Biografia de Cerulario Causas Separacion de la Iglesia de Oriente



Biografía de Cerulario Patriarca de Constatinopla – Causas de Cisma Oriente y Occidente

Patriarca de Constantinopla de 1043 a 1058. Elegido el 25 de marzo de 1043, su patriarcado coincidirá con el pontificado de León IX, y juntos protagonizaran el Cisma de Oriente y Occidente.

Miguel Cerulario encarnó el cisma de 1054. Brillante funcionario y protegido del emperador Constantino IX, representó todo lo que los occidentales ya no podían comprender. Su obstinación e intransigencia precipitaron la ruptura entre el pontificado y la Iglesia griega.

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Miguel Cerulario nació hacia el año 1000 en el seno de una ilustre familia de Constantinopla y estaba destinado a una carrera administrativa, como era la costumbre en su medio, pero en 1040 participó junto con su hermano en un complot que buscaba derribar al emperador Miguel IV: resultó un fracaso y tuvo que tomar el hábito.

Cuando Miguel Cerulario se convirtió en patriarca de Constantinopla el 25 de marzo de 1043, las relaciones entre Roma y Constantinopla ya estaban marcadas desde hacía un largo tiempo por conflictos, tensiones y malentendidos.

Muy pronto, en efecto, disputas dogmáticas opusieron a los dos polos de la cristiandad; las diferencias lingüísticas y litúrgicas no hicieron más que acrecentar la incomprensión recíproca suscitada por civilizaciones tan diferentes.

La rivalidad entre Oriente y Occidente, a lo largo de los siglos IX y X, se desplazó hacia un terreno de luchas de influencia.

El papado, al no poder contar con la protección tradicional de los emperadores bizantinos, decidió unir su suerte a los carolingios y posteriormente a los otomanos.

La Iglesia griega no renunció a Italia meridional, que disputó a los latinos, así como la conversión de los pueblos eslavos de Europa central. El recuerdo de esas discordias continuaba vivo: el impetuoso Cerulario supo aprovechar esa circunstancia.

Otra fuente de fricciones entre Oriente y Occidente apareció cuando los normandos comenzaron a invadir las regiones del sur de Italia, que estaban gobernadas políticamente por Oriente, pero que en la práctica pertenecían a Occidente.

El emperador de Bizancio necesitaba la ayuda occidental para vencer a los normandos, pero el papa se negó a prestar esta ayuda porque deseaba recuperar la jurisdicción sobre el sur de Italia de manos del patriarca de Constantinopla.

El papa León IX (papa entre 1049 y 1054) provocó un enfrentamiento con Bizancio al afirmar su autoridad espiritual mediante un sínodo cuyo fin era reformar la Iglesia siciliana y el nombramiento de un nuevo arzobispo de Sicilia.



Se encontró con la total oposición del patriarca de Constantinopla, Miguel Cerulario, tal vez animado por el emperador oriental.

Cerulario, en venganza por el rechazo del papa León a cooperar, ordenó el cierre de las iglesias occidentales en toda Constantinopla y expulsó al clero.

El papa envió a su legado, el cardenal Humberto de Silva Candida, a reunirse con el patriarca. Las negociaciones, si es que llegaron a iniciarse, se interrumpieron cuando el legado papal excomulgó a Miguel y a su corte.

«QUE SEA ANATEMA»

El 16 de julio de 1054, el patriarca de Constantinopla, Miguel Cerulario, se encontraba reunido con sus obispos frente a una gran fogata. Arrojó al fuego un rollo de pergamino y pronunció solemnemente la excomunión del delegado papal, quien había depositado el pergamino en la catedral el día anterior.

Excomulgó además «a todos los que contribuyeron a redactarlo, ya fuera con sus ideas o con sus oraciones».

En ese momento se produjo la ruptura final entre las Iglesias de Oriente y de Occidente.

La pelea que precipitó esta ruptura fue el resultado de una tensión que ya existía desde hacía seiscientos años.

Cuando Cerulario asumió el patriarcado, instruyó a sus clérigos en los asuntos que habían dividido la Iglesia de Oriente de la de Occidente: el celibato, el uso de pan sin levadura para la Eucaristía y los términos empleados en el Credo. Bajo pena de excomunión, prohibió a sus sacerdotes que siguieran el rito latino.

En 1053 clausuró todas las iglesias que insistían en continuar su culto según las directivas de Roma.

El papa León IX respondió inmediatamente con una carta muy dura en la que ordenaba que todos los patriarcas reconociesen la autoridad papal y calificaba a toda congregación que no lo hiciera como «una asamblea de herejes, un conventillo de cismáticos o una sinagoga de Satanás».



Cuando desahogó su ira, envió una delegación al mando del cardenal Humberto para hablar de las diferencias entre las dos Iglesias.

El enfoque del cardenal Humberto no fue conciliatorio. Según él, su misión no era la de «escuchar y discutir, sino la de instruir a los griegos».

El patriarca declaró que se estaba cuestionando su capacidad para tratar sus asuntos.

