Terapia de Contacto Con Animales Para Curar Enfermedades Experiencias



Terapia de Contacto Con Animales Para Curar Enfermedades
Experiencias Científicas

Se llama terapia de contacto, y más allá de esta formal denominación, se trata quizás de la mayor revolución producida por la medicina de fin de siglo. Y como ocurrió con tantos otros descubrimientos geniales, surgió del estudio minucioso del amor hacia nuestras mascotas. Hoy se ha comprobado que ese amor puede prevenir y curar graves enfermedades. Por ejemplo acariciar perros y gatos desencadena en nuestro organismo una catarata de reacciones neuroendocrinas cuyo balance general se traduce en una mejoría general de la salud.

En su constante búsqueda de explicaciones racionales para todas las cosas, los científicos trataron de explicar un fenómeno tan misterioso romo frecuente: la evidente compulsión que sienten muchas personas enfermas por acariciar a sus mascotas, lo grando con esta conducta un alivio que por mucho tiempo se creía imaginario, Pero no lo era.

Se comprobó que en la relación mascota existe una extraña fuente de potencial», que se hace activa cuando por alguna  razón se altera el equilibrio de salud (física y mental) del ser humano.

Aunque recién se están dando los primeros pasos hacia el completo conocimiento de esa invisible energía curadora, el tema está muy lejos de ser uno más de los que abundan en las revistas de seudociencias. Se trata de una verdadera revelación científica, que abre un abanico de caminos alternativos para el tratamiento de todas la enfermedades conocidas, inclusive las consideradas incurables.

El primer estudio serio sobre el tema se realizó en 1985 en la Universidad de Nueva York. La doctora Erica Friedman realizaba una investigación tendiente a dilucidar si la sociabilidad de una persona o su nivel de aislamiento tenían relación directa sobre sus posibilidades de padecer ataques cardíacos y sobrevividos.

contacto con delfines con fines curativos

Uno de los vínculos más poderosos que se establecen entre seres humanos y animales es el de los niños con los delfines. Esta relación ha demostrado ser altamente beneficiosa para el tratamiento de numerosas enfermedades.

Para averiguarlo efectuó un estudio estadístico, durante el cual entrevistó a 100 personas convalecientes de síncopes e infartos. Le hizo completar a cada uno de ellos un amplio cuestionario sobre su vida personal. Un año después, 14 de los encuestados habían fallecido. Y aquí surgió el primer gran indicio: las personas muertas eran hombres solitarios, que a diferencia de los sobrevivientes, no tenían perros o gatos en sus casas.

«Evidentemente -explicaba la investigadora-, estos resultados querían decirnos algo, pero no sabíamos bien qué era. Por suerte, otros científicos en diversas partes del mundo continuaron nuestras investigaciones, y hoy podemos mostrar pruebas evidentes de que las mascotas pueden ayudar a prolongar la vida de una persona «.

ANIMALES Y HORMONAS
Desde el descubrimiento de Friedmann hasta hoy, los animales de compañía se han transformado para los científicos en verdaderas «bombas de salud», y no son pocos los grandes centros médicos que prescriben -como complemento de la medicina convencional- los novedosos tratamientos de contacto. En otras palabras, una dosis diaria de caricias a un perro o gato que muchas veces debe ser provisto al enfermo.



«El simple contacto con el calor del cuerpo de la mascota genera una compleja cadena de reacciones cuyo resultado global es una mejoría general, posiblemente como consecuencia de una secreción masiva de hormonas del tipo de los neurotransmisores«, comenta James Sarpell, fisiólogo de la Universidad de Pennsylvania, en los Estados Unidos.

El científico fue el primero en encontrar un costado práctico al descubrimiento de Erica Friedmann. Organizó tres grupos de personas que no mostraban diferencias notables en su estado de salud y sus costumbres sociales (lo que evaluó mediante un cuestionario similar para todos ellos).

A uno de los grupos se les dio perros, gatos a otro, y nada al tercero, que fue tomado como muestra testigo. Al cabo de un mes de convivir con sus nuevas mascotas, se les hizo contestar un segundo cuestionario y se reevaluó su esta-do general de salud.

Los resultados fueron notables: aquéllos a los que se les había dado un ani-mal cambiaron sustancialmente sus respuestas, evidenciando un estado de gran optimismo y sociabilidad y, además, las mejorías en su salud fueron evidentes.

