El Yihad o Guerra Santa Religion Islamica Musulmana



El Yihad o Guerra Santa – Religión Islámica Musulmana

Las diferentes visiones que nos ofrece el islam en la actualidad deben llevar a una mayor profundización en su diversidad, sin tener en cuenta algunos aspectos de radicalidad, ni prejuzgar cierta apariencia sesgada de alguna de sus manifestaciones.

El yihad: La palabra yihad aparece mucho en los medios de comunicación, en referencia a grupos terroristas como el llamado «Yihad Islámica», que reivindica atentados que se cometen en Israel y en otros lugares.

También suele hablarse de yihad de modo más general para referirse a la «guerra santa», y hay quien llega a creer que todos los musulmanes están dispuestos a atacar a sus vecinos para que cambien su religión y abracen el islam, como un caso extremo de proselitismo.

El yihad es un elemento importante en la vida del creyente musulmán, y en árabe significa «esfuerzo». Se trata de una abreviatura cuya fórmula completa, que se emplea con frecuencia en el Corán, es «el esfuerzo en el camino de Alá». Para ello pueden emplearse diversos medios. El primero es el esfuerzo en el auto perfeccionamiento, que para muchos musulmanes es el yihad más importante, y consiste en luchar contra las tendencias negativas para ser cada día mejor ante los ojos de Alá.

Otro es el esfuerzo militar contra los no musulmanes, cuando se trata de defender el territorio poblado por musulmanes contra los ataques enemigos, o a la hora de abrir al islam una zona que rechaza la invitación pacífica para que lo adopte. También existe el esfuerzo contra los musulmanes para combatir a los que no actúan de modo correcto buscando que cambien su actitud.

La época de Mahoma estuvo marcada por las guerras, dirigidas tanto contra los árabes politeístas como contra judíos y cristianos, pero también contra los que, tras haber aceptado el islam, habían cambiado de opinión y habían abandonado la comunidad musulmana. En este contexto bélico, las referencias al yihad en el Corán se centran en el esfuerzo militar de expansión del islam y en el castigo de los que se habían pasado de bando.

He aquí algunos ejemplos: «Di a los infleles que si cesan [de enfrentarse] se /es perdonará lo pasado, pero si reinciden [1 combatid contra ellos hasta que dejen de induciros a apostatar y se rinda todo el culto a Alá» (Corán 8, 38-39)

«Combatid contra quienes, habiendo recibido la escritura [es decir, los judíos y los cristianos] no creen en Alá ni en el último día, ni prohíben lo que Alá y su enviado han prohibido, ni practican la religión verdadera. Luchad hasta que, humillados, paguen el tributo.» (Corán 9, 29)

«Matad o los que asocian deidades a Alá [los politeístas] dondequiera que los encontréis, capturadles, sitiadles, tendedles emboscadas por todas las artes. Si se arrepienten, rezan la oración y dan limosna, dejadles en paz, Alá es compasivo, es misericordioso.» (Corán 9, 5)

Algunos grupos terroristas islamistas utilizan la religión según sus intereses y tergiversan el significado de yihad, con la finalidad de justificar sus acciones, que tienen como resultado el asesinato indiscriminado y el dolor de mucha gente. Consideran que quienes mueren realizando un acto terrorista son mártires del islam e irán directamente al paraíso.

Ese convencimiento convierte el terrorismo de estos grupos en terriblemente peligroso porque sus miembros son suicidas y no tienen miedo a perder la vida, ya que esperan ultima recompensa extraordinaria después de la muerte.

La victoria de Jomeini en 1979 cambió el rumbo del fundamentalismo islámico, hasta ese momento marginado, con sus dirigentes perseguidos e incluso ajusticiados o asesinados por las autoridades.

