Origen del caballo en Argentina Como llega el caballo a Argentina?



Origen del Caballo en Argentina: ¿Cómo llega el Caballo a Argentina?

EL CABALLO LLEGA A LA ARGENTINA:

No se puede discutir que los primeros caballos que llegaron a nuestro país fueron los que trajo Mendoza en 1536, pero lo que no se sabe con certeza es cuántos vinieron, y posiblemente nunca se sabrá.

Generalmente se ha admitido que fueron 72 animales, dando fe a lo que escribió Ulrico Schmidl.

Sea cual fuere el número de equinos que desembarcaron a orillas del río de la Plata; lo cierto es que pronto comenzó a mermar por diferentes causas: la lucha contra los indios, el canje de caballos por indias y alguno que fue sacrificado para ser comido a escondidas, cuando el alimento escaseó.

Pero también es cierto que en los cinco años y medio que pasaron entre la fundación de Buenos Aires y su abandono por orden de lrala, las yeguas deben de haber parido algunas crías.

Que los primeros vecinos estaban necesitados de caballos 10 prueba una nota que enviaron a España, en abril de 1539, donde ofrecen «cuatro mil pesos de buen oro (…) por cada lote de veinte caballos, en que figurasen yeguas de Sevilla».

Tiempo después, en el informe que Irala redacta sobre la evacuación de Buenos Aires, no menciona caballos, pero sí los cerdos que dejaron para cría.

En esta omisión se basan algunos para decir que no quedaron caballos. Tampoco se sabe bien cuántos fueron los equinos que pudieron dejarse o que se hubiesen escapado.

Ruy Díaz de Guzmán escribió que habrían sido:  «cinco yeguas y siete caballos».

Hay otra fuente, posiblemente más digna de crédito, que es una «relación» que escribiera Fray Juan de Rivadeneyra, comisario eclesiástico de Tucumán y del Río de la Plata, al rey Felipe II.

En ella afirma que los animales que quedaron en los campos de Buenos Aires fueron «cuarenta y cuatro caballos y yeguas».

Hayan sido doce o cuarenta y cuatro, fueron ellos los que dieron origen a las «cimarronadas» o «bagualadas» que poblaron los campos del país y que le permitieron a Juan de Garay, en Asunción en 1580, afirmar que en nombre del rey hacía merced a cuantos le acompaña sen en su viaje al sur «del ganado silvestre yeguarizo que quedó del tiempo de Don Pedro de Mendoza, para ellos y sus sucesores y descendientes».

Pero nuestra raza caballar criolla no desciende solamente de estos animales, porque no hay que olvidar que para esa época comenzaron a llegar al territorio que hoy es argentino otras corrientes pobladoras que traían caballos.

Alvar Núñez Cabeza de Vaca llevó de España a Asunción 26 animales, algunos de cuyos descendientes vendrían 30 años después con Garay a Santa Fe.

Por su parte, Diego de Rojas y Núñez del Prado bajarían desde el Perú al norte argentino con caballos, y desde Chile, Francisco de Aguirre pasaría a Cuyo con sus montados.

Años más tarde, los indios de Chile y Argentina, por los pasos de la cordillera de los Andes, que existen a la altura de Neuquén, tendrían oportunidad de comerciar caballos, como veremos después.

Es lógico suponer que en el siglo XVII el animal existente en lo que ahora es nuestro país era consecuencia de la fusión de los equinos que habían llegado desde distintos puntos de América y España, pero también que todos eran de origen andaluz.

Para finalizar con este tema creemos que lo mejor es transcribir lo que escribiera el profesor Ángel Cabrera en su libro Caballos de América, en la página 327, después de referirse a la importancia de la llegada de las tribus araucanas a nuestras pampas:

«Este hecho fue de gran trascendencia para la historia de nuestro equino criollo, porque en la vida de aquellos indios habían llegado a ser los caballos un elemento indispensable, que llegaron hasta las inmediaciones del propio Buenos Aires para procurárselos en la mayor cantidad posible, ya robándoselos a los españoles en sus malones, ya capturando yeguas en las famosas bagualadas, que eran entonces particularmente abundantes cerca de la costa atlántica: y además, estaban a veces y otras belicoso, con los tehuelches de la Patagonia, otro pueblo que también se hizo de a caballo y que se procuraba equinos ya por tratos con los araucanos, ya viniendo a buscarlos en los valles australes de la cordillera cuando allí aparecieron bagualadas de evidente abolengo trasandino; con todo lo cual, los yeguarizos descendientes de padres chilenos venían al este y los de origen bonaerense eran llevados hasta el mismo pie de los Andes.»

Aun en nuestros días, algunos de los mejores reproductores de raza criolla (los de la justamente celebrada cría de Solanet, por ejemplo) descienden de animales adquiridos a los patagones.

La misma bagualada de nuestra pampas debió de recibir bastante sangre chilena, y aun peruana, de los caballos mansos en que la había, pues si llegó a ser tan numerosa como dice la fama, en parte fue porque constantemente se aumentaba en los animales domésticos escapados, sobre todo a consecuencia de las guerras de los cristianos con los indios, o de las tribus indias entre sí.

Pero aun sin el concurso del indio fue muy frecuente el intercambio entre este país y los países vecinos.

D’Orbigny refiere que en sus días eran muy estimadas en Buenos Aires los sementales importados de Chile, y después de haberse extendido nuestro criollo a la Banda Oriental y al Brasil, muchas veces vinieron caballos de aquellas tierras para acá ya como consecuencia de acontecimientos políticos ya simplemente con los hombres de campo que en busca de trabajo o huyendo de persecuciones o de venganzas  pasaban de un país a otro.

Como ejemplo recordemos que es fama y no hay ningún argumento serio para ponerlo en duda, que los primeros equinos tobianos que en la Argentina se vieron, fueron unas yeguas traídas desde Santa Catalina, en Brasil, y adquiridas por Urquiza para su estancia de San José.

«Este continuo trasegar de caballos durante más de tres siglos dio como resultado la actual raza criolla»

Ver: Origen del Caballo en América

Ver: Primeros Caballos en Argentina

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