Hoy, la terapia de contacto es un tratamiento ampliamente aceptado, aunque aún no se comprendan con exactitud los mecanismos que producen las mejorías, que en algunos casos parecen milagrosas. En Suiza y Francia, la técnica se ha convertido en un tratamiento de rutina en las clínicas geriátricas y, paradójicamente, también los niños con algún tipo de anomalía neurológica (como el autismo) han mostrado progresos asombrosos, que también se hacen evidentes en graves desórdenes mentales como la esquizofrenia o la psicopatía.

Para Sarpell, «los animales brindan una forma muy especial de apoyo casi imposible de poder establecer entre las personas». El fisiólogo sostiene que la clave en esta historia hay que buscarla en el sistema neuroendócrino.

En palabras más o menos sencillas, al acariciar a un gato o a un perro; el contacto entre la mano del humano y la piel del animal se transforma en la vía de transmisión de un impulso (de naturaleza aún desconocida, aunque se especula con la posibilidad de un fenómeno de bioelectricidad) que en nuestro cuerpo se transforma en un estímulo del tipo electroquímico.

Las sustancias que movilizan este impulso son conocidas como neuro-mediadores, los mismos que efectúan la comunicación entre todas las células del sistema nervioso de nuestro cuerpo. Es el caso de la serotonina, la melatonina o la noradre-nalina, cuyo balance es, entre otras cosas, el principal responsable de los estados anímicos y sus manifestaciones somáticas (como la úlcera gástrica inducida por el mal humor).

De esta manera se entienden los resultados de la terapia de contacto para aliviar dolores crónicos y males cardíacos. Sin embargo, la explicación queda algo estrecha cuando se trata en abarcar a.la disminución comprobada de casos de enfermedades infectocontagiosas entre quienes poseen algún tipo de animal (y, obviamente, lo acaricien). «Probablemente, dice Sarpell, el resultado final tenga directa incidencia en el estado del sistema inmunológico que, como se sabe, es muy sensible a influencias externas, y eso incluye a los estados de ánimo «.

Para muchos investigadores, la cura a través de los animales marca el comienzo de una nueva era. Un tiempo en donde el hombre ha podido establecer una insólita pero necesaria comunicación con las otras criaturas que lo acompañan en el planeta. Quizás debería haberse conocido mucho antes, pero después de todo, nunca es tarde para tener una esperanza.



terapia con animales para curar enfermos

■ La terapia de contacto es una técnica curativa basada en la relación del hombre con sus mascotas, en especial, perros y gatos.

■ Se cree que el simple contacto con los mamíferos pequeños genera reacciones hormonales que resultan beneficiosas para la salud.

■Además de perros y gatos, los delfines son usados para realizar curaciones de «seudocontacto», en donde niños autistas y con otros trastornos experimentan curaciones casi milagrosas sin necesidad de tocar a los cetáceos.

AMIGO DELFÍN
La historia, con distintos protagonistas, se ha repetido infinidad de veces: «luego de la muerte de sus padres, Juan no había vuelto a hablar, y un año después del suceso, los médicos habían perdido casi todas las esperanzas. La visita a un oceanario produjo el milagro: luego de horas de observar fijamente a los delfines, Juan recobró espontáneamente su voz».

Aunque no se trate del clásico ejemplo de terapia de contacto, en donde es imprescindible tocar al animal para que se produzca la curación, el de los delfines es un asombroso fenómeno que no encuentra aún ninguna explicación racional. De todos modos, queda claro que hay «algo» en estos cetáceos (que no se repite en ballenas, oreas y otros mamíferos marinos) que produce efectos similares a los registrados con los perros y gatos. De alguna manera, el agua y el aire no parecen ser un obstáculo para que se originen -quizás a través de otros mecanismos- los mismos cambios fisiológicos que se mencionan en la nota.

Las terapias de «seudocontacto» con delfines se practican en especial con niños autlstas, y los resultados son contundentes, aunque como se dijo, los científicos aún no han podido descifrar el enigma que se encierra en estas curaciones. 

Fuente Consultada: Revista Magazine Enciclopedia Popular Año 3 N°35 – Las Terapias de Contacto –

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