Creación del Cuerpo de Blandengues Para la Defensa de las Fronteras






Creación del Cuerpo de Blandengues

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LA DEFENSA DE LAS FRONTERAS

El problema de las relaciones con los indígenas fue una de las mayores preocupaciones de los gobernadores de Buenos Aires durante los siglos XVII y XVIII. Algunos mandatarios, como Francisco de Céspedes, iniciaron una nueva táctica que consistía en entregar a los naturales diversos productos que satisficieran sus necesidades, alejando de ese modo el peligro de los malones.

Sin embargo, este procedimiento dio pocos resultados; los pampas, aliados con los serranos, se atrevían a atacar las estancias llevándose gran cantidad de ganado y con ello se retardaba el progreso, pues eran pocos los campesinos que se atrevían a establecerse en las regiones desérticas.

Don Andrés de Robles, al hacerse cargo de la gobernación de Buenos Aires en 1674, inició una política de acercamiento espiritual con los aborígenes de la región. El l9 de mayo de 1675 salió acompañado tan sólo por seis hombres para dar a entender a los indios que su misión era pacífica.

Su viaje tuvo resultados nunca alcanzados hasta entonces, pues más de ocho mil indígenas regresaron con él. El bondadoso gobernador distribuyó animales y útiles de labranza entre los indios, pero su tentativa de pacificación fracasó poco después debido principalmente a una epidemia de viruela que diezmó a las nacientes poblaciones. Los naturales que lograron salvarse volvieron a su vida primitiva, y cuando se quiso atraerlos nuevamente todas las tentativas fueron estériles.

blandengues

En los años sucesivos, el ataque constante de los pampas, serranos y araucanos había agotado los escasos recursos defensivos de Buenos Aires. Sin armas, municiones, ni fondos para adquirirlas, los blancos apenas podían repeler los malones, y en 1740 los indios, envalentonados, llegaron hasta el actual pueblo de Merlo, llevándose numerosos cautivos y cabezas de ganado.

El 26 de noviembre de ese año gran cantidad de indios cayeron sorpresivamente sobre la región de Magdalena, mataron a más de cien campesinos, destruyeron los sembrados, robaron numerosas cabezas de ganado y se apoderaron de hombres, mujeres y niños, que quedaron cautivos. Al conocerse esta noticia cundió el pánico entre la población.

El gobernador Miguel de Salcedo encabezó a principios de 1741 una colecta pública a fin de reunir los fondos necesarios para organizar una expedición. Poco después se resolvió que sería más conveniente llegar a un entendimiento con el cacique Cacapol o Cangapol, jefe de los leuvuches y que había dominado a todas las otras tribus puelches.

Este jefe indígena, a quien los españoles llamaban El cacique Bravo, vivía en Huichin, sobre las márgenes del río Negro; era alto, bien proporcionado y se había impuesto por su valentía. Cristóbal Cabral, enviado por el gobernador, logró internarse por regiones “donde nunca habían llegado los españoles” y selló la paz con Cangapol.

CREACIÓN DE LOS BLANDENGUES: A mediados del siglo XVIII los indios reanudaron sus malones y mataron a muchos blancos. Como el gobernador José de Andonaegui no tomase medidas defensivas, el teniente coronel Juan Basurco pidió al Cabildo que formase una compañía a sueldo.

El cuerpo municipal estudió detenidamente esta proposición y con el apoyo del gobernador resolvió crear dos escuadrones de milicianos, formados por cincuenta hombres cada uno. Por falta de recursos este plan no pudo cumplirse con la premura necesaria, y los indios, sin encontrar resistencia a su avance, continuaron realizando sus terribles incursiones. Esta situación movió a las autoridades a organizar las fuerzas permanentes en las fronteras.

En 1752 el gobernador José de Andonaegui creó tres compañías, integradas cada una con sesenta soldados de caballería y que fueron llamadas Valerosa, Invencible y Atrevida. La primera se destinó a Lujan, la segunda a Arrecifes y la tercera al fortín del Zanjón.

Estas tropas recibieron el nombre de Blandengues. Tal denominación proviene, según algunos autores, del hecho de que los soldados al ser revistados por primera vez por el gobernador “blandieron” sus lanzas en homenaje a las autoridades, pero otros, en cambio, opinan que esta designación tuvo su origen en que los soldados debían “blandearse”, es decir, dirigirse de un lado a otro para defender las fronteras.

Al principio estos hombres, sobrios, valientes y sufridos, carecían de uniforme, pero años más tarde, y a propuesta del capitán Pedro Nicolás Escribano, se les dio uno, que consistía en una casaca corta de color azul, con un collarín o sobrecuello rojo, solapas, bocamangas y pantalón del mismo color. En la cabeza llevaban un sombrero con una escarapela y en invierno se cubrían con un grueso poncho criollo.

La creación del Cuerpo de Blandengues, aprobada por el rey de España, contuvo durante un tiempo las incursiones de los naturales. Empero, al cabo de algunos años, muchos de los soldados de las fronteras comenzaron a desertar, pues no recibían ningún pago por sus servicios y en vano reclamaban que se les abonasen sus haberes.


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Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –





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