Guerra Francia España Batalla de Pavia Francisco y Carlo V



BATALLA DE PAVÍA: GUERRA ESPAÑA CONTRA FRANCIA

En Europa, en el siglo XVI, mostraba el nacimiento de los modernos Estados nacionales. Desaparecían los pequeños dominios, característicos de la época feudal, absorbidos por entes estatales más amplios, que respondían mejor a las grandes divisiones culturales, lingüísticas y geográficas del continente. Prácticamente, habían  alcanzado ese nivel  sólo  tres  Estados:   España,  Austria  y   Francia.

España se había puesto en el camino de su unidad nacional en el siglo anterior, y la consideraba completa con la conquista de Granada, lograda el mismo año en que sus marinos descubrieron el Nuevo Mundo, el vasto y desconocido continente hispánico de Occidente. Su casa reinante (los Habsburgo) la vinculaba, por el monarca común, con Austria, dueña de los Países Bajos, Alemania y otras posesiones. Su rey, además, lo era también de Napóles, Sicilia y Cerdeña.

Francia, el tercer país extenso de Europa, acababa de establecer la supremacía del monarca sobre los señores feudales, pero aún su autoridad no estaba definitivamente asegurada ni consagrada. El rey de Francia, Francisco I, había sido coronado en 1515 y pasaba su tiempo en cacerías y diversiones, viajando de castillo en castillo con su corte.

El rey y sus cortesanos llevaban una vida de constante aventura (que costaba millón y medio de escudos al año), y la idea de enfrentar la dominación de la casa de Austria se les presentaba como una aventura más. Francisco I había sido derrotado en la elección de emperador de Alemania por Carlos I de España,  y  esta  circunstancia  había exacerbado su espíritu de rivalidad. Atacarlo por los Pirineos, o por el Rin hubiera sido casi suicida; consideró entonces más conveniente operar en Italia, que ofrecía la ventaja de hallarse dividida en muchos pequeños Estados.
Esta situación lo llevó a emprender cuatro campañas 2n las cuales fue derrotado.

LA BATALLA DE PAVÍA
La primera campaña (1521-1525) se inició con varias derrotas de Francisco I, que fue desalojado de Lombardía y hubo de retirarse mientras las tropas españolas sitiaban a Marsella. En octubre de 1524, con fuerzas reorganizadas, atravesó los Alpes y reocupó a Milán. Luego puso sitio a Pavía, ciudad defendida por Antonio de Leiva.

Las tropas españolas levantaron el sitio de Marsella y acudieron en socorro de la guarnición de Pavía, pero fueron derrotadas y obligadas a retirarse hacia el sur. Francisco I, en lugar de perseguir a estas tropas, continuó el sitio mientras los españoles reunían sus unidades y se preparaban para el contraataque.

A fines de enero, una vez recibidos los refuerzos, las tropas españolas al mando de los generales Lannoy y Pescara avanzaron hacia Pavía.El 24 de febrero de 1525 comenzó el ataque español. Francisco I, dejando pocos hombres frente a las murallas de Pavía, se dirigió con todas las fuerzas posibles hacia la tropa enemiga.

Los franceses confiaban en su abrumadora superioridad en artillería y caballería; esta última, dirigida por el rey en persona, atacó, amenazando por momentos cercar y desorganizar a las fuerzas españolas; pero de pronto la situación cambió: los jinetes eran derribados de sus cabalgaduras por los certeros disparos de un poderoso cuerpo de arcabuceros; los restos de la caballería (iniciaron la batalla 2.400 hombres) huían a la desbandada.

Los españoles habían puesto en acción más de 1.500 arcabuceros que, contra todas las reglas tradicionales de la guerra, se habían extendido en escuadras por el campo, atacando y desorganizando todos los escuadrones de caballería, la cual se veía imposibilitada de actuar en conjunto y ordenadamente.

La derrota se convirtió en desastre cuando las tropas sitiadas, encabezadas por el bravo general don Antonio de Leiva, que hasta ese momento había efectuado maniobras de distracción, aparecieron de improviso atacando por la espalda a las tropas de Francisco I. No hubo ya salvación para los franceses. Horas más tarde, la derrota se había consumado. Incluso Francisco I cayó prisionero. El rey fue conducido, así, a Madrid y sólo fue liberado un año más tarde, después de haber firmado el llamado tratado de «la Concordia», por el cual se comprometía a no guerrear más contra España.



Los lansquenetes eran soldados mercenarios alemanes afamados por su habilidad en el combate con lanzas y alabardas. La palabra castellana «lansquenete» deriva de la voz alemana «Lanzknecht», que significa, precisamente «lancero» o «alabardero». Los lansquenetes concurrían a! combate llevando las siguientes armas: alabarda o lanza, daga, espada y espadón, que se manejaba con las dos manos. Al generalizarse las armas de fuego fueron equipados, también, con arcabuces (más tarde, mosquetes y fusil y pistolas).

