ofrezcan cobijo a los terroristas son culpables también de terroristas y recibirán iguales tratos ofensivos.

 

George Bush (h.)

OBJETIVO: «La región del Golfo ha sido la más importante del mundo en

cuanto a producción de energía desde la Segunda Guerra Mundial y se espera que lo siga siendo durante, al menos, una generación más. El Golfo Pérsico es una inmensa fuente de poder estratégico y de riqueza material. E Irak ocupa un lugar absolutamente fundamental en él. Irak posee las segundas reservas más grandes de petróleo del mundo, y el crudo iraquí es muy fácilmente accesible y barato.

Si se tiene el control de Irak, se estará en una posición muy fuerte para determinar el precio y los niveles de producción (no demasiado altos pero tampoco demasiado bajos) para debilitar a la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), y para influir en el resto del mundo. Esto no tiene nada que ver con el acceso al petróleo para importarlo en Estados Unidos, sino con el control de dicho petróleo.

Si Irak quedase en algún lugar de África central, no se elegiría como ejemplo básico en el que aplicar la nueva doctrina de la fuerza. De todos modos, nada de esto explica la elección del momento preciso en que se inició la actual invasión de Irak, pues el control del petróleo de Oriente Medio ha sido una preocupación constante.» Noam Chomsky

La guerra de Irak es el error más grave de la política exterior de Estados Unidos desde la decisión de Lyndon B. Johnson de incrementar masivamente la presencia militar en Vietnam.



ANTECEDENTES: Tras el ataque  terrorista del 11 de septiembre, la administración Bush empezó a sugerir que Saddam estaba en contacto con al-Qaeda y otros grupos terroristas islámicos. De hecho, Saddam era un nacionalista árabe secular de la vieja escuela y había tratado con dureza a los islamistas en Irak. Pero aun así, Saddam se convirtió en objetivo de oprobio por parte de los neoconservadores, que creían que era la misión de EE. UU. exportar la libertad y la democracia al Tercer Mundo, respaldadas si era necesario por las fuerzas armadas.

El hecho de que Irak estuviera encima de grandes reservas de petróleo también lo convertía en estratégicamente importante. La consecuencia fue que en marzo de 2003 una «coalición de la voluntad», formada principalmente por Estados Unidos y Reino Unido, montó una invasión de Irak y derrocó a Saddam. No existía una sanción clara de la ONU para esta acción, que se emprendió desafiando grandes protestas populares por todo el mundo. No se encontró ni una sola ADM, la única justificación para la implicación del Reino Unido.

Las potencias invasores no tenían planes para la reconstrucción de Irak después del «cambio de régimen». Las divisiones étnicas y religiosas dentro del país se recrudecieron, conduciendo a una guerra civil y a una resistencia feroz a los ocupantes occidentales. Durante la invasión y la insurgencia que le siguió, decenas de miles —quizá centenares de miles— de civiles iraquíes fueron asesinados. Aunque las últimas brigadas de combate americanas se retiraron en agosto de 2010, Irak sigue siendo un lugar peligrosamente inestable.

Otra dimensión de la guerra de Irak que suele obviarse es la económica. El brutal déficit de Estados Unidos obedece a una doble razón: a la tradicional política republicana de reducir los impuestos a las grandes corporaciones y a las personas de mayores ingresos con el propósito iluso de activar la economía, y al costo estratosférico de la guerra y la ocupación de Irak. La economía norteamericana no tiene solución hasta que no logre una salida a la tragedia iraquí.

La guerra de Irak quiebra los equilibrios del mundo. Al actuar al margen de las Naciones Unidas y del consenso internacional, Estados Unidos y sus aliados crearon un precedente enormemente peligroso, como podemos ver hoy con la actuación rusa en Georgia.

Por si fuera poco, como ya es una verdad comprobable, las razones esgrimidas para llevar a cabo la acción bélica eran falsas. Se trató de un montaje de los servicios secretos norteamericanos y británicos. Sadam Husein se había deshecho de sus armas de destrucción masiva, y eso lo sabían los norteamericanos. El vergonzoso intento de manipulación de los inspectores nucleares de las Naciones Unidas y del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), encabezados por el escrupuloso sueco Hans Blix, es una página negra en el historial diplomático norteamericano.

Además, la señal enviada a otros países es que el problema no es tener armas de destrucción masiva, sino no tenerlas. Dicho de otro modo, Estados Unidos no habría atacado Irak de saber con certeza que el tirano Husein poseía la bomba atómica, del mismo modo que no sólo no ataca a Corea del Norte, sino que se pliega a sus exigencias en unas negociaciones a conveniencia.