Radicalismos

Desde el baluarte iraní, Jomeini intentó consolidar una opción anti-occídental que superase la dicotomía chiitas-sunitas, presentando un nuevo enfrentamiento en el que los «reformistas» aparecían como el verdadero enemigo. La guerra rano-iraquí resultó un paradigma del enfrentamiento entre la opción fundamentalista y un reformismo que buscaba su identificación en el militarismo expansivo y en el panarabismo político. En otro extremo aparecen los integrismos, que presentan por lo menos dos vías. Por una parte, está el fundamentalismo ético y religioso pero teñido de pragmatismo en relación con occidente, que preconiza Arabia Saudí y que parece corresponderse con países enriquecidos con el petróleo.

Otro fundamentalismo, militante y radicalmente anti-occidental, ha surgido en países como Egipto, Argelia, Afganistán, Pakistán, o la Palestina ocupada, entre otros. En estas zonas viven en la miseria amplios grupos de población, jóvenes sin expectativas, para los que el modo

de vida del primer mundo es inalcanzable. Buscan en los preceptos islámicos la seguridad que ofrece la tradición, y además el medio de canalizar la protesta frente a la injusticia, que se refleja en un odio hacia el no musulmán, tanto por su riqueza como por su calidad de infiel. Sin embargo, esa violencia no se dirige hacía la escandalosa riqueza de ciertos países musulmanes protegidos por un particular fundamentalismo.



El problema palestino y la consolidación del estado de Israel como baluarte de los intereses occidentales en pleno territorio islámico han provocado un recrudecimiento del nacionalismo árabe, que muestra una gran diversidad de vías. En la posición más radicalizada están los grupos fundamentalistas como Hezbolá o Yihad Islámica, Takfir o al-Qaeda, que están ahondando la tensión en tres zonas conflictivas, el Magreb, Palestina y Asia central.

El caso argelino también ha resultado muy complejo. El espíritu de la guerra de la independencia se mantuvo vivo y el imparable ascenso del Frente Islámico de Salvación (FIS) y la descomposición del Frente de Liberación Nacional condujeron a una situación de guerra civil que durante los años noventa se cobró más de ciento veinte mil vidas. La subida al poder de Abdelaziz Buterflika en 1999 ha estabilizado la situación.

El mundo islámico resulta así, por tanto, un complejo panorama en el que la religión y la geoestrategia se entremezclan creando un escenario de conflicto.

El caso de Palestina

Al estallar la Primera Guerra Mundial, Turquía hizo de Palestina su base de operaciones contra Egipto, ocupado por Gran Bretaña. Al término del conflicto fue ocupada por las tropas británicas. Ya antes de la firma del armisticio, los británicos, en la llamada «Declaración Balfour» (2 de noviembre de 1917), preveían la posibilidad de crear en Palestina un hogar hebreo, aunque sin perjudicar en nada los intereses de las restantes comunidades confesionales del territorio.

En 1922, la Sociedad de Naciones otorgó el mandato de Palestina a Gran Bretaña, que favoreció el establecimiento en esta región de numerosos colonos judíos. Las persecuciones nazis incrementaron la inmigración judía, frenada por la presión árabe sobre los británicos, lo cual originó actividades guerrilleras y terroristas de algunas organizaciones judías.

Gran Bretaña trasladó el conflicto a la ONU, que decidió en 1947 la partición de Palestina en dos estados independientes: uno hebreo y otro árabe, quedando Jerusalén bajo administración internacional. Árabes y judíos rechazaron el plan y, al término del mandato sobre Palestina y la retirada de las tropas británicas en 1948, los judíos proclamaron el estado de Israel.

Los estados árabes atacaron al nuevo país, pero fueron derrotados e Israel aumentó sus territorios a costa de ellos, quedando Jerusalén dividida entre árabes e israelíes (1949). Más de medio millón de árabes palestinos se refugiaron en los países vecinos.

Jordania se anexionó en 1950 los territorios al oeste del río Jordán, Cisjordania y el sector árabe de Jerusalén, mientras que Gaza quedó bajo administración egipcia.

