X

Regreso de Ulises Final Guerra de Troya Los Lestrigones Ciclopes

Regreso de Ulises Final Guerra de Troya

ULISES Y LOS LESTRIGONES:

Después de un fatigoso viaje, sorteando vientos y tormentas, las naves de Ulises arribaron en cierta ocasión al país de los lestrigones.

El puerto era excelente, rodeado de altísimos acantilados rocosos que parecían rozar el cielo.

Los marineros dirigieron las naves a través de una estrecha bocana bordeada de rocas; después de haber fondeado, amarraron fuertemente sus naves una a otra.

Sólo Ulises, embargado por un oscuro presentimiento, permaneció fuera de la bahía, amarrando su nave a una enorme roca.

Inmediatamente escaló un alto acantilado para desde la cima poder descubrir si allí vivían seres humanos.

Pero ni rastro, por ninguna parte se veían huellas; sólo divisó unas lejanas columnas de humo que ascendían hacia el cielo.

Envió entonces a unos emisarios para que averiguasen qué clase de habitantes poblaba este país.

Los observadores enviados por Ulises caminaron a lo largo de un sendero por el que circulaban carros cargados de madera, que transportaban desde las montañas a la ciudad.

Muy cerca de la ciudad encontraron a una muchacha que, delante mismo de las puertas de acceso a la ciudad, recogía agua de la fuente Artakia.

Era la gigantesca hija de Antifates, rey de los lestrigones.

Cortésmente preguntaron a la muchacha quién era el rey de este país y qué pueblo era este.

La hija del rey les señaló entonces la casa de su padre.

Al penetrar los compañeros de Ulises en el palacio real, sólo encontraron allí a la esposa del rey, una mujer de gigantesca estatura, tan alta como la cima de una montaña.

Los amigos de Ulises se intranquilizaron, el espanto y el horror se apoderó de ellos.

Pero la reina envió inmediatamente unos mensajeros para que el rey regresase al palacio.

Y éste, un personaje terrorífico, llegó a marchas forzadas al palacio, sujetó inmediatamente a uno de los emisarios y se lo comió con piel y pelos.

Los restantes compañeros de Ulises, aterrorizados, huyeron inmediatamente, mientras el rey Antifates, profiriendo gritos estentóreos, reunía a lodo su pueblo.

De todas partes llegaban lestrigones persiguiendo, con su rey a la cabeza, a aquellos extranjeros hasta el puerto.

Desde lo alto de los acantilados empezaron a lanzar y arrojar enormes rocas contra las naves que permanecían amarradas unas a otras, y como encarcela en aquella bahía.

La confusión reinante era terrible, las  gigantescas rocas lanzadas por aquellos gigantes se estrellaban una y otra vez contra las naves y las destruían.

Los lestrigones corrieron luego rápidamente hacia la bahía y con sus armas arrojadizas atravesaron a los amigos de Ulises que, para salvarse, se habían arrojado al agua, pero que ahora eran pescados por los lestrigones, arrastrados a sus casas y luego comidos.

Ulises cortó rápidamente las amarras con las que había sujetado su nave a una roca, y ordenó a sus compañeros supervivientes que remasen con todas sus fuerzas.

El temor al horrendo fin que hubieran podido sufrir en los estómagos de los antropófagos parecía dar alas a sus esfuerzos por escapar de allí.

La proa de su nave cortaba las olas.

De esta forma pudo escapar la única nave de Ulises; había sido precavido al no fondearla también en la bahía.

Pero había perdido todas las naves restantes incluidas las respectivas tripulaciones.

Fuente Consultada: Relatos de la Antigüedad – Lo Se Todo Tomo III – Figuras y Leyendas Mitológicas.

La Historia del Mundo en Imágenes


Entradas Relacionadas Al Tema

Usamos cookies, si continuas navegando, aceptas el uso de las mismas.