Así, la guerra vulneró la economía norteamericana, el derecho internacional, y produjo una propagación de armas de destrucción masiva sin precedentes. El empeño de Ahmadineyad de que Irán se haga con la bomba atómica, probablemente ya coronado con éxito, está íntimamente relacionado con los errores de cálculo de la administración Bush en la guerra de Irak. (Fuente: Antonio Navalón. Paren el mundo que me quiero enterar)

LAS MENTIRAS: EE.UU. liberará a Irak del terrorismo para construir una democracia con valores occidentales (objetivo logrado a través de la propaganda oficial)

En un sondeo de opinión realizado por una organización occidental, se preguntaba a los iraquíes: ¿Por qué cree que Estados Unidos ha entrado en Irak? En la pregunta no se utilizaba la palabra «invadir». Algunos iraquíes estaban de acuerdo con el presidente Bush y con el 100 por 100 de los comentaristas occidentales. El 1 por 100 dijo que el objetivo de la invasión fue establecer la democracia. El 70 por 100 dijo que el objetivo era apoderarse de los recursos naturales de Irak y reorganizar la región de Oriente Medio, o sea, coincidían con Richard Perle y Paul Wolfowitz.



Esa era la opinión más aplastante. El 50 por 100 aproximada mente dijo que Estados Unidos quiere establecer una democracia en Irak pero no permitirá que el Gobierno iraquí lleve a cabo sus propias políticas sin contar con la influencia estadounidense. Dicho de otro modo, entienden que Estados Unidos quiere la democracia siempre que Estados Unidos pueda controlarla. Es correcto. Una democracia es un sistema en el que eres libre de hacer lo que quieras, siempre y cuando hagas lo que se te dice.

Hay una cantidad tan apabullante de pruebas que demuestran esta afirmación, que resulta aburrido repetirlas. Pero los comentaristas estadounidenses son incapaces de entenderlo. Los iraquíes, por el contrario, parecen entenderlo a las mil maravillas, en parte por que conocen su propia historia.

En 1920 Gran Bretaña creó Irak artificialmente y estableció sus fronteras de tal modo que ellos, y no Turquía, pudiesen tener el control del petróleo de la parte norte. Y se aseguraron la dependencia de Irak al dejarlo sin acceso al mar. Lo cual a su vez explica que Gran Bretaña colonizase Kuwait. Gran Bretaña declaró entonces a Irak como país libre e independiente, que iba a ocuparse él sólito de sus propios asuntos.

Si echas un vistazo a los registros de la British Colonial Office, que antes eran secretos pero ahora se han hecho públicos, verás que los británicos decían que Irak sería un país libre, pero gobernado con una «fachada árabe», detrás de la cual seguirían gobernando ellos. Los iraquíes no necesitan leer esos documentos secretos. Conocen muy bien su propia historia. Y saben hasta dónde llegaba su libertad.

Basta un minuto para darse cuenta de que es absolutamente imposible que Estados Unidos y Reino Unido vayan a tolerar la existencia de un Irak democrático y soberano. Piensa en el tipo de políticas que aplicaría un Irak democrático. En primer lugar, el Estado contaría con mayoría chiíta, por lo que seguramente entablaría relaciones con Irán, también de mayoría chiíta.

En Arabia Saudí la población chiíta es bastante numerosa también, precisamente en las zonas donde están las explotaciones petrolíferas. Un Irak independiente de mayoría chiíta, justo puerta con puerta de Arabia Saudí, podría despertar reacciones en dichas zonas, lo que muy bien podría significar que el corazón de los recursos energéticos mundiales quedaría bajo control o la influencia de un gobierno chií independiente. ¿Estados Unidos va a tolerar semejante situación? Inimaginable.

En segundo lugar, un Irak independiente trataría de recuperar su lugar histórico como una de las fuerzas motrices, por no decir la fuerza motriz, del mundo árabe. ¿Qué significaría eso? Que Irak se rearmaría y probablemente sí que desarrollaría armas de destrucción masiva, primero como elemento disuasorio pero también como forma de plantar cara al principal enemigo de la región: Israel. ¿Estados Unidos se va a sentar tan ricamente y a tolerar que ocurra algo así?

Las posibilidades de que Estados Unidos y su perro de ataque, Reino Unido, se queden tan panchos mientras dejan hacer a Irak son tan remotas que ni siquiera se pueden plantear en una conversación. Los planifica-dores estadounidenses y británicos no pueden estar pensando en un Irak democrático. Es inconcebible.

Fuente Consultada:
Ambiciones Imperiales Noam Chomsky
50 Cosas que debes saber de la historia del mundo Ian Crofton

Pagina Basada en una Nota del Diario Clarín



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