En la tercera guerra árabe-israelí (1967), Israel ocupó Cisjordania y la península del Sinaí, hasta el canal de Suez.

En 1964 se creó la Organización para la Liberación de Palestina, OLP. Mediante la lucha guerrillera y terrorista, la OLP pretendía la desaparición del estado de Israel y la creación de un estado laico que englobara a árabes y judíos de Palestina.

La ONU reconoció a la OLP legítima representante del pueblo palestino y observadora permanente en la ONU. La política israelí de asentamientos en los territorios conquistados fue contestada por la OLP con bombardeos desde el sur del Líbano, lo que motivó la invasión de este país por fuerzas israelíes en 1982.

En diciembre de 1987 los palestinos de Gaza y Cisjordania iniciaron un movimiento de protesta, llamado «intifada», contra las fuerzas israelíes, al tiempo que Jordania renunciaba a la administración de Cisjordania.

En el Consejo Nacional de Argel, en noviembre de 1988, la OLP proclamó el estado palestino, condenó el terrorismo y aceptó las resoluciones 242 y 338 del Consejo

de Seguridad de la ONU, que reconocían a Israel. En 1991 se celebró en Madrid una conferencia internacional que reunió por primera vez a los representantes de Israel y de los palestinos. Las negociaciones secretas en Oslo de la OLP con el gobierno de Rabin culminaron en el acuerdo firmado en Washington el 13 de septiembre de 1993. Los palestinos recibieron la administración autónoma de Gaza y la zona de Jericó en 1994, ampliada a toda Cisjordania en 1995.

En enero de 1996, las primeras elecciones en los territorios autónomos dieron un sólido apoyo a Yasser Arafat, elegido presidente de la Autoridad Nacional Palestina.

La muerte de Arafat el 11 de noviembre de 2004 y las posteriores elecciones a la presidencia de la autoridad palestina, junto con el proceso de retirada de algunos asentamientos de colonos judíos en Gaza y Cisjordania y la progresiva desactivación de las actividades terroristas son circunstancias favorables para que la viabilidad de un estado palestino sea cada vez más firme y cuente con un apoyo internacional más sólido.

La Meca es la ciudad santa del islam por excelencia, seguida de Medina y de Jerusalén. Está situada al oeste de Arabia Saudí, paso inevitable de las rutas comerciales. Esta circunstancia ha convertido a La Meca en un importante enclave desde antiguo.

La Meca: Desde que Mahoma cambió la quibla, que anteriormente se orientaba hacia Jerusalén, los musulmanes dirigen sus plegarias hacia La Meca cinco veces al día, por lo que su importancia es extraordinaria. El cuarto pilar del islam es precisamente la peregrinación mayor a La Meca. Todo musulmán adulto que tenga las condiciones físicas y el respaldo económico necesarios debe realizada por lo menos una vez en su vida. Los musulmanes rememoran así el regreso de Mahoma a su ciudad natal el año en que murió, y a posesión ritual del que fue centro de culto preislámico, centrado en la Kaaba. El rito exige de los peregrinos una serie de normas que comienzan por la vestimenta. Deben ponerse un traje blanco de dos piezas sin ningún tipo de adorno. Esta sencillez suprime cualquier diferencia social entre ellos. Además deben abstenerse del derramamiento de sangre y de actos como el de cortarse tas uñas o el pelo. No son extrañas las muertes de peregrinos ancianos, dado el esfuerzo físico y el duro clima de la zona. En contra de lo que pueda parecer, se considera una bendición fallecer cumpliendo con esta obligación islámica, puesto que, según la tradición, se perdonan los pecados de! creyente.

El desarrollo de las comunicaciones y los transportes ha facilitado el cumplimiento de la peregrinación a los musulmanes de todos los lugares del planeta. Muestra de ello es la afluencia masiva a La Meca, donde se reúnen millones de personas todos los años.

La Kaaba

La Gran Mezquita, llamada Beit AIlah, que significa en árabe «la casa de Alá», contiene la Kaaba, un santuario cúbico y sin ventanas que según la tradición fue construido por el patriarca lbrahim, el Abraham de judíos y cristianos, y su hijo lsmait. Las cuatro caras de este edificio se cubren con seda negra, que se renueva anualmente coincidiendo con la época de la peregrinación. El «Tapiz Sagrado», denominación que recibe esta envoltura, tiene dos aberturas que permiten ver las piedras sagradas, entre las que destaca, por la especial devoción de la que es objeto, la Piedra Negra, situada en la esquina sur de la Kaaba.

Pasos de la peregrinación

La peregrinación a La Meca comienza en la Gran Mezquita. El musulmán debe dar siete vueltas alrededor de la Kaaba, en dirección contraria a las agujas del reloj. También debe comer siete veces entre los dos montículos cercanos al santuario, Safa y Marwa, en memoria, según la tradición, de Agar, esposa repudiada de Ibrahim, que buscó incansable una fuente para dar de beber a su hijo lsmail. Luego ha de caminar ocho kilómetros sin parar hasta Mina y dieciséis hasta el monte Arafat, para permanecer allí meditando y escuchando el sermón de la tarde.

Al día siguiente, tiene que cubrir una etapa de ocho kilómetros hasta Muzdalifa, otra de igual distancia hasta Mina y la vuelta a La Meca. En la ciudad sagrada, emulando a lbrahím en su intento de sacrificar a su hijo lsmail por mandato divino, sacrifican un animal en honor de Alá, generalmente una oveja.

Finalmente, de nuevo dan una vuelta alrededor de la Kaaba. Esta peregrinación unifica en el esfuerzo cada año a musulmanes de todo el mundo y haberla cumplido está muy valorado socialmente al volver a sus lugares de origen.

El explorador inglés Richard F. Burton (1821-1890) es uno de los personajes más fascinantes del siglo XIX. Era un genio para el estudio de las lenguas, de las que llegó a dominar más de treinta. Pero no se adaptaba a la vida en Inglaterra, por lo que primero vivió en la India y luego en África, donde formó parte de la expedición que descubrió los lagos en los que nace el río Nilo. En Estados Unidos convivió con los mormones, estuvo en Brasil, y fue un infatigable viajero que recorrió todo el mundo.

En 1853, gracias a un disfraz, fue el primer occidental que entró en La Meca. Esto le hubiera podido costar la vida, ya que asistir a la peregrinación o entrar tanto en La Meca como en Medina en cualquier momento está prohibido para los no musulmanes. Sus libros de viajes le hicieron muy famoso, lo mismo que su traducción al inglés de Las muy una noches.

En esta colección de cuentos árabes, que ya circulaba oralmente en el siglo IX, aparecen personajes como Simbad, que realizó diferentes viajes enfrentándose a un unicornio, a un gigante y al ave roja, que era capaz de levantar a un elefante con sus garras. También aparece Aladino que tenía un genio encerrado en una lámpara maravillosa y cuando lo liberaba le concedía deseos. Otros cuentos de este libro son el de Ali Babá y los cuarenta ladrones, o el del pescador y el efrit, un demonio.

Thomas Edgard Lawrence (1888-1935), conocido como Lawrence de Arabia, fue un escritor y militar británico. Estudió lenguas clásicas y arqueología en Oxford.

Intervino en unas excavaciones en Siria y Mesopotamia que le posibilitaron un buen conocimiento de la lengua y las regiones árabes. Durante la I Guerra Mundial se incorporó al servicio secreto británico. Su compenetración con el mundo árabe le permitió ejercer sobre él una gran influencia. Condujo a las tribus de beduinos en lucha armada contra los turcos y posteriormente colocó al frente de los países árabes a dirigentes de plena confianza para el gobierno británico.

Fuente Consultada: Enciclopedia del Estudiante (Santillana – La Nación) Tomo 17 Religiones y Cultura.





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