En medio de esta contienda, murió el papa León XIII y por un año no se eligió sucesor. Tres meses después de la muerte del Papa, el cardenal Humberto, amargado y frustrado, resolvió hacerse cargo del problema, redactó una bula excomulgando a Cerulario y la colocó en el altar de Santa Sofía, una basílica del siglo VI, en Constantinopla.

Este hecho precipitó la respuesta de un patriarca enojado y la división de la cristiandad.

Cerulario  es nombrado patriarca
«Nombramiento de Miguel Cerulario patriarca de Constantinopla (miniatura de un manuscrito griego del siglo XIV). Cerulario, al debatir públicamente, abandonó las argumentaciones teológicas complicadas, coiocó el acento sobre las divergencias litúrgicas y levantó un listado de «herejías latinas», asegurándose así un fuerte apoyo popular en Constantinopla,

LA VIDA DE CERULARIO

Miguel Cerulario nació hacia el año 1000 en el seno de una ilustre familia de Constantinopla y estaba destinado a una carrera administrativa, como era la costumbre en su medio, pero en 1040 participó junto con su hermano en un complot que buscaba derribar al emperador Miguel IV: resultó un fracaso y tuvo que tomar el hábito.

A pesar de este episodio, el nuevo emperador Constantino IX Monómaco, que buscaba un buen administrador, nombró patriarca a Miguel Cerulario en 1043.

Este nombramiento era una facultad del emperador, verdadero jefe de la Iglesia griega. La fuerte personalidad de Cerulario, muy dedicado a su función, despertó rápidamente la desconfianza de Roma.

Le imputaron muy pronto una carta que acusaba a los latinos de judaizar la Eucaristía con el pan ácimo (sin levadura) y el ayuno del sábado.

Corrió el rumor que habría hecho cerrar las iglesias de rito latino.



asimismo, cuando Constantino IX Monómaco, mquieto por el crecimiento normando en Italia, invitó al papa a que le enviara lo antes posible una delegación para sellar una alianza, este último remitió una misiva en la que respondía a la presunta carta del patriarca. Los malentendidos comenzaban.

Para judíos y cristianos el pan ácimo tiene un significado especial. La tradición judeocristiana cuenta que el pueblo de Moisés salió huyendo intempestivamente de Egipto, sin mucho tiempo para terminar de preparar el pan, por lo que durante el viaje hacia Israel el pan que se consumió era pan ácimo.

DEL MALENTENDIDO AL CISMA

Aunque no hubo mayores problemas en encuentro entre los legados del papa y el emperador, no fue tan fácil con el patriarca.

En efecto, este último recibió una detallada condena de los ritos orientales, provista de amenazas de excomunión, mientras Cerulario ignoró o fingió ignorar las circunstancias de su redacción; concluyó que la carta era una falsificación y que los legados eran los usurpadores.

En junio-julio de 1054, la situación se puso aún más tensa entre los adversarios. Los orientales rechazaron el añadido al Credo de la palabra Filioque que indicaría que el Espíritu Santo podía emanar «igualmente del Hijo», y no únicamente del Padre.

Sobrepasados, presumiendo que Constantino preferiría más bien preservar una alianza con el papado que salvar a su patriarca, los legados dejaron el 16 de julio de 1054, en la catedral de Santa Sofía, el acta de excomunión de Cerulario para enseguida alejarse de la ciudad.

En realidad, ellos apreciaron en forma errónea la situación, ya que Constantino los alcanzó y, presentándose como el defensor agraviado de la ortodoxia, les ordenó dar explicaciones.

En las calles, el descontento aumentaba y la seguridad de los legados era precaria; hubo que evacuarlos el 21 de julio y algunas horas más tarde Cerulario dictó su excomunión. El domingo 24 la alegría del pueblo estaEó con el anuncio de la sentencia.

UNA CAÍDA BRUTAL

Aunque para Cerulario constituyó una victoria, el cisma de 1054 no tuvo grandes consecuencias para su entorno: las mutuas excomuniones no tuvieron valor al morir el papa durante el viaje de los legados.

Sin embargo, las dos Iglesias no iban a reunirse más, y el foso entre los dos mundos se profundizó. Oriente, muy apegado a la superposición entre el poder temporal y espiritual, no podía comprender la reforma gregoriana, iniciada por León IX, que predicaba un sistema pontifical monárquico y su independencia con respecto al emperador.

Miguel Cerulario disfrutó poco tiempo su triunfo. Aprovechando su inmensa popularidad entronizó a Isaac I Comneno. De él, Cerulario habría declarado, más orgulloso que nunca: «Yo te hice necio, yo te destruiré».

Fue su perdición: el nuevo emperador lo arrestó y destituyó. La muerte del ex patriarca en enero de 1059 libró a todos de una situación embarazosa y, más tarde, Cerulario fue incluso honrado como si fuera un santo.

Fuentes Consultadas:
Hitos en la Historia de la Iglesia Alfred McBride – Editorial Lumen
Hicieron Historia Biografia de Personajes de la Historia Tomo I Editorial Larousse
Historia del Cristianismo 2000 años de Historia Collins y Price

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