EL SAQUEO DE ROMA
El papa Clemente VII, receloso de la preponderancia española, escuchó los ofrecimientos de Francisco I, que, una vez liberado, buscaba aliados contra Carlos V. Así fue como firmaron, el 22 de mayo de 1526, en Coñac, el pacto de la Liga Clementina o Liga Santa, juntamente con Venecia, Florencia, Enrique VIII de Inglaterra y el duque de Milán (sé asegura que fue debidamente informado de ello, también, el sultán Solimán II de Turquía). Lo cierto es que Solimán II atacó a Hungría, y alcanzó a entrar en Budapest el 10 de septiembre de 1526.

Pero los españoles no permanecieron inactivos: el embajador en Roma (duque de Sessa), el general Moneada y los Colorína (familia romana) prepararon un golpe de mano para obligar al Papa a apartarse de la Liga. El 29 de septiembre de 1526, 3.000 hombres al mando de Moneada entraron en Roma, dispersaron a los guardias papales, arrestaron al pontífice en el castillo de Sant’ Angelo y saquearon el Vaticano, la basílica de San Pedro y las casas de los cardenales que más se habían distinguido por su apoyo a la Liga.

El Papa convino una tregua con el emperador y aceptó retirar sus tropas de Lombardía. El ejército papal, al retirarse de lombardía, destruyó 14 pueblos de los Colonna, por lo cual fue perseguido por el ejército español que dirigía el condestable de Borbón y 12.000 lansquenetes al mando de Jorge de Freundesberg.

Las tropas se hallaban cansadas y desmoralizadas por la falta de pago de su soldada y, al llegar a Roma, impusieron a sus jefes la toma de la ciudad.  Las tropas asaltaron la plaza, en cuyo primer ataque fue muerto el condestable de Borbón, comandante de las fuerzas y muy querido por todos sus soldados.  Éstos se introdujeron en I ciudad y la sometieron a un terrible saqueo; pasaron a cuchillo a unas 8.000 personas y destruyeron templos y casas de distintas personalidades señaladas por su adhesión a la Liga Clementina.

Carlos V hizo guardar luto a la corte y suspender los festejos por el nacimiento del príncipe Felipe. Al mismo tiempo envió su pésame al Papa, quien continuó preso y hubo de entregar las ciudades de Parma, Plasencia y numerosas plazas fuertes, pero logró fugarse pues de ocho meses de prisión. Esta segunda campaña Francisco I terminó con la firma del tratado de Cambray (agosto de 1529)  o Paz de las Damas, pues fue negociada entre Margarita de Austria, tía de Carlos V, y Luisa de Saboya, madre de Francisco I.   En octubre del mismo añe el sultán Solimán II levantó el sitio de Viena.

EL TRIUNFO DE ESPAÑA
Francisco I no cejaba en su empeño de doblegar a España. Cada periodo de paz lo dedicaba a buscar nuevas alianzas; se entendió con Enrique VIII de Inglaterra, con Gustavo Vasa, con los príncipes protestantes alemanes y con Solimán.

Francisco I y Carlos V

Carlos V había otorgado concesiones al protestantismo en Alemania con vistas a mantener la paz, a fin de poder reunir fuerzas contra los turcos; así fue como pudo reunir 120.000 hombres para contener una nueva invasión islamita en 1531, encabezada por Solimán, quien avanzaba por la llanura húngara al frente de 300.000 soldados. Después de derrotar a los turcos y obligarlos a replegarse, llevó sus fuerzas a la conquista de Túnez (1535).

Como el rey de Francia se opuso a que tomara posesión de! Milanesado, Carlos V se encontró nuevamente en guerra con Francisco I. Esta tercera guerra terminó en 1538, con la firma de una tregua de diez años, rota a los cuatro por Francisco I. Efectivamente, en 1542, mientras España atacaba a Argel, dicho rey selló una alianza con Solimán II, a quien invitó a ocupar a Italia. Esta campaña terminó también con la derrota de Francisco I, quien se vio obligado a firmar la paz en 1544 (paz de Crespy), que entregaba el Píamente a Francia.

Francisco ! murió en 1547, pero su desaparición no trajo la paz entre los des países. Efectivamente, el heredero del trono, Enrique II (casado con Catalina de Médícis), entró nuevamente en lucha contra Carlos V en 1552. El estado de guerra continuaba entre los dos países en 1555, cuando renunció al trono imperial en favor de su hermano Fernando, y a! de España, los Países Bajos, el Franco Condado, los reinos y posesiones italianas y el Nuevo Mundo en favor de su hijo Felipe.



La guerra terminó con la victoria española en las batallas de San Quintín (10 de agosto de 1557), pequeña ciudad situada en Flandes, y de Graveliíias (13 de julio de 1558), tras las cuales se firmó la paz de Cateau-Cambresis (abril de 1559). Para dar más eficacia a ese tratado se convino, igualmente, que Felipe II se casara con Isabel de Vaiois, hija de Enrique I!.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ilustrada del Estudiante Tomo IV  – Luchas Entre España y